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sábado, 7 de abril de 2012

La agonía de Juan de Dios (3)



La cola avanza tan lenta que parece un cortejo fúnebre.
El viejito que está delante de mí me pregunta de qué estoy enfermo, ¿tan joven y ya mal? La chica que me sigue sonríe.
Mi padre es el enfermo, digo.
¿Sí?, dice la chica. ¿Qué tiene?
Qué tendrá. Está amarillo como un Simpson y le pica todo el cuerpo.
¿No será hepatitis?, conjetura la chica.
Pero ¿por qué la picazón?
¿Es alérgico?
Eso es lo que recién vamos a saber.
¿Cuántos años tiene?
Dentro de un mes cumplirá ochenta y dos años.
Ay, tienen que tener mucho cuidado, se alarma la chica. Añade, en voz baja, como para que no la escuche el abuelo: dicen que a los viejitos los matan en el Seguro. Si puedes, llévalo a una clínica.
¿Con qué plata?, le digo, tocándome los bolsillos. Soy profesor, no gano mucho.
¿Cuántos hermanos son?
Seis. Pero algunos están con las justas.
Eso es lo malo. Deberían de hacer un pozo entre todos para llevarlo a una clínica.
Mmm, sería lo correcto, pero mis hermanas que tienen plata, son bien duras. ¿Y tú de qué estás mal?
Parece que la neoplasia que tenía en las mamas ha reaparecido, me dice la chica, con voz compungida.
Recién me fijo en que le falta el pecho izquierdo.
Pero eres joven…
Lo mío es hereditario, dice. Mi mamá, una tía y una prima murieron con cáncer a las mamas, así que ya sé lo que me espera.
Pucha que es terrible.
Ajá, qué se hace, dice. Así es la vida.
¿Y usted de qué está mal?, le pregunto al abuelo, para cambiar de tema.
El viejito dice que el domingo le dio un derrame cerebral a su señora. Va a recoger los resultados de la tomografía que le han hecho. Hablamos de la presión alta. Les digo que mi mamá murió de un derrame cerebral. Seguro le darían cólera, dice la chica. Mmm, murmuro, un hijo se le casó a la loca, una hija se metía en la vida de todo el mundo, la otra la repudiaba.
Tu casa era una sucursal del infierno.
Mmm.
Eso es lo malo de tener muchos hijos, dice el viejito, llegando a la ventanilla. Entrega su DNI. Algunos salen chuecos.
Cría cuervos y te sacarán los ojos, filosofa la chica.
Ajá. Por eso, cuando una chica me dice que está esperando un hijo mío, me escapo, digo.
Risas.
La impresora empieza a funcionar, le entregan una hoja al viejito. Nos dice hasta luego y se va.
Ahora es mi turno. Entrego el DNI del viejo, la que atiende busca en la computadora, teclea, la impresora empieza a funcionar. Me entrega una hoja.
Chau, le digo a la chica. Suerte en todo.
Chau, me dice. Cuídalo. Hagan un esfuerzo y llévenlo a una clínica.
Trataré. Gracias.
Leo la hoja mientras salgo de Patología:
ESSALUD Fecha: 06/02/2009
HOSP. II VITARTE Hora: 10:33:46
SERVICIO DE DIAGNÓSTICO POR IMAGEN Usuario: Clelia Guzmán
N°. Examen: 00152526
RESULTADO DE ECOGRAFÍA
Procedencia: Emergencia
Citado el: 23/01/2009 Viernes Autogenerado: 2703081GTLAJ007
N°. Acto Médico: 4021705 N°. Historia: 153324
Paciente: Juan de Dios Gastelú Luján Edad: 81 Sexo: Masculino
Servicio: Servicio no registrado Cama: No registrado
Médico: No registrado N° Ubicación: No registrado
Examen solicitado: Ecografía abdominal (Mañana)
Diagnóstico (CIE):
Informe de Ecografía
Hígado: Con incremento moderado de su ecogenicidad parenquimal. No se aprecian lesiones focales. Se evidencia dilatación de vías biliares intrahepáticas.
Vesícula biliar: Ausente por antecedentes qx.
Colédoco 20.8 mm.
Vena porta 10 mm.
Páncreas: Ecogénico no se evidencia lesiones focales.
Aorta: De disposición, calibre y pared dentro de límites normales.
Bazo: Homogéneo. Dimensiones dentro de límites normales.
Cavidad abdominal: No se aprecia líquido libre.
Conclusión:
1. Dilatación de vías biliares intra y extrahepáticas.
2. Hepatopatía difusa moderada.
Código Resultado: Ver texto.
Registrado por: RVallejos 23/01/2009
Modificado por: RVallejos 23/01/2009
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Dr(a). Lisette Ruiz Rivera
¿A quién le podría pedir que me “traduzca” este diagnóstico? Me acuerdo de la enfermera Lucía Pari que conocí mientras estuve hospitalizado. Ella podría ayudarme. ¿Pero se acordará de mí?
Voy a Urología. En las puertas de los consultorios hay largas colas de pacientes. Hay tanta gente mal de salud que pareciera que el país entero estuviese enfermo.
¿María Malpartida? Un enfermero empuja una silla de ruedas donde va una mujer de unos cuarenta años, o un poquito más, que se parece demasiado a esa secretaria de la Navarrete que conocí hace veintidós años en la Línea Uno que nos llevaba a nuestros trabajos. Los mismos ojos oscuros y grandes de entonces, los cabellos lacios y castaños ahora lleno de canas como el mío, el rostro de muñeca ahora demasiado pálido y con una mueca permanente de dolor. Está conectada al suero.
Doy la media vuelta y los sigo. Ella vuelve el rostro. Quizá me ha reconocido a pesar que ya no llevo el cabello como los Soda Stéreo de los ochenta, a pesar de la barba que cubre parcialmente la cicatriz de mi mejilla izquierda.
Cómo hemos cambiado con los años. Cómo ha cambiado todo. ¿Recordará esos días en que hacíamos malabares para movilizarnos por culpa de los paros armados y la continúa huelga de transportistas? ¿Recordará esas interminables colas detrás del Coliseo Amauta para tomar el micro de regreso?
Un sábado 23 de setiembre de 1989, hace casi veinte años ya, a la 1:07 p.m., todavía me acuerdo del día y de la hora exacta, nos vimos por última vez. Siempre pensé que quizá había muerto en un atentado, que las fuerzas de seguridad la habían desaparecido, que quizá se había marchado al extranjero, como tantos otros peruanos, para huir de la debacle. Entonces el país se caía a pedazos por culpa de Sendero Luminoso y del primer Alan García.
Llegan al ascensor, la puerta se abre, entran. La puerta se cierra.
Me quedo allí, mirando los números de los pisos que se van encendiendo de rojo.
¿Y si no era María? María le habría dicho al enfermero que se espere…
Regreso sobre mis pasos.
Para ir donde la enfermera Lucía Pari, le digo al guachimán que cuida el ingreso a Urología.
Salió de guardia a las ocho, me dice. ¿Algún encargo?
Ninguno. Vuelvo otro día.
Salgo del Almenara. En la avenida Grau tomo la combi para ir al hospital de Vitarte.
Dilatación de vías biliares intra y extrahepáticas debe significar crecimiento, expansión, inflamación de las vías biliares por dentro y por fuera, ¿no?, pienso en el trayecto, leyendo una y otra vez ese diagnóstico. Hepático es algo relacionado con el hígado. ¿Tendrá cirrosis?
De hepatopatía difusa moderada solo entiendo difusa y moderada. Difuso puede significar vago, impreciso, también abundante, dilatado, ancho. Moderado es no excesivo, según los recuerdos de mis clases de RV.
No está en la conclusión, sino en el informe: Hígado: con incremento moderado de su ecogenicidad parenquimal. ¿Qué será ecogenicidad parenquimal? Incremento moderado debe ser crecimiento moderado del hígado. ¿Por qué razón le habrá crecido el hígado?
¿Por qué no lo dirán en cristiano? Si los médicos escriben en jeroglífico, sus diagnósticos parecen estar en chino.
Le saco una copia antes de entregarlo a la enfermera. En el hospital de Mariana le pueden ayudar.
¿Qué tendrá mi papá, señorita?
No sé, me dice la enfermera, sin mirar la hoja siquiera. No es amable como la otra. El médico nos lo dirá.
Si ella no lo sabe, peor yo que de medicina no sé nada.
¿Puedo ver a mi papá?
Solo un ratito, dice, poniendo su cara de poto. ¿Estará con su regla? No es hora de visita.
El viejo apenas ha probado su almuerzo. Dice que no tiene apetito.
¿Cuándo iré a la casa?, me pregunta, con un gesto de fastidio en el rostro.
El doctor lo dirá, le digo. Ten paciencia.
En el parque del frente los chicos juegan carnaval, se corretean globos en mano. Sus chillidos, gritos destemplados llegan hasta nosotros.
No es hora de visita, me dice un guachimán. ¿Puede retirarse?
Hijo de puta, pienso. Ojalá que tu padre nunca se enferme.
Me voy, pá, le digo al viejo, acariciándole la calva, que también está de color amarillo. Mañana vengo.
Lloriquea.
Pronto te darán de alta, le digo. Ten un poco de paciencia nomás. Come, para que estés fuerte y te sanes.
En la casa, Mariana está con un humor peor que el de la enfermera: ha llamado la vieja Angélica para decir que John no se preocupa por sus hijos, que no tienen nada para comer, ¿Qué hace metido aquí en lugar de buscar trabajo para alimentar a su familia, ah? Me entrega una citación de la Demuna de San Juan de Lurigancho donde una chica denuncia a John pidiéndole manutención.
Para llenarse de hijos ese sí es bueno.
¿Y yo qué puedo hacer?, le digo, alegrándome para mis adentros: entre más jodida esté Emilia, mi madre estará más feliz en el lugar donde se encuentre. Si es cierto lo del hijo, es el fin de ese mal matrimonio con el cual los viejos nunca estuvieron de acuerdo.
Eso es problema de ellos. Tampoco lo voy a botar diciéndole vaya a trabajar, ¿no? ¿Por qué esa mujer no trabaja aunque sea de puta en lugar de estar esperando que solo el marido la mantenga?
Es lo mismo que le dije a John en el verano del 2005 y este fue a contarle a su mujer y desde entonces Emilia no me pasa.
Mariana me mira con rabia. Seguro esperaba que estallara en cólera, fuera donde John y lo botara. Pues el tiro le salió por la culata. Ni le doy la copia de los resultados. A veces pienso que es mejor que mamá se haya muerto, sino hasta ahora la seguirían atormentando. Han pasado casi cuatro años de su deceso y John sigue cagado, sigue viniendo en las vacaciones buscando un lugar para dormir, un plato de comida. ¿Para eso se casó a la loca? Qué huevón fue.
Después de un duchazo y descansar un poco, me pongo a limpiar la choza del viejo. Parece un anticuario: está lleno de cachivaches. Todas las cosas que nosotros desechábamos, él las guardaba. Encuentro el diploma que me dieron en 1981 cuando terminé la primaria. Encuentro los diplomas que recibía John en aprovechamiento y conducta cuando todas las esperanzas de los viejos estaban puestas en él. Encuentro la autorradio a batería que utilizaba yo cuando no teníamos luz en el barrio. Encuentro esa chaquetita roja que mamá decía esto te ponías cuando eras bebito. Es tan chiquito que no le entraría ni a un muñeco. Encuentro el calzón que alguna vez le robé a Pía Vittery. Ya no huele a chucha sino a humedad, abandono, olvido. Lo echo al costal para quemarlo con el resto de cosas inservibles. ¿Para qué guardaría papá esos cachivaches? ¿En qué momento se pondría a rebuscar la basura para ver si había algo que podía conservar?
Encuentro un maletín lleno de papeles, documentos, cartas. Están en buen estado a pesar que la humedad ha carcomido partes de algunas hojas. Me la llevo antes que alguien se dé cuenta. Estos papeles son un verdadero tesoro.
A la primera ojeada encuentro una carta de mi padre dirigida a mi madre. Está escrita a máquina.
Vitarte, 14 de Octubre de 1,968
Señora María.
Me siempre querida y inolvidable esposa, les deseo que la presente carta que les halle gozando de lo más perfecta estado de salud en unión de nuestras hijas y el pibe, y más familiares que les rodea en esa.
Después, de saludarte con singular afecto de siempre, comunico con emotivo sentimiento y nostalgia, siempre añorando nuestro terruño que, por qué realmente siento el calor del hogar, tu sabrás comprender querida esposa María no puedo vivir más tiempo alejado de Uds. por qué mis hijas las quiero como se fueran las niñas de mis ojos, espero que todos Uds. que estén bien y sin extrañar el Domingo 20 de este més salgo de viaje se Dios nuestro salvador así lo dispone, como vuelvo decirte no se preocupen por mi, por que nuestro divino es muy bondadoso el sabrá apiadarse de nosotros.
Querida esposa hé recibido tu cariñosa carta con la fecha 11 del presente més, en la cual me dices que están bien todos por la divina providencia de nuestro salvador, lo único me extraña mucho tu no me dices nada tanpoco de la carta que mandé con el portador don Julio Viveros con $. 400.00 soles, ahora que ha regresado mi sobrino Ignacio Villaroel, mi a dicho que te ha entregado delante de el, tu no mi mandas ninguna noticia al respecto, yo recibí la primera carta que mi mandastes con la Agencia E.T.A.S.A. y la respuesta iba mandar con la misma Agencia, que resulta el dia siguiente llegó mi tio Antonio Villanueva de Chincho, y mi dijo que iba regresar enmediato, lo hice la carta y le entregue, por supuesto por motivos de fuerza mayor no pudo y habia postergado su viaje una semana más total 2 semanas, de modo ambos hemos cometido herrores, posiblemente don Victor Riveros ya va llegar para preguntarle a el mismo.
María dice el Doctor Humberto Tineo está de acuerdo que yo vaya a trabajar a la Hacienda Santa Rosa, el espera que hagamos buenos areglos con el Sr. Teofaldo Tineo, ya estos dias voya estar allí para areglar conmigo mismo al respecto de negociación, poco a poco haremos todo por que hay que tener un poco de pasencia, tambien tengo otros proyectos por adelante yo ya veré juntamente contigo a cual de ellos vamos a enclinarnos, ó mejor dicho en cuál de ellos vamos a trabajar ya se verá, si no nos conviene ningunos juntamente nos regresaremos a Lima, comido ó no comido juntos con nuestras hijas pasaremos la vida para eso soy su padre.
Reciben mis saludos cordiales de una manera muy especial todos Uds. lo mismo mi tio Teófilo Bendezú, mi tia Satornina Bendezú, Irene, Odilia, Wince, Nestor Faustino y familia, mis suegros, mi papá Julián, mi mamacita Félicitas, Anaco y familia, Teófilo, Teodora, Susana e hijos, y Antoquita que no deben olvidar.
Me despido sin más que decirte tu esposo que te quiere de todo corazón, ancioso de vertes y estrechartes muy pronto entre mis brazos.
Atte. y S.S. Juan de Dios Gastelú Luján
Recibe $ 100.00 soles oro por el portador don Antonio Villanueva.
Esa es la carta que mi padre, con muchos errores ortográficos y “motes”, le escribió a mi madre hace casi cuarenta y un años. Supongo que yo soy el pibe, ¿no?, aunque después no me vuelve a mencionar, solo a mis hermanas. Quizá todavía no se había familiarizado con mi presencia. Ese 14 de octubre de 1968 yo tenía cuatro meses de nacido. La carta está sin sobre, ¿mamá, mis hermanas y yo estaríamos en Cangari, donde yo había nacido, o en Huanta?, y no puedo saber hacia dónde la remite. ¿Ya habían devuelto la chacra que arrendaron a los Rivero? No, no, la chacra la devolvieron cuando Velasco dio la ley de la Reforma Agraria, o sea en 1969. ¿Qué hacía el viejo en Lima? ¿Estaría buscando trabajo? Menciona la posibilidad de trabajar en la hacienda Santa Rosa, ¿ya estaría curado de sus males?
Si estábamos en Cangari, ¿quién nos acompañaba? ¿O estábamos solos en la chacra? Mamá siempre se quejaba porque papá paraba en Lima. Una vez se llevó el susto de su vida estando embarazada de mí. Una noche, la despertaron los ladridos del perrito que tenían. Afuera rugían. León, pensó, asustada, recordando que los leones, o pumas más bien, solían abrirle la barriga a las embarazadas para comerse el feto. La vieja aseguró puertas y ventanas, que eran de calamina, y se puso a rezar para que al león no se le ocurriera subir al techo, que fácil hubiera cedido a su peso. Parece que los ladridos del perrito espantaron al animal porque los rugidos cesaron. Al día siguiente, la vieja encontró en la tierra fresca unas enormes huellas. Menos mal que ese día mi abuelo Julián llegó de visita y después mandó a mi tío Teófilo para que nos acompañara.
¿Saturnina Bendezú sería algo de los negros Bendezú que le hicieron brujería a mi madre cuando llegamos a La Realidad? Por culpa de ellos murió Eva Cristina. Antoquita debe ser mi tía Antonia, hermana menor de mi mamá, que murió jovencita y está enterrada en el cementerio de Cascabel, en Cangari. Le dio el abuelo, o algo así.
Encuentro una carta de mi abuela Felicitas, escrita hace cuarenta y siete años, dirigida a mi madre.
Chincho, 27 de agosto de 1962
Señora María Palomino
Lima
Querida hijita:
Deseo que al recibir la presente te encuentres bien de salud. Por ésta nos tienes sin novedad.
Para comprar la chacra tenía que vender un novillo pero como tú habías dicho que no venda, te suplicaría que me mandes entre Anacleto la suma de dos mil soles.
He recibido todo lo que me has mandado más 80 soles de lo que te agradezco bastante.
Sin más por ahora tu mamá que te quiere
Felicitas Ceras
Disculpa que esto te mande a la ligera.
Al reverso hay unas líneas dirigidas a mi tío Anacleto:
Señor Anacleto Palomino
Querido hijito:
Esta te escribo muy a la ligera con el objeto de decirte que para la chacra me mandes $2.000, porque yo tenía que vender el novillo y en vista de que Uds. no quieren te suplicaría para que me mandes.
También te suplico para que le digas a ese (no se entiende) Valenzuela para que le pase su manutención a su hijo que hasta ahora sólo le ha dado $100.00 (cien soles) y no recuerda más, ya en esa Uds. arreglen.
Sin más por ahora tu mamá que te quiere
Felicitas Ceras
Reciban saludos de tu papá
¿Sabía leer y escribir mi abuela? La carta está escrita a mano con buena letra y sin errores de puntuación ni tildación. Si mi abuela era letrada, ¿por qué no dejó que mi madre aprendiera? ¿Por qué la mandó desde chica a trabajar en la chacra?, ¿solo porque era la hija mayor?
Con estas cartas, documentos, podría reconstruir la historia familiar, escribir una novela. Si han sobrevivido a tantas mudanzas hasta llegar a mis manos, debe ser por algo, no por simple casualidad, ¿no?
Mientras pienso en la mejor manera de utilizar estos papeles inesperados, continúo escribiendo Tú que miras el mar, la historia de amor entre Marina y Harol en Pisco. Ojalá que gane el Premio Horacio de este año.

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