jueves, 29 de octubre de 2009
El doble discurso
Con una mano me golpeo el pecho porque los demás hacen cosas que afectan a los demás y con la otra hago lo mismo pero a una escala menor sin saber que es lo mismo, que lo que hago a cien lo puedo hacer a uno y es reproblable pero como los demás no me ven, lo que piense ese uno no me interesa o no lo quiero ver o tengo la conciencia atrofiada porque siempre he sido así, he actuado con doblez y solo protesto para que los demás digan es un hombre justo. La vida da vueltas, menos mal.
Amigo se escribe con H

Antonia detesta la presencia de H en "su" salón y frente a "su" casa, pero H logra ganarse su amistad a base de terquedad, persistencia. El "odio" inicial de Antonia se transforma en amor y duelo en dolor al saber que H no siente por ella nada más que amistad. Un día H se va a los Estados Unidos y Antonia se queda con los recuerdos bonitos vividos al lado de H.
Hermosa novela infantil de la ecuatoriana María Fernanda Heredia que leí anoche en un par dehoras donde se nos enseña el valor de la amistad desinteresada, sin caretas.
Grandes Miradas

En el reino de la corrupción, pocos son los que sobreviven. Los demás se venden, fingen, se adaptan. Han matado a Guido Pazos y Gabriela, su novia-viuda, busca venganza y bucea en el fango y llega hasta Montesinos, el corrupto mayor, el amo detrás del trono. Javier, el periodista, antiguo rebelde, le da una mano, igual Ángela Maro, hermana del asesino de Guido, y Artemio, quien traicionó a Guido. Al final, casi todos se redimen, Montesinos huye cuando se derrumba el gobierno fujimorista.
Buena novela de Alonso Cueto, uno de los mejores escritores de los últimos tiempos. Esta es una relectura para pisar tierra y conocer la realidad que muchos hemos vivido en la última década del siglo pasado.
Todo bien, aunque creo que Cueto abusa de los asteriscos, no solo en esta novela, sino también en "El vuelo de la ceniza". Esas divisiones no dividen un cambio de la historia, un punto de vista. En fin, solo eso, lo demás está perfecto.
miércoles, 28 de octubre de 2009
El cohetero de San Judas Tadeo
Como todos los años, hoy celebramos a San Judas Tadeo en mi trabajo. Es nuestro patrono. Me pusieron a cargo de los cohetes así que marché adelante de la procesión con mis ayudantes prendiendo los cohetes. Menos mal que todo salió bien y no hubo ningún accidente que lamentar.
lunes, 26 de octubre de 2009
Vuelvo
Después de dos semanas de estar en el aire, regreso casi recuperado pero aún con alguna dificultad. Después de la tormenta viene la calma, y creo que la tormenta ha servido para conocer cuáles son mis sentimientos, solo falta desnudar mi corazón y veremos cómo se presenta el futuro.
He leído varios libros que iré comentando en el transcurso de los días.
jueves, 22 de octubre de 2009
Un mes más
Hoy es un mes más desde la muerte de mamá. Aún duele su ausencia, siempre dolerá, pero hay que continuar hasta el día en que también me toque partir.
lunes, 19 de octubre de 2009
Siete meses
Hace siete meses papá murió. Aún duele su ausencia, los días sin él, ver pasar la vida desde el dolor. Solo queda el consuelo de saber que donde esté, ya no sufre, ya no llora. Solo queda saber que esa cita con el final lo tenemos todos.
viernes, 16 de octubre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
A veces
A veces es mejor guardar silencio para no empeorar las cosas. A veces es mejor pasarme las horas mirando el techo para no abrir los ojos a la realidad.
sábado, 10 de octubre de 2009
La visita

Se apareció en la puerta del 5°F. Cabello rojo, carita de traviesa, ojos maquillados. Llevaba una lycra super ajustada, un polito blanco ceñido con un Cifrut estampado como un arco iris sobre las montañas que eran sus senos.
-Estamos promocionando un nuevo sabor de esta bebida –dijo la chica-. Tenemos permiso de la dirección. ¿Se puede?
-Claro –le dije.
Detrás de ella se apareció un chico que llevaba un polo con el mismo estampado y en la mano varias botellas de Cifrut.
-Pasen.
Entraron y los alumnos empezaron a silbar y a decirle piropos subidos de tono a la chica, que, diplomática, se limitaba a sonreír aunque seguro estaría pensando he llegado al infierno, ojalá que salga viva.
-Silencio, alumnos –dije, pero nadie me hizo caso. Solo se callaron cuando entró en escena la subdirectora y el auxiliar. El salón estaba sucio, acababa de terminar el recreo, las carpetas estaban fuera de sus lugares, los chicos sudaban.
La chica tomó la palabra para decir que estaban promocionando un nuevo sabor de Cifrut.
-¿No es Guaraná? –preguntó un alumno.
-No –dijo la chica-. Se parece, pero no es.
Empezó a repartir vasitos descartables con el logotipo de Cifrut mientras su compañero vertía la bebida. Salud, preciosa, murmuraban los alumnos. ¿Cómo te llamas, linda? ¿Cuántos años tienes? ¿Dónde vives?
-¡¡Silencio, alumnos!! –masculló la subdirectora, media avergonzada por la actitud de los alumnos.
Yo solo los miraba amenazándolos con los ojos de ponerles un cero cinco, pero ellos igual seguían susurrando sus piropos subidos de tono, aunque, para ser sinceros, la chica se lo merecía.
-Para usted –dijo, dándome un vasito.
-Gracias.
-De nada –me regaló una sonrisa de dientes blancos y ojos risueños.
-¡Salud, chicos! –dijo ella, levantando su vasito.
-¡¡Salud, mi amor!!
-¿Qué es esto, chicos? –rugió la subdirectora.
La chica solo sonrió. Qué otra cosa le quedaba ante cuarenta pirañas y otros más que miraban desde las ventanas.
-¿Se sirve un poquito más, profesor?
-Claro. Gracias. Hace calor –dije, sin darme cuenta que hacía un frío de los mil demonios. Bueno, cualquiera pierde la cabeza ante semejante beldad. Todos tenemos nuestros cinco minutos de estupidez al día.
Después empezaron las fotos. Los alumnos se disputaban el honor de posar con ella para la eternidad. Yo, yo, yo soy más guapo. Anda, cabezón, vas a malograr la foto.
-¿Una fotito, profesor?
-Claro.
Le pasé una mano por la cintura y temblé al contacto de su piel.
-¡¡Beso, beso, beso!! –pidieron los chicos-. ¡¡Beso, beso, beso!!
La chica me estampó los labios en las mejillas.
-En la boca –rugieron los pirañitas.
-Otro día –dijo la chica.
-¡¡¡Ooohhh!!!
-Silencio, alumnos –volvió a rugir la subdirectora.
La chica nos dio las gracias, repartió un poco más de Cifrut y salió del salón y con ella su amigo, la subdirectora y el auxiliar. Yo me quedé con el sabor del nuevo Cifrut en los labios.
-Estamos promocionando un nuevo sabor de esta bebida –dijo la chica-. Tenemos permiso de la dirección. ¿Se puede?
-Claro –le dije.
Detrás de ella se apareció un chico que llevaba un polo con el mismo estampado y en la mano varias botellas de Cifrut.
-Pasen.
Entraron y los alumnos empezaron a silbar y a decirle piropos subidos de tono a la chica, que, diplomática, se limitaba a sonreír aunque seguro estaría pensando he llegado al infierno, ojalá que salga viva.
-Silencio, alumnos –dije, pero nadie me hizo caso. Solo se callaron cuando entró en escena la subdirectora y el auxiliar. El salón estaba sucio, acababa de terminar el recreo, las carpetas estaban fuera de sus lugares, los chicos sudaban.
La chica tomó la palabra para decir que estaban promocionando un nuevo sabor de Cifrut.
-¿No es Guaraná? –preguntó un alumno.
-No –dijo la chica-. Se parece, pero no es.
Empezó a repartir vasitos descartables con el logotipo de Cifrut mientras su compañero vertía la bebida. Salud, preciosa, murmuraban los alumnos. ¿Cómo te llamas, linda? ¿Cuántos años tienes? ¿Dónde vives?
-¡¡Silencio, alumnos!! –masculló la subdirectora, media avergonzada por la actitud de los alumnos.
Yo solo los miraba amenazándolos con los ojos de ponerles un cero cinco, pero ellos igual seguían susurrando sus piropos subidos de tono, aunque, para ser sinceros, la chica se lo merecía.
-Para usted –dijo, dándome un vasito.
-Gracias.
-De nada –me regaló una sonrisa de dientes blancos y ojos risueños.
-¡Salud, chicos! –dijo ella, levantando su vasito.
-¡¡Salud, mi amor!!
-¿Qué es esto, chicos? –rugió la subdirectora.
La chica solo sonrió. Qué otra cosa le quedaba ante cuarenta pirañas y otros más que miraban desde las ventanas.
-¿Se sirve un poquito más, profesor?
-Claro. Gracias. Hace calor –dije, sin darme cuenta que hacía un frío de los mil demonios. Bueno, cualquiera pierde la cabeza ante semejante beldad. Todos tenemos nuestros cinco minutos de estupidez al día.
Después empezaron las fotos. Los alumnos se disputaban el honor de posar con ella para la eternidad. Yo, yo, yo soy más guapo. Anda, cabezón, vas a malograr la foto.
-¿Una fotito, profesor?
-Claro.
Le pasé una mano por la cintura y temblé al contacto de su piel.
-¡¡Beso, beso, beso!! –pidieron los chicos-. ¡¡Beso, beso, beso!!
La chica me estampó los labios en las mejillas.
-En la boca –rugieron los pirañitas.
-Otro día –dijo la chica.
-¡¡¡Ooohhh!!!
-Silencio, alumnos –volvió a rugir la subdirectora.
La chica nos dio las gracias, repartió un poco más de Cifrut y salió del salón y con ella su amigo, la subdirectora y el auxiliar. Yo me quedé con el sabor del nuevo Cifrut en los labios.
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