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jueves, 26 de mayo de 2011

Jaime Bayly el envidioso

imagen de Bayly cuando era joven e inocente y no se había alquilado a la mafia

En 1994, aparece No se lo digas a nadie, la primera novela de Jaime Bayly, que causó revuelo en la pacata sociedad peruana: un mariconcito contaba sus intimidades con pelos y señales. Las viejas pitucas y los cabros asolapados se rasgaron las vestiduras. La guerra contra Sendero había terminado hace poco, el país se estaba reponiendo de la caída sufrida y de repente llega este joven periodista con esa historia de cabros, rosquetes y doble filos. La novela había sido publicada por Seix Barral y contaba con el padrinazgo de Mario Vargas Llosa a quien Bayly admiraba desde los años del movimiento Libertad, fundada por el futuro premio Nobel para luchar contra el estatismo de la banca impulsada por Alan I. Desde entonces, Bayly ha crecido a la sombra de Vargas Llosa, tratando de imitarlo, llevando a la ficción la vida de Vargas Llosa. Si a Mario su padre lo mandó al Leoncio Prado porque escribía versitos como un mariconcito, Bayly decidió ser maricón en la ficción y en la vida real: sus siguientes libros estuvieron poblados de maricones. Si Vargas Llosa le guardaba rencor a su padre por haberse aparecido cuando recién tenía diez años, Bayly decidió odiar a su padre porque nunca aceptó su mariconería. Si Vargas Llosa escribía, y escribe, en horario de oficina, Bayly hizo lo mismo, siempre lo ha proclamado. En fin, Bayly siempre quiso ser como Mario Vargas Llosa. A su primera novela le siguieron otras que la crítica peruana pasó por alto por considerarla ligh, ligera, sin mucho vuelo, aunque en el exterior las críticas eran favorables, hasta se le veía como el sucesor de Vargas Llosa. Bayly ganó un par de concursos literarios, el Herralde por La noche es virgen y el áccesit del Planeta por De repente un ángel. Este galardón fue cuestionado por Juan Marsé, uno de los jurados del Planeta, que incluso renunció por la ínfima calidad de las obras premiadas aquel año. Pero Bayly siguió creyendo que sería el sucesor de Vargas Llosa, que si escribía como lo hacía su ídolo lograría superarlo. Soñaba que algún día le darían el Nobel a él y no a Vargas Llosa por las ideas liberales de este. Por eso, cuando el año pasado Mario Vargas Llosa fue galardonado con el tan esquivo premio Nobel, a Bayly casi le da un ataque al corazón pues sabía que ahora sí jamás lograría entrar al Olimpo literario, que el único peruano en ganarlo por muchos años sería el Escribidor. La sana envidia que Bayly había sentido siempre por Vargas Llosa se convirtió en un odio que saltó a la luz cuando nuestro premio Nobel decidió apoyar a Ollanta Humala en la segunda vuelta electoral. Bayly decidió entonces pasarse al lado opuesto y apoyar a la mafia fujimontesinista disparando toda su artillería contra el premio Nobel y contra el candidato presidencia de Gana Perú desde las páginas del periódico Perú.21 y luego desde las pantallas de América Televisión. Cuánta mierda suelta en cada programa y en cada columna suya. Del Bayly inteligente, audaz de sus primeras novelas no queda nada, solo un tipo lleno de envidia, rencor que quería ser Vargas Llosa, y como ya no lo será jamás, pretende ensuciar la correcta trayectoria, tanto literaria, personal como política de nuestro premio Nobel. Es casi seguro que la mafia gane las elecciones, ¿y qué hará Bayly cuando la corrupción, el latrocinio, el crimen se apoderen de la sociedad peruana como en los noventa? Lástima que ese escritorcito de segunda se hará la loca y dirá yo no dije lo que dije.

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