Mi hermana me toca la puerta y me dice que fue donde mi cuñada y enseguida me suelta el rosario de padecimientos que está pasando la pobre y sus tres hijos y yo recuerdo que mis padres nunca estuvieron de acuerdo con esa boda, que le advirtieron a mi hermano que le iba a ir mal porque apenas era un mocoso que estaba empezando la carrera y él mostró los dientes y dijo me caso, me caso y la mujercita esta dijo primero terminaremos de estudiar, construiremos nuestra casita, compraremos nuestras cositas y después vendrán los hijos pero al año ya estaba el primer hijo -no se casaron porque ella estaba embarazada y había que reparar el honor mancillado, sino porque les dio la gana-, después vino el segundo y después el tercero y luego el infierno por culpa de una mujer que nunca le ayudó a dirigir ese barco que es el matrimonio y terminó hundiéndose con los hijos como únicas víctimas de la irresponsabilidad de estos dos idiotas que creyeron que casarse era jugar al mete y saca gratuito. En fin, no es mi problema, mis padres están en mejor vida, a veces pienso que si no hubieran tenido tantos sinsabores por culpa de sus hijos estarán aún hoy con nosotros, pero qué se puede hacer, hay que seguir viviendo.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Sonata para kamikazes
Sonata para kamikazes
Giancarlo Poma Linares
211 pp, edición del BCRP
Giancarlo Poma Linares
211 pp, edición del BCRP

de Giancarlo Poma Linares. Sin duda una de las buenas novelas de este 2010 que he leído. Novela galardonada con el Premio BCRP. Cuatro amigos cuentan sus existencias. Abundan las malas palabras -cachar aparece a granel, aunque desentona cuando lo dice uno de los personajes femeninos en una escena romántica-, las drogas, las alucinaciones -me gusta cuando son los Beatles quienes cuentan la historia-, etc. Novela experimental, novela donde el autor arriesga. Una buena novela que merece ser releída.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Diario escolar (diciembre)

JUEVES 1:
El sol vuelve a entrar con furia por mi ventana como dándole la bienvenida al último mes del año, como diciéndome que la vida continua. Llegamos a diciembre. Parece increíble, pero ya estamos en diciembre. Falta poquitito para que se acabe el 2005. Falta poquito para un nuevo verano. Playa, sol, arena, olas. Puerto Viejo, Cruz Verde, Pucusana. Aunque este verano será distinto a los otros, pues tengo que chancar como nunca para poder ingresar a la universidad. Creo que ni tiempo voy a tener para veranear. Mariana tampoco podrá hacerlo porque tiene que cuidar a Rodrigo. Además, estamos de doble duelo. Sospecho que para nosotras se acabaron los veranos por un buen tiempo. Adiós, verano; adiós, amor, diría Manolo Galván: Vuelan al viento sus hojas, / los álamos dicen adiós, / a este verano marchito, / que nuestro amor contempló...
Prácticamente hemos terminado las clases porque los profesores ya no dictan, solo revisan los cuadernos y toman prácticas a los que están en cuidados intensivos. El profesor Palomino ni eso. Al ojo nomás sé quién va a estar feliz y quién va a llorar en navidad, nos dice. Algunos recién se ponen las pilas, pero ya es demasiado tarde, ni el examen “entregatorio” los salvará del pelotón de fusilamiento. Conmigo no hay milagros en navidad, por si acaso, yo no soy Papá Noel: yo no regalo notas a nadie, al contrario. Por mi parte estoy tranquila, hasta el momento les saco ventaja por una buena cantidad de puntos a los que me estaban pisando los talones. Me he esforzado, me lo merezco, ¿no?, apenas he ido a chatear, no salgo a bailar, no tengo enamorado, estoy virginia, no sé lo que es estar en OBE, etc. Se puede decir que soy una alumna modelo, que me merezco los promedios que tengo. Estudiar, estudiar, estudiar. Eso es lo único que he hecho en todos estos últimos años.
Diciembre. Último mes del año. Un poquito más y acabo el colegio. Diecisiete días apenas y cumplo los dieciséis. Voy a cumplir dieciséis años. Ya no soy una niña. Hace tiempo que dejé de ser una niña, pero algunos no se dan cuenta. Peor para mí.
Diciembre. Navidad, después año nuevo. El 2006. Un nuevo año.
Navidad, año nuevo, ¿el profesor aceptará pasar el año nuevo con nosotras? Ser mi padrino es ser de la familia, ¿no? Debo sugerírselo a mamá. Aunque no creo que salgamos a bailar porque estamos de duelo. Se acaba el año y no he podido conquistar su corazón, claro que he avanzado bastante, dos besos son bastante, ser su ahijada es bastante, ser su futura comadre es bastante, pero el tiempo se me acaba. Gota a gota el tiempo se me agota y aún no conozco el amor. Miento, el amor lo conozco, pero no soy feliz porque este inmenso amor que siento por él no lo puedo compartir. Es mentira que es mejor amar que ser amado. El amor es para compartirlo con otra persona. El amor es para darlo. Si esa otra persona es feliz con el amor que tú le das, y te corresponde, entonces tú puedes ser feliz. Sino, serás como yo: una alumna triste. Este es el diario de una pobre chica triste. Lo he decidido: se lo regalaré en navidad, mi diario, digo, no “eso”. Camila me amaba y yo no me quise dar cuenta, qué imbécil, qué estúpido, qué tonto, qué baboso. ¿Qué más?: qué huevón. Darse cuenta que alguien te amó cuando ya es tarde, debe ser triste, ¿no? ¿Pero si tú no amas, qué podrías haber hecho? Casi nada. La felicidad de las mujeres depende de los hombres. Si ellos no nos aman, así los amemos con toda el alma y el corazón, y nuestro sexo, será por gusto. Las mujeres tenemos que esperar pacientemente sentadas sobre una piedra a que los hombres se dignen amarnos. El hombre es un león que tiene que esperar ver a la ovejita para devorarla. Si ella está flaca, sin poto, sin tetas, no pasa nada. La oveja es la que debe dejarse ver por el león para terminar en su estómago. ¿Por qué las mujeres no podemos declararnos? Así se evitarían tantos fracasos, tantas decepciones. Por algo no tenemos un sexto sentido, ¿no? Con él sabemos con quién vamos a ser felices. ¿Algún día cambiará esto? ¿Cuándo? ¿Cuando este viejita?
Se acaba el año. Angie tenía razón: el tiempo ha pasado rapidito: estamos en el último mes del año. ¿Qué será de ella? La llamé y me dijeron que no estaba. Ni me devolvió la llamada. Es una pena que nuestra amistad haya acabado así. ¿Qué hubiese pasado si aceptaba lo que ella quería? De repente me volvía maricona. Camila y Angie se aman. Ajj. Ni siquiera debí dejar que me tocara. Es cierto que me excitó, pero eso fue porque estaba borracha. Nada más. Yo nunca le chuparía las tetas a una mujer, menos lo de abajo. Ajj, eso apesta feo. A arañita yo la aseo todos los días, hasta su perfumito le echo para que huela rico, pero igualito tiene un olorcito que no me gustaría tener en la boca. Chapar entre jermas. La Britney Spears y Madonna se dieron un piquito una vez. Todo por la publicidad. Yo no lo haría nunca. Nunca me han gustado las mujeres. A mí siempre me han gustado los hombres. A mí siempre me ha gustado un solo hombre. El hecho de que no me corresponda no significa que voy a cambiar de gustos, ¿no?
Se acaba el 2005. Un año triste. El año de la muerte de la abuelita María y del tío Harold. Pero la vida continúa: Unos que nacen, otros morirán. / Unos que ríen, otros llorarán, diría Julio Iglesias. Hay que seguir viviendo porque algún día también nos tocará morir.
Como secretaria del profesor estoy sudando la gota gorda preparando el cuadro de méritos. Por lo visto, gratis no me ha salido el vestido de novia.
Recibo diciembre escuchando las canciones de mamá. Tú fuiste la mejor cosa que tuve, / y así también lo peor en esta vida, canta Roberto Carlos. Recibo diciembre pensando en mi amor imposible. Fuiste el amanecer lleno de luz y de calor / y en compensación: anochecer, la tempestad, dolor. Se acaba el año y prácticamente no he hecho nada. Fuiste tú mi gran sonrisa de llegada / y mi lágrima de adiós. Ojala que las siguientes líneas no sean una premonición: Aquel inmenso amor que un día tuvimos / y todas las locuras que hicimos, / fue el sueño más bonito / que un día alguien soñó / y una triste realidad / cuando todo se acabó. Locuras hemos hecho hasta por gusto, pero al menos ahora es mi padrino y tiene las puertas abiertas de la casa. Tiene las puertas abiertas de mi alma, de mi vida, de mi corazón, ¿de mis piernas?… ¿Una tocadita para recibir el último mes del año? Fuiste tú mi gran sonrisa de llegada, / todo y nada, / y adiós. Las clases se acaban pronto. El final está a la vuelta de la esquina nomás. Me enseñaste el amanecer de un lindo día / y fui feliz con tu querer.
En todo me ha ido bien, Diario, menos en el amor. ¿Algún día podré ser feliz? Ojalá. Sin amor no somos nada. El amor te da fuerzas para seguir. Es verdad que el amor es el motor del mundo. Por amor me ponía a estudiar con más ahínco, sobre todo en comunicación. Creo en ti, / y tu ausencia pasa a ser mi eternidad, / tu silencio mi paz, / tu recuerdo mi motor, dice Miguel Bosé. Y a pesar de todo, creo en ti. Yo sé que un día me dirás que me amas, por eso sigo creyendo en ti.
Me doy un duchazo. Mientras el agua fría cae sobre mi cuerpo como la lluvia en el desierto, pienso que el día promete ser interesante como para quedarse en casa. Ahora que se acerca el final, más ganas de estudiar tengo. Voy a extrañar el colegio cuando me vaya. Me afeito las axilas y las piernas, ¿y si me pelo la arañita? Mejor no, pica feo, así estoy bien, aunque peluda. Peluda pero feliz. Ya en el verano veré lo que hago con ella, porque, aunque sola, me daré mis escapaditas a la playa, no me voy a quedar como una monga encerrada en la casa, ¿no?
La ropa apenas me entra, he crecido más y he sacado más cuerpo, ya casi le alcanzo al profesor, pero lo ideal sería alcanzar un lugar en su corazón, ¿no?
Desayuno, como siempre mi leche con cocoa y marcho al colegio dejando a Mariana metida en su cama. Traga y duerme como chancho y hurga en mi diario. Esa sí es vida. Si yo salgo embarazada, ¿me tratarán igual? No creo, mamá me mataría, ella espera grandes cosas de mí.
–Llegamos a diciembre, profesor.
Estamos en la sala de profesores. Es el recreo.
–Menos mal. Ya quiero descansar.
Él quiere descansar, está harto de trabajar. Yo quiero que el tiempo se detenga, que los días no pasen, él quiere descansar, él quiere que termine de una vez el año escolar. Detener el tiempo es como hacer que los ríos vuelvan a sus orígenes, que las flores vuelvan a ser semillas, que la abuelita María y el tío Harold estén de nuevo con nosotros. Él quiere que el tiempo pase. Yo quiero que mis años pasen pero que este momento se detenga, que el 2005 no siga avanzando inexorablemente hacia su final.
–¿Qué hará en vacaciones, profesor?
–Dormir.
Dormir. ¿Solo o bien acompañado?, dan ganas de preguntarle. ¿Y si me dice bien acompañado, qué hago? Mejor ni le pregunto.
–Quién como usted. Lo envidio.
–No envidies que da cáncer.
Me río nomás.
–¿Y tú qué harás, Camila?
–Chancaré, como siempre.
–Tampoco todo es estudiar. Te puedes volver loca (como mi ex). Tienes que divertirte un poco, ir a la playa.
–¿Con quién voy a ir si mi hermana va a tener que cuidar a su hijito?
–Si voy con mis sobrinos, ¿te puedo llevar?
–Claro, es mi padrino, ¿no? No creo que mamá se oponga.
–Te llamaré entonces.
Ojalá. Iremos a la playa, disfrutaremos de un día de sol, mar y arena, me verá en bikini, verá que ya no soy una niña, ¿se enamorará de mí?, ¿abrirá, al fin, los ojos? Primero vamos con sus sobrinos, luego solitos. ¿Será capaz de llevarme a la playa a mí nomás? Ya no seré su alumna. ¿Está prohibido que un profesor vaya a la playa con su ex alumna, ministro Mota Sedal?
–¿Y cómo va ese cuadro de méritos, ah?
–Ahí, pataleando.
–¿En qué lugar estás?
–Primerita…
–¿Sin trampas?, porque después voy a darle su verificada.
–Claro, profesor, ¿acaso yo soy tramposa? –me enojo. Últimamente no aguanto a mis pulgas, menos a las ajenas.
–Disculpa.
No le digo nada.
–¿Vamos a almorzar?
Después de haber dudado de mí, me invita a almorzar. Me ha dicho tramposa, ¿acaso no veía cómo me rompía el coco estudiando? Aceptar su invitación significaría no tener dignidad ni un poco de orgullo.
–No, gracias, he tomado buen desayuno.
–Bueno. Ya vengo.
Se va. Soy una estúpida, ¿no? Yo que lo quiero conquistar, le rechazo una invitación. ¿No quería yo que me invitara a almorzar al quiosco? Ya lo hizo y lo choteé. Solita me jodí. Ni siquiera insistió. Él también tiene su orgullo.
VIERNES 2:
Presenté mi informe sobre Pudor, la última novela que leímos en el año. Me gustó. Así quiero escribir algún día.
Aquí están algunas líneas que me gustaron:
Lo habitual en estos casos es fingir que nada ha pasado y dejar que el tiempo se ocupe de borrarlo todo de la memoria, de las manos sudorosas y de las toallas de los baños, hasta que en realidad nada haya pasado (página 137).
El siguiente podría ser el epígrafe para una futura novela sobre la loca Martha:
–…Y en el colegio, todo el mundo dice que eres una puta (página 173).
Otra para el libro de la tía, que podría llamarse La loca del colegio:
–…¡Te ofrece citas como si fueras una puta y tú va tras él! ¡Y te encuentras con él! ¡Como una perra!... (página 176)
Nos dedicamos a pintar, dibujar y hacer garabatos en nuestras blusas y camisas para guardarlos como recuerdo de nuestro paso por las aulas. ¿Puede hacerme un dibujo, profesor? Claro, te hago lo que quieras. ¿El amor también?, me dan ganas de preguntarle. Tampoco seas tan puta, Cami, confórmate con que te haga un dibujo. Me hizo un dibujo de Winnie Pooh. Para la chica más chancona del Independencia, me puso de dedicatoria. Espero que nunca te olvides de tu viejo maestro. Claro que no lo haré. Yo nunca lo olvidaré así tenga que partir al otro extremo del mundo. Recién cuando me muera lo olvidaré, aunque ni eso, porque mi alma siempre volverá al colegio.
Pasado mañana nos vamos al Cuzco. No todos van, apenas un grupito.
SÁBADO 3:
Medio año ya desde el beso. Cómo ha pasado el tiempo. ¡Medio año! Miro para atrás y parece un sueño. Pero fue realidad. Por eso lo recuerdo. ¿Será mi condena recordar siempre ese beso? Me di mi vueltita por la biblioteca para recordar mejor. Si no nos hubieran botado, quizá otra sería la historia.
DOMINGO 4:
Llegó el día de la partida. Alisto mis calzones y sostenes para toda la semana, un par de jeans, chompas, polos, medias gruesas, de todo como si me fuera a la Antártida. Menos mal que ya me vino mi regla y no tendré que incomodarme con una visita inoportuna.
Aparte del tutor, iremos con el profesor Agustín, para que toque la guitarra durante el viaje, la Lechona y el Abuelo terrible. ¿Quién habrá invitado a esa bruja? ¿Quién al viejo mañoso? Ojalá que no nos viole en el camino nomás. La gorda dizque va para que cuide a las chicas. Ella está para que la cuiden, o mejor para que la manden al asilo.
A las diez es la partida. Apenas almuerzo para no vomitar durante el viaje. La última vez arrojé hasta los quistes que tengo en los ovarios.
Partimos de la puerta del colegio. Me cuida a mi hijita, compadre. No se preocupe, comadre. Claro que la cuidaré, y bien. No llores, ma, es solo una semanita. Es la primera vez que me separo de mamá. Pero no lloro. Ya estoy terminando la secundaria, ya no estoy para llantos. Por qué llorar si voy a estar al lado, y al cuidado, de mi amado, ¿no? Chau, Mariana. Le traes algo a Rodrigo. ¿Rodrigo querrá una ñustita?
DOMINGO 11:
No hay nada como el Cuzco. Conocer Machu Picchu es maravillarse de la capacidad del ser humano de hacer cosas grandiosas a pesar de sus limitaciones, del afán del hombre por trascender a través del tiempo, por alcanzar la inmortalidad. Eso es lo que yo debo hacer: construir mi propio Machu Picchu a base de lectura y escritura cotidiana. Tengo sueños, mi única meta en la vida debe ser que esos sueños se hagan realidad, ¿no? Mis ejemplos deben ser la abuelita María y el tío Harold. Ella vino de la sierra siendo joven, apenas murmurando el castellano y aquí se hizo de un lugar a base de esfuerzo. Igual hizo el tío Harold: la abuela le decía termina tu carrera, hijo, y él lo terminó a pesar de todas las dificultades que se le presentaron. La abuela le dijo saca tu título, hijo, y el tío lo sacó. La abuela le dijo nómbrate, hijo, para que no estés como tu hermano, y el tío lo hizo.
La Lechona con las justas llegó al Cuzco. Se la pasó en el hotel nomás. Subir a Machu Picchu hubiera sido para ella como subir al cielo. El que gozó rico fue el Abuelo terrible mirando a las turistas. Parecía un brichero el viejo. Ah, si lo hubieran visto. Caramba, si tuviera veinte años menos, pediría mi cambio a un colegio del Cuzco, dijo. Anda a bañarte, viejo mañoso, ¿tú crees que las turistas te van a hacer caso? O quizá sí: vimos a varias gringas bien aparradas por unos tipos que parecían descendientes directos de Sinchi Roca y Manco Inca.
Nada mejor como ver en directo el Intihuatana, el Templo de la Ñusta, el Templo del Sol y de la Luna, la Plaza Sagrada, la Roca Sagrada, el Mausoleo Real, el Templo del Cóndor, etc. Una cosa es verlo en los libros, y otra en vivo y en directo.
Estoy matada, pero feliz.
LUNES 12:
Hicimos puro chongo, rompimos nuestros cuadernos y ensuciamos todo el patio, pobre señora Cristina, se va a quedar sin manos de tanto limpiar el patio y los salones, las chicas cortamos las tiras y las bastas de nuestras faldas, los chicos rompieron sus camisas. ¡Qué lindo es estar en el colegio! Ya nadie nos puede mandar a OBE y bajarnos la conducta.
MARTES 13:
Oh, qué pena: este es un día de mala suerte: se terminó el colegio para nosotros. No hubo ni chau ni nada. Llegamos y había un papelógrafo donde decía que las clases se terminaron. Nos esperan el veintiuno para la clausura.
¿Para eso hizo adelantar el inicio del año escolar, señor Mota Sedal? Ya ni le reclamo porque no importa, se acabaron las clases para siempre.
El profesor me hizo pasar para ayudarle en la documentación. El colegio sin alumnos parece un camposanto, y no es exagerada la comparación. Somos nosotros, los alumnos, quienes damos vida a las instituciones educativas.
JUEVES 15:
Sigo yendo al colegio para ayudar al profesor. Voy con buzo. Lo poco que quedaba de mi uniforme lo lavé y guardé. Quizá algún día me lo vuelva a poner y me ponga a recordar.
VIERNES 16:
Mañana será la fiesta de promoción. El profesor me regaló una crucecita para que me lo ponga en la ceremonia.
Mañana. ¿Qué pasará mañana?, me pregunto como Perales. Mañana también cumplo años. Mañana se acaba para siempre el colegio. Nunca pensé que llegaría ese día, pero llegó. Falta poquitito para estar en la calle. Si no nos hubieran sacado de la biblioteca, quizá habría sido feliz. Allí crecí, allí me enamoré, allí un hombre me dio mi primer beso, ¿o fui yo quien se lo dio? Creo que eso nunca lo sabré. ¿Cómo empecé a ayudarlo en la biblioteca? Yo siempre iba a pedir libros con Angie. Primero lo molestábamos diciéndole que no enseñaba bien, él nos decía que no tenía mucha experiencia, acababa de terminar la universidad, una cosa es estar en la universidad y otra cosa es trabajar, chicas. A veces se molestaba conmigo, pero yo seguía ahí, hasta que me enamoré de él. ¡Yo enamorada de un hombre mayor! Hasta que un día me dijo si podía ayudarle durante los recreos, claro que gratis no, te voy a dar tu propina. Y empecé a ayudarlo. Cuando se enamoró de la profesora Martha, casi me muero de los celos, a pesar de lo cual acepté espiar a la loca sidosa. Tantas cosas que le inventé sobre ella: que la veía con el profesor Rafael por el Complejo, que una amiga los había visto entrar al Leo’s, que el profesor siempre iba a la casa de la profesora, etc. Todo para que se olvide de esa tarada. Menos mal que la declararon excedente y la mandaron a otro colegio. De ninguna otra profesora se ha vuelto a enamorar. ¿Me querrá aunque sea un poquito? Yo sé que me quiere, que si no me lo dice es porque todavía soy una niña para él y tiene miedo de que lo frieguen, podrían condenarlo a cadena perpetua por seductor de menores. Si supieran que soy yo la que lo quiere seducir, que soy yo la que lo quiere conquistar, que soy yo la que anhela tenerlo entre sus brazos. Soy yo la que te ama. YO. Es tu Camilita quien quiere ser feliz contigo.
Mañana.
SÁBADO 17:
Tiempo de vals… Entraré del brazo de mi príncipe azul y todas me mirarán con envidia. Yo seré la chica más hermosa y él el hombre más guapo del mundo. Letizia Ortiz y el príncipe de Asturias. …desde el tiempo hacia atrás… Yo con mi vestido blanco igual que una novia. …y de ser lo de siempre… Como en un cuento de hadas mis sueños se harán realidad gracias a esa varita mágica que es su amor. Eso es: el amor es una varita mágica. Cuando amas, como dice Juan Gabriel, todo lo ves más bello. Todo es más lindo por amor. Un sapo se transforma en príncipe por amor. Ah, el amor, el amor. …es volver a empezar… ¿Qué hora será? Ya tengo dieciséis años: Estas son las mañanitas que cantaba el rey David. A las chicas bonitas se las cantamos así. Miento, todavía no. Yo nací a las once de la mañana. Pero a estas horas mamá seguramente ya estaba con los dolores de parto. A estas horas yo ya quería salir y conocer el mundo. Me ha costado parirla a esta chica, dice siempre mamá. Es que nací grandota, gorda como miss Lechona y peluda como una mona. ¿Cómo habrá nacido mi amado? …cuando el mundo se para… Oh, pero me faltan todavía dos años para sacar mi DNI. Todavía soy menor de edad. Eso es lo más triste de este día, seguir siendo una mocosa para los demás. …y te observa girar… Hilda Angélica ya debe tener más de veinte. La envidio. Tengo celos: Tengo celos, por amarte tengo celos, de los ojos que te miran, del pasado que viviste. Mi amor te amó y no te importó. Qué tonta fuiste. ¿Te seguirá amando todavía? Ojalá que no. Creo que ya no. Cuando habla de esos amores pasados lo hace con indiferencia. Hasta se arrepiente de haber perdido su tiempo estúpidamente. ¡Amar a la profesora Martha! A esa tarada. …es tiempo para amar… Mi amor estará guapo con su terno azul y su corbata roja. El director lo mirará con cólera. El Abuelo terrible envidiará su vitalidad, su fortaleza. Viejo maldito, se aprovechó de Angie. Algún día lo van a meter a la cárcel por dárselas de vivo. Aunque la enana se lo merecía también por aprovecharse de un pobre viejo desmuelado. Tiempo de vals… Soy la número uno de la promoción. La más chancona. Estudiar, estudiar, estudiar. Milagro que no he terminado como la profesora Martha por tanto estudiar. …tiempo para sentir… Esta noche tiene que ser la más bonita de mi vida. Esta noche tiene que quedar grababa con bronce en mi historia. Esta noche la tengo que recordar siempre como nuestro primer beso. Ah, nuestro primer beso. ¿Te acuerdas amor del primer beso que nos dimos?, le preguntaré alguna vez cuando tenga ochenta años y yo esté a su lado cuidándolo, queriéndolo. Claro que me acuerdo, nena. …y decir sin hablar… Se van a arrepentir aquellos que nos sacaron de la biblioteca, aquellos que nos desalojaron de nuestro nido de amor, aquellos que nos dejaron a la intemperie a merced de las inclemencias del tiempo. Perdónalos, Señor, no sabían lo que hacían. Ellos no saben lo que es el amor. ¿Cómo van a saberlo si están con los corazones llenos de ponzoña igual que las tías Carolina y Dina? …y escuchar sin oír… Yo tengo que dar el discurso en nombre de la Promo 2005 Juan Pablo II. Les voy a dar con palo a todo el mundo. ¿Se acuerdan de esa chica a quien botaron de la biblioteca como a una perra sin dueño, ah? Esa era yo. Esa soy yo. …el silencio que rompe en el aire un violín… Mírenme. Pero no les guardo rencor, porque sé que estaban cumpliendo su función. …es tiempo de vivir… Se acabó el colegio para siempre. Nunca más volveré a ponerme ese feo uniforme plomo, señor Mota Sedal, ministro de educación. ¿Será el adiós definitivo? No. Claro que no. Soy su ahijada, seremos los padrinos de Rodrigo, siempre nos veremos. …bésame en tiempo de vals… Un día le diré que siempre he estado enamorada de él: siempre lo he amado, desde que usted entró por primera vez al 1° A. ¿Se acuerda de esa chiquilla con cara de monga que se sentaba en la primera carpeta? Esa era yo, Camilita. Un dos tres un dos tres… El amor no tiene edad. …sin parar de bailar… Seré su María Kodama. …haz que este tiempo de vals… Su Catherine Zeta Jones. Un dos tres un dos tres. …no termine jamás… Su Cecilia Bolocco. Le diré que no olvido los dos besos que nos dimos en la biblioteca. Tiempo de vals… Entre viejos libros cubiertos de polvo empezó nuestra historia de amor. …tiempo para viajar… Faltan pocas horas para la fiesta de promoción. No tengo que tocarme porque si no, no voy a tener energías para durar toda la fiesta. …por encima del sol o por debajo del mar… Quién como Mariana que duerme como una vaca. Mañana, no, más tarde nomás. A las diez de la noche. …sin saber si te llevo… Luces de colores, la pista de baile para nosotros. Bailaremos juntos. Tomará mi cintura. Me estremeceré al contacto de sus manos. Hasta quizá me desmaye de la emoción. …o me dejo llevar… Nunca hemos bailado juntitos. …es tiempo de verdad… Nos desplazaremos por la pista de baila. Su mano temblará en mi cintura como una hoja mecida por el viento, como un barquito de papel. Nuestros labios estarán cerca. ¿Le digo que lo amo cuando estamos bailando? Tiempo de vals… Mejor no. Va a pensar que estoy loca. Poco a poco se llega lejos. …tiempo para abrazar… Mejor primero soy profesional. …la pasión que prefieres… ¿Qué estudiaré? Literatura. Quiero ser escritora. …y hacerla girar… ¿Ingresaré? …y elevarse violenta… Todos los años he sacado diploma, tengo que ingresar. La abuelita María estará contenta en el cielo. Sonreirá desde las estrellas. Yo era su nieta favorita. …como un huracán… Quiero dar las gracias a muchas personas que han hecho posible que esta noche yo esté aquí. Especialmente a alguien que esta noche debe estar sonriendo desde las estrellas. Una mujer que no sabía leer ni escribir pero me ayudaba con mis tareas desde que era chiquita. Yo todavía recuerdo los patitos que dibujabas con temblorosa mano. Estás lágrimas son por ti, abuelita María. Yo sé que no te gustaría verme llorar, pero estoy llorando. Tío Harold también estará contento. Ahora están juntos y ya nadie los separará. Lejos del odio, del veneno. …es tiempo en espiral… Le diré a mamá que invite al profesor en navidad. …bésame en tiempo de vals (como me besaste en la biblioteca)… Podríamos salir en año nuevo. Un dos tres un dos tres… Que Mariana se quede cuidando la casa. …sin parar de bailar… ¿Cómo será tener un bebito? ¿Qué hora será? ¿Por qué no me puedo dormir? …has que este tiempo de vals… Si me toco de repente me quedo dormida en mitad de la fiesta. Un dos tres un dos tres… Debería ponerme a practicar baile. …no termine jamás… No vaya a ser que haga el ridículo. Giraremos en la pista de baile. Nos elevaremos hasta el techo. Nos brotarán alas de los hombros y nos elevaremos hasta el cielo. Llegar al cielo, tocar las manos de la abuelita, darle un beso. Cambiar toda esta historia por un beso de la abuelita. …Tiempo de vals… ¿Y si le pregunto por qué me besó? …que empleamos los dos… Uno no besa a una persona si no la quiere, ¿no? …dibujando en el suelo… Así deben ser sus manos. Sus dedos largos, de uñas bien pulidas. …de un viejo salón… Eso será en nuestra noche de bodas. …con tres pasos de baile… No debo hacerlo. No. Dicen que es pecado, que se me van a morir las neuronas y voy a terminar peor que la Chuchi Díaz. La pobre se tocaba mucho y por eso se quedó así. Pero pecado sería si me tocara pensando en todos los hombres del mundo, ¿no? Yo siempre lo he hecho pensando en un solo hombre. Pensando en él. …la historia de amor… Mañana voy a estar sin energías. …es tiempo de sentir… ¿Por qué me besó, profesor? …mi tiempo para ti… Dígame.
El sol vuelve a entrar con furia por mi ventana como dándole la bienvenida al último mes del año, como diciéndome que la vida continua. Llegamos a diciembre. Parece increíble, pero ya estamos en diciembre. Falta poquitito para que se acabe el 2005. Falta poquito para un nuevo verano. Playa, sol, arena, olas. Puerto Viejo, Cruz Verde, Pucusana. Aunque este verano será distinto a los otros, pues tengo que chancar como nunca para poder ingresar a la universidad. Creo que ni tiempo voy a tener para veranear. Mariana tampoco podrá hacerlo porque tiene que cuidar a Rodrigo. Además, estamos de doble duelo. Sospecho que para nosotras se acabaron los veranos por un buen tiempo. Adiós, verano; adiós, amor, diría Manolo Galván: Vuelan al viento sus hojas, / los álamos dicen adiós, / a este verano marchito, / que nuestro amor contempló...
Prácticamente hemos terminado las clases porque los profesores ya no dictan, solo revisan los cuadernos y toman prácticas a los que están en cuidados intensivos. El profesor Palomino ni eso. Al ojo nomás sé quién va a estar feliz y quién va a llorar en navidad, nos dice. Algunos recién se ponen las pilas, pero ya es demasiado tarde, ni el examen “entregatorio” los salvará del pelotón de fusilamiento. Conmigo no hay milagros en navidad, por si acaso, yo no soy Papá Noel: yo no regalo notas a nadie, al contrario. Por mi parte estoy tranquila, hasta el momento les saco ventaja por una buena cantidad de puntos a los que me estaban pisando los talones. Me he esforzado, me lo merezco, ¿no?, apenas he ido a chatear, no salgo a bailar, no tengo enamorado, estoy virginia, no sé lo que es estar en OBE, etc. Se puede decir que soy una alumna modelo, que me merezco los promedios que tengo. Estudiar, estudiar, estudiar. Eso es lo único que he hecho en todos estos últimos años.
Diciembre. Último mes del año. Un poquito más y acabo el colegio. Diecisiete días apenas y cumplo los dieciséis. Voy a cumplir dieciséis años. Ya no soy una niña. Hace tiempo que dejé de ser una niña, pero algunos no se dan cuenta. Peor para mí.
Diciembre. Navidad, después año nuevo. El 2006. Un nuevo año.
Navidad, año nuevo, ¿el profesor aceptará pasar el año nuevo con nosotras? Ser mi padrino es ser de la familia, ¿no? Debo sugerírselo a mamá. Aunque no creo que salgamos a bailar porque estamos de duelo. Se acaba el año y no he podido conquistar su corazón, claro que he avanzado bastante, dos besos son bastante, ser su ahijada es bastante, ser su futura comadre es bastante, pero el tiempo se me acaba. Gota a gota el tiempo se me agota y aún no conozco el amor. Miento, el amor lo conozco, pero no soy feliz porque este inmenso amor que siento por él no lo puedo compartir. Es mentira que es mejor amar que ser amado. El amor es para compartirlo con otra persona. El amor es para darlo. Si esa otra persona es feliz con el amor que tú le das, y te corresponde, entonces tú puedes ser feliz. Sino, serás como yo: una alumna triste. Este es el diario de una pobre chica triste. Lo he decidido: se lo regalaré en navidad, mi diario, digo, no “eso”. Camila me amaba y yo no me quise dar cuenta, qué imbécil, qué estúpido, qué tonto, qué baboso. ¿Qué más?: qué huevón. Darse cuenta que alguien te amó cuando ya es tarde, debe ser triste, ¿no? ¿Pero si tú no amas, qué podrías haber hecho? Casi nada. La felicidad de las mujeres depende de los hombres. Si ellos no nos aman, así los amemos con toda el alma y el corazón, y nuestro sexo, será por gusto. Las mujeres tenemos que esperar pacientemente sentadas sobre una piedra a que los hombres se dignen amarnos. El hombre es un león que tiene que esperar ver a la ovejita para devorarla. Si ella está flaca, sin poto, sin tetas, no pasa nada. La oveja es la que debe dejarse ver por el león para terminar en su estómago. ¿Por qué las mujeres no podemos declararnos? Así se evitarían tantos fracasos, tantas decepciones. Por algo no tenemos un sexto sentido, ¿no? Con él sabemos con quién vamos a ser felices. ¿Algún día cambiará esto? ¿Cuándo? ¿Cuando este viejita?
Se acaba el año. Angie tenía razón: el tiempo ha pasado rapidito: estamos en el último mes del año. ¿Qué será de ella? La llamé y me dijeron que no estaba. Ni me devolvió la llamada. Es una pena que nuestra amistad haya acabado así. ¿Qué hubiese pasado si aceptaba lo que ella quería? De repente me volvía maricona. Camila y Angie se aman. Ajj. Ni siquiera debí dejar que me tocara. Es cierto que me excitó, pero eso fue porque estaba borracha. Nada más. Yo nunca le chuparía las tetas a una mujer, menos lo de abajo. Ajj, eso apesta feo. A arañita yo la aseo todos los días, hasta su perfumito le echo para que huela rico, pero igualito tiene un olorcito que no me gustaría tener en la boca. Chapar entre jermas. La Britney Spears y Madonna se dieron un piquito una vez. Todo por la publicidad. Yo no lo haría nunca. Nunca me han gustado las mujeres. A mí siempre me han gustado los hombres. A mí siempre me ha gustado un solo hombre. El hecho de que no me corresponda no significa que voy a cambiar de gustos, ¿no?
Se acaba el 2005. Un año triste. El año de la muerte de la abuelita María y del tío Harold. Pero la vida continúa: Unos que nacen, otros morirán. / Unos que ríen, otros llorarán, diría Julio Iglesias. Hay que seguir viviendo porque algún día también nos tocará morir.
Como secretaria del profesor estoy sudando la gota gorda preparando el cuadro de méritos. Por lo visto, gratis no me ha salido el vestido de novia.
Recibo diciembre escuchando las canciones de mamá. Tú fuiste la mejor cosa que tuve, / y así también lo peor en esta vida, canta Roberto Carlos. Recibo diciembre pensando en mi amor imposible. Fuiste el amanecer lleno de luz y de calor / y en compensación: anochecer, la tempestad, dolor. Se acaba el año y prácticamente no he hecho nada. Fuiste tú mi gran sonrisa de llegada / y mi lágrima de adiós. Ojala que las siguientes líneas no sean una premonición: Aquel inmenso amor que un día tuvimos / y todas las locuras que hicimos, / fue el sueño más bonito / que un día alguien soñó / y una triste realidad / cuando todo se acabó. Locuras hemos hecho hasta por gusto, pero al menos ahora es mi padrino y tiene las puertas abiertas de la casa. Tiene las puertas abiertas de mi alma, de mi vida, de mi corazón, ¿de mis piernas?… ¿Una tocadita para recibir el último mes del año? Fuiste tú mi gran sonrisa de llegada, / todo y nada, / y adiós. Las clases se acaban pronto. El final está a la vuelta de la esquina nomás. Me enseñaste el amanecer de un lindo día / y fui feliz con tu querer.
En todo me ha ido bien, Diario, menos en el amor. ¿Algún día podré ser feliz? Ojalá. Sin amor no somos nada. El amor te da fuerzas para seguir. Es verdad que el amor es el motor del mundo. Por amor me ponía a estudiar con más ahínco, sobre todo en comunicación. Creo en ti, / y tu ausencia pasa a ser mi eternidad, / tu silencio mi paz, / tu recuerdo mi motor, dice Miguel Bosé. Y a pesar de todo, creo en ti. Yo sé que un día me dirás que me amas, por eso sigo creyendo en ti.
Me doy un duchazo. Mientras el agua fría cae sobre mi cuerpo como la lluvia en el desierto, pienso que el día promete ser interesante como para quedarse en casa. Ahora que se acerca el final, más ganas de estudiar tengo. Voy a extrañar el colegio cuando me vaya. Me afeito las axilas y las piernas, ¿y si me pelo la arañita? Mejor no, pica feo, así estoy bien, aunque peluda. Peluda pero feliz. Ya en el verano veré lo que hago con ella, porque, aunque sola, me daré mis escapaditas a la playa, no me voy a quedar como una monga encerrada en la casa, ¿no?
La ropa apenas me entra, he crecido más y he sacado más cuerpo, ya casi le alcanzo al profesor, pero lo ideal sería alcanzar un lugar en su corazón, ¿no?
Desayuno, como siempre mi leche con cocoa y marcho al colegio dejando a Mariana metida en su cama. Traga y duerme como chancho y hurga en mi diario. Esa sí es vida. Si yo salgo embarazada, ¿me tratarán igual? No creo, mamá me mataría, ella espera grandes cosas de mí.
–Llegamos a diciembre, profesor.
Estamos en la sala de profesores. Es el recreo.
–Menos mal. Ya quiero descansar.
Él quiere descansar, está harto de trabajar. Yo quiero que el tiempo se detenga, que los días no pasen, él quiere descansar, él quiere que termine de una vez el año escolar. Detener el tiempo es como hacer que los ríos vuelvan a sus orígenes, que las flores vuelvan a ser semillas, que la abuelita María y el tío Harold estén de nuevo con nosotros. Él quiere que el tiempo pase. Yo quiero que mis años pasen pero que este momento se detenga, que el 2005 no siga avanzando inexorablemente hacia su final.
–¿Qué hará en vacaciones, profesor?
–Dormir.
Dormir. ¿Solo o bien acompañado?, dan ganas de preguntarle. ¿Y si me dice bien acompañado, qué hago? Mejor ni le pregunto.
–Quién como usted. Lo envidio.
–No envidies que da cáncer.
Me río nomás.
–¿Y tú qué harás, Camila?
–Chancaré, como siempre.
–Tampoco todo es estudiar. Te puedes volver loca (como mi ex). Tienes que divertirte un poco, ir a la playa.
–¿Con quién voy a ir si mi hermana va a tener que cuidar a su hijito?
–Si voy con mis sobrinos, ¿te puedo llevar?
–Claro, es mi padrino, ¿no? No creo que mamá se oponga.
–Te llamaré entonces.
Ojalá. Iremos a la playa, disfrutaremos de un día de sol, mar y arena, me verá en bikini, verá que ya no soy una niña, ¿se enamorará de mí?, ¿abrirá, al fin, los ojos? Primero vamos con sus sobrinos, luego solitos. ¿Será capaz de llevarme a la playa a mí nomás? Ya no seré su alumna. ¿Está prohibido que un profesor vaya a la playa con su ex alumna, ministro Mota Sedal?
–¿Y cómo va ese cuadro de méritos, ah?
–Ahí, pataleando.
–¿En qué lugar estás?
–Primerita…
–¿Sin trampas?, porque después voy a darle su verificada.
–Claro, profesor, ¿acaso yo soy tramposa? –me enojo. Últimamente no aguanto a mis pulgas, menos a las ajenas.
–Disculpa.
No le digo nada.
–¿Vamos a almorzar?
Después de haber dudado de mí, me invita a almorzar. Me ha dicho tramposa, ¿acaso no veía cómo me rompía el coco estudiando? Aceptar su invitación significaría no tener dignidad ni un poco de orgullo.
–No, gracias, he tomado buen desayuno.
–Bueno. Ya vengo.
Se va. Soy una estúpida, ¿no? Yo que lo quiero conquistar, le rechazo una invitación. ¿No quería yo que me invitara a almorzar al quiosco? Ya lo hizo y lo choteé. Solita me jodí. Ni siquiera insistió. Él también tiene su orgullo.
VIERNES 2:
Presenté mi informe sobre Pudor, la última novela que leímos en el año. Me gustó. Así quiero escribir algún día.
Aquí están algunas líneas que me gustaron:
Lo habitual en estos casos es fingir que nada ha pasado y dejar que el tiempo se ocupe de borrarlo todo de la memoria, de las manos sudorosas y de las toallas de los baños, hasta que en realidad nada haya pasado (página 137).
El siguiente podría ser el epígrafe para una futura novela sobre la loca Martha:
–…Y en el colegio, todo el mundo dice que eres una puta (página 173).
Otra para el libro de la tía, que podría llamarse La loca del colegio:
–…¡Te ofrece citas como si fueras una puta y tú va tras él! ¡Y te encuentras con él! ¡Como una perra!... (página 176)
Nos dedicamos a pintar, dibujar y hacer garabatos en nuestras blusas y camisas para guardarlos como recuerdo de nuestro paso por las aulas. ¿Puede hacerme un dibujo, profesor? Claro, te hago lo que quieras. ¿El amor también?, me dan ganas de preguntarle. Tampoco seas tan puta, Cami, confórmate con que te haga un dibujo. Me hizo un dibujo de Winnie Pooh. Para la chica más chancona del Independencia, me puso de dedicatoria. Espero que nunca te olvides de tu viejo maestro. Claro que no lo haré. Yo nunca lo olvidaré así tenga que partir al otro extremo del mundo. Recién cuando me muera lo olvidaré, aunque ni eso, porque mi alma siempre volverá al colegio.
Pasado mañana nos vamos al Cuzco. No todos van, apenas un grupito.
SÁBADO 3:
Medio año ya desde el beso. Cómo ha pasado el tiempo. ¡Medio año! Miro para atrás y parece un sueño. Pero fue realidad. Por eso lo recuerdo. ¿Será mi condena recordar siempre ese beso? Me di mi vueltita por la biblioteca para recordar mejor. Si no nos hubieran botado, quizá otra sería la historia.
DOMINGO 4:
Llegó el día de la partida. Alisto mis calzones y sostenes para toda la semana, un par de jeans, chompas, polos, medias gruesas, de todo como si me fuera a la Antártida. Menos mal que ya me vino mi regla y no tendré que incomodarme con una visita inoportuna.
Aparte del tutor, iremos con el profesor Agustín, para que toque la guitarra durante el viaje, la Lechona y el Abuelo terrible. ¿Quién habrá invitado a esa bruja? ¿Quién al viejo mañoso? Ojalá que no nos viole en el camino nomás. La gorda dizque va para que cuide a las chicas. Ella está para que la cuiden, o mejor para que la manden al asilo.
A las diez es la partida. Apenas almuerzo para no vomitar durante el viaje. La última vez arrojé hasta los quistes que tengo en los ovarios.
Partimos de la puerta del colegio. Me cuida a mi hijita, compadre. No se preocupe, comadre. Claro que la cuidaré, y bien. No llores, ma, es solo una semanita. Es la primera vez que me separo de mamá. Pero no lloro. Ya estoy terminando la secundaria, ya no estoy para llantos. Por qué llorar si voy a estar al lado, y al cuidado, de mi amado, ¿no? Chau, Mariana. Le traes algo a Rodrigo. ¿Rodrigo querrá una ñustita?
DOMINGO 11:
No hay nada como el Cuzco. Conocer Machu Picchu es maravillarse de la capacidad del ser humano de hacer cosas grandiosas a pesar de sus limitaciones, del afán del hombre por trascender a través del tiempo, por alcanzar la inmortalidad. Eso es lo que yo debo hacer: construir mi propio Machu Picchu a base de lectura y escritura cotidiana. Tengo sueños, mi única meta en la vida debe ser que esos sueños se hagan realidad, ¿no? Mis ejemplos deben ser la abuelita María y el tío Harold. Ella vino de la sierra siendo joven, apenas murmurando el castellano y aquí se hizo de un lugar a base de esfuerzo. Igual hizo el tío Harold: la abuela le decía termina tu carrera, hijo, y él lo terminó a pesar de todas las dificultades que se le presentaron. La abuela le dijo saca tu título, hijo, y el tío lo sacó. La abuela le dijo nómbrate, hijo, para que no estés como tu hermano, y el tío lo hizo.
La Lechona con las justas llegó al Cuzco. Se la pasó en el hotel nomás. Subir a Machu Picchu hubiera sido para ella como subir al cielo. El que gozó rico fue el Abuelo terrible mirando a las turistas. Parecía un brichero el viejo. Ah, si lo hubieran visto. Caramba, si tuviera veinte años menos, pediría mi cambio a un colegio del Cuzco, dijo. Anda a bañarte, viejo mañoso, ¿tú crees que las turistas te van a hacer caso? O quizá sí: vimos a varias gringas bien aparradas por unos tipos que parecían descendientes directos de Sinchi Roca y Manco Inca.
Nada mejor como ver en directo el Intihuatana, el Templo de la Ñusta, el Templo del Sol y de la Luna, la Plaza Sagrada, la Roca Sagrada, el Mausoleo Real, el Templo del Cóndor, etc. Una cosa es verlo en los libros, y otra en vivo y en directo.
Estoy matada, pero feliz.
LUNES 12:
Hicimos puro chongo, rompimos nuestros cuadernos y ensuciamos todo el patio, pobre señora Cristina, se va a quedar sin manos de tanto limpiar el patio y los salones, las chicas cortamos las tiras y las bastas de nuestras faldas, los chicos rompieron sus camisas. ¡Qué lindo es estar en el colegio! Ya nadie nos puede mandar a OBE y bajarnos la conducta.
MARTES 13:
Oh, qué pena: este es un día de mala suerte: se terminó el colegio para nosotros. No hubo ni chau ni nada. Llegamos y había un papelógrafo donde decía que las clases se terminaron. Nos esperan el veintiuno para la clausura.
¿Para eso hizo adelantar el inicio del año escolar, señor Mota Sedal? Ya ni le reclamo porque no importa, se acabaron las clases para siempre.
El profesor me hizo pasar para ayudarle en la documentación. El colegio sin alumnos parece un camposanto, y no es exagerada la comparación. Somos nosotros, los alumnos, quienes damos vida a las instituciones educativas.
JUEVES 15:
Sigo yendo al colegio para ayudar al profesor. Voy con buzo. Lo poco que quedaba de mi uniforme lo lavé y guardé. Quizá algún día me lo vuelva a poner y me ponga a recordar.
VIERNES 16:
Mañana será la fiesta de promoción. El profesor me regaló una crucecita para que me lo ponga en la ceremonia.
Mañana. ¿Qué pasará mañana?, me pregunto como Perales. Mañana también cumplo años. Mañana se acaba para siempre el colegio. Nunca pensé que llegaría ese día, pero llegó. Falta poquitito para estar en la calle. Si no nos hubieran sacado de la biblioteca, quizá habría sido feliz. Allí crecí, allí me enamoré, allí un hombre me dio mi primer beso, ¿o fui yo quien se lo dio? Creo que eso nunca lo sabré. ¿Cómo empecé a ayudarlo en la biblioteca? Yo siempre iba a pedir libros con Angie. Primero lo molestábamos diciéndole que no enseñaba bien, él nos decía que no tenía mucha experiencia, acababa de terminar la universidad, una cosa es estar en la universidad y otra cosa es trabajar, chicas. A veces se molestaba conmigo, pero yo seguía ahí, hasta que me enamoré de él. ¡Yo enamorada de un hombre mayor! Hasta que un día me dijo si podía ayudarle durante los recreos, claro que gratis no, te voy a dar tu propina. Y empecé a ayudarlo. Cuando se enamoró de la profesora Martha, casi me muero de los celos, a pesar de lo cual acepté espiar a la loca sidosa. Tantas cosas que le inventé sobre ella: que la veía con el profesor Rafael por el Complejo, que una amiga los había visto entrar al Leo’s, que el profesor siempre iba a la casa de la profesora, etc. Todo para que se olvide de esa tarada. Menos mal que la declararon excedente y la mandaron a otro colegio. De ninguna otra profesora se ha vuelto a enamorar. ¿Me querrá aunque sea un poquito? Yo sé que me quiere, que si no me lo dice es porque todavía soy una niña para él y tiene miedo de que lo frieguen, podrían condenarlo a cadena perpetua por seductor de menores. Si supieran que soy yo la que lo quiere seducir, que soy yo la que lo quiere conquistar, que soy yo la que anhela tenerlo entre sus brazos. Soy yo la que te ama. YO. Es tu Camilita quien quiere ser feliz contigo.
Mañana.
SÁBADO 17:
Tiempo de vals… Entraré del brazo de mi príncipe azul y todas me mirarán con envidia. Yo seré la chica más hermosa y él el hombre más guapo del mundo. Letizia Ortiz y el príncipe de Asturias. …desde el tiempo hacia atrás… Yo con mi vestido blanco igual que una novia. …y de ser lo de siempre… Como en un cuento de hadas mis sueños se harán realidad gracias a esa varita mágica que es su amor. Eso es: el amor es una varita mágica. Cuando amas, como dice Juan Gabriel, todo lo ves más bello. Todo es más lindo por amor. Un sapo se transforma en príncipe por amor. Ah, el amor, el amor. …es volver a empezar… ¿Qué hora será? Ya tengo dieciséis años: Estas son las mañanitas que cantaba el rey David. A las chicas bonitas se las cantamos así. Miento, todavía no. Yo nací a las once de la mañana. Pero a estas horas mamá seguramente ya estaba con los dolores de parto. A estas horas yo ya quería salir y conocer el mundo. Me ha costado parirla a esta chica, dice siempre mamá. Es que nací grandota, gorda como miss Lechona y peluda como una mona. ¿Cómo habrá nacido mi amado? …cuando el mundo se para… Oh, pero me faltan todavía dos años para sacar mi DNI. Todavía soy menor de edad. Eso es lo más triste de este día, seguir siendo una mocosa para los demás. …y te observa girar… Hilda Angélica ya debe tener más de veinte. La envidio. Tengo celos: Tengo celos, por amarte tengo celos, de los ojos que te miran, del pasado que viviste. Mi amor te amó y no te importó. Qué tonta fuiste. ¿Te seguirá amando todavía? Ojalá que no. Creo que ya no. Cuando habla de esos amores pasados lo hace con indiferencia. Hasta se arrepiente de haber perdido su tiempo estúpidamente. ¡Amar a la profesora Martha! A esa tarada. …es tiempo para amar… Mi amor estará guapo con su terno azul y su corbata roja. El director lo mirará con cólera. El Abuelo terrible envidiará su vitalidad, su fortaleza. Viejo maldito, se aprovechó de Angie. Algún día lo van a meter a la cárcel por dárselas de vivo. Aunque la enana se lo merecía también por aprovecharse de un pobre viejo desmuelado. Tiempo de vals… Soy la número uno de la promoción. La más chancona. Estudiar, estudiar, estudiar. Milagro que no he terminado como la profesora Martha por tanto estudiar. …tiempo para sentir… Esta noche tiene que ser la más bonita de mi vida. Esta noche tiene que quedar grababa con bronce en mi historia. Esta noche la tengo que recordar siempre como nuestro primer beso. Ah, nuestro primer beso. ¿Te acuerdas amor del primer beso que nos dimos?, le preguntaré alguna vez cuando tenga ochenta años y yo esté a su lado cuidándolo, queriéndolo. Claro que me acuerdo, nena. …y decir sin hablar… Se van a arrepentir aquellos que nos sacaron de la biblioteca, aquellos que nos desalojaron de nuestro nido de amor, aquellos que nos dejaron a la intemperie a merced de las inclemencias del tiempo. Perdónalos, Señor, no sabían lo que hacían. Ellos no saben lo que es el amor. ¿Cómo van a saberlo si están con los corazones llenos de ponzoña igual que las tías Carolina y Dina? …y escuchar sin oír… Yo tengo que dar el discurso en nombre de la Promo 2005 Juan Pablo II. Les voy a dar con palo a todo el mundo. ¿Se acuerdan de esa chica a quien botaron de la biblioteca como a una perra sin dueño, ah? Esa era yo. Esa soy yo. …el silencio que rompe en el aire un violín… Mírenme. Pero no les guardo rencor, porque sé que estaban cumpliendo su función. …es tiempo de vivir… Se acabó el colegio para siempre. Nunca más volveré a ponerme ese feo uniforme plomo, señor Mota Sedal, ministro de educación. ¿Será el adiós definitivo? No. Claro que no. Soy su ahijada, seremos los padrinos de Rodrigo, siempre nos veremos. …bésame en tiempo de vals… Un día le diré que siempre he estado enamorada de él: siempre lo he amado, desde que usted entró por primera vez al 1° A. ¿Se acuerda de esa chiquilla con cara de monga que se sentaba en la primera carpeta? Esa era yo, Camilita. Un dos tres un dos tres… El amor no tiene edad. …sin parar de bailar… Seré su María Kodama. …haz que este tiempo de vals… Su Catherine Zeta Jones. Un dos tres un dos tres. …no termine jamás… Su Cecilia Bolocco. Le diré que no olvido los dos besos que nos dimos en la biblioteca. Tiempo de vals… Entre viejos libros cubiertos de polvo empezó nuestra historia de amor. …tiempo para viajar… Faltan pocas horas para la fiesta de promoción. No tengo que tocarme porque si no, no voy a tener energías para durar toda la fiesta. …por encima del sol o por debajo del mar… Quién como Mariana que duerme como una vaca. Mañana, no, más tarde nomás. A las diez de la noche. …sin saber si te llevo… Luces de colores, la pista de baile para nosotros. Bailaremos juntos. Tomará mi cintura. Me estremeceré al contacto de sus manos. Hasta quizá me desmaye de la emoción. …o me dejo llevar… Nunca hemos bailado juntitos. …es tiempo de verdad… Nos desplazaremos por la pista de baila. Su mano temblará en mi cintura como una hoja mecida por el viento, como un barquito de papel. Nuestros labios estarán cerca. ¿Le digo que lo amo cuando estamos bailando? Tiempo de vals… Mejor no. Va a pensar que estoy loca. Poco a poco se llega lejos. …tiempo para abrazar… Mejor primero soy profesional. …la pasión que prefieres… ¿Qué estudiaré? Literatura. Quiero ser escritora. …y hacerla girar… ¿Ingresaré? …y elevarse violenta… Todos los años he sacado diploma, tengo que ingresar. La abuelita María estará contenta en el cielo. Sonreirá desde las estrellas. Yo era su nieta favorita. …como un huracán… Quiero dar las gracias a muchas personas que han hecho posible que esta noche yo esté aquí. Especialmente a alguien que esta noche debe estar sonriendo desde las estrellas. Una mujer que no sabía leer ni escribir pero me ayudaba con mis tareas desde que era chiquita. Yo todavía recuerdo los patitos que dibujabas con temblorosa mano. Estás lágrimas son por ti, abuelita María. Yo sé que no te gustaría verme llorar, pero estoy llorando. Tío Harold también estará contento. Ahora están juntos y ya nadie los separará. Lejos del odio, del veneno. …es tiempo en espiral… Le diré a mamá que invite al profesor en navidad. …bésame en tiempo de vals (como me besaste en la biblioteca)… Podríamos salir en año nuevo. Un dos tres un dos tres… Que Mariana se quede cuidando la casa. …sin parar de bailar… ¿Cómo será tener un bebito? ¿Qué hora será? ¿Por qué no me puedo dormir? …has que este tiempo de vals… Si me toco de repente me quedo dormida en mitad de la fiesta. Un dos tres un dos tres… Debería ponerme a practicar baile. …no termine jamás… No vaya a ser que haga el ridículo. Giraremos en la pista de baile. Nos elevaremos hasta el techo. Nos brotarán alas de los hombros y nos elevaremos hasta el cielo. Llegar al cielo, tocar las manos de la abuelita, darle un beso. Cambiar toda esta historia por un beso de la abuelita. …Tiempo de vals… ¿Y si le pregunto por qué me besó? …que empleamos los dos… Uno no besa a una persona si no la quiere, ¿no? …dibujando en el suelo… Así deben ser sus manos. Sus dedos largos, de uñas bien pulidas. …de un viejo salón… Eso será en nuestra noche de bodas. …con tres pasos de baile… No debo hacerlo. No. Dicen que es pecado, que se me van a morir las neuronas y voy a terminar peor que la Chuchi Díaz. La pobre se tocaba mucho y por eso se quedó así. Pero pecado sería si me tocara pensando en todos los hombres del mundo, ¿no? Yo siempre lo he hecho pensando en un solo hombre. Pensando en él. …la historia de amor… Mañana voy a estar sin energías. …es tiempo de sentir… ¿Por qué me besó, profesor? …mi tiempo para ti… Dígame.
martes, 9 de noviembre de 2010
Realidad y ficción
Estoy escribiendo "Luz desnuda" y "La agonía de Juan de Dios". La primera es una novela donde todo es invento, mentira, ficción, chamullo, imaginación. La otra es la historia de mi padre, historia construida a partir de las cosas que me contaba, cosas que yo recuerdo, cosas que hemos vivido y compartido durante los 41 años que compartimos de nuestras vidas. "La agonía..." va a paso lento, a veces escribo una hoja al día, con suerte, otras media página, otras, nada. Me da pudor mentir en esta historia, sería fácil ponerme a inventar, pero siento como si traicionase la memoria de mi padre y no lo hago. Incluso hay cosas en las cuales no recuerdo los nombres de los protagonistas y prefiero dejarlo en duda en lugar de poner otro nombre. Yo sé que mi padre nunca vendrá a reclamarme, que podría trasgiversar su historia sin remordimiento alguno, pero sería traicionarme a mí mismo y no lo haré. En cambio, en "Luz...", todo es mentira, ninguno de los personajes existe, ni siquiera el Puerto Viejo de la historia es esa playa a donde fui alguna vez, es una mezcla de todas las playas que conozco, los personajes han nacido en mi cabeza y eso hace que la historia fluya sin dificultad alguna y no tengo remordimiento de degradarlos o ensalzarlos o cambiarles el nombre o meter de contrabando pasajes de mi vida porque al final no tengo que rendirle cuentas a nadie que a mí mismo.
lunes, 8 de noviembre de 2010
La Miss Furiosa
Entra la profesora y se pone a gritar como loca: ¡¡la plata de la camiseta!! ¡¡Bien claro quedamos que hoy cancelarían!! ¡¡Si no cancelan, les pongo 05 en el bimestre!!, bramó la cabrona para que uno la escuche. Empezó a llamar a los alumnos: la plata, préstate de donde sea. Imbécil, tuve ganas de decirle, pero me dije tú no eres como esa gente, Harol, tú eres distinto, además, estás de paso en este lugar, así que calma. Miraba el rostro abotagado de la mierda esa, el rostro lleno de furia. Llama a un alumno, le pide la plata, el alumno no sabe qué hacer, ¿a quién le va a pedir prestado si sabe que no va a poder pagarle luego? Algunos mierdas creen que a la gente le sobra la plata y lo piden y si no pagas te desaprueban. Y justo los que no tienen plata son los alumnos que más se preocupan en sus estudios. Los otros, la gran mayoría de vagos, siempre andan con los bolsillos llenos de dinero, son los que van a los viajes de promo, a las fiestas de promo, los que tienen para su camiseta, los que almuerzan en el quiosco, los que tienen para comprar notas. Y misses como esa Furiosa, que se las da de correcta, es la que siempre llega tarde, es la intolerante, es la que tiene que romperse el lomo porque tiene que cubrir sus faltas. Con el ejemplo predican. Menos mal que yo soy un profe mediocre, que no me preocupo de nada, que nunca estoy cansado, de mal humor, auque todo me llegue al pincho.
Ayacucho era un campo de batalla (fragmento de la primera versión)
En la foto, Catedral de Ayacucho.
Mirador de Acuchimay, Huamanga, domingo 22 de julio del 2007: Llegar al Mirador del cerro Acuchimay no es sencillo. Papá tiene ochenta años, yo, la mitad. Los únicos que se han divertido con el ascenso por la empinada escalinata han sido Nacho, Diego, Ximena y Milena. Hasta Claudia, que a los veinte años escaló el Everets, está con la lengua afuera.
Son las cuatro de la tarde de este domingo veintidós de julio del 2007. El sol, un disco dorado en el acerado cielo ayacuchano, brilla y quema con intensidad. Cuántas veces Edith Lagos también habrá disfrutado de este mismo sol, me pregunto. Durante su juventud, durante el tiempo que estuvo recluida en el cras de Huamanga, los últimos meses de su vida. ¿Sufrió los mismos estragos que nosotros al escalar el Acuchimay? No, ella era una joven aguerrida, fuerte, nos dice nuestro guía. Le gustaba caminar. Estaba acostumbrada a las largas jornadas bajo la copiosa lluvia, bajo el inclemente sol.
–A tu mamá le hubiera gustado estar acá –me dice papá, después de tomar un buen trago de Inca Kola.
–Ah –digo en alta voz, cerca de su oreja izquierda.
El viejo está casi sordo. Comprende lo que significa ese ah. Claro que le hubiera gustado estar acá. Dos años atrás, a esta misma hora, el corazón de mamá dejaba de latir. Es un viernes que nunca olvido. Por eso estamos acá, en Ayacucho, tal como a ella le hubiera gustado.
–Está china para subir, tío Harol –dice Nacho.
Pago. En un segundo, los chicos ya están arriba. Cuidado que se caigan, les advierte su abuelo. Las niñas suben de la mano de su madre.
–Soy Spiderman –dice Diego.
–Yo soy Nacho Libre –dice Nacho–. ¿Y ustedes qué son? –les pregunta a las chicas.
Las mellizas se quedan calladas. No hablan español. Claudia traduce: Ximena dice que es Scarlett Johansson y Milena es Britney Spears. Britney Spears está pelona, dice Nacho. Tu sobrino es un pendejo, dice Claudia. Sí, lo sé, Nacho es bien vivo. Risas.
Desde aquí se tiene una amplia visión de la ciudad de Huamanga. Allá está la Plaza de Armas con su monumento ecuestre al Libertador Sucre. Más allá, la pista del aeropuerto. La antigua cárcel de Huamanga –donde Edith Lagos estuvo desde diciembre de 1980 hasta marzo de 1982– parece un caserón desde aquí. Allá está el Cementerio General donde descansan los restos de Edith Lagos o la compañera Lidia. Más allá, la Ciudad Universitaria de la San Cristóbal de Huamanga donde Abimael fue profesor de filosofía allá por la década de los sesenta. Ubicar cada una de las treinta y tres iglesias que hay desperdigadas en la ciudad puede ser una ardua tarea. Desde aquí, las personas que se desplazan por la ciudad parecen hormiguitas.
–Antes Ayacucho era chiquito –nos dice nuestro guía–. Con la guerra, todo el mundo se vino para acá.
Claro, la guerra dejó más de medio millón de desplazados. Los chicos siguen jugando despreocupadamente. A ellos no les afecta el sol, el cansancio, los recuerdos. Saben que aquí una vez hubo una guerra, vieron llorar a su abuela recordando a su madre degollada por los senderistas, pero, para ellos, esa guerra está en el mismo rubro de la guerra del Pacífico o algún conflicto con el Ecuador. Es historia.
–¿Recuerda esa reunión con Abimael Guzmán en este lugar en el cual estuvo presente Edith Lagos? –le pregunto a mi guía.
–Claro, maestro –me dice él–. Ahí se decidió el inicio de la guerra. Estaban Elena Iparraguire, Augusta la Torre, Óscar Ramírez Durand, Víctor Zavala Cataño, Mezzich, Artemio, todos los líderes históricos. Edith era una pasñacha nomás, pero era una de las más entusiasmadas con el proyecto revolucionario. Este lugar era pura tierra. Aquí hacían feria.
Uno también está a punto de pensar que aquí no hubo nada cuando camina por las calles de Huamanga y no se topa con patrullas del ejército fuertemente armados. Ya no están los tropacunas, los marinos, los cabitos, los temibles sinchis. Las fachadas de la ciudad están limpias de pintas subversivas, aunque las hay, pero estas están casi desdibujadas por las inclemencias del tiempo. Subiendo al Mirador vimos algunas de esas viejas pintas en las fachadas de las casitas. Ya no hay atentados dinamiteros, emboscadas, ajusticiamientos, juicios populares.
–¿Y cómo era Edith?
–Una chica bien brava. Decidida, no le tenía miedo a la muerte. Ella sí fue una auténtica guerrillera. El pueblo la quería. ¿Por qué cree usted que todo Huamanga se volcó a las calles el día de su entierro? Porque el pueblo la amaba. El pueblo quería la revolución, quería acabar con los mistis, con la miseria.
Pero hubo una guerra, cruenta, desigual, en que la mayoría de víctimas fueron inocentes campesinos que no supieron qué hacer al verse en medio de un fuego cruzado. Entre estas víctimas están mi abuela, varios tíos, primos y sobrinos.
Por eso quise venir acá en estas vacaciones escolares de medio año, para tratar de comprender esos veinte años de duelo que le duró a mamá el saber que su madre había sido asesinada por los senderistas. Llorar ante los restos de un muerto te libera de muchos pesares, pero llorarlo sin la certeza de saber dónde están perdidos sus huesos, te multiplica el dolor a niveles insospechados.
–Si el Partido no hubiera cometido la estupidez de matar indiscriminadamente a los campesinos, fijo que hoy Sendero estaría en el poder.
Probablemente, pienso.
***
La Realidad, agosto de 1981: La oscuridad se tragó el bello rostro de Emperatriz, sus labios carnosos y rojos, sus ojos grises de gata en celo. Justo me iba a dar un beso. ¡Mierda!, murmuró Viejo, quien, en el otro rincón, junto con sus hermanos, daban cuenta de Chana.
Las explosiones empezaron a sucederse uno tras otros, como en un rosario.
–¡Arooolchaaa!
–Tu vieja –dijo Pelusa.
–Me quito.
–¿Vuelves, huevón?
Iba a decir después, me esperan, pero los labios de Emperatriz sellaron los míos.
–¡Arooolchaaaaa!
Salté la pared de la casa abandonada de don Navarro, crucé la calle de tierra y cascajos y entré en mi casa. Bibi y Juancho lloraban, asustados.
–Fíate dos velas y un fósforo.
–Ya, mamá.
Camino a la tienda de don Ceferino, me crucé con sombras que iban de prisa llevando escaleras y costales. ¿Quiénes serían?
El Sambito me atendió por su ventana nomás. Aparte de las velas y el fósforo, me fié para mí un sol de galleta de agua.
Empezó otra tanda de explosiones en los cerros que rodeaban La Realidad. Me apresuré en volver a mi casa.
Más allá, cruzando el río, empezó un tiroteo.
Mamá calentó la comida y cenamos en silencio, de prisa.
Antes de meterme en mi cama, salí a orinar. Miré hacia el cerro: una antorcha empezaba a arder dibujando una hoz y un martillo.
***
Chincho, Huancavelica, noviembre de 1979: –La única manera de acabar con la pobreza en la que vivimos, es levantándonos en armas –dijo el Chullañahui–. Tenemos que acabar con los mistis, exterminar a los hacendados, a los policías, a los alcaldes, a los gobernadores. ¡A todas las autoridades! Por culpa de esa gente somos pobres. Si no los acabamos cuanto antes, siempre vamos a ser pobres.
Miré mis gastadas ojotas, al de la derecha se le había desprendido una tira. Tenía que conseguir un clavo para arreglarlo. Miré mis pies sucios de tierra, mis uñas negras y crecidas. Más allá, cruzando el río Cachi, estaba Huanta. Los techos de calamina reverberaban con los últimos rayos del sol.
–¿Levantarnos en armas, profesor?
Hasta Qasi no llegaba el rumor del río Cachi. Ese río lo había cruzado mi abuelo Ignacio Gastelú llevando un fantasma en sus espaldas hace muchos años atrás, cuando yo todavía no existía.
–Sí. Esa es la única manera de acabar con la pobreza en la cual vivimos –dijo el Chullañahui. Estaba serio, como siempre. Casi nunca sonreía–. ¿Qué harán cuando terminen el colegio, ah?
¿Qué haríamos? Era hijo de campesinos, mis abuelos habían sido campesinos. Conté los dedos de mis pies: uno, dos, tres, cuatro, cinco en la derecha. Igual en la izquierda. Mi abuelo tenía seis dedos en cada pie, por eso le decían el Sojta. Menos mal que yo había salido normal.
–Seguirán aquí, trabajando la tierra, sembrando, cosechando, esperando la lluvia, rezando que no haya sequía. Para acabar con eso tenemos que levantarnos en armas.
–¿Y cómo nos vamos a levantar en armas si no tenemos armas, profesor? –preguntó Piquicha.
–Armas hay en todas partes –dijo el Chullañahui, mirándonos con su único ojo. Era negro, parecía el fondo de una olla, la boca de una mina–. Arma es un palo, una piedra. Nuestras manos son armas.
Me miré las manos: eran enormes, fuertes. Tenía manos de hombre porque había trabajado en la chacra desde chiquito.
–Armas somos nosotros. Y nosotros somos miles –continuó el profesor. Su voz era un cuchillo filudo–. Un arma poderosa es nuestro odio milenario contra los mistis, nuestro odio ancestral hacia esos explotadores.
El cielo empezó a oscurecerse.
–Arma es nuestra vida. Y nosotros somos miles. Somos más que las estrellas. Somos más que toda la arena que hay en las orillas del río Cachi.
Edith, Piquicha, Carla, Antonio, el opa Inquicha, estaban atentos a lo que decía el Chullañahui.
–En Ayacucho hay un profesor que desde hace años viene preparando el terreno para acabar con los explotadores –dijo con voz grave, en un susurro, como si nos contara un secreto–. Se llama Abimael. Pronto lo conocerán.
***
La Realidad, marzo de 1984: Tocaron la puerta y fui a abrir. Yo estaba leyendo una vieja Caretas que mamá había traído de su trabajo. Mejor dicho, estaba viendo a la calata de la última página. Estaba a punto de corrérmela.
–Soy tu tío Anacleto Palomino –dijo el hombre–. ¿No te acuerdas de mí, Arol?
Claro que me acordaba. Cómo había llorado la última vez que estuvo aquí. Recordaba que había traído una maleta de carne seca de cabra, queso, cancha.
Lo hice pasar. Estaba acompañado de Eva. En la pista estaba Víctor. Fuimos con la carretilla a traer las cosas que había traído.
Esa noche, el tío Anacleto nos contó que los cumpas estaban en Jiljarajay. La guerra era total en Ayacucho. Todos los días las calles amanecían regadas de cadáveres. Los cumpas dinamitaban las dependencias públicas, atacaban las comisarías, a las patrullas del ejército y de la marina, arrasaban pueblos enteros cuando sus habitantes se negaban a plegarse a la lucha armada. Lo mismo hacía las fuerzas armadas. El tío dijo que los terrucos lo trataban como a un padre. ¿Si lo trataban como a un padre, por qué entonces había traído a sus hijos? Porque los terrucos estaban reclutando a los jóvenes para su llamado Ejército Guerrillero del Pueblo.
A fines de marzo, el tío regresó a Ayacucho llevando radios, ropas y otras cosas que le encargaron los terrucos. Eva y Víctor se quedaron con nosotros.
***
Jiljarajay, Ayacucho, octubre del 2000: Para llegar a Jiljarajay, hemos tenido que cruzar dos ríos de heladas aguas y caminar entre el monte tratando de no pisar las qiscasch, unas bolitas de espinas que si las pisas te hacen ver al diablo calato. Hay unas iguanas blancas que tienen una especie de cuchillo en los lomos. Nos miran con sus ojillos fríos. Mamá se cayó y raspó las rodillas. Hace veinte años estuvo aquí por última vez con papá, Flor y Doris. En este lugar pasó su niñez. De este lugar partió a Lima en busca de un futuro mejor a los veintiún años. En el grupo estamos la tía Susana, su esposo, Blanca, Mayumi, mamá, Nacho y yo. Mamá reconoce los lugares. Allí estaba la casa de doña Inés Soto, dice, señalando un espacio que ahora luce vacío, allá vivía don Teófilo Quispe. Ahora todo luce abandonado. En este lugar inhóspito los terrucos tuvieron su campamento en 1984. Buscamos la tumba del tío Anacleto. Está dentro de una casa, dice la tía Susana. Al tío Anacleto lo mataron los terrucos en noviembre de 1984, hace casi dieciséis años atrás. Lo mataron por traidor, porque viajaba mucho a Lima, porque se había llevado a sus hijos.
–Aquí está.
Dentro de lo que fue una casa de adobe, hay tres montículos de tierra. El del medio es más grande. Esa es la tumba del tío. A su costado están sus hijos, hijos que la tía Graciela envenenó al quedarse viuda.
Mamá y la tía Susana caen postradas y empiezan a sollozar mientras murmuran palabras en quechua que mi mente va traduciendo. Dijo que iba a venir el jueves. Le dije que se venga con todo. Graciela tiene la culpa de que lo hayan matado. Mamacha no quería ir a Huanta.
¿Cómo lo mataron? A traición. Lo sacaron de su casa diciéndole queremos hablar contigo, compañero. El tío se sentó en una piedra, y mientras hablaba, le metieron un balazo en la cara. El tiro no lo mató y lo ahorcaron. Los terrucos ordenaron que cavaran un hueco dentro de una casa y lo enterraran.
–La próxima vez hay que traerle flores y una cruz. Si se puede, hay que trasladarlo al cementerio de Chincho junto a papacha o a Huanta.
No habría próxima vez. Mamá moriría cinco años después.
No pudimos llegar a lo que fue la chacra de la abuela porque se hizo tarde y regresamos a Huanta.
***
La Realidad, agosto de 1981: –Regálame un balde de agua –me pidió Emperatriz.
Eran las seis de la mañana. El sol estaba saliendo por entre los cerros. Ella estaba con los ojos soñolientos y los cabellos desgreñados. ¿Se acordaría del beso de anoche? Estaba en piyama, un piyama celestito, debajo del cual, se notaba, no llevaba nada. Sus pezones, puntiagudos, parece que querían atravesar la delgada tela.
Caminamos calle abajo rumbo a la sequia.
–¿Mi Bobby no te siguió anoche, Harol?
–No. Cachorro también ha desaparecido.
–Se habrán ido a cachar al monte –dijo, riéndose.
Pasamos frente a la casa de la abuela Eusebia, de Ricra. Al llegar a la altura de la señora Arcaria, nos quedamos de una pieza: Bobby colgaba de un poste. “Así morirán los perros sarnosos que traicionan al pueblo. ¡Viva el PCP!”, habían escrito con un plumón rojo en un cartón que pendía del cuello del animal. En el otro poste estaba colgado Cachorro. Mi mamá se iba a morir de la pena. Las garrapatas caían al suelo del enorme animal.
–¿Quién le habrá hecho eso a mi pobre perrito? –preguntó Emperatriz entre lágrimas.
–Quién sería.
–Bájalo para enterrarlo.
–Ni lo toquen porque se van a meter en problemas –nos dijo el Burrito, que estaba bajando con su papá y sus hermanos. Eran picapedreros– ¿No saben leer?
Recién unos años después, cuando lo mataron en El Frontón, comprendí sus palabras.
***
México DF, setiembre del 2007: En esta fría tarde mexicana, me he puesto a escribir. Me he puesto a hacer memoria. En mi país hubo guerra. Una guerra que también afectó a mi familia, sobre todo a la familia de mi mamá. Muchos de sus protagonistas ya no están, pero guardo en la memoria sus palabras, sus rostros. Al escribirlos parece que fueran convocados porque recuerdo nítidamente lo que decían. Hasta puedo escuchar el dejo de sus voces, sus rostros tristes, temerosos.
Son las cuatro de la tarde de este domingo veintidós de julio del 2007. El sol, un disco dorado en el acerado cielo ayacuchano, brilla y quema con intensidad. Cuántas veces Edith Lagos también habrá disfrutado de este mismo sol, me pregunto. Durante su juventud, durante el tiempo que estuvo recluida en el cras de Huamanga, los últimos meses de su vida. ¿Sufrió los mismos estragos que nosotros al escalar el Acuchimay? No, ella era una joven aguerrida, fuerte, nos dice nuestro guía. Le gustaba caminar. Estaba acostumbrada a las largas jornadas bajo la copiosa lluvia, bajo el inclemente sol.
–A tu mamá le hubiera gustado estar acá –me dice papá, después de tomar un buen trago de Inca Kola.
–Ah –digo en alta voz, cerca de su oreja izquierda.
El viejo está casi sordo. Comprende lo que significa ese ah. Claro que le hubiera gustado estar acá. Dos años atrás, a esta misma hora, el corazón de mamá dejaba de latir. Es un viernes que nunca olvido. Por eso estamos acá, en Ayacucho, tal como a ella le hubiera gustado.
–Está china para subir, tío Harol –dice Nacho.
Pago. En un segundo, los chicos ya están arriba. Cuidado que se caigan, les advierte su abuelo. Las niñas suben de la mano de su madre.
–Soy Spiderman –dice Diego.
–Yo soy Nacho Libre –dice Nacho–. ¿Y ustedes qué son? –les pregunta a las chicas.
Las mellizas se quedan calladas. No hablan español. Claudia traduce: Ximena dice que es Scarlett Johansson y Milena es Britney Spears. Britney Spears está pelona, dice Nacho. Tu sobrino es un pendejo, dice Claudia. Sí, lo sé, Nacho es bien vivo. Risas.
Desde aquí se tiene una amplia visión de la ciudad de Huamanga. Allá está la Plaza de Armas con su monumento ecuestre al Libertador Sucre. Más allá, la pista del aeropuerto. La antigua cárcel de Huamanga –donde Edith Lagos estuvo desde diciembre de 1980 hasta marzo de 1982– parece un caserón desde aquí. Allá está el Cementerio General donde descansan los restos de Edith Lagos o la compañera Lidia. Más allá, la Ciudad Universitaria de la San Cristóbal de Huamanga donde Abimael fue profesor de filosofía allá por la década de los sesenta. Ubicar cada una de las treinta y tres iglesias que hay desperdigadas en la ciudad puede ser una ardua tarea. Desde aquí, las personas que se desplazan por la ciudad parecen hormiguitas.
–Antes Ayacucho era chiquito –nos dice nuestro guía–. Con la guerra, todo el mundo se vino para acá.
Claro, la guerra dejó más de medio millón de desplazados. Los chicos siguen jugando despreocupadamente. A ellos no les afecta el sol, el cansancio, los recuerdos. Saben que aquí una vez hubo una guerra, vieron llorar a su abuela recordando a su madre degollada por los senderistas, pero, para ellos, esa guerra está en el mismo rubro de la guerra del Pacífico o algún conflicto con el Ecuador. Es historia.
–¿Recuerda esa reunión con Abimael Guzmán en este lugar en el cual estuvo presente Edith Lagos? –le pregunto a mi guía.
–Claro, maestro –me dice él–. Ahí se decidió el inicio de la guerra. Estaban Elena Iparraguire, Augusta la Torre, Óscar Ramírez Durand, Víctor Zavala Cataño, Mezzich, Artemio, todos los líderes históricos. Edith era una pasñacha nomás, pero era una de las más entusiasmadas con el proyecto revolucionario. Este lugar era pura tierra. Aquí hacían feria.
Uno también está a punto de pensar que aquí no hubo nada cuando camina por las calles de Huamanga y no se topa con patrullas del ejército fuertemente armados. Ya no están los tropacunas, los marinos, los cabitos, los temibles sinchis. Las fachadas de la ciudad están limpias de pintas subversivas, aunque las hay, pero estas están casi desdibujadas por las inclemencias del tiempo. Subiendo al Mirador vimos algunas de esas viejas pintas en las fachadas de las casitas. Ya no hay atentados dinamiteros, emboscadas, ajusticiamientos, juicios populares.
–¿Y cómo era Edith?
–Una chica bien brava. Decidida, no le tenía miedo a la muerte. Ella sí fue una auténtica guerrillera. El pueblo la quería. ¿Por qué cree usted que todo Huamanga se volcó a las calles el día de su entierro? Porque el pueblo la amaba. El pueblo quería la revolución, quería acabar con los mistis, con la miseria.
Pero hubo una guerra, cruenta, desigual, en que la mayoría de víctimas fueron inocentes campesinos que no supieron qué hacer al verse en medio de un fuego cruzado. Entre estas víctimas están mi abuela, varios tíos, primos y sobrinos.
Por eso quise venir acá en estas vacaciones escolares de medio año, para tratar de comprender esos veinte años de duelo que le duró a mamá el saber que su madre había sido asesinada por los senderistas. Llorar ante los restos de un muerto te libera de muchos pesares, pero llorarlo sin la certeza de saber dónde están perdidos sus huesos, te multiplica el dolor a niveles insospechados.
–Si el Partido no hubiera cometido la estupidez de matar indiscriminadamente a los campesinos, fijo que hoy Sendero estaría en el poder.
Probablemente, pienso.
***
La Realidad, agosto de 1981: La oscuridad se tragó el bello rostro de Emperatriz, sus labios carnosos y rojos, sus ojos grises de gata en celo. Justo me iba a dar un beso. ¡Mierda!, murmuró Viejo, quien, en el otro rincón, junto con sus hermanos, daban cuenta de Chana.
Las explosiones empezaron a sucederse uno tras otros, como en un rosario.
–¡Arooolchaaa!
–Tu vieja –dijo Pelusa.
–Me quito.
–¿Vuelves, huevón?
Iba a decir después, me esperan, pero los labios de Emperatriz sellaron los míos.
–¡Arooolchaaaaa!
Salté la pared de la casa abandonada de don Navarro, crucé la calle de tierra y cascajos y entré en mi casa. Bibi y Juancho lloraban, asustados.
–Fíate dos velas y un fósforo.
–Ya, mamá.
Camino a la tienda de don Ceferino, me crucé con sombras que iban de prisa llevando escaleras y costales. ¿Quiénes serían?
El Sambito me atendió por su ventana nomás. Aparte de las velas y el fósforo, me fié para mí un sol de galleta de agua.
Empezó otra tanda de explosiones en los cerros que rodeaban La Realidad. Me apresuré en volver a mi casa.
Más allá, cruzando el río, empezó un tiroteo.
Mamá calentó la comida y cenamos en silencio, de prisa.
Antes de meterme en mi cama, salí a orinar. Miré hacia el cerro: una antorcha empezaba a arder dibujando una hoz y un martillo.
***
Chincho, Huancavelica, noviembre de 1979: –La única manera de acabar con la pobreza en la que vivimos, es levantándonos en armas –dijo el Chullañahui–. Tenemos que acabar con los mistis, exterminar a los hacendados, a los policías, a los alcaldes, a los gobernadores. ¡A todas las autoridades! Por culpa de esa gente somos pobres. Si no los acabamos cuanto antes, siempre vamos a ser pobres.
Miré mis gastadas ojotas, al de la derecha se le había desprendido una tira. Tenía que conseguir un clavo para arreglarlo. Miré mis pies sucios de tierra, mis uñas negras y crecidas. Más allá, cruzando el río Cachi, estaba Huanta. Los techos de calamina reverberaban con los últimos rayos del sol.
–¿Levantarnos en armas, profesor?
Hasta Qasi no llegaba el rumor del río Cachi. Ese río lo había cruzado mi abuelo Ignacio Gastelú llevando un fantasma en sus espaldas hace muchos años atrás, cuando yo todavía no existía.
–Sí. Esa es la única manera de acabar con la pobreza en la cual vivimos –dijo el Chullañahui. Estaba serio, como siempre. Casi nunca sonreía–. ¿Qué harán cuando terminen el colegio, ah?
¿Qué haríamos? Era hijo de campesinos, mis abuelos habían sido campesinos. Conté los dedos de mis pies: uno, dos, tres, cuatro, cinco en la derecha. Igual en la izquierda. Mi abuelo tenía seis dedos en cada pie, por eso le decían el Sojta. Menos mal que yo había salido normal.
–Seguirán aquí, trabajando la tierra, sembrando, cosechando, esperando la lluvia, rezando que no haya sequía. Para acabar con eso tenemos que levantarnos en armas.
–¿Y cómo nos vamos a levantar en armas si no tenemos armas, profesor? –preguntó Piquicha.
–Armas hay en todas partes –dijo el Chullañahui, mirándonos con su único ojo. Era negro, parecía el fondo de una olla, la boca de una mina–. Arma es un palo, una piedra. Nuestras manos son armas.
Me miré las manos: eran enormes, fuertes. Tenía manos de hombre porque había trabajado en la chacra desde chiquito.
–Armas somos nosotros. Y nosotros somos miles –continuó el profesor. Su voz era un cuchillo filudo–. Un arma poderosa es nuestro odio milenario contra los mistis, nuestro odio ancestral hacia esos explotadores.
El cielo empezó a oscurecerse.
–Arma es nuestra vida. Y nosotros somos miles. Somos más que las estrellas. Somos más que toda la arena que hay en las orillas del río Cachi.
Edith, Piquicha, Carla, Antonio, el opa Inquicha, estaban atentos a lo que decía el Chullañahui.
–En Ayacucho hay un profesor que desde hace años viene preparando el terreno para acabar con los explotadores –dijo con voz grave, en un susurro, como si nos contara un secreto–. Se llama Abimael. Pronto lo conocerán.
***
La Realidad, marzo de 1984: Tocaron la puerta y fui a abrir. Yo estaba leyendo una vieja Caretas que mamá había traído de su trabajo. Mejor dicho, estaba viendo a la calata de la última página. Estaba a punto de corrérmela.
–Soy tu tío Anacleto Palomino –dijo el hombre–. ¿No te acuerdas de mí, Arol?
Claro que me acordaba. Cómo había llorado la última vez que estuvo aquí. Recordaba que había traído una maleta de carne seca de cabra, queso, cancha.
Lo hice pasar. Estaba acompañado de Eva. En la pista estaba Víctor. Fuimos con la carretilla a traer las cosas que había traído.
Esa noche, el tío Anacleto nos contó que los cumpas estaban en Jiljarajay. La guerra era total en Ayacucho. Todos los días las calles amanecían regadas de cadáveres. Los cumpas dinamitaban las dependencias públicas, atacaban las comisarías, a las patrullas del ejército y de la marina, arrasaban pueblos enteros cuando sus habitantes se negaban a plegarse a la lucha armada. Lo mismo hacía las fuerzas armadas. El tío dijo que los terrucos lo trataban como a un padre. ¿Si lo trataban como a un padre, por qué entonces había traído a sus hijos? Porque los terrucos estaban reclutando a los jóvenes para su llamado Ejército Guerrillero del Pueblo.
A fines de marzo, el tío regresó a Ayacucho llevando radios, ropas y otras cosas que le encargaron los terrucos. Eva y Víctor se quedaron con nosotros.
***
Jiljarajay, Ayacucho, octubre del 2000: Para llegar a Jiljarajay, hemos tenido que cruzar dos ríos de heladas aguas y caminar entre el monte tratando de no pisar las qiscasch, unas bolitas de espinas que si las pisas te hacen ver al diablo calato. Hay unas iguanas blancas que tienen una especie de cuchillo en los lomos. Nos miran con sus ojillos fríos. Mamá se cayó y raspó las rodillas. Hace veinte años estuvo aquí por última vez con papá, Flor y Doris. En este lugar pasó su niñez. De este lugar partió a Lima en busca de un futuro mejor a los veintiún años. En el grupo estamos la tía Susana, su esposo, Blanca, Mayumi, mamá, Nacho y yo. Mamá reconoce los lugares. Allí estaba la casa de doña Inés Soto, dice, señalando un espacio que ahora luce vacío, allá vivía don Teófilo Quispe. Ahora todo luce abandonado. En este lugar inhóspito los terrucos tuvieron su campamento en 1984. Buscamos la tumba del tío Anacleto. Está dentro de una casa, dice la tía Susana. Al tío Anacleto lo mataron los terrucos en noviembre de 1984, hace casi dieciséis años atrás. Lo mataron por traidor, porque viajaba mucho a Lima, porque se había llevado a sus hijos.
–Aquí está.
Dentro de lo que fue una casa de adobe, hay tres montículos de tierra. El del medio es más grande. Esa es la tumba del tío. A su costado están sus hijos, hijos que la tía Graciela envenenó al quedarse viuda.
Mamá y la tía Susana caen postradas y empiezan a sollozar mientras murmuran palabras en quechua que mi mente va traduciendo. Dijo que iba a venir el jueves. Le dije que se venga con todo. Graciela tiene la culpa de que lo hayan matado. Mamacha no quería ir a Huanta.
¿Cómo lo mataron? A traición. Lo sacaron de su casa diciéndole queremos hablar contigo, compañero. El tío se sentó en una piedra, y mientras hablaba, le metieron un balazo en la cara. El tiro no lo mató y lo ahorcaron. Los terrucos ordenaron que cavaran un hueco dentro de una casa y lo enterraran.
–La próxima vez hay que traerle flores y una cruz. Si se puede, hay que trasladarlo al cementerio de Chincho junto a papacha o a Huanta.
No habría próxima vez. Mamá moriría cinco años después.
No pudimos llegar a lo que fue la chacra de la abuela porque se hizo tarde y regresamos a Huanta.
***
La Realidad, agosto de 1981: –Regálame un balde de agua –me pidió Emperatriz.
Eran las seis de la mañana. El sol estaba saliendo por entre los cerros. Ella estaba con los ojos soñolientos y los cabellos desgreñados. ¿Se acordaría del beso de anoche? Estaba en piyama, un piyama celestito, debajo del cual, se notaba, no llevaba nada. Sus pezones, puntiagudos, parece que querían atravesar la delgada tela.
Caminamos calle abajo rumbo a la sequia.
–¿Mi Bobby no te siguió anoche, Harol?
–No. Cachorro también ha desaparecido.
–Se habrán ido a cachar al monte –dijo, riéndose.
Pasamos frente a la casa de la abuela Eusebia, de Ricra. Al llegar a la altura de la señora Arcaria, nos quedamos de una pieza: Bobby colgaba de un poste. “Así morirán los perros sarnosos que traicionan al pueblo. ¡Viva el PCP!”, habían escrito con un plumón rojo en un cartón que pendía del cuello del animal. En el otro poste estaba colgado Cachorro. Mi mamá se iba a morir de la pena. Las garrapatas caían al suelo del enorme animal.
–¿Quién le habrá hecho eso a mi pobre perrito? –preguntó Emperatriz entre lágrimas.
–Quién sería.
–Bájalo para enterrarlo.
–Ni lo toquen porque se van a meter en problemas –nos dijo el Burrito, que estaba bajando con su papá y sus hermanos. Eran picapedreros– ¿No saben leer?
Recién unos años después, cuando lo mataron en El Frontón, comprendí sus palabras.
***
México DF, setiembre del 2007: En esta fría tarde mexicana, me he puesto a escribir. Me he puesto a hacer memoria. En mi país hubo guerra. Una guerra que también afectó a mi familia, sobre todo a la familia de mi mamá. Muchos de sus protagonistas ya no están, pero guardo en la memoria sus palabras, sus rostros. Al escribirlos parece que fueran convocados porque recuerdo nítidamente lo que decían. Hasta puedo escuchar el dejo de sus voces, sus rostros tristes, temerosos.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Sábado
Escribí un par de horas en la mañana, estoy avanzando de prisa "Luz desnuda", una historia lésbica, después cociné y almorcé con Nacho, Nela y Diego, conversando, contándonos nuestras cosas, riéndonos con las ocurrencias de Nela, que ya tiene cuatro años y es una parlanchina. Después de la siesta vimos "Species", o algo por allí, luego me puse a trabajar en "Agonía", en la adaptación teatral de "Vértigo bajo la luna llena", una buena novela juvenil, y terminé el día con "Luz desnuda". Qué rápido se pasan los días, las semanas, los años, la vida. Mamá estaría contenta de vez grandes a sus nietos, a la nieta que no conoció, pero que la menciona siempre, y sabe que está en el cielo junto con su abuelo Juan.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Caos
Regresar del trabajo a casa es terrible por los trabajos que están haciendo en Huachipa. Hace tiempo leí un artículo de Luisa María del Río en Perú21 en que decía que el transporte también es parte del primer mundo y, tiene razón, mientras los gobernantes nos pintan el paraíso del primer mundo en la otra cuadra, la realidad es una pesadilla: las combis atestadas de pasajeros, la gente metiéndose entre la gente como no sé qué, los vehículos parados y varados durante interminables minutos. Si así se va al primer mundo, ya me imagino el futuro que nos espera.
Y en el cole me dan un libro de 150 hojas para adaptarla al teatro en el fin de semana, pienso ¿y qué hacen los especialistas de comunicación?, nada, son unos inútiles, se han pasado el año y los años con su cuento del plan lector y cumplir el programa y no son capaces de escribir una línea que no sea su programación. Y yo que no soy de la especialidad pago pato. Que no me jodan, está tan bonito la escritura, o reescritura de "Luz desnuda" y "Agonía" que, si me sobra tiempo, haré la adaptación, sino, que no me molesten, además, lo que se hace apurado nunca sale bien, por eso escribo con tiempo mis obras pensando en los concursos del otro año.
Hay ausencias que son presencias, presencias en las lecturas, en los recuerdos, en los proyectos. Hay silencios que dicen mucho más que todas las palabras que se dijeron.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Seis años
Han pasado seis años desde que me operaron del riñón. Yo todavía me acuerdo de ese día cuando sentía el aliento fétido de la muerte sobre mi nuca, de los amigos que me visitaron y de los que no en ese mes que estuve internado y convaleciente, de la preocupación de mis padres, del amor de mis sobrinos, de las indiferencia de los colegas de entonces.
Origami
A Diego su profesor, ese que sabe inglés pero no les quiere enseñar, ese que sabe computación pero no sabe manejar las laptops que les ha dado el gobierno, en fin, ese pobre diablo, les dijo vamos a hacer origami, para mañana me traen cuatro modelos. Y la puta que yo pago pato, me pasé como cinco horas tratando de armas cuatro putas figuras en papel, rompí no sé cuántas hojas, hasta terminé con dolor de cabeza. Menos mal que Diego ya termina la primaria y espero nunca más encontrarme con esa cagada de profesor que tiene, el sabelotodo que solo se mueve por dinero. Por eso el magisterio está como está.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)