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jueves, 17 de junio de 2010

El escote

Me inspiraste esta historia. No te va a gustar, pero aquí está.
-Mi trabajo, profesor.
Dejé de leer, levanté la vista: Galia estaba inclinada sobre mi escritorio. Llevaba un vestido negro con un pronunciado escote que dejaba a la vista el nacimiento de sus senos. La piel de Luna. La piel de ángel. Sobre su seno derecho tenía tatuado tres mariposas negras. Tres mariposas buscando la primavera. Mirarlos, observarlos. Tenía un lunar casi en el centro del escote. Sus ojos se encontraron con los míos. Me ruboricé: ¿me diría qué mira, profesor?, ¿me diría usted es un viejo verde, un sátiro, un pedófilo?, ¿me diría no sabe que me está acosando visualmente, profesor? No lo hizo. Sonrió, una sonrisa enigmática como el de la Gioconda. Sentí despertar mi virilidad. La piel tersa y nívea, el cuello delicado, los hombros desnudos con las cicatrices de las vacunas, la tira del sostén color melón, la cara bonita de niña, los labios rojos, los ojos oscuros, las cejas pobladas. Tomé la hoja que me extendía. Las manos pequeñas cruzadas por venitas verdes como culebritas, los dedos largos, las uñas crecidas pintadas de rojo sangre. Los Buendía. ¿Estará bien, profesor?, la voz un susurro, la voz incitante, las letras alargadas, inclinadas como la Torre de Pisa. Un aroma a jazmines emanando de su piel. Juan Preciado entrando a Comala. El sol atravesando con furia los ventanales. Una semana más y vacaciones. Verano, playa, ¿mujeres? Un verano aburrido sin compañía femenina. Galia se alisó los cabellos, apartó el mechón que le cubría el seno izquierdo. Las axilas embadurnadas con Etiquet, los pliegues de piel oscura, los vellos brotando, unos puntitos negros. Imaginar tu pubis así, sentir la verga llenarse de energía. Inclínate un poquito más, Galia, por favor. Se pasó la lengua por los labios, una lengua rosada, puntiaguda, larga, húmeda. Imaginarla dándome placer, imaginar que me hace un oral como Jenna Jameson, como Melissa Doll, como Ashlynn Brooke. Las tres mariposas negras volando en tu piel blanca. Qué calor, ¿verdad? Ajá. ¿Qué harás en las vacaciones? No sé, profesor… iré a la playa… si es que apruebo su curso. El Poeta escribiendo novelitas pornos en la Escuela Militar Leoncio Prado. Galia en la playa, Galia en bikini, Galia en hilo dental, Galia en tanga. La piel bronceada, la piel depilada, el pubis como el de una nena. Una hendidura. Caer en ella, hundirme en ella. Otra vez la lengua humedeciendo sus labios. ¿Has hecho orales, Galia? Eso es lo primero que aprendemos, diría Ilse Monserrat. Si hasta Cynthia Gómez lo ha hecho. Y Pía Vittery y Nena Cabello que me regaló un oral inolvidable por mi cumpleaños. Y Yessenia también. Tanto que no quería y al final le terminó gustando. A ti también te gustará, Galia. El Poeta visitando a la Pies Dorados. Tres mariposas negras en tu piel. La piel oscura cerca de la tela. La aréola de tus pezones. Tus pezones oscuros, tus pezones suavecitos, tus pezones inalcanzables a pesar de estar tan cerca de mis manos, de mis labios. Bajar la mirada lentamente: el vestido ceñido, los huesos de las costillas, el vientre plano que se eleva y hunde al compás de tu respiración, la forma del ombligo, la cintura breve, las caderas anchas, el pubis un triángulo invertido rozando el filo del escritorio. Si no apruebo no iré ni a la piscina, en mi casa me matarán, profesor. Y yo seré el culpable, ¿verdad? Ajá, irá preso. Risas. Todos somos hijos de Pedro Páramo. El mar turquesa, las gaviotas surcando el cielo, Galia en la playa, Galia echada en la arena, los senos pequeños de Galia apuntando el sol como queriendo derribarlos, las palmeras movidas por la brisa, la piel de Galia untada con bloqueador, Galia desnuda, la piel del pubis y de las tetas más claras que el resto, el pubis cubierto por un follaje oscuro, los labios asomándose como lagartijas al sol. Ser el sol y entrar por tus poros, Galia, hervir tu sangre, Galia, despertar tus deseos, Galia, ser Brad Pitt para que suspires por mí, Galia, tener el cuerpo de Ricky Martin, ser Robert Pattinson para que sueñes conmigo, Galia, para que me desees, Galia. ¿Ya te tocas como Pía, como Alison Ángel, como Ilse Monserrat, como Grace Wong, Galia? ¿Juegas con tu Secreto, haces crecer tu Estalactita, Galia? Artemio Cruz recordando en Regina a todas las mujeres que amó. Entrar al mar, esquivar las olas, bucear, cargarte en mis espaldas, Galia, sentir la forma de tus tetas, Galia, sentir tus pezones duros, Galia. Salir del agua, retozar en la arena, la playa para nosotros dos, Adán y Eva en el Paraíso. Mis labios en tu piel, Galia, la piel tibia, salada, la piel de Scarlett Johansson, la piel de Megan Fox. Las tres mariposas negras en mis labios. Mis labios en tus tetas, Galia, no las tetas de plástico de la Pamela Anderson, no las tetas de mármol de la Luciana Salazar, tus tetas pequeñas, Galia, tus pezones tiernos como los de Giovanna Blas, Galia. Los pezones de Penélope Cruz, los pezones de Amanda Kerr. Presionarlos con los labios, girar la punta de mi lengua en ellos hasta que se pongan duritos. Galia gime, Galia suspira. ¿Aprobaré, profesor? Juntacadáveres regresando a Santa María. Reptar a lo largo de tu piel como un sediento que busca un oasis en el Sahara. Mi lengua en tu ombligo, Galia. Cruzar la franja de blanquísima piel que hay debajo de tu ombligo y llegar a tu pubis, desbrozar el follaje, escalar el Monte de Venus, sentir un aroma a mar cada vez más intenso, llegar a Macondo, una hendidura en la tierra, separar los labios, los pliegues, la carne roja y lustrosa, un pozo, un hoyo, posar mis labios, una primera pasada de lengua de abajo hacia arriba, sentir el sabor de tu sexo en el paladar, la carne que se estremece. ¿Nunca te han hecho un oral, Galia? ¿Aún orinas agua bendita, Galia? La punta de mi lengua en tu clítoris, el clítoris de Bar Rafaeli, el clítoris de Alessandra Ambrosio, el clítoris de Claudia Schiffer, el clítoris de Angelina Jolie. Chuparlo, succionarlo, lamerlo, sentirlo crecer, ponerse duro. Escuchar tus gemidos, Galia, tus suspiros, Galia. Engullir, tragar. Tus caderas golpean mis sienes. Gritas, chillas, gimes, suspiras, lanzas alaridos como una perrita en celo. Explotas, bebo tus fluidos, el néctar que brota de tu vientre, sacio mi sed, mi hambre, mis deseos. Las mariposas negras volando en tus ojos, Galia. Ahora me toca a mí, profesor. Mi verga en tus manos, Galia, mi verga en tu boca, Galia, mi verga entre tus tetas, Galia, las tetas de Liz Vicius, las tetas de la Cicciolina, las tetas de María Ozawa, las tetas de Remedios la Bella. ¿Nunca has hecho un ruso, Galia? Deja que te enseñe. Aprenderás como Mily, aprenderás como Karem Geraldine. Dirás échese salivita para que se deslice suavecito como Yessenia. Así, apriétalo así. La piel tibia de tus tetas, Galia, mi verga dura, Galia, los latidos de tu corazón, Galia, mi verga explotando, Galia, mi verga haciendo erupción como ese volcán islandés de nombre impronunciable, Galia, el semen sobre las mariposas negras que despliegan sus alas y se echan a volar, Galia.

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