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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Diario escolar (diciembre)


DICIEMBRE

JUEVES 1:

El sol vuelve a entrar con furia por mi ventana como dándole la bienvenida al último mes del año, como diciéndome que la vida continua. Llegamos a diciembre. Parece increíble, pero ya estamos en diciembre. Falta poquitito para que se acabe el 2005. Falta poquito para un nuevo verano. Playa, sol, arena, olas. Puerto Viejo, Cruz Verde, Pucusana. Aunque este verano será distinto a los otros, pues tengo que chancar como nunca para poder ingresar a la universidad. Creo que ni tiempo voy a tener para veranear. Mariana tampoco podrá hacerlo porque tiene que cuidar a Rodrigo. Además, estamos de doble duelo. Sospecho que para nosotras se acabaron los veranos por un buen tiempo. Adiós, verano; adiós, amor, diría Manolo Galván: Vuelan al viento sus hojas, / los álamos dicen adiós, / a este verano marchito, / que nuestro amor contempló...

Prácticamente hemos terminado las clases porque los profesores ya no dictan, solo revisan los cuadernos y toman prácticas a los que están en cuidados intensivos. El profesor Palomino ni eso. Al ojo nomás sé quién va a estar feliz y quién va a llorar en navidad, nos dice. Algunos recién se ponen las pilas, pero ya es demasiado tarde, ni el examen “entregatorio” los salvará del pelotón de fusilamiento. Conmigo no hay milagros en navidad, por si acaso, yo no soy Papá Noel: yo no regalo notas a nadie, al contrario. Por mi parte estoy tranquila, hasta el momento les saco ventaja por una buena cantidad de puntos a los que me estaban pisando los talones. Me he esforzado, me lo merezco, ¿no?, apenas he ido a chatear, no salgo a bailar, no tengo enamorado, estoy virginia, no sé lo que es estar en OBE, etc. Se puede decir que soy una alumna modelo, que me merezco los promedios que tengo. Estudiar, estudiar, estudiar. Eso es lo único que he hecho en todos estos últimos años.

Diciembre. Último mes del año. Un poquito más y acabo el colegio. Diecisiete días apenas y cumplo los dieciséis. Voy a cumplir dieciséis años. Ya no soy una niña. Hace tiempo que dejé de ser una niña, pero algunos no se dan cuenta. Peor para mí.

Diciembre. Navidad, después año nuevo. El 2006. Un nuevo año.

Navidad, año nuevo, ¿el profesor aceptará pasar el año nuevo con nosotras? Ser mi padrino es ser de la familia, ¿no? Debo sugerírselo a mamá. Aunque no creo que salgamos a bailar porque estamos de duelo. Se acaba el año y no he podido conquistar su corazón, claro que he avanzado bastante, dos besos son bastante, ser su ahijada es bastante, ser su futura comadre es bastante, pero el tiempo se me acaba. Gota a gota el tiempo se me agota y aún no conozco el amor. Miento, el amor lo conozco, pero no soy feliz porque este inmenso amor que siento por él no lo puedo compartir. Es mentira que es mejor amar que ser amado. El amor es para compartirlo con otra persona. El amor es para darlo. Si esa otra persona es feliz con el amor que tú le das, y te corresponde, entonces tú puedes ser feliz. Sino, serás como yo: una alumna triste. Este es el diario de una pobre chica triste. Lo he decidido: se lo regalaré en navidad, mi diario, digo, no “eso”. Camila me amaba y yo no me quise dar cuenta, qué imbécil, qué estúpido, qué tonto, qué baboso. ¿Qué más?: qué huevón. Darse cuenta que alguien te amó cuando ya es tarde, debe ser triste, ¿no? ¿Pero si tú no amas, qué podrías haber hecho? Casi nada. La felicidad de las mujeres depende de los hombres. Si ellos no nos aman, así los amemos con toda el alma y el corazón, y nuestro sexo, será por gusto. Las mujeres tenemos que esperar pacientemente sentadas sobre una piedra a que los hombres se dignen amarnos. El hombre es un león que tiene que esperar ver a la ovejita para devorarla. Si ella está flaca, sin poto, sin tetas, no pasa nada. La oveja es la que debe dejarse ver por el león para terminar en su estómago. ¿Por qué las mujeres no podemos declararnos? Así se evitarían tantos fracasos, tantas decepciones. Por algo no tenemos un sexto sentido, ¿no? Con él sabemos con quién vamos a ser felices. ¿Algún día cambiará esto? ¿Cuándo? ¿Cuando este viejita?

Se acaba el año. Angie tenía razón: el tiempo ha pasado rapidito: estamos en el último mes del año. ¿Qué será de ella? La llamé y me dijeron que no estaba. Ni me devolvió la llamada. Es una pena que nuestra amistad haya acabado así. ¿Qué hubiese pasado si aceptaba lo que ella quería? De repente me volvía maricona. Camila y Angie se aman. Ajj. Ni siquiera debí dejar que me tocara. Es cierto que me excitó, pero eso fue porque estaba borracha. Nada más. Yo nunca le chuparía las tetas a una mujer, menos lo de abajo. Ajj, eso apesta feo. A arañita yo la aseo todos los días, hasta su perfumito le echo para que huela rico, pero igualito tiene un olorcito que no me gustaría tener en la boca. Chapar entre jermas. La Britney Spears y Madonna se dieron un piquito una vez. Todo por la publicidad. Yo no lo haría nunca. Nunca me han gustado las mujeres. A mí siempre me han gustado los hombres. A mí siempre me ha gustado un solo hombre. El hecho de que no me corresponda no significa que voy a cambiar de gustos, ¿no?

Se acaba el 2005. Un año triste. El año de la muerte de la abuelita María y del tío Harold. Pero la vida continúa: Unos que nacen, otros morirán. / Unos que ríen, otros llorarán, diría Julio Iglesias. Hay que seguir viviendo porque algún día también nos tocará morir.

Como secretaria del profesor estoy sudando la gota gorda preparando el cuadro de méritos. Por lo visto, gratis no me ha salido el vestido de novia.

Recibo diciembre escuchando las canciones de mamá. Tú fuiste la mejor cosa que tuve, / y así también lo peor en esta vida, canta Roberto Carlos. Recibo diciembre pensando en mi amor imposible. Fuiste el amanecer lleno de luz y de calor / y en compensación: anochecer, la tempestad, dolor. Se acaba el año y prácticamente no he hecho nada. Fuiste tú mi gran sonrisa de llegada / y mi lágrima de adiós. Ojala que las siguientes líneas no sean una premonición: Aquel inmenso amor que un día tuvimos / y todas las locuras que hicimos, / fue el sueño más bonito / que un día alguien soñó / y una triste realidad / cuando todo se acabó. Locuras hemos hecho hasta por gusto, pero al menos ahora es mi padrino y tiene las puertas abiertas de la casa. Tiene las puertas abiertas de mi alma, de mi vida, de mi corazón, ¿de mis piernas?… ¿Una tocadita para recibir el último mes del año? Fuiste tú mi gran sonrisa de llegada, / todo y nada, / y adiós. Las clases se acaban pronto. El final está a la vuelta de la esquina nomás. Me enseñaste el amanecer de un lindo día / y fui feliz con tu querer.

En todo me ha ido bien, Diario, menos en el amor. ¿Algún día podré ser feliz? Ojalá. Sin amor no somos nada. El amor te da fuerzas para seguir. Es verdad que el amor es el motor del mundo. Por amor me ponía a estudiar con más ahínco, sobre todo en comunicación. Creo en ti, / y tu ausencia pasa a ser mi eternidad, / tu silencio mi paz, / tu recuerdo mi motor, dice Miguel Bosé. Y a pesar de todo, creo en ti. Yo sé que un día me dirás que me amas, por eso sigo creyendo en ti.

Me doy un duchazo. Mientras el agua fría cae sobre mi cuerpo como la lluvia en el desierto, pienso que el día promete ser interesante como para quedarse en casa. Ahora que se acerca el final, más ganas de estudiar tengo. Voy a extrañar el colegio cuando me vaya. Me afeito las axilas y las piernas, ¿y si me pelo la arañita? Mejor no, pica feo, así estoy bien, aunque peluda. Peluda pero feliz. Ya en el verano veré lo que hago con ella, porque, aunque sola, me daré mis escapaditas a la playa, no me voy a quedar como una monga encerrada en la casa, ¿no?

La ropa apenas me entra, he crecido más y he sacado más cuerpo, ya casi le alcanzo al profesor, pero lo ideal sería alcanzar un lugar en su corazón, ¿no?

Desayuno, como siempre mi leche con cocoa y marcho al colegio dejando a Mariana metida en su cama. Traga y duerme como chancho y hurga en mi diario. Esa sí es vida. Si yo salgo embarazada, ¿me tratarán igual? No creo, mamá me mataría, ella espera grandes cosas de mí.

–Llegamos a diciembre, profesor.

Estamos en la sala de profesores. Es el recreo.

–Menos mal. Ya quiero descansar.

Él quiere descansar, está harto de trabajar. Yo quiero que el tiempo se detenga, que los días no pasen, él quiere descansar, él quiere que termine de una vez el año escolar. Detener el tiempo es como hacer que los ríos vuelvan a sus orígenes, que las flores vuelvan a ser semillas, que la abuelita María y el tío Harold estén de nuevo con nosotros. Él quiere que el tiempo pase. Yo quiero que mis años pasen pero que este momento se detenga, que el 2005 no siga avanzando inexorablemente hacia su final.

–¿Qué hará en vacaciones, profesor?

–Dormir.

Dormir. ¿Solo o bien acompañado?, dan ganas de preguntarle. ¿Y si me dice bien acompañado, qué hago? Mejor ni le pregunto.

–Quién como usted. Lo envidio.

–No envidies que da cáncer.

Me río nomás.

–¿Y tú qué harás, Camila?

–Chancaré, como siempre.

–Tampoco todo es estudiar. Te puedes volver loca (como mi ex). Tienes que divertirte un poco, ir a la playa.

–¿Con quién voy a ir si mi hermana va a tener que cuidar a su hijito?

–Si voy con mis sobrinos, ¿te puedo llevar?

–Claro, es mi padrino, ¿no? No creo que mamá se oponga.

–Te llamaré entonces.

Ojalá. Iremos a la playa, disfrutaremos de un día de sol, mar y arena, me verá en bikini, verá que ya no soy una niña, ¿se enamorará de mí?, ¿abrirá, al fin, los ojos? Primero vamos con sus sobrinos, luego solitos. ¿Será capaz de llevarme a la playa a mí nomás? Ya no seré su alumna. ¿Está prohibido que un profesor vaya a la playa con su ex alumna, ministro Mota Sedal?

–¿Y cómo va ese cuadro de méritos, ah?

–Ahí, pataleando.

–¿En qué lugar estás?

–Primerita…

–¿Sin trampas?, porque después voy a darle su verificada.

–Claro, profesor, ¿acaso yo soy tramposa? –me enojo. Últimamente no aguanto a mis pulgas, menos a las ajenas.

–Disculpa.

No le digo nada.

–¿Vamos a almorzar?

Después de haber dudado de mí, me invita a almorzar. Me ha dicho tramposa, ¿acaso no veía cómo me rompía el coco estudiando? Aceptar su invitación significaría no tener dignidad ni un poco de orgullo.

–No, gracias, he tomado buen desayuno.

–Bueno. Ya vengo.

Se va. Soy una estúpida, ¿no? Yo que lo quiero conquistar, le rechazo una invitación. ¿No quería yo que me invitara a almorzar al quiosco? Ya lo hizo y lo choteé. Solita me jodí. Ni siquiera insistió. Él también tiene su orgullo.

VIERNES 2:

Presenté mi informe sobre Pudor, la última novela que leímos en el año. Me gustó. Así quiero escribir algún día.

Aquí están algunas líneas que me gustaron:

Lo habitual en estos casos es fingir que nada ha pasado y dejar que el tiempo se ocupe de borrarlo todo de la memoria, de las manos sudorosas y de las toallas de los baños, hasta que en realidad nada haya pasado (página 137).

El siguiente podría ser el epígrafe para una futura novela sobre la loca Martha:

–…Y en el colegio, todo el mundo dice que eres una puta (página 173).

Otra para el libro de la tía, que podría llamarse La loca del colegio:

–…¡Te ofrece citas como si fueras una puta y tú va tras él! ¡Y te encuentras con él! ¡Como una perra!... (página 176)

Nos dedicamos a pintar, dibujar y hacer garabatos en nuestras blusas y camisas para guardarlos como recuerdo de nuestro paso por las aulas. ¿Puede hacerme un dibujo, profesor? Claro, te hago lo que quieras. ¿El amor también?, me dan ganas de preguntarle. Tampoco seas tan puta, Cami, confórmate con que te haga un dibujo. Me hizo un dibujo de Winnie Pooh. Para la chica más chancona del Independencia, me puso de dedicatoria. Espero que nunca te olvides de tu viejo maestro. Claro que no lo haré. Yo nunca lo olvidaré así tenga que partir al otro extremo del mundo. Recién cuando me muera lo olvidaré, aunque ni eso, porque mi alma siempre volverá al colegio.

Pasado mañana nos vamos al Cuzco. No todos van, apenas un grupito.

SÁBADO 3:

Medio año ya desde el beso. Cómo ha pasado el tiempo. ¡Medio año! Miro para atrás y parece un sueño. Pero fue realidad. Por eso lo recuerdo. ¿Será mi condena recordar siempre ese beso? Me di mi vueltita por la biblioteca para recordar mejor. Si no nos hubieran botado, quizá otra sería la historia.

DOMINGO 4:

Llegó el día de la partida. Alisto mis calzones y sostenes para toda la semana, un par de jeans, chompas, polos, medias gruesas, de todo como si me fuera a la Antártida. Menos mal que ya me vino mi regla y no tendré que incomodarme con una visita inoportuna.

Aparte del tutor, iremos con el profesor Agustín, para que toque la guitarra durante el viaje, la Lechona y el Abuelo terrible. ¿Quién habrá invitado a esa bruja? ¿Quién al viejo mañoso? Ojalá que no nos viole en el camino nomás. La gorda dizque va para que cuide a las chicas. Ella está para que la cuiden, o mejor para que la manden al asilo.

A las diez es la partida. Apenas almuerzo para no vomitar durante el viaje. La última vez arrojé hasta los quistes que tengo en los ovarios.

Partimos de la puerta del colegio. Me cuida a mi hijita, compadre. No se preocupe, comadre. Claro que la cuidaré, y bien. No llores, ma, es solo una semanita. Es la primera vez que me separo de mamá. Pero no lloro. Ya estoy terminando la secundaria, ya no estoy para llantos. Por qué llorar si voy a estar al lado, y al cuidado, de mi amado, ¿no? Chau, Mariana. Le traes algo a Rodrigo. ¿Rodrigo querrá una ñustita?

DOMINGO 11:

No hay nada como el Cuzco. Conocer Machu Picchu es maravillarse de la capacidad del ser humano de hacer cosas grandiosas a pesar de sus limitaciones, del afán del hombre por trascender a través del tiempo, por alcanzar la inmortalidad. Eso es lo que yo debo hacer: construir mi propio Machu Picchu a base de lectura y escritura cotidiana. Tengo sueños, mi única meta en la vida debe ser que esos sueños se hagan realidad, ¿no? Mis ejemplos deben ser la abuelita María y el tío Harold. Ella vino de la sierra siendo joven, apenas murmurando el castellano y aquí se hizo de un lugar a base de esfuerzo. Igual hizo el tío Harold: la abuela le decía termina tu carrera, hijo, y él lo terminó a pesar de todas las dificultades que se le presentaron. La abuela le dijo saca tu título, hijo, y el tío lo sacó. La abuela le dijo nómbrate, hijo, para que no estés como tu hermano, y el tío lo hizo.

La Lechona con las justas llegó al Cuzco. Se la pasó en el hotel nomás. Subir a Machu Picchu hubiera sido para ella como subir al cielo. El que gozó rico fue el Abuelo terrible mirando a las turistas. Parecía un brichero el viejo. Ah, si lo hubieran visto. Caramba, si tuviera veinte años menos, pediría mi cambio a un colegio del Cuzco, dijo. Anda a bañarte, viejo mañoso, ¿tú crees que las turistas te van a hacer caso? O quizá sí: vimos a varias gringas bien aparradas por unos tipos que parecían descendientes directos de Sinchi Roca y Manco Inca.

Nada mejor como ver en directo el Intihuatana, el Templo de la Ñusta, el Templo del Sol y de la Luna, la Plaza Sagrada, la Roca Sagrada, el Mausoleo Real, el Templo del Cóndor, etc. Una cosa es verlo en los libros, y otra en vivo y en directo.

Estoy matada, pero feliz.

LUNES 12:

Hicimos puro chongo, rompimos nuestros cuadernos y ensuciamos todo el patio, pobre señora Cristina, se va a quedar sin manos de tanto limpiar el patio y los salones, las chicas cortamos las tiras y las bastas de nuestras faldas, los chicos rompieron sus camisas. ¡Qué lindo es estar en el colegio! Ya nadie nos puede mandar a OBE y bajarnos la conducta.

MARTES 13:

Oh, qué pena: este es un día de mala suerte: se terminó el colegio para nosotros. No hubo ni chau ni nada. Llegamos y había un papelógrafo donde decía que las clases se terminaron. Nos esperan el veintiuno para la clausura.

¿Para eso hizo adelantar el inicio del año escolar, señor Mota Sedal? Ya ni le reclamo porque no importa, se acabaron las clases para siempre.

El profesor me hizo pasar para ayudarle en la documentación. El colegio sin alumnos parece un camposanto, y no es exagerada la comparación. Somos nosotros, los alumnos, quienes damos vida a las instituciones educativas.

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