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miércoles, 6 de abril de 2011

Diario escolar (marzo 28 - abril 4)



LUNES 28: –¿Tienes una toalla que te sobre, Cami? –No. –He visto un paquete en tu cajón. –Habrás visto mal –digo. Estoy molesta con Mariana. Dijo que me iba a llevar a Lunahuaná, y al final se fue sin siquiera decir chau, perro. ¿Ahora qué le llevaré al profesor?–. Y nadie te ha dado permiso para que rebusques mis cosas. –Mi profe de comunicación es lindo, ¿no? Esta idiota ha leído mi diario. Siento que las orejas me empiezan a arder. –Cómo sufro por mi amor imposible… –Idiota, ¿acaso yo leo tus cosas? –agarro mi sandalia y se la arrojo. La esquiva. La sandalia se estrella contra un espejo que se hace añicos. –¿Cuándo podré ser feliz si mi amorcito no me hace caso?... Empiezo a gritar como loca. Mamá entra al cuarto. –¿Por qué pelean, ah? No parecen hermanas. –No me quiere prestar una miserable toalla. –¡Ponte periódicos viejos en la chucha, qué me importa! –¡O moderas tu lenguaje, o te rompo el hocico, Camila! ¿Para eso vas al colegio? –¡Dile a tu hija que no rebusque mis cosas! Y no tengo hocico, por si acaso. –Ma, Cami… –Mamá, Mariana… Mariana se calla, sabe que tiene mucho que perder. –¡Trágate tus toallas! –dice, dando un portazo–. Ojalá que te atores. –Aprende a compartir tus cosas –dice mamá. –Dile a tu hijita que no rebusque mis cosas sin mi permiso. –Caramba, ni que tuvieras un gran secreto guardado. Ah, si mamá supiera. Las clases de Gato gordo son aburridas. ¿Dónde puedo esconder mi diario? Se supone que un diario es personal y nadie tiene que andar husmeando sus páginas, ¿no? ¿Acaso yo rebusco sus cosas? Bien que le haya contestado. ¿Y si me metía un sopapo? No creo. Ahora soy más alta que ella, y voy a seguir creciendo. Papá es alto. Me metía una cachetada, le metía dos. Al diablo con el seno y el coseno. –¿Me da permiso para ir a los servicios, profesor Benites? –¿No sabe que no hay permiso para nadies, alumna? –me dice el tío, mirándome con indiferencia. Gordo bruto, se dice nadie, no nadies. Lo único que sabe este animal es sumar y restar. ¿Por qué no lo manda a su casa, señor Mota Sedal? Con este viejo nos estamos embruteciendo. Si se trata de sumar, puedo utilizar una calculadora de cinco lucas. Ahorra usted, yo aprendo más. Bruto y ladrón, seguro que si le digo le doy para su marciano, me deja salir. Mientras Gato gordo explica, yo dejo volar mi imaginación para recordar esos días del verano que ya no volverán. ¿Dónde estaré el próximo año? Cómo saberlo. Ojalá que para entonces me haya reconciliado con Mariana. A ella y a Pepe les debo que haya pasado unas bonitas vacaciones. Las olas estallaban como una bomba sobre el boquerón de Pucusana. La Boca del diablo lo llaman. Caerse y que las olas te arrastren mar adentro como a la Virginia Woolf… perdón, esta tía se arrojó a un río. Se llenó los bolsillos con piedras y se hundió como un ancla. La que se tiró al mar fue la Alfonsina Storni, por eso le escribieron Alfonsina y el mar. Camila y el mar: esta es la historia de una chica que se arrojó a las aguas del océano Pacífico porque el hombre que amaba no le hacía caso. Ojalá que ya toque el recreo para ir al baño que me hago pis. –¿Está atendiendo la clase, no, alumna? –Claro que sí, profesor. –Pues no parece. Viejo de mierda, ¿a él qué le importa si le parece o no le parece que estoy atendiendo la clase? El profesor Palomino no me preguntó cómo me fue en Lunahuaná. Mejor. JUEVES 31: Último día de marzo. Hace una semana se terminó el verano, pero el sol, terco él, se niega a marcharse. Terry Schiavo murió después de una prolongada agonía. Su marido pidió que le desconectaran los aparatos que la mantenían con vida. ¿Se le acabó el amor? ¿Ella hubiese hecho lo mismo? ¿Qué haría yo; qué el profesor? Los caminos del amor son insondables. Mañana es abril. El año pasado recién me estaba alistando para empezar el cuarto año. Rapidito ha pasado un año. Rapidito pasó el primer mes de clases. ABRIL LUNES 4: Abril, el más cruel entre los meses, hace que nazcan lilas en la tierra muerta, mezcla recuerdos y deseos, sacude raíces perezosas con lluvias venales…, escribió T. S. Eliot. Lo cita Bryce en el epígrafe de No me esperen en abril. Lo recita Puchuri, con trémula voz, al anunciar la muerte de Juan Pablo II. Otra vez la muerte. Hacemos un minuto de silencio. La vida es breve, pienso, hasta el representante de Dios en la Tierra ha muerto. Ayer era un hombre fuerte, vigoroso, y hoy ya no está con nosotros. Las últimas imágenes del Papa eran elocuentes: un viejito todo achacoso mirando detrás de los cristales de su habitación a la multitud congregada en la Plaza San Pedro. A Lechona se le caen las lágrimas (de grasa). Tenía su corazoncito la tía. ¿Quién se atreverá a consolarla? ¿Mi amor, el Abuelo terrible, Gato gordo o el Pelón? Nadie. Pobrecita. Estoy feliz y ustedes también deberían de estarlo, dicen que dijo el Papa en su lecho de muerte. No estamos felices, Juan Pablo II. Estamos tristes por tu partida. Puchuri nos recuerda que el Papa peregrino estuvo dos veces en el Perú. El Papa es charapa, dijo Juan Pablo II al despedirse del Perú en Iquitos. RPP repite una y otra vez esa frase del Santo Padre. Ha muerto un hombre justo, un hombre bueno. Salve salve cantaba María, que más pura que tú solo Dios, entona el profesor Agustín con su voz de tenor. Se me salen las lágrimas, no puedo evitarlo. Otros alumnos también lloran. Las profesoras están hechas un puchero. El profesor Palomino inclina el rostro. Él no es creyente, pero se nota que está conmovido. Hace veinte años atrás, cuando yo ni era un proyecto, el Santo Padre vino por primera vez al Perú. Estuvo en Ayacucho. Ese febrero de 1985 los senderistas mataron a mi bisabuela mientras el Papa recorría las ensangrentadas tierras ayacuchanas. El alma de los justos está con el Señor, dice Puchuri. Descansa en paz, Karol Wojtyla, Papa viajero. El director nos recuerda, devolviéndonos a la triste realidad, que está prohibido ir al baño en horas de clase. ¿Y qué pasa si estoy mal de los depósitos urinarios, ah?, ¿me hago pis en el salón nomás? Prohibido ir al baño. Mucho menos al quiosco. Hay que estudiar bastante porque las evaluaciones son diarias. Estudiar, estudiar. Todo es estudiar. ¿Para qué estudiamos tanto si un día nos vamos a morir de todas maneras? La formación se extiende como un culebrón venezolano. Ahora el patio sí está lleno. Veo caras nuevas, pero nadie interesante. El profesor Avelino nos recuerda que está prohibido, una prohibición más, jugar con pelota en el recreo porque podríamos romper las lunas o lastimar a nuestros compañeros de primer año. Esos parecen de la banda del Choclito. Cada vez los alumnos se achican más. Todo está prohibido para nosotros. ¿A ver quién le prohíbe al Abuelo terrible para que nos deje de mirar las piernas o nos diga sus piropos subidos de tono, ah? ¿Quién le prohíbe a las misses para que dejen de chismosear mientras Chatín se va a la Ugel, ah? ¿Quién le prohíbe al gordo Benites que nos pida plata con el cuento de los materiales didácticos y al final no nos entregue nada, ah? ¿Quién le prohíbe a algunos profesores llegar tarde, ah? NADIE. Por lo visto, aquí algunos tienen corona. –¿Vas a salir a chatear en la tarde? –me pregunta Angie. –Está prohibido conversar durante la formación –le dice la Jacky Rojas, una chibola de cuarto, metiéndole un palazo. Chibola estúpida. ¡Meterle palo a una de quinto! Acá ya no respetan ni a la promo. Dónde se ha visto eso. Un enano de primero cae patas arriba y al fin pasamos a nuestros salones. Leer a Bryce. Aburre el tío. ¿Dónde está el fino humor que dicen que tiene? Humor había en Un mundo para Julius, en sus primeros cuentos, Con Jimmy en Paracas, por ejemplo. –¿Me da permiso para ir al baño, profesor? –Ya escuchaste al director, Camila. –Ya pues, profesor Palomino –le insisto–. Es una emergencia, voy y vengo al toque nomás. No sea malito. –Vaya pues. Camila tramposa, han escrito en el baño con corrector. ¿Yo tramposa? Están locos. Debe ser otra Camila. Que yo sepa, no he jugado con nadie. ¿Quién mierda me estará haciendo mala fama? Que me entere nomás, le rompo la chucha a patadas. Bajarme el calzón y sentarme en el water. Mirar los dibujos obscenos que adornan las paredes. Los alumnos tienen buena imaginación erótica. Esas son las joyitas que pueblan las instituciones educativas, señor ministro de educación. Están más interesados en el sexo que en los estudios. Sexo, sexo, sexo, tarareo recordando a Los Prisioneros. Jalan la cadena del último water. Yo pensé que estaba sola. Espero a que la cagona salga. Nada. ¿Tanto cagará? ¿Estará botando una culebra? ¿Quién será? ¿Miss Lechona? ¿Se habrá escapado del salón? ¿Se estará tocando? ¿Se estará metiendo un viaje a la Luna? –¿Quién anda por ahí? –pregunto mientras me subo el calzón. Silencio. Los vellos púbicos se me erizan. Voy a ver. No hay nadie. Solo un poco de sangre en la taza y un mojón. ¿Alguien habrá abortado mientras bajaba de peso? ¿Se tiraron un pedo con tanta fuerza que hasta botaron al bebé que esperaban? Regreso espantada al salón. Se lo cuento al profesor. Debe ser el alma de la hijita de don Quinto, me dice. Don Quinto fue el antiguo guardián del colegio. Su hijita se cayó al tanque de agua y se ahogó. Pobre chiquita, parece que su alma no puede descansar en paz. Nunca más vuelvo a ir sola al baño. Uno de estos días voy a ver al diablo calato por pichilona.

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