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sábado, 7 de abril de 2012

La agonía de Juan de Dios (6)



El techo sin tarrajear, las paredes igual, la ventana sin cortina, la luz del poste que se cuela y no me deja dormir, un trapo colgado en la puerta por donde se meten los perros y gatos para comerse mi comida y llevarse mi pan. Mi ropa colgada en un tubo, cubierta con un plástico para que no se llenen de polvo. El baño lejos, sin puerta, sin mayólica, sucio. Por gusto hemos tenido tantos hijos, decía María. Solo para que nos amontonen los nietos, nos traigan problemas y nos hagan pasar vergüenza. ¡Ah, si lo hubiéramos sabido nos habríamos quedado solos después de la muerte de Juan Ignacio! Juan Ignacio, cuarenta y ocho años sin mi hijo, casi cincuenta años de conocer a María. Qué rápido ha pasado el tiempo. ¿Tantos hijos para qué? Me voy a hacer hombre, decía John cuando se casó con Emilia. Han pasado dieciséis años desde que metió la pata. No tenía ni dónde caerse muerto y ahora está peor: acaba de llevarse un buen pedazo de mi papel higiénico. ¿Para eso se casó, para no tener ni con qué limpiarse el culo? Yo a los treinta y nueve años ya tenía mi trabajito seguro, tenía mi casita, no andaba molestando a la familia, y eso que solo tenía mi primaria completa. Estos hasta han ido a la universidad y están más cagados que uno. De mi pensión tengo que dar para que coman los nietos, pagar el agua, la luz, los arbitrios. Tanto romperme el lomo por los hijos para terminar almorzando en el comedor popular o recibiendo las migajas que me alcanzan sin voluntad. ¿Cómo no me voy a enfermar así? ¿Por qué tuviste que morirte, María? Si hubiera sido otro padre los habría puesto de patitas en la calle después de toda la vergüenza que nos han hecho pasar. ¿Acaso Ricra educó a sus hijos a pesar que es catedrático? No, solo les dio su secundaria y punto. Los mellizos están de vendedores de gas, y eso que eran bien inteligentes. ¿No le dará vergüenza que sus hijos no sean nada? Qué le va a dar si ni cree en Dios. Una vez le tocamos la puerta con el hermano Manchego y de frente nos preguntó si nosotros habíamos visto a Dios. No quería entender nuestras explicaciones. Era peor que Tomás. Ya me reiré de ese incrédulo el día del Juicio Final. ¿Y Vásquez?: peor, se ha construido un edificio y sus dos hijos se ganan la vida como pueden. Su hija estuvo una vez tuberculosa. Igual los Galdós: el viejo era contratista picapedrero, ganaba buena plata, y todos sus hijos se quedaron burros, hasta se volvieron terrucos, la menor está de motoxista como si fuese hombre. El viejo está peor que yo, hasta recibe vaso de leche, yo siquiera tengo mi pensión. ¿Y Bendezú?: si no fuera por Vitaliano, que se casó con Fela, y les dio trabajo a todos los negritos, ahorita estarían estirando las manos por un pan o trabajando como monos en los circos ambulantes. Hasta en la cárcel estuvo Roberto. ¿Cuántos maridos habrá tenido Cucha? El viejo brujo prefirió buscarse una amante en lugar de educar a sus hijos. Somos primos también, para mi mala suerte. Esos deben ser descendientes directos de la mujer de Prudencio Luján… Pero por cojudo John está así: era el más inteligente de la familia, siempre sacaba diploma de aprovechamiento y conducta, fue el primero de los Gastelú Palomino en ingresar a la universidad, tenía un futuro brillante, sus profesores pensaban que iba a ser abogado o ingeniero. Hasta que se metió con Emilia, una floja buena para nada. María tenía razón cuando decía que esa mujercita iba a ser la desgracia de nuestro hijo. Yo pensaba que porque era una hermanita espiritual iba a hacer feliz a nuestro hijo. Pero el huevón ese también tiene la culpa: desde el comienzo le iba mal y a pesar de eso se llenó de hijos. Claro, para cachar no se necesita ser inteligente. Por una chucha se cagó la vida. La puta esa se buscó un cojudo que la mantuviera. Por gusto es profesora de inglés. Por eso Arolín no es sonso: ¿para qué me voy a casar, papá, para mantener a una floja solo porque me abre las piernas? Como sea terminó su carrera, haciendo trabajitos de jardinería, de electricidad, pintando, dando clases particulares. Ni bien terminó sus estudios sacó su título, buscó trabajo en el Estado y se nombró como quería su mamá. Aunque tampoco le fue fácil porque sufrió tres años como contratado y se tuvo que ir cinco años a Villa María del Triunfo. Pero ahora gana su sueldo tranquilo, sin preocuparse en dónde trabajará el siguiente año, si lo contratarán, si encontrará un director que no sea corrupto como Tucto del Túpac Amaru o la gorda Mamani del López Albújar. Es el único hijo que nos ha dado alegrías: le gusta escribir y a veces gana una platita en los concursos y nos vamos a pasear, una vez me llevó a Pisco, Chincha, Ica, Palpa; siempre nos lleva a comer al Norky’s o al chifa Chang, me da mi propina de vez en cuando, me ayudó con mi diente postizo porque se me perdió la plata, le compra sus útiles a Nacho y Diego, todos los días les da su propina para que se vayan contentos al colegio, les compra sus ropas, los lleva a la playa, a la piscina. ¿Por eso Mariana y Carolina odiarán a esos chicos? ¿Por eso Mariana lo odiará? ¿Por eso le dirá que es un cojudo? Seguro quiere que se busque una mujer para que le vaya peor que a John, ¿no? Si lo viera cagado como a John haría fiesta. ¿Por eso le hacían la vida imposible a su pobre madre? No se dan cuenta que tienen hijos, que el mundo da vueltas; tanto que Mariana les decía putas, perras a Dora y a Flora y al final tuvo una hija con un ingeniero de medio pelo encima casado a quien nunca he visto… Por su culpa nos tuvimos que ir a Cocachacra cuando Dora salió embarazada. Jonás quería que botara a mi hija, ¿a dónde iba a ir la pobre si la familia de Petete tampoco quería saber nada de ella? ¿Acaso cuando el hijo de puta ese embarazó a Carolina les dijimos váyanse de mi casa? Les dimos un rincón en nuestra choza para que durmieran. María fue la que lo agarró a zapatazos obligándolo a que fijara la fecha de la boda, a que viniera su familia a pedir la mano sino lo iba a denunciar por violación. ¿Por eso lo odiaría? Quizá nunca olvidó esos zapatazos. María sí que era bien brava. Una vez también hizo lo mismo con el negro Eduardo Bendezú cuando me quiso pegar. A Vásquez también le paró el macho cuando se quiso meter a nuestro terreno… Dora apenas tenía diecinueve años, Petete estaba en Lurigancho, era la menor de nuestras hijas. John nos consiguió ese trabajo para cuidar el terreno de Fernández… ¿se llamaba Jesús? Era policía, buena gente, a veces hacía otros cachuelitos como partir las piedras para limpiar el terreno y me ganaba una propina extra… Dos cuartos de adobe al lado de la pista, el río cerca, el terreno lleno de paltos y plátanos, nunca en mi vida comí tanta palta como en Cocachacra… María, Dora y yo, parecía como si estuviéramos en Cangari, en las noches los zancudos no nos dejaban dormir, de día los mosquitos jode y jode… Nuestra hija embarazada… María y Dora siempre se iban a caminar hasta San Bartolomé, el ginecólogo le había dicho a Dora que caminara bastante para que dilatara con más facilidad cuando le tocara dar a luz porque era chiquita… Fernández me había dado una escopeta con solo dos cartuchos, ¿sabe manejar arma, don Juan de Dios? Claro que sé, antes tenía pistola, tenía una escopeta que se llevó Anacleto para matar un puma que se estaba comiendo sus animales pero ya no me lo pudo devolver porque empezó la guerra en Ayacucho y dicen que lo tiraron al río, o lo enterraron para que los terrucos no se lo decomisaran… ¿Pero quién le iba a robar a dos viejos y a una chica embarazada? El pueblo estaba lejos, el lugar donde estábamos se llamaba Río Seco, me acuerdo ahora, Cocachacra era el pueblo y estaba más abajo, María iba a veces por el pan, o yo, a veces llevaba de Chosica bizcochitos y galleta de agua para toda la semana, no había agua ni luz, agua íbamos a recoger a un puquial cerca del túnel, era límpida el agüita… La escalera para subir al terreno de Fernández lo construí yo… ¿Eso fue en?… 1996, en enero, seguro, estuvimos hasta mayo, Nacho nació el 11 de marzo en Bravo Chico… Jonás se compadeció de nosotros y nos dio una mano, don Fernández me prestó cien soles, o me pagó adelantado, ¿cuánto me pagaba al mes?, ¿ciento cincuenta o doscientos soles?, pero en ese tiempo alcanzaba para algo, al menos allá estábamos lejos del odio de Mariana… Las noches oscuras, el zumbido de los zancudos, el chirrido de las llantas de los camiones al doblar la curva, era verano y llovía con intensidad igualito que en Cangari… Una noche perseguí en Cangari a unos jarjachos, María y las chicas estaban en Huanta, ¿ya había nacido Arolín? Jarr, jarr, escuché, ¿jarjachos?, los ¿ruidos o gruñidos? venían del río, agarré mi escopeta y fui a ver: dos chanchos se estaban revolcando en la playa, era noche de luna llena, apunté al más grande y disparé, los chanchos salieron volando, yo tras ellos bala y bala, por gusto porque no acerté ninguno, y eso que tenía buena puntería porque una vez me bajé un gavilán en pleno vuelo, María lo frió, era dura y babosa la carne, pero con qué ganas lo comían las chicas… Regresé a la chacra, me iba a ir a dormir y de nuevo jarr, jarr, daba escalofríos oír ese ¿gruñido, resoplido? En el patio había un guarango seco, le eché kerosene y le prendí fuego para que los jarjachos no se acercaran. Esa noche en mis sueños un macho cabrío me agarró de los pies con sus cuernos y me arrojó por los aires. Cuando desperté tenía el pie derecho hinchado y adolorido, ¿me lo hice persiguiendo a los chanchos o me lo hizo el macho cabrío en mis sueños? A duras penas monté en mi caballo y fui donde mi tía Saturnina Bendezú, ella sabía componer huesos. Le conté lo de los jarjachos, son de por allí nomás, me dijo mi tía, una señora que tiene relaciones con su hijo. ¿Para qué los perseguiste?, me recriminó, podían haberte hecho cualquier cosa, esos son demonios. Era buena mi tía Sato. ¿Hace cuántos años habrá muerto? Más de treinta seguro… Nos hubiéramos quedado a vivir en Cocachacra pero era difícil vivir allí con una criatura, se podía enfermar de cualquier cosa. Y ya se le había pasado la furia a Mariana, aunque un par de años después Flora la cagó de nuevo cuando se embarazó de otro vago. Para entonces estábamos de guardianes en La Portada del Sol, cuidando la Casona. John nos dejó ese trabajito que le consiguió su suegra. Nos fuimos con María, Dora y Nachito. En la casa se quedaron Flora, Mariana y Arolín, que estaba a punto de terminar su carrera. ¿Era 1999? Diego nació ese año. Otra hija que metió la pata. Flora se vino a vivir con nosotros porque Mariana no la quería ver ni en pintura. A Dieguito María la introdujo a la Casona en una bolsa de mercado para que los Giles no se dieran cuenta que estaba trayendo otro bebito. Los Giles eran los concesionarios de La Portada y siempre le iban con el chisme a Huaraca, el administrador de los Pardo: los Gastelú paran gastando mucha agua, gastan mucho la luz, el domingo hubo bastante gente visitándolos. Cholos de mierda, empezaron vendiendo chupetes y ya se creían los dueños de todo, igual que Mariana. Por culpa de los Giles John tuvo que dejar ese trabajo. Siempre se iba con toda su familia a las reuniones del Salón del Reino y llegaban tarde y los Giles soltaban sus perros impidiéndoles la entrada y se metían por la parte de atrás. Hasta que un día el cholo ese lo esperó pistola en mano y le dijo ¿por acá es la entrada?, ¿quieres que te mate como a un ladrón? John se asustó. Allí fuimos nosotros. Nos pagaban trescientos soles. Hace diez años esa cantidad era platita, alcanzaba para comer bien, para comprarle sus cosas a los chicos, para ayudarle a Arolín en sus gastos de la universidad, hasta le ayudábamos a John que había vuelto a estudiar para ver si terminaba su carrera. Si no hubiera sido porque Mariana jodía siempre, habríamos sido felices. Cuando Mariana venía Flora y Dora se escondían… La Casona era inmensa, por lo menos tendría veinte habitaciones, cada uno con su baño, había un baño familiar grande como una sala. ¿Estuvimos tres o cuatro años allí? Allí Nachito y Dieguito dieron sus primeros pasos… No, no, nos vinimos el 2000, cuando Diego todavía no aprendía a caminar, recién gateaba. Nacho era el que aprendió a caminar allí. Cuántas veces se cayó haciéndose chinchones. Tenía las piernitas chuecas cuando era bebito. En la entrada había un caballito de metal en el cual le gustaba subirse… Teníamos el bosque de la parte de atrás para nosotros. El río estaba a un paso. Cocinábamos con leña. Así me hubiese gustado vivir siempre. Tenía mi cuarto para mí solo. Subí de peso. Habríamos sido felices si Mariana y los Giles no nos molestaran… Los judíos siempre venían de campamento, traían sus cosas en camiones, se quedaban una semana. Acampaban en el bosque de atrás. Siempre nos regalaban la comida que les sobraba, los panes del desayuno. La última vez que fueron nos pidieron que les guardáramos sus cosas pero se demoraron en recogerlos y los Giles le fueron con el chisme a Huaraca y Mariana vino diciendo que nos iban a botar como a perros. No sé qué más le insultaría a María. Ahora pienso por qué nunca le llamé la atención… Es que conmigo se hacía la buenita, me compró mi audífono cuando el oído me empezó a fallar, hizo que me operaran de los ojos cuando empecé a ver mal, hizo los trámites para mi jubilación, me regaló un televisor grande para que viera mis películas. Y a su mamá nada. ¿Por qué la odiaría? Carolina también odiaba a su mamá. Una vez mandó a preguntar con su marido si María era su madre. Qué gente más desgraciada. A mí siempre me llevaban al chifa, a pasear, me invitaban a sus cumpleaños, y a María nada… ¿Por qué mis hijos salieron así si los crié amando a Jehová Dios?... Siempre andando de aquí para allá como gitanos para que no les falte un pan… Los hijos crecen y hacen con su vida lo que les da la gana. Nos vinimos de la Casona porque uno de los Pardo lo iba a convertir en hotel, albergue o no sé qué. Menos mal que Arolín se nombró y empezó a ayudarnos con la luz, con los útiles de los chicos, le daba una mensualidad a su mamá para la comida… Tío Juan. Hola, Kathy. ¿Cómo está tu mamá? Bien, tío. Le manda estos cinco soles para que se compre su bizcocho. Gracias, Kathy. Una moneda de cinco soles… La guardo debajo de mi almohada. ¿Y mi cuñado Porfirio? En Chincho, tío Juan, ya se viene la cosecha. Hola, abuelo Juan. Hola, Karim. Karim ya está grande. ¿Antony no ha venido? Se quedó acompañando a su abuela. Esta es Vanessa. Vanessa y Antony son blancos, Karim es moreno. Antony tiene seis dedos como mi papá, pero mi papá lo tenía en los pies, por eso le decían el Soqqta. Mi papá… Los chicos prenden el televisor, menos mal que Mariana no está sino los botaría. Vamos a prepararle su mazamorra, tío Juan, ya regresamos. Ya, Kathy. Viene John, se sienta a mi lado, me pregunta cómo estoy, voy a ir a ver a mis hijos, me dice y se va. Los chicos apagan el televisor y se ponen a corretear, no vayan a entrar al cuarto de Mariana porque se molesta, dice que agarran sus cosas, que ensucian su casa. Tantos años he trabajado y no tengo un rincón para mí. Los Apestegui querían llevarme a su casa ¿pero qué hago en casa ajena si más tranquilo puedo estar en mi choza? Aunque mi choza tuve que desarmarla porque las piedras del costado se empezaron a mover y cuando llueve entra el agua. Cuando me sane lo voy a limpiar bien bonito o le puedo decir a Arolín que cuando Vinces le dé su plata teche el cuarto que estaba haciendo para vivir yo. Por ese terreno se peleó con Mariana. Cuando se nombró, Mariana quería que le pague el alquiler por el cuarto que hizo y le dio. ¿Cuándo construyó ese cuarto? ¿En 1992? Hizo dos cuartos, uno le dio a Arolín, Arolín se nombró el 2002. ¿De dónde iba a sacar plata para pagarle diez años de alquiler? ¿Se le cobra alquiler a un hermano? Como si Arolín no hubiera puesto ni un ladrillo. Cuando era contratado construyó el muro de la calle. Ya daba vergüenza ser los únicos de toda la calle Libertad que todavía teníamos una pirca. ¿Cuántas bolsas de cemento gastamos allí? Unas cincuenta por lo menos, y dos o tres camionadas de hormigón. Menos mal que nosotros somos albañiles sino habríamos gastado más. Como no le quiso pagar el alquiler, lo botó a su hermano del cuarto, y eso que Arolín hizo el piso. Mariana sacando provecho de todo, como siempre. A veces cuando su mamá le hacía guardar su platita ya no le quería devolver diciéndole yo les estoy dando para que coman, qué más quieren. Lo único que ella daba a la casa era la bolsa de víveres que le regalaban en el hospital, después nada, ni un centavo. A veces John venía y se metía a su cuarto y se robaba una bolsa de arroz, de azúcar, o una lata de leche y Mariana le hacía un escándalo a su mamá. Para eso se casó el cojudo ese, para estar robando un pan, para darle problemas a sus padres, para deberle a todo el mundo. ¿A quién no le deberá John? Cuántas veces me ha pedido prestado y nunca me ha devuelto, como si me sobrara la plata. En cambio Arolín, cuando me presta y le quiero pagar, me dice así nomás, papá, quédatelo. Ese sí es un buen muchacho, nunca nos ha traído problemas, ninguna mujer ha venido a buscarnos para decirnos que tiene un hijo botado por allí… Si todos hubieran sido como él, habríamos sido felices. Como sea Dora terminó su carrera pero se demoró como cinco años en sacar su título, prefirió perder su tiempo cuidando a la Bere pensando que Mariana le iba a conseguir trabajo en su hospital pero nada, ahora ni se hablan. Igual Flora que estudió corte de cabello y no aprendió nada, prefería perder su tiempo en el comedor popular, en el vaso de leche. Una vez se fue a Huanta a ayudarle a su tía Susana porque Mariana le hacía la vida imposible. De Huanta se fue a Chincho con Néstor, el hijo de mi hermana Julia, porque tuvo problemas con su prima. Eso fue a finales del 2001, cuando Dieguito tenía casi tres años. Se quedó con nosotros. En julio del 2002 María, Dieguito y yo fuimos a Chincho. María quería ir para la fiesta de la Virgen del Carmen. Diego y yo casi morimos esa vez. Flora nos esperó en Huanchuy con el burro de mi cuñado Porfirio, cargó las maletas y se adelantó dejándonos atrás. Hasta se llevó la gaseosa y los panes que habíamos comprado para comer en el trayecto. Debíamos de haber ido a Huanta, pero Mariana fue meses antes y le dijo de todo a mi cuñada Susana… Empezó a llover, el camino se hizo barro. Pasó una hora, otra hora y otra hora y empezó a oscurecer y nada de Chincho. La que estaba bien era María, vamos, Juandi, camina, tenemos que llegar como sea, me animaba. Dieguito lloraba de hambre. Hubiéramos ido con Arolín, pero se había nombrado hace poco y todavía no le pagaban. Hasta que llegamos a Chullayacu. María tocó la puerta de una casa donde dos años antes, cuando fueron con Arolín y Nacho, les invitaron comida. Pidió un poco de agua caliente para mí y Dieguito, nos estábamos muriendo de hambre y de frío. Nos hicieron pasar, nos sirvieron sopa caliente, nos ayudaron a llegar a la casa de Porfirio… Con María dijimos la siguiente vez que vayamos hay que llevarle alguna cosita a la señora, pero no hubo siguiente vez. Esa fue la despedida de nuestro pueblo… La despedida de María. Yo tengo que volver a Chincho para curarme… Qué no he hecho por mi pueblo como secretario y como presidente del Centro Representativo de Chincho. Gestionamos la construcción del local municipal que después, durante la guerra, los senderistas quemaron. Mandamos camiones con cemento, ladrillo, hormigón, tejas, baldosas, vigas, pintura, clavos. Ampliamos el colegio, mandamos una banda de guerra. Hasta que me enfermé y renuncié. Antes Chincho estaba lleno de gente, por culpa de los terrucos se fue despoblando. Ahora parece un pueblo fantasma, pero es tranquilo, el aire es limpio, puro, el agua que sale del puquial que está a un paso de mi casa no está contaminada como el agua que bebemos acá. Allá me sanaré, me curaré de todos mis males, llevaré la Palabra del Señor por el mundo entero, Nacho y Diego pueden estudiar allí, Arolín podría enseñar en Julcamarca o Huanta. La casa de mi papá está a la entrada del pueblo nomás. ¿Hace cuántos años que la construyeron? Por lo menos noventa, o más. Menos mal que los terrucos no la desmantelaron como hicieron con las otras viviendas después que mataron a sus ocupantes, como hicieron con la casa de mi suegra. Cuando fuimos con María apenas encontramos los restos de una pirca y la enorme piedra redonda que estaba en la entrada. Todo se lo llevaron cuando la mataron. Cómo la habrán matado a mi suegra. Dicen que la degollaron, que la mataron a golpes… Tenía su carácter mama Felicitas, peor que María. Una vez no me quiso recibir. Alguien le iría con chismes. Llegamos a su casa, ese hombre que se vaya, le dijo a María, no lo quiero ver. Me tiró la manta que le había llevado de regalo. Pero María también era chúcara: mamá, Juan de Dios es mi esposo, si no lo quieres recibir, tampoco me vas a recibir a mí. Estamos casados. Tu papá no ha visto que se han casado, dijo mi suegra. Qué iba a ver si taita Julián salió ese día diciendo ahorita vuelvo y volvió cuando la boda ya había terminado. A mi suegro le gustaba echarse sus copitas, pero era un buen hombre, me quería bastante… Nos dimos la media vuelta para regresarnos y entonces mama Felicitas nos llamó, que le perdonáramos, que yo era como un hijo para ella… Pobre mi suegra, cómo quería a Mariana, la adoraba. Cuando nos vinimos en 1970 rogó, lloró para que se la dejáramos, pero Mariana no quiso quedarse con su abuela. Tenía cuatro años, casi cinco, estaría más chiquita que su hija. Cuántos años ya desde ese entonces. Era gordita, caprichosa, juguetona, quién iba a pensar que con el tiempo se convertiría en otra víbora como Carolina… A veces María decía hubiera dejado que se las coma el león esa vez que quiso entrar a la casa de Cangari… Quizá hubiese sido mejor… María todavía estaría viva… Qué calor que hace, los chicos estarán con sed. Diego, vaya a comprar gaseosa con estos cinco soles que mi hermana me ha mandado… ¿Mis cinco soles? ¿Dónde están mis cinco soles?

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