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sábado, 7 de abril de 2012

La agonía de Juan de Dios (9)







Entre los papeles del viejo encuentro una carta de mi abuela Isidora fechada hace casi sesenta y un años. Está escrita a mano y con tinta en un papel que lleva el logotipo del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social – Dirección General de Salubridad. Las letras están dibujadas con esmero, son alargadas y las palabras están bien separadas entre ellas. La letra se parece a la de papá.
Chincho 9 de Septiembre de 1948.
Sr. Juan de Dios Gastelú
Vitarte
Mi siempre y recordado hijo;
Dios quiera que esta mi carta te encuentre gozando de la más perfecta salud, en compañía de tus familiares de allí; nosotros aquí quedamos sin la menor nobidad con el favor de Dios juntamente con tu papá y tus hermanitas demás familiares de aque;
Después de saludarle cariñozamente pongo los siguiente reglones, pués hijo mio he recibido tú cariñoza carta fecha nueve de junio pasado, en la cual me dices que se encuentra buenos de salud, aquí nosotros también quedamos bien de nuestra salud, yo tu papá y tu hermanita Gricilda, y otro más que llegó del estrangero, barón su nombre Lauro Gastelú y tu hermana Julia, Jesús, y todos penzativos de no saber su carta, así nosotros también estuvimos mál con las enfermidades yo tu papá también estado enfermo con costipado, hace dias, pero con favor de Dios se ha mejorado, pues hijo Ud. puedes venir lo más pronto, porque el situación de allá, dice que esta muy mál mejor vengase, aquí esta mejor todavía ya barios que se han venido del todo, pues cuñado tu madre llora mucho diariamente, esas lágrimas puede llegar a Ud. no seas tan ingrato de dejar mucho derepente puede morir algunos de ellos entonces puedes quedar avandonado y perder tus animales Gricilda ya esta señorita puede parecer su dueño, no hay confianza.
Cuñado aque tambien hay bastante trabajo para trabajar, nada mas por haora asta proxima contestación, saludos de mi y de tu hermana Julia, Gricilda
Isidora Luján
¿La escribió mi abuela? Papá siempre decía que su mamá le había enseñado a leer y escribir, que, cuando fue al colegio, la profesora le felicitó por su letra bonita y porque leía perfectamente. ¿Pero por qué le dicen cuñado en el último párrafo? ¿Lo escribiría algún pretendiente de mis tías? ¿Cuántos años tenían ellas en 1948? Si no me equivoco, mi tía Griselda es de 1933, o sea tendría quince años. Ya estaba en edad de merecer. ¿Mi tía Julia sería mayor o menor que mi tía Griselda?
Aquí mencionan a mi tío Lauro como llegado del “estrangero”. ¿Cuántos años tendría, uno, dos, quizá solo meses? En 1961, cuando se volvió loco, tendría trece años más o menos. Estaría como Nacho. A esa edad le chocó el daño que la bruja María Villanueva le hizo a mi papá. Qué gente malvada para hacer eso a un chiquillo. Gente sin corazón. Y de nuestra propia familia. Malvada como Mariana, que desprecia a Nacho como si este no fuera un Gastelú también, que nunca ha creído en la locura del tío Lauro ni del bisabuelo, o tatarabuelo, Marianito. Para ella, eran cambios de la adolescencia, o una tara de los Gastelú, que se manifiesta en los varones al final de la pubertad, dizque hasta la tercera generación. ¿Y por qué yo me salvé? ¿A qué edad se volvería loco el bisabuelo o tatarabuelo Marianito? ¿Marianito también era un Gastelú? Habría que preguntarle al viejo.
Después de escribir un poco Tú que miras el mar, me acuesto, pues mañana tengo que ir temprano al hospital.
Otra vez el Almenara. Extensas colas en las puertas de los consultorios. Enfermeras y enfermeros que llevan a los pacientes en camillas, en sillas de rueda. La desesperanza dibujada en los rostros de las personas enfermas. Las miradas tristes. El dolor en toda su magnitud.
Todo este ambiente me deprime, yo que nunca me deprimo por nada, me enferma. Sino fuera por mi papá, no vendría.
El viejo está en el segundo piso.
Le he traído sus cosas a mi papá, le digo al guachimán, mostrándole la bolsa amarilla donde está su piyama, su ropa interior, sus útiles de aseo.
Pero no es día de visita, me dice el tipo.
Somos familiares de la enfermera Grace Fuller Manucci del hospital de Vitarte, le miento.
El huevón duda. Dirá este cholito qué va a ser familiar de los Fuller Manucci.
Voy a consultar, dice.
Lo cambio nomás y salgo, le suplico. Otros días no puedo venir. Por favor.
Pero solo un ratito, me dice el hombre, un gigante vestido de marrón de la cabeza a los pies. Parece un gorila. Suda copiosamente. ¿Darle un sol para su gaseosa o su agua mineral? Sino me llaman la atención a mí.
Gracias, amigo. No te preocupes que entro y salgo al toque nomás. Toma para tu gaseosa.
Gracias.
Después de buscar en todo el pabellón, al fin encuentro la cama del viejo. Está volteado a su izquierda, como mirando el pedazo de cielo que se ve desde su ventana. Lo contemplo en silencio. Ese es mi padre, mi padre que era fuerte, que parecía invencible, incansable, que construyó tantas casas, que cavó tantas zanjas, que pasó más de la mitad de su vida con mi madre. Ahora está casi derrotado por la enfermedad. Ahora la muerte se cierne sobre su cabeza.
Se vuelve lentamente como si supiera que lo están observando.
¡Arolín!
¡Pá!
Caigo sobre su pecho y lloro. Lloramos. Lloramos como ese 22 de julio del 2006 cuando la vieja cumplió un año de ausencia.
Está más delgado que nunca. Tiene unas profundas ojeras. Sus manos están huesudas. ¿Por qué ya no estará amarillo? ¿Ya no segregará bilis?
Sé que ha llegado la hora de mi partida, hijo…, me dice, con voz entrecortada.
No digas eso, pá, le digo, para darle esperanzas, para que no pierda la fe. Yo todavía dudo que se tenga que morir. Te sanarás e iremos a Chincho…
Ya no, Arolín… Estuve pensando y he llegado a la conclusión que esos cuarenta años que le pedí a Jehová fueron los cuarenta años que han pasado desde que curó mis males.
¡Pá!
No llores, hijo. Sé que Jehová me tendrá en cuenta en el día de la resurrección. Le he sido fiel desde la primera vez que leí su Palabra. Por eso no le tengo miedo a la muerte. Además, he vivido ochenta y dos años. He vivido más que mis padres, más que María, más que muchas personas a las que he querido. Tengo que estar agradecido a Nuestro Señor por los cuarenta años más de vida que me ha dado cuando ya estaba desahuciado, por los padres que he tenido, por la mujer que tuve, por un hijo inteligente y bueno como tú, por todo lo que he vivido en estos cuarenta años más que me dio de vida.
Sigo sollozando. Me pasa sus sarmentosas manos por los cabellos, por los escasos cabellos que también tengo. Sus manos de enormes dedos y grandes uñas, sus manos que eran fuertes, que partían la roca a punta de comba, que cortaban leña, que abrían surcos en la tierra para que de ella brotara el pan para nuestra subsistencia, sus manos que tocaban la guitarra con ternura, que dibujaban esas letras bonitas que siempre envidié.
Jehová es Dios de los vivos, no de los muertos. Él mismo lo dice: el que cree en mí, será salvo. Y yo creo en Él y tengo la esperanza de la vida eterna, de ser llamado en el día del Juicio Final para ser juzgado y recompensado con una vida en el Paraíso.
¡Pá!
Espero que algún día vuelvas a la Organización para poder estar juntos durante el reinado de los mil años de Jesucristo, hijo.
¿Prometerle lo que no haré? Cuántas veces discutíamos porque yo no era como John: un Testigo de Jehová ejemplar, el orgullo de su padre.
Algún día, pá…
Eso espero, hijo. Nunca es tarde para aprender la Palabra del Señor, para volver al camino correcto.
¿Qué decirle para no lastimarlo?
¿No te gustaría estar de nuevo con tu mamá?
Lloro.
En el reinado de nuestro señor Jesucristo ya no existirán el odio, la maldad, el desprecio. Si Dios perdona a Mariana y a Carolina, seremos una familia feliz como no lo fuimos en esta tierra imperfecta.
Si Dios las perdona a ellas, ¿por qué no me puede perdonar a mí?, pienso.
Trataré, pá…
¿Cómo están los chicos?
Bien, pá. Te extrañan.
Tú los quieres como si fueran tus hijos. Edúcalos para que sean profesionales, para que nunca le extiendan la mano a nadie por un pan… Para que no terminen como John.
Te lo prometo, pá, le digo. Las lágrimas bajan incontenibles por mis mejillas. Lágrimas que él seca con sus dedos.
Tu mamá va a estar contenta. Recuerda que quiso a Nacho y a Diego como si fueran sus hijos. Por ellos soportó todo el odio que le dieron Mariana, Carolina y Jonás… Si esos chicos fueran jardineros, albañiles, mototaxistas, esa gente estaría contenta. No permitas eso, Arolín.
No lo permitiré, pá. No permitiré que nadie les haga daño nunca. Te lo prometo.
Lo sé. Sé que harás eso. ¿Sabes?: para tu mamá eras su mejor hijo, siempre decía que valías oro, y para mí también. Nunca nos trajiste dolores de cabeza, nunca nos hiciste pasar vergüenza. Solo nos has dado alegrías. Yo siempre me acuerdo cuando ganaste el Premio Horacio y fuimos todos a la ceremonia de premiación. Jehová te ha dado sabiduría porque conoce tu corazón y sabe que en el fondo eres un hombre bueno.
Si sabe que soy bueno, ¿por qué me hizo así?, pienso.
Lloramos.
Le doy un poco del agua que le han dejado en un jarro. Bebe un sorbo.
Hasta ahora no sé por qué Mariana y Carolina odiaban a su madre. María era tan buena…
Un día van a pagar bien caro todo lo que le han hecho a la vieja, pá, te lo juro.
No es buena la venganza, hijo. Dios dijo que hay que poner siempre la otra mejilla…
Yo no, pá. Si la vieja no se hubiera muerto, no estarías acá. Y ellas la mataron con todo el odio que le dieron, con todos los chismes que le traían.
Lo sé, pero perdónalas, son tus hermanas, es obra de Satanás…
¡Jamás, pá!, murmuro, nunca se los voy a perdonar. Solo viviré para hacerles recordar todo lo que le hicieron a la vieja. Si tengo el corazón podrido, es por culpa de ellas.
Dios es el único juez, Arolín, no lo olvides. Él las juzgará. No te desgracies la vida por quienes no valen la pena.
No le digo nada.
Siempre vayan a Chincho. Allí está la casa de tu abuelo Ignacio, el terreno de tu abuela Felicitas. Consérvenla. Lleva a los chicos para que conozcan la tierra de sus antepasados.
Lo haré, pá.
¿Están regando las plantas?
Sí, pá, le digo. Para qué decirle que el motor se ha malogrado, que el agua solo llega hasta mitad del cerro.
Ese terreno es tuyo. Cuando te pague Vinces, has un muro, no vayan a invadir.
Al primero que se quiera meter, lo atravieso con la lanza.
Se sonríe.
En mi choza tengo unos documentos, unas cartas… Están en un maletín marrón de cuero. Te pueden servir a ti que te gusta escribir. Consérvalos.
¿Decirle que ya los encontré?
Los conservaré, pá.
No quiero misa, ni cruces, ni nada. El muerto está bien muerto, ya no necesita nada. ¿Recuerdas ese pasaje de la Biblia donde el rey David estaba triste durante la enfermedad de su hijo, mas después, cuando murió, cantó y bailó?
Sí, pá. Lo recuerdo.
Lo hizo porque cuando uno muere ya no siente dolor, ni hambre, ni nada. Cuando uno está vivo hay que preocuparse, después ya no. El ser humano es como cualquier animalito que se muere. El espíritu, la fuerza activa que nos mantiene con vida, vuelve a Jehová. El día de la resurrección despertaremos con nueva carne, estaremos jóvenes como Jesucristo. Sanos y fuertes.
¡Pá!
No llores, Arolín. ¿Cuándo te casarás?
Algún día, pá…
¿Revelarle mi secreto? ¿Para que se muera de un infarto?
¿En tu colegio no hay una profesora buena, trabajadora?
No, pá. Todas son casadas, viejas, gordas y feas.
Sonríe.
Tiene que ser una chica buena, de su casa, como tu mamá…
Para no terminar como John.
Su vida será como la de Adán, por cojudo. Ganará cada pan con el sudor de su frente hasta el último de sus días. Solito se buscó su infierno por desobediente.
Pá…
¿Sí, hijo?
Quiero pedirte disculpas…, agarro sus manos que están puro hueso y pellejo.
¿De?
¿Te acuerdas de esa vez que no ingresé al Conservatorio, discutimos y…?
No te preocupes, hijo… No llores. Hace tiempo que te perdoné. ¿Te acuerdas cuando fuimos a Palpa, Pisco, Ica, Chincha?
Sí, pá, me acuerdo.
¿Cómo se llama esa playa que hay en Chincha a donde fuimos?
Cruz Verde.
¿Sabes?: le he pedido a Jehová que, cuando nos dé un lugar para vivir durante el reinado de su hijo Jesucristo, me dé un lugarcito así, junto al mar.
Sé que te lo dará, pá. Tú has sido, y eres su siervo fiel.
Eso espero yo también, para estar con tu mamá, con todos ustedes, con Juan Ignacio y Eva Cristina, con tus abuelos, con mi abuela Cristina…
Con Prudencio Luján.
También, ¿por qué no?
Reímos.
Un guachimán entra a la habitación. Me pregunta si tengo pase para ingresar en días que no son de visita. Le digo que no. Me pide que me retire.
Hijo de puta, pienso.
Le doy un beso en la frente al viejo y salgo diciéndole que volveré lo antes posible. En la estación de enfermeras le pregunto a una cuándo le volverán a colocar la sonda al viejo. Me dice que lo están evaluando.
Parto al Inei. El horario sigue siendo una cagada: han vuelto a modificarlo. ¿Me pueden dar día libre el miércoles?, les pregunto a los de la comisión de horarios pensando que así puedo visitar al viejo a mitad de semana. Los más antiguos descansan los miércoles, me dicen, choteándome. Hijos de puta, pienso, aguantando las ganas de mandarlos a la mierda.
En la noche, después de escribir mi novela, me he prometido que siempre escribiré así esté cagado, para no estarlo más, continúo revisando los papeles del viejo. Encuentro un par de cartas más. La siguiente está escrita a máquina. Está dirigida a los que compraron la casa.
Huanta, 5 de Enero de 1,968
Señor: Teodocio Aranda y señora:
Me querido y estimado señor Aranda les deseo que la presente carta que les encuentre gozando de lo más perfecta estado de salud en compañía de tu queridísima esposa, hijos, e hijas y más familiares que les rodea en esa.
Después, de saludarte muy cariñozamente paso a decirle lo siguiente: señor, Aranda nosotros nos encontramos sin ninguna novidad por la divina providencia de nuestro salvador hasta el momento, solo extrañando la presencia de Uds.
La presente carta tiene por objeto a la qué respecta los areglos pendientes que tenemos con Ud. señor Aranda, según la comunicación de mi primo Maximiliano Luján dice que Ud. quieres cancelar el saldo que debe, para mí está mágnifico si asi lo desean Uds. yo le hé dado la amplia facultad a mi primo Maximiliano Luján Gastelú para que areglen cuanto antes más posible conforme que han acordado con mi primo, yo sinceramente señor Aranda, no tengo tiempo con los trabajos para ir yo mismo a areglar con Ud. yo la véz pasada que fue areglar con Ud. envano por eso yo le dije a Ud. mejor seria devolverle su dinero pero en consecuencia entercambiando ideas con mi esposa hemos llegado a un conclusión de areglar con Ud. ó en sofacto venderlo á otro, de modo ya que Ud. piensa cancelar el saldo estamos de acuerdo yo y mi señora, de manera Uds. traten de areglar con mi hermano M. Luján G. y, anticipo mis sinceros agradecimientos que todo salga satisfactoriamente la casa es suya señor Aranda y señora.
Me despido de Uds. sin otro particular, aprovechando la oportunidad para reiterarles de mi más alta consideración y estima personal.
Dios guarde a Ud.
Att. Y S.S. Juan D. Gastelú Luján
Faltaban dos años todavía para que regresáramos a Vitarte, a vivir primero donde el tío Estanis, y después en La Realidad. Y mi padre seguía empeñado en vender la casa, a pesar, como se ve, que el comprador le hacía largas.
La otra carta es de mi madre. Es de ese mismo año, pero meses después. Yo ya tenía tres meses de nacido. Y papá estaba en Lima.
Huanta 22 de Setiembre de 1968
Señor Juan de Dios Gastelú, Lima
Mi muy estimado Juan
Te deseo que la presente carta que le halle gozando de la buena salud en unión de tus queridicimos familiares.
Después de saludarte pazo a comunicarte los siguientes reglones.
Querido Juan haqui nosotros estamos siempre sufriendo de ti que al separarse de hogar ase falta que las criaturas sufren por ti tanto estan enfermos con la gripe, la vevita está muy mal
Sabes Juan de la hacienda Santa rosa no se sabe nada por que mi papá no ha ido a trabajar resulta que no sabemos hasta hoy nada
Que también necesito plata ya esta terminando con el remedio que compro para los chicos por hezo te pido que me mandes plata y también necesito ace.
Me despido cariñozamente con fuerte habrazo recibe saludos de Carolina, Marianita, Gerson y de la comadre Saturnina que tanto siente por ti y espero pronto la respuesta.
Continúa en la otra cara:
Los animales también estan bien y Juan las 2 gallinas sea muerto el día martes por la mañana no se sabe lo que ha pasado
Ya despues mandare el día lunes o martes una carta y haura pronto hey abreguado un tereno por la calle por el fondo cuesta 40 el metro cuadrado y en la calle cuesta 80 metro cuadrado
María Palomino
¿Mamá estaba en Cangari o en Huanta? ¿Quién le escribió la carta? ¿Carolina? Pero mi hermana tenía cinco años, dudo que supiera escribir. La caligrafía es elemental, pareciera que lo hubieran escrito con un lapicero que estaba a punto de acabarse. No tiene firma, solo el nombre de mamá al final. El papel tiene seis huequitos hechos por la polilla que pasó una sola vez por la hoja doblada dejando ese agujero como recuerdo de su paso. ¿Quién era la “vevita” que estaba muy mal?, ¿Mariana, que entonces tenía dos años y ocho meses, o yo? A mí me llama Gerson en la despedida. Es mi segundo nombre, pero con z.
¿Tan abandonados estábamos que no teníamos ni para el ace?
Hay tantas cosas que tengo que preguntarle al viejo cuando se sane.

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