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jueves, 10 de enero de 2013

Oda a Gringasho


-¡Ríndete, conchatumadre! –gritó el Águila Negra.
Como respuesta, recibió un balazo que casi se le incrusta en medio de las cejas.
-Parece que Claudia Llosa está filmando su primera peli policial –me dijo Pamela, señalando a una periodista, parecida a la directora de Madeinusa que, cámara en mano, seguía los acontecimientos.
Cualquiera hubiera pensado lo mismo hasta que el estallido de las lunas de las fachadas de los bancos y el balazo en el pecho que recibió un policía y el chorro de sangre que brotó de la herida no fueran demasiado reales.
-Es Gringasho –dijo alguien, señalando al chiquillo que, una pistola en cada mano, se defendía como un león.
En efecto, era Gringasho, ni más ni menos. ¿Qué hacía allí, en lugar de estar en un refugio seguro sabiendo que toda la policía andaba tras él para darle cacería? Seguro pensaba asaltar un banco para agenciarse de plata.
El ulular de los patrulleros fue en aumento. Águilas Negras y comandos de la Diroes fueron ocupando los techos de los edificios. Un helicóptero sobrevolaba el lugar.
-¡Al suelo, todos al suelo! –nos conminó un policía por el megáfono.
Echamos cuerpo a tierra para que una bala perdida no hiciera blanco en nosotros. Había sido mala idea venir al banco a esa hora.
Volvieron a pedirle a Gringasho que se rindiera, pero él respondió soltando tiros como loco. Otro tombo cayó con el pecho destrozado.
-Parece Rambo –dijo una tía que estaba tirada a un paso de nosotros.
-Tiene pinta de Brad Pitt –dijo Pamela. Me pareció que suspiraba.
-Claro, también se parece a Justin Bieber –dije yo.
Esa pinta de actor de cine o cantante juvenil ha hecho que Gringasho, en lugar de generar antipatías como cualquier pirañita, se haya convertido en una especie de Robin Hood, o Romeo: dicen que se escapó de Maranguita para recibir el 2013 en brazos de su hembrita, una chiquilla que lo tiene angustiado.
-Pobre chiquillo, ¿tantos tombos para chaparlo? Ni que fuera Papita –dijo la tía.
Dicen que es el sicario más joven del Perú, pero a nadie le consta en este país donde a cualquiera le inventan crímenes con todo y prueba. Dicen que su primera víctima fue una ex que salió embarazada del miembro de una banda rival. Dicen, pero del dicho al hecho…
Las balas seguían zumbando sobre nuestras cabezas como abejas enloquecidas.
-Ojalá que lo caguen –dijo un viejo.
Viejo huevón, ojalá que te caguen a ti, pensé, por no tener los cojones de Gringasho para defender tu miserable pellejo.
Desde los tiempos de célebres choros como Django, Vicharra, Pilatos, Oso Taype, la Gringa, el hampa no había vuelto a tener un antihéroe como Gringasho. Todos hablan de él, las tías tienen orgasmos pensando en ese chiquillo colorado y rubio que ha escapado espectacularmente de los centros de reclusión en donde ha estado, los papás están preocupados porque sus hijitas hablan más de Gringasho que de Justin Bieber y seguro se masturban pensando en el rapaz.
-¡Ay, parece que se le terminaron las balas a Gringasho! –dijo Pamela-. O se le atascó la pistola.
Así parecía ser porque del lado de Gringasho ya nadie disparaba.
Los policías, ahora sí envalentonados, se lanzaron con todo contra el muchacho. Los vidrios estallaban, las balas arrancaban pedazos de cemento.
-¡Lo van a matar esos salvajes! –dijo la tía-. Pobre chiquillo. Hay que hacer algo.
En un acto de temeridad, se puso de pie y echó a correr hasta interponerse entre los policías y Gringasho. Otras personas, sobre todo mujeres, los hombres somos cobardes en estas situaciones, hicieron lo mismo. Hasta Pamela.
-¡Policías abusivos! –empezó a corear la gente.
-Que se rinda y no le va a pasar nada –dijo un oficial.
-¡Ríndete, Gringasho, para que no te maten! –le dijo una chica-. Ya demostraste que eres bien macho.
Alguien le tiró un calzón blanco y, blandiendo la prenda íntima, Gringasho salió de su parapeto seguido por sus lugartenientes. Al toque fue reducido y enmarrocado. Los que llevaron la peor parte fueron sus compinches: los tombos los masacraron antes de meterlos a los patrulleros. A Gringasho ni lo tocaron porque había un centenar de periodistas como testigos.
Así, enmarrocado y sujeto por los brazos por dos gorilas, gorilas horribles comparados con el pequeño choro, Gringasho parecía un ángel. No lucía abatido ni arrepentido, al contrario, parecía estar orgulloso que tanta gente siguiera sus hazañas.
-¡Me volveré a escapar! –prometió, antes de ser metido en el patrullero.
La gente lo despidió con una salva de aplausos.
-Ojalá que Michelle Alexandra haga una serie con su vida –dijo una chiquilla, mientras le decía adiós con la mano.
Claro, sería lo ideal, o escribir una novela con las hazañas del muchacho. Esa vida llena de aventuras es digna de una novela. Y si es de una novela juvenil, mejor, para que sirva de ejemplo a la juventud. No sé si de mal o buen ejemplo. Eso es asunto de cada uno.

viernes, 4 de enero de 2013

2013

Todo comienzo está lleno de ilusiones, y este año que empieza no es la excepción. Atrás quedaron los días negros, los lugares que me los recuerdan, las personas que también me las recordaban. Volver a empezar con los ánimos de siempre, con las ganas de hacer mejor las cosas para ser mejor cada día.
Y esto también vale para la escritura, y la lectura. Este año, en que me acerco peligrosamente a los 45, me he propuesto leer aquellos libros fundamentales que leí hace veinte años, y esos otros que están esperando hace años que se las lea, que las he "leído" de oídas nada más. Así que por este año dejaré de leer libros del momento y volveré a las páginas de "La Iliada", "La Odisea", "El Quijote", "Crimen y castigo", "El Decamerón", "Fausto", "El Ulyses", "Ana Karenina", "Madame Bovary", "Santuario", "La metamorfosis", "La Divina Comedia", "Romeo y Julieta", "Rojo y negro", etc. Ya empecé con "El sonido y la furia", de William Faulkner.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El fin del mundo


-Falta una semana para el fin del mundo –me dijo Nuria.
     Le iba a decir ¿tú también crees en esas estupideces?, pero me abstuve. Le sonreí y seguí oyendo su perorata sobre las predicciones de los mayas asociándolas con los frecuentes temblores, los abruptos cambios de temperatura, las lluvias diluvianas, hasta la crisis española y la reelección de Obama: ¿te imaginas a un negro en la Casa Blanca? Me imaginaba, pero imaginaba otras cosas, por ejemplo imaginaba cómo estaría la Tierra el 22 de diciembre, un día después de su fin. ¿Estará sembrada de cadáveres?, ¿bandadas de buitres y perros estarán dándose un festín con los muertitos? ¿Habrá sobrevivientes? Todo depende de cómo se destruya el mundo, dijo Nuria: si la Tierra estalla como una granada, me imagino que todos saldremos despedidos hacia el espacio para perdernos en el infinito. Si llueve fuego como en Sodoma y Gomorra, terminaremos convertidos en pollos a la brasa. Si llueve como en las novelas de García Márquez, moriremos ahogados, los únicos que se salvarán serán los tripulantes de los submarinos nucleares, aunque dudo que haya tanta agua en los cielos, o en los mares, como para inundar las partes altas de los continentes, así que escalamos el Everest y nos salvamos.
     -¿Tú crees en esas predicciones, no? –me dijo Nuria, después de refrescarse la garganta con una caña. La tendría seca de hablar como una lora.
     Ni en los mayas ni en Dios ni en el diablo. Además, los mayas, y los incas y los mapuches y los aztecas, fueron pueblos salvajes que en casi nada se diferenciaban de esos indígenas no contactados que pululan en la Amazonía y de un montón de gente de nuestros tiempos cuyo conocimiento científico se limita a Al fondo hay sitio, Combate y Esto es guerra y dudo que hayan podido predecir con miles de años de anticipación el fin del mundo. Ni el hijo de Dios. Este, cuando estuvo en la Tierra hace dos mil años, dijo que solo el Padre sabía con exactitud el día exacto del Armagedón y dudo que Dios haya sido tan generoso como para pasarles el dato a unas pobres bestias si ni lo hizo con su pueblo escogido.
     Lo que me sorprende es que haya gente tan estúpida que crea en el fin del mundo y entre en pánico y hasta estén pensando en suicidarse un día antes para no ver la catástrofe del 21 de diciembre. Ojalá que lo hagan, así nos libramos de tantas bestias y el mundo será un mejor lugar para vivir.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Morir de amor

En la semana que pasó me encontré con dos amig@s que están muriendo de amor: a una le dejó su pareja después de siete años y el otro está enamorado de un amor imposible. Pobres, los dos sufren, mientras tanto yo trato de pasarla bien, de no hacerme problemas, de tratar de hacer realidad mis sueños. ¿Para qué complicarse la vida con la vida de otras personas?

sábado, 8 de diciembre de 2012

21 años después

21 años después volví por esos lugares por donde antes trabajaba. Cómo ha cambiado todo, incluso la fábrica ya no existe, vendieron el terreno y ahora hay allí una planta de Inka Farma, según me dijo la señora de la esquina a la cual le compré una quinua. Recordé a los amigos de antes, a Isabel y a Guisella, que entró unos meses antes que yo marchara a otros lares. Y también recordé a María, mi amor imposible de esos años. ¿Qué será de ella? Han pasado 23 años desde que nos vimos por última vez, la fábrica donde ella trabajaba está casi en ruinas, pero conserva la fachada de entonces, hasta la escalera en la entrada por donde ella subía. Fui al paradero donde solíamos tomar los micros a Chosica, hoy está convertido en un lugar donde tapizan asientos para carros. Tantos recuerdos que volvieron con esa visita.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Fin de mes

Mal fin de mes por el capricho de algunos. Mi pasado lo llevaré siempre como un estigma. A andar por el buen sendero porque tengo los ojos de los buitres sobre mí. Qué fácil sería decirle váyase a la m. Pero ya llegará ese día. Paciencia, y cautela.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Lluvia

Hoy cayó una lluvia inusual, o quizá es normal en este lugar. No lo sé, tengo pocos meses. Esta lluvia me hizo recordar otras lluvias en que era libre, en que no tenía que preocuparme por el futuro porque otros lo hacían por mí. Cómo pasa el tiempo y te vas quedando solo y tienes que asumir las consecuencias de tus actos, ya no están papá ni mamá. Y eso pesa, duele, te aniquila, te quita las ganas de hacer las cosas, pero tienes que continuar porque si no lo haces tú, nadie lo hará por ti.

martes, 13 de noviembre de 2012

Gripe

El lunes amanecí con una gripe feroz y un dolor de cabeza insoportable. Antes no me dolía la cabeza nunca. Esa es la secuela que me han dejado los últimos problemas, o será que ya estoy viejo y el cerebro no es la misma máquina de antes, que solo se dedicaba a pensar, a imaginar, ahora ando alerta, viendo enemigos por todos lados, temiendo una emboscada. Antes leía en las combis mientras iba a la chamba, ahora ya no lo hago, ahora me dedico a estar alerta, a maquinar argumentos de defensa, a analizar mi situación, a estar con los ojos bien abiertos. No sé hasta cuándo durará esta huevada, esta pesadilla.

Madre e hija

Encontré esta imagen en el face. Así me gustaría que estén mi mujer y mi hija, respirando aire puro cerca de un río.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Leonardo Favio


Ha muerto Leonardo Favio, y con su partida también se va un poquito de mi historia. No recuerdo cuándo escuché por primera vez sus canciones, pero me imagino que fue en la adolescencia al enamorarme por primera vez. Entonces era romántico y escuchaba a Leo Dan, Camilo Sesto, José José, Leonardo Favio. De este me gustaba su voz viril, gruesa, de macho. Ya cerca a los veinte, tuve un amigo con el cual escuchaba música y le enseñé a escuchar a Leonardo Favio. Hablando de este viejo amigo, un día se llevó un par de LPs de Leonardo Favio y nunca me los devolvió. Espero que los conserve como conservo yo esos antiguos vinilos de este ídolo musical que nos acaba de dejar.
Tuve el privilegio de verlo en vivo en 1991, en un concierto que dio en la Plaza de Acho al lado de Yaco Monti y los Hermanos Arriagada. Era un hombre altísimo de manos enormes, con el pelo corto y vestido totalmente de negro. La Plaza estaba media vacía así que me pude acercar lo más que pude al escenario y fui uno de los que le pidió que cantara “Ella ya me olvidó” cuando regresó al escenario a pedido de la gente. Con esta canción cerró su show, un concierto que hoy he rememorado después de tantos años.
Leonardo Favio se ha ido pero nos quedan sus canciones, hermosas canciones que ya forman parte de la historia musical, canciones que yo disfrutaré hasta el último de mis días.
Leonardo Favio se lanzó como cantante en 1968 con “Fuiste mía en verano”. En 1968 nací yo, así que esa canción tiene mi misma edad.
Descansa en paz, maestro.