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domingo, 6 de noviembre de 2011

El hombre que hablaba del cielo



de Irma del Águila. Novela ganadora del III Concurso de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro. Vargas Llosa siempre dice que una ficción debe ser creíble para atrapar al lector, para que este no sienta que le están dando gato por liebre. Y esta novela es fallida, está mal contada, no se siente que el lenguaje con el cual te lo cuentan corresponde al de una novela de época. Hace un tiempo leí un ensayo sobre la violencia política donde los ensayistas, valga la redundancia, se reían de obra como "Abril rojo", "Lituma en los Andes" e "Historia de Mayta" porque cositas que el lector común y corriente no se daría cuenta -ejemplo que los helicópteros no retroceden, que el disparo de una pistola no te tumba para atrás, etc.- y esto me ha pasado al leer esta novela, pero no me he reído -nunca me reiría de una novela a menos que sea graciosa, de humor-, lo que he sentido es estupor, sorpresa que se haya premiado a una obra sin merecerlo. O quizá las otras eran peores, y se eligió a la menos mala. Pensé que la novela premiada el año pasado ("El amante") sería la más pésima, pero me equivoqué. Esta peca de pretenciosa, de docta, de querer ser una novela para conocedores, pero no logra su objetivo. Por la gran cantidad de fe de erratas listadas en la última página, y que no son todas, se ve que le faltó más trabajo de corrección. Me pregunto si algunas de esas personas mencionadas en el agradecimientos la leyó entera y le dijo a la autora que tenía que trabajarla más, o esta, como toda ganadora, se sintió en el Olimpo literario e hizo oídos sordos a los consejos. Es una novela que al final de la lectura no te deja nada bueno para recordar. Me pregunto si en esa época el cebiche se llamaba ceviche y el pisco quebranta se llamaba quebranta. ¿Y de dónde sacaría la palabra perulero la autora? Si la autora quería escribir sobre el mar, debió de haber leído la saga completa de "Maqroll el gaviero" de Álvaro Mutis, y si quería escribir del cielo, leer "La piel del cielo" de Elena Poniatovska -no sé si se escribe así- o "El viento de la Luna", de Antonio Muñoz Molina. También debió leer "Del amor y otros demonios" de García Márquez para aprender a escribir una novela del Perú colonial.

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