Como todos los domingos desde hace cuatro años, excepto por fuerza mayor, voy a primera hora a visitar a mis padres. Allí está papá que nunca quería morir, que le pidió a su Dios 40 años más de vida para llevar su palabra por el mundo, pero su Dios no lo escuchó. Allí está mamá que nunca se perdía un entierro así fuera de su enemigo. Hoy me preguntó qué pensarían de la muerte, de la vida eterna. Nunca más volveremos a compartir nada. Un día yo también moriré. Al menos ellos tuvieron la esperanza de la vida eterna, yo no tengo nada, aunque a veces dudo, pero solo por un momento.