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miércoles, 18 de enero de 2012

El obsceno pájaro de la noche


Leer, releerla más bien, aunque después de más de diez años es como leerla de nuevo, esta novela de José Donoso (Chile, 1924-1996), me devasta, me aniquila, hace que sienta que lo que escribo –a pesar de mis innumerables premios- es bazofia, es nada. Y pone una valla muy alta a la hora de escoger mis lecturas porque después de leer El obsceno pájaro de la noche no te puedes dar el lujo de leer por ejemplo las novelas de Bayly o de su chica o de tanta gente que va presumiendo por allí, como pavo real, que es escritor. Escritor es este hombre, novela es esta novela, lo resto, bueno, es lo resto, la hojarasca, como diría Gabriel García Márquez. Y leer a la hojarasca sería retroceder, caer en la mediocridad. Si lees una novela y no aprendes nada, tanto como escritor y como lector, ha sido una lectura inútil.

Esta es, según mi pobre opinión, la obra maestra de José Donoso, aunque algunos dicen que es Casa de campo, puede ser. Donoso tardó como diez años en escribirla; de esta novela se desprendieron dos novelitas –Este domingo y Un lugar sin límites-. Aquí están las fobias, las pesadillas, los odios, los amores, todas esas obsesiones que persiguieron a Donoso como escritor. Leer El obsceno pájaro de la noche es descender a los infiernos, a un infierno poblado por viejas decrépitas, sucias, olvidadas, aniquiladas por el paso del tiempo que esperan el nacimiento de un niño santo que las conducirá en una carroza blanca a los cielos, ¿no es esto lo que esperan todos los viejos?, mientras la casa donde habitan se va cerrando para ser rematada, demolida. Leer esta novela es encerrarse en el infierno de la Rinconada para hacerle compañía a Boy, un monstruo, único hijo de los Azcoitía, para quien su padre, al ver que ha nacido deforme, decide crearle un mundo poblado de seres deformes como él, tanto animales, personas, objetos, para que no se sienta monstruo, pero su proyecto fracasa como fracasa la canonización de Inés de Azcoitía, como fracasa el Mudito en su pretensión de escribir una novela que no sea como las novelas que estamos acostumbrados a leer.

Narrada desde todos los puntos de vista, lección aprendida de Henry James y William Faulkner, donde la realidad y los sueños se cruzan y entrecruzan, esta novela perdurará como una estrella solitaria en el firmamento literario mientras las demás estrellas se hayan extinguido.

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