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sábado, 7 de abril de 2012

La agonía de Juan de Dios (8)







La ambulancia zangolotea en la pista llena de huecos, ojalá que no me caiga de la camilla, que la bilis no salga chorreando como esa vez que le operaron de los riñones a Arolín, le dieron de alta y unos días después se abrió el dren y le salió sangre muerta como de un chisguete. Cómo se asustó María pensando que su hijo se iba a morir… La mano de la enfermera está en mi hombro derecho y el de Mariana en el izquierdo. Mariana tiene el rostro ceñudo, ¿por qué estará molesta?, ¿la jalaron en su examen? De repente la Bere se ha portado mal en el colegio, es bien traviesa, le gusta decir lisuras como sus primos. Ya está en primaria. Cuando María murió recién estaba aprendiendo a hablar. Qué rapidito pasa el tiempo… El calor es insoportable, ¿hace cuántos días que no dejan que me bañe, que me afeite, que me cepille los dientes?... La enfermera es morena y gorda, más que María, más que Mariana pero menos que la directora del 0502, ¿cómo se llama esa mujer? Dicen que en el colegio para comiendo nomás en lugar de preocuparse por los alumnos. Por eso hay pocos estudiantes allí. Su papá trabajó en el Centro Vacacional Huampaní como cocinero… Así debe haber sido la morena con la cual se casó mi tatarabuelo Prudencio Luján. Por eso salí crespo, por eso mi papá decía, cuando se molestaba, qué va a ser mi hijo Juan de Dios si tiene el cabello como los negros. Por eso me querían mis amigos negros de las haciendas de Pisco… Volver a Pisco, a Chincha, a Ica, a Palpa, preguntar de nuevo por Prudencio Luján. Eso fue hace dos veranos, cuando Arolín ganó el primer lugar en el concurso de cuentos de la Feria del Libro de Trujillo. Ese mismo año se ganó mil dólares en un concurso de novela de la Universidad Católica del Perú. Es inteligente mi hijo, siempre gana su platita escribiendo, hasta salió en la portada de… ¿cómo se llama ese periódico trujillano? ¿La Prensa?…. Es como El Comercio, de hojas grandes… En Chincha comimos frijol colado, manjar blanco, kingkong, tomamos vino de higo, fuimos a la playa… ¿cómo se llamaba esa playa? Está en las afueras de Tambo de Mora… Ah, se llama Cruz Verde. El periódico es La Industria. Allí salió un domingo, en la portada, mostrando su diploma, sonriendo orgulloso. Quién de mis conocidos ha salido alguna vez en un periódico, quién de sus hermanos, quién de La Realidad, nadie, ni yo en mis ochenta y dos años… Las olas inmensas, Nacho y Diego metiéndose al agua como locos, esos chicos son valientes, cómo les gusta el mar. Después fuimos a Ica, a La Huacachina, me tomé fotos con la sirena, junto al poema donde está escrita su historia. ¿Quién la escribiría? Arolín debe saber, a él le gusta leer y escribir, la siguiente que venga le preguntaré… Arolín y los chicos se bañaron en la laguna mientras yo descansaba bajo la sombra de ¿una palmera, un guarango u otro árbol? comiendo dulce de níspero. Después los chicos se deslizaron desde lo alto de las dunas en unas tablas que alquilaron. Gritaban, reían, estaban contentos, felices, ni se acordaban que no tenían papá pues Arolín es como un padre para ellos, se preocupa porque nada les falte. ¿Eso envidiarán Mariana y Carolina? ¿Por qué si ellas tienen plata? A los Apestegui les sobra los chivilines y sin embargo no viajan ni a la esquina, están esperando que uno les invite. Cuántas veces los he llevado a Cocachacra, a San Bartolomé, al chifa. El año pasado Arolín los llevó a Pucusana, llevó a Apestegui a Trujillo. Mariana ha viajado a Alemania, a los Estados Unidos; antes también me llevaba a pasear, me llevó a Huancayo, a Ica, una vez fuimos a Huanta, cuando Flora estaba en Chincho… De Ica marchamos a Palpa. ¿Cuánto duró el trayecto a través del desierto?, ¿una hora, una hora y media? Nacho y Diego llegaron con las justas, vomitaron hasta las tripas. ¿Qué habrán dicho las gringas que viajaban con nosotros? Era un bus que iba a Nazca. Les falta viajar a esos chicos, aunque Nacho ha ido un par de veces a Huanta con su abuela y con Arolín y a Diego lo llevamos a Chincho cuando era bebito… El sol fortísimo quemando nuestras cabezas, el calor insoportable. ¿Conoce a alguna familia apellidada Luján? Ese que está allá es un Luján, nos dijo un policía en la Plaza de Armas… ¿La Plaza de Armas estaba llena de ficus? Solo recuerdo el sol de infierno… Soy Luján, pero nunca he escuchado nombrar en mi casa a ese Prudencio del que habla, nos dijo. ¿Por qué no van a la hacienda Luján? Está a unos minutos de acá, vayan en mototaxi, paguen un sol nomás… ¡Una hacienda! La hacienda de Prudencio Luján, ¿Luján qué sería? Árboles, caballos, ganado, la familia. Les diría soy hijo de Isidora Luján Cerpa, nieto de Cristina Luján ¿Cabrera? y de Marianito ¿Marianito qué?, tataranieto de Prudencio Luján, el que llegó de España y se casó con una morena de Chincha… Tanto pensamiento por gusto: la hacienda estaba en ruinas, solo había un guardián que se ganaba el sustento vendiendo mangos y dulce de mango. Hace tiempo que no se siembra nada, nos dijo, no hay agua, se trabaja a pérdida, los Luján se han ido a Ica y a Lima. ¿Alguna vez oyó hablar de Prudencio Luján? No, señor, pero más allá vive la señora Elena Luján, ella debe saber… Ir por la vereda de la carretera, los chicos cansados, sudando, hartos… Un viejo bajo una ramada echado en una cuja. Buenos días, señor, venimos de Lima. Le conté la historia de Prudencio Luján, el viejo me escuchaba atentamente. Sí, creo que he oído mencionar a Prudencio Luján en la familia, dijo. Mi señora es la que debe saber, ella es Luján. Se puso a llamar ¡Elenaaaa!, ¡Elenaaaaa! Elena Luján era una mujer blanca, alta, nos miraba de pies a cabeza sin disimulo mientras yo le contaba la historia de mi tatarabuelo. Soy Luján, pero no tengo ningún antepasado llamado Prudencio, nos dijo, seca, cortante. Hasta luego, señores. Ni siquiera nos ofreció un vaso de agua por la molestia de haber hecho tan largo viaje. El viejo nos miró como diciéndonos ella es la que manda y se metió a la casa detrás de su mujer. Volvimos a la hacienda, compramos un par de kilos de mango y dulce de mango y nos regresamos a Palpa y de allí a Ica y de Ica a Pisco… El puerto, la lluvia de arena, las olas inmensas, el atardecer, la playa casi vacía, los recuerdos. ¿Cuánto tiempo estuve en Pisco? Tres, cuatro años por lo menos. Cuánto tiempo ha pasado desde entonces… Entonces era joven y fuerte, sino no habría sobrevivido a la explosión del horno. Cerca de la playa había una lagunita, los chicos y Arolín se bañaron allí. Ven a bañarte, abuelo Juan, el agua está tibiecita… Me hubiera bañado… Había patillos. Las gaviotas surcaban el cielo… ¿En qué fecha fue eso? Por lo menos en la quincena de febrero. Dos años ya que han pasado rapidito. A Arolín le dije por qué no escribes una historia ambientada en Pisco y después del terremoto se puso a escribir Tú que miras el mar. Ojalá que la termine rápido para que la mande al Premio Horacio y se gane un dinerito para irnos de viaje. Me ha dicho que es una novela bien bonita… A María le hubiera gustado ir con nosotros… Una vez fui con ella y los chicos, también estuvimos en la playa, en el puerto, compramos pescado para que Goya lo friera. ¿Eso fue antes que fuéramos a Chincho con Diego o después? Sería después porque Dieguito ya caminaba… Eso verían Carolina y Mariana y también nos envidiarían, odiarían más a esos chicos a quienes María quería como a sus hijos. Por eso esas mujeres la odiaban, odiaban a su propia madre… Llegamos, dice la enfermera. Ya era tiempo. La ambulancia se detiene, abren la puerta, me bajan en la camilla, la enfermera le pregunta a Mariana si trajo mi DNI, Mariana le dice que sí, se lo entrega, me conducen hasta la puerta del ascensor, la enfermera aprieta un botón, esperamos, la puerta se abre, la puerta se cierra, subimos, el ascensor se detiene, la puerta se abre, me conducen por un pasillo, las enfermeras conversan, espero… Espero, ¿cuándo me pondrán de nuevo la sonda? Siento el estómago lleno de agua, debe ser la bilis… Si Mariana no hubiera cambiado la bolsa, la sonda no se habría movido. Otra enfermera mueve la camilla, me lleva por un pasillo, doblamos a la derecha. Una habitación grande pintada de blanco. Aquí se queda, don Juan de Dios. A mi izquierda una ventana, al frente un ala del hospital pintado de azul y blanco, un pedazo de cielo gris… Arolín también estuvo internado aquí esa vez que le operaron del riñón. Le sacaron un enorme cálculo del riñón derecho. ¿Cuántos días estuvo? Dos o tres semanas, creo… Eso fue el 2004, un año antes que muriera María… El año en que ganó el Premio Horacio… Me voy, papá, tengo guardia en la noche. Mañana Harol vendrá trayendo tus cosas. Ya, hija. Mariana se va. Me quedo solo… El calor, el cuerpo sucio, la boca sucia, las ganas de orinar, el estómago lleno de bilis… Buenas tardes, don Juan de Dios Gastelú Luján, ¿verdad? Sí, señorita. Lleva uniforme color esmeralda, es joven y bonita, tiene los cabellos negros atados en una cola, tiene los ojos claros como ¿los gatos? Se parece a la enfermera amable del hospital de Vitarte. ¿Cómo se llamaba? Tenía el nombre de una princesa… Vamos a ver cómo está esto, don Juan de Dios. Me abre la bata. En su rostro se dibuja una mueca de ¿asco, sorpresa, repugnancia? por ¿las llagas que tengo desde que me quemé? Quita el espadrapo y la gasa, Dios mío, ¿desde cuándo está así, don Juan de Dios? Desde hace una semana, señorita, se salió la sonda por donde evacuaba la bilis. ¿Y lo han dejado así nomás? Sí, me atendían como a un perro, ni me daban de comer, estaba con sed todo el tiempo. Viene del hospital de Vitarte, ¿verdad? Sí, señorita. Qué bárbaros. ¿Tiene hijos, don Juan de Dios? Sí, señorita, seis. ¿Y no se han quejado, no han denunciado al médico, a las enfermeras? No, señorita… Bueno, bueno, hay que limpiar esto antes que la herida se infecte. Sus manos suaves, su mirada seria, atenta. ¿Cuántos años tiene, don Juan de Dios? Ayer cumplí ochenta y dos años, señorita. Felicitaciones entonces, don Juan de Dios. Gracias, señorita. Usted ha vivido bastante. Y viviré cuarenta años más, señorita… Le cubriré la herida para que pueda darse un buen baño, mi querido señor, porque esto está que huele un poquito mal. Sonríe, tiene una bonita sonrisa… Quizá a Arolín le guste, algún día se tiene que casar, ¿sino quién velará por él cuando esté viejo? Los años pasan sin que uno se dé cuenta y el cuerpo se empieza a debilitar, a enfermar, empezamos a depender de los demás… De todos los hijos, aunque sea hay uno que te alcanza un poco de agua, un pedazo de pan… Bien, bien, don Juan de Dios, ahora a la ducha a darse un buen baño, déjeme que lo ayude, ¿sí? Con cuidado, no se vaya a caer de la cama… Una ducha de losetas blancas y relucientes, me quita la bata, estoy desnudo pero no siento vergüenza, abre el grifo, el chorro de agua fría cae sobre mi cuerpo, sus manos suaves me pasan el jabón. ¿Qué le pasó en el pecho y en los brazos, don Juan de Dios? Me quemé en un horno, señorita. ¿Era cocinero? Panificador, señorita. En Pisco, hace muchos años, cuando era joven… ¿Hace cuántos años ya de eso? ¿Sesenta años? Una cicatriz que está sesenta años en mi cuerpo… La enfermera me pasa la toalla, salgo de la ducha, me cambia de bata, esto hay que tirarlo a la basura, no creo que estas manchas salgan fácil, no olvide decirles a sus hijos que presenten una queja. A ver, un brazo, después el otro y listo, guapo y elegante. Ahora a su cama hasta que le traigan la cena. Le voy a poner suero para que se hidrate. Dentro de un rato vendrá el médico a evaluarlo, tenemos que colocarle esa sonda cuanto antes. ¿Quiere un poco de agua? Si no es mucha molestia, señorita. Levanta la cabecera, abre su botella, me pone la cañita en la boca y bebo. El agua baja por mi garganta, alivia el fuego que me abrasa las entrañas. Me voy, mi estimado don Juan de Dios, hasta dentro de un rato. Le dejo el agua por si tiene sed. Muchas gracias, señorita. La enfermera se va, la habitación se queda en silencio. El cielo se va poniendo gris, ya va a oscurecer. Otra noche más en un hospital. El año pasado también estuve aquí cuando me dio un derrame cerebral que casi me lleva a la otra. ¿Cuántos días estuve en Emergencia?, ¿dos, tres? Después me llevaron a una clínica. ¿Estuve allí medio mes? Ese sí era un buen lugar, me atendían bien. Arolín también estuvo internado aquí, en el tercer piso, cuando le sacaron un cálculo del riñón. Era enorme, duro como una piedra, brillaba como un diamante. Tuvieron que cortarle en un costado para sacarlo. ¿Cuántos años lo tuvo dentro? Unos quince. Cuando trabajaba en Multitemp empezó a orinar sangre y tenía cólicos, le dolían hasta las bolas. Pobre mi hijo, cómo lloraba María por él: si algo le pasa a mi hijo, me voy a Huanta con Nacho y Diego, decía. Arolín le había dejado mil quinientos dólares de lo que ganó en el Premio Horacio para que pusiera un negocio si la operación fallaba, pero todo salió bien porque era joven y fuerte. ¿Por qué le aparecería ese cálculo? Quizá por el agua sucia que bebemos en La Realidad. Antes era diferente, cuando recién llegamos al barrio tomábamos de un pocito que había debajo de la sequia, a un lado del caminito. Una gota de agua, otra gota y otra gota y alcanzaba para todo el pueblo. Éramos pocos habitantes entonces, ahora hasta el último pedazo de cerro ha sido invadido. Después hice un pozo frente a la casa de la señora Hilda. En el techo escribí un pasaje bíblico… ¿Cuál era? Los palomillas siempre molestaban, se orinaban, hasta se cagaban en la puerta del pozo… Abusaban porque mis hijos eran pequeños y yo estaba lejos. Uno de esos matones era el sobrino de la señora Arcaria. Ahora está viejo, acabado. ¿Habrá estudiado algo? Los chicos se bañaban en la sequia, entonces sus aguas eran limpias, ahora todos los desagües vierten allí su mierda. Cómo ha cambiado La Realidad, ¿algún día tendrá pista, agua y desagüe, veredas? Cuántas casas he construido allí. Antes yo era uno de los pocos albañiles que trabajaba en el pueblo, hasta de la Segunda Zona me venían a buscar, ¿tendrá tiempo, don Juan de Dios, para que me haga este murito, para que me construya un cuartito? Era bien solicitado. Arolín y John eran mis ayudantes. Íbamos por el pueblo con nuestras tablas al hombro, empujando la carretilla, antes no había mototaxis como ahora. Una vez volteamos veinte carretillas donde la Juanacha, sudamos como caballos… El primer techo que hice fue donde los Ticona. Eso sería en 1984 o 1985 porque Jonás recién estaba enamorando a Carolina, hasta él tiró lata. Antes era bueno con nosotros, nos ayudaba bastante… Hubo un montón de lateros, lamperos, antes llenar un techo era una fiesta, ahora se llena en un par de horas nomás. Empezamos tempranito y terminamos cuando ya casi anochecía. ¿Existían las mezcladoras en ese entonces? Seguro, pero dónde la íbamos a conectar si no teníamos luz. Lata y lata, cemento, hormigón, piedra chancada, más agua, más hormigón, más cemento, tómese una cervecita para mitigar el cansancio, don Juan de Dios, un vinito. Yápese, debe estar con hambre, ¿los Ticona prepararon chicharrón o pachamanca? Allí fue la primera vez que Arolín se emborrachó. María estaba molesta porque una de las sobrinas de la señora Ticona estaba que le enamoraba a su hijo. María siempre ha sido celosa con Arolín, será por eso que no se ha casado hasta ahora, ni piensa hacerlo, ¿para no traicionar a su madre? María también estaba allí, y Carolina, Mariana, Flora y Dora también, todos bailando. ¿John dónde estaría? Ponían música de un grupo huancaíno… ¿cómo se llamaba?... Tantos años han pasado desde entonces, Arolín estaba en el colegio, creo que Carolina estaba embarazada de Apestegui, entonces sería el 85 y no el 84… A veces también me hacían trabajar por gusto, como donde los Matos. El viejo me contrató para hacerle su segundo piso. Arolín y John eran mis ayudantes. Eso sería en ¿1991 o 1992? Arolín ya no trabajaba en Multitemp, John todavía no se había casado, estaba en la universidad y todavía vivía en la casa. No tenía clases, o sea sería el verano del 92. El viejo Matos enseñaba en no sé qué escuela militar. Era viejón, canoso. Su mujer era joven, parece que había sido secretaria en el colegio donde enseñaba, Matos estaba separado, o divorciado, o quizá no porque creo que venía solo los fines de semana. Serían convivientes. Tenían tres hijas chiquitas: Katherine, que era prieta, Roxana y ¿Estefanny?, que en ese entonces tenía cuatro añitos y ya sabía leer, aunque no escribía. Su mamá le había enseñado a leer con la Biblia, como hice yo con Arolín y John. Eran Testigos de Jehová, menos el viejo, que era pagano. Las primeras semanas nos pagaba puntual, después siempre quedaba un saldo para la siguiente semana, hasta que empezaron los problemas, ¿o nos dijo hasta aquí nomás, ahora trabajará el hermano Ángeles, venga la otra semana para pagarle lo que le debo? Fui con Arolín… ¿El viejo se negó a pagarme o solo quiso darme una parte? Arolín intervino y el viejo lo botó de su casa, casi le hace caer a la más chiquita de los Matos y el viejo le dijo o te largas o saco mi pistola o ¿llamo a la policía? Conchudo de mierda, todo para no pagarme. Creo que estaba celoso porque me dijo que John no trabajaba, que paraba conversando con su mujer… Y la hermana Sara calladita nomás, era sumisa, creo que no tenía familia en Lima, por eso se habría metido con un viejo. Ahora tiene otro marido, creo que más joven que ella, ¿Matos se murió o el pipilí ya no le funcionaba y la hermana Sara se aburrió y lo mandó al diablo? ¿Me pagó todo lo que me debía? Creo que no. Por eso yo les decía a mis hijos estudien, sean profesionales para que no le estén mendigando a la gente, para que no se estén humillando por un pan. Donde siempre me fue bien fue donde la hermana Luzmila. También vivía en Los Manzanos, cerca de los Matos. Era más viejita que yo, con los cabellos blancos como el algodón y un rostro de ángel. Era viuda de un médico. Tenía dos hijos adoptivos, la hermanita María y… ¿cómo se llamaba el hermanito, Rafael, Miguel, Abel? Allí le hacía trabajitos nomás, instalarle un lavadero, hacerle un pisito, levantarle un murito, pero me pagaba bien. Arolín siempre me ayudaba y calladita me pagaba lo que le pedía por mi ayudante. Arolín también le hacía trabajitos como pintarle una pared, hacerle una instalación eléctrica. Era tan buena que cuando John tuvo a su primer hijo siempre le daba un dinero para que le comprara sus pañales… Allí también terminamos mal, pero no tanto como donde los Matos… Es que yo ya estaba viejo, no veía bien, todavía no me habían operado de los ojos. Tenía que enchaparle el bañito del hermano y no le puse la plomada y una esquina salió descuadrada y el hermanito se molestó y me dijo hasta aquí nomás, hermano Juan de Dios, pero al menos me pagó lo que había avanzado. Esos ya eran mis últimos trabajitos, ya no rendía como antes. ¿Hace cuánto que murió la hermana Luzmila? Por lo menos habrá vivido cien años… Donde también nos fue bien fue donde el hermano Lezameta. Nos pagaba puntual, el precio justo, pero nunca nos dio ni una gota de agua. Su mujer era alemana, o hija o nieta de alemanes. Preferían que la maracuyá, las guayabas se pudrieran antes que decirnos llévense fruta, hermano, para que coman. Tenían plata hasta por gusto, el hermano era médico. Pero nosotros ni cojudos: aprovechábamos que una vez a la semana se iban a Santa Eulalia a ver su hacienda para robarnos maracuyá, guayaba, palta. Ellos ni comían, le daban todo a un chancho que criaban. Hasta lo ayudamos a matarlo pensando que nos darían aunque sea las tripas y no nos dieron ni la cola. Habrán tragado chicharrón hasta intoxicarse. Así éramos hermanos espirituales. ¿Qué dirán cuando el Señor les pregunte si dieron de beber al sediento, de comer al hambriento?… Construimos una pared divisoria durante cinco o seis meses. Después nos dieron para construirle una cocinita, su hija se iba a independizar de sus padres, pero creo que su yerno fue el que contrató a otro albañil, diría don Gastelú es muy lento. Peor para ellos porque el otro albañil lo hizo todo a la diabla. Querían que le hagan su vereda con restos de loseta bien pulida y el otro albañil lo hizo como sea para terminarlo rapidito. Ni lo pulió, le pasó el frotacho nomás y listo. Así le gustaría al doctor. ¿Cómo se llamaba su nieta que nunca me saludaba? Tenía dos nietas… Priscila y Deborah, Deborah era la que nunca me saludaba. Ya estará casada, con hijos. Eso fue también el 92, antes que Arolín ingresara a la universidad… Hace ya diecisiete años. También hice mis cachuelos donde la hermana… ¿cómo se llamaba la hermana? Vivía por el puente de Los Ángeles, también tenía otra casita en El Chaparral. Era viuda, separada o madre soltera, no me acuerdo, tenía un hijo bien inteligente que siempre paraba estudiando. Creo que la hermanita trabajaba en una casa, juntaba su dinerito y me llamaba y poco a poco le iba construyendo su casita. Era buena gente, siempre me invitaba refresco, lonche, hasta almuerzo cuando no salía a trabajar. Ese trabajito ya lo hice solo porque Arolín había ingresado a la universidad y John ya no vivía en la casa. ¿Todavía estaba donde el hermano Manrique o ya se había casado? ¿Se fue de la casa solo porque sus hermanos eran paganos o porque quería hacer de su vida lo que le diera la gana? De mis dos hijos varones, era el más flojo. Mientras Arolín cocinaba en las mañanas y me ayudaba en las tardes, John solo me ayudaba en las mañanas y después se iba a jugar pelota con sus amigos. Por eso siempre estuvo cagado… Está amaneciendo, el pedazo de cielo que se ve desde aquí empieza a clarearse, el ala del edificio se hace visible. Trataré de dormir un poco, no he dormido nada… La hermanita se llama Clarisa, donde los Ticona pusieron a Los Shapis, Arolín bailaba La novia con la sobrina de los Ticona.

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