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sábado, 4 de febrero de 2012

Mami, vienen los terrucos



Abimael Guzmán fue capturado el 12 de setiembre de 1992 junto a los principales miembros de su buró político. Un mes después, fue presentado a la prensa nacional e internacional dentro de una jaula y vistiendo traje a rayas. La fiera abrió las fauces para arengar a sus huestes a proseguir la guerra. Los comandos urbanos de la guerrilla replicaron con ferocidad la caída de su líder mientras que en la sierra las columnas guerrilleras se batían en retirada ante al acoso de las Fuerzas Armadas y las Rondas Campesinas cuya moral estaba en lo más alto por la captura del sanguinario maoísta. Igual pasaría posteriormente en las ciudades pues el aparato militar no podía funcionar sin una dirección política.
Un año después de su caída, el Comité Histórico Permanente de Sendero Luminoso hizo un llamamiento al alto al fuego. La guerra había terminado aunque una pequeña facción, comandada por Feliciano, decidió seguir en la batalla ya no como Sendero Luminoso sino como Proseguir. El 94 fue capturado Feliciano y su grupúsculo aniquilado. Ahora sí la guerra había terminado. No más matanzas, no más apagones, no más coche bombas.
Pero Fujimori, por consejos de Montesinos, decidió mantener latente el fantasma de Sendero Luminoso. De cuando en cuando, los terrucos sobrevivientes, ocultos en el VRAE, realizaban emboscadas, entraban a los pueblos y el gobierno aprovechaba el pánico para sobredimensionar los hechos, que le daba buenos resultados, pues la gente todavía vivía psicoseada por los años de terror. Lo mismo hicieron Toledo y Alan para tapar sus pillerías, y lo mismo está haciendo Ollanta para distraer a la gente mientras las diferentes facciones que componen Gana Perú se sacan los ojos o su vicepresidente mete la mano donde no debe. Pasado la telenovela Ciro-Rosario, nada como recurrir al fantasma de Sendero Luminoso para desviar la atención de los peruanos.
Y la gente estúpida cae, se deja engatusar como un niño creyendo que los terrucos volverán. Ya no hay terrucos, ¿hace cuánto que no explota un coche bomba? Hay una generación de peruanos que solo saben de la guerra por los comentarios de sus padres, y para ellos es ciencia ficción lo que pasó durante los años ochenta. Si ellos ignoran eso, en Ayacucho, Huancavelica y otros lugares de la sierra central donde la batalla fue intensa a la gente no le interesa recordar, desenterrar el pasado, sacar los huesos, prefieren olvidar el terror, el horror vivido. Lo cual es natural. Si alguien se te murió, lo recuerdas un año y después lo olvidas, no te estás torturando con los recuerdos ni con lo que pudiste hacer por evitar esa muerte. Durante los últimos años he viajado con bastante frecuencia a la sierra y jamás me he encontrado con un terruco, con propaganda subversiva, así es que sé de lo que hablo y a mí nadie me va a meter el dedo con el cuento del Movadef y otras payasadas más.
En Colombia, gracias a un efectivo trabajo de inteligencia, en los últimos años se ha logrado abatir a Raúl Reyes y Alfonso Cano, líderes de las FARC, ¿y acá qué hace el servicio de inteligencia? Nada, pues a ellos, como a los del gobierno, les interesa mantener latente la presencia de Sendero Luminoso porque siempre les puede sacar de un apuro e inventan mil pretextos para no aniquilar a los últimos remanentes de la guerrilla oculta en el VRAE, si es que estos restos existen, y no es un invento más del gobierno.

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