EspaInfo.es

espainfo.es
estamos en

jueves, 8 de julio de 2010

Hoja 100

Hoy llegué a la página cien del primer manuscrito de "Animal nocturno", la novela que estoy escribiendo. Este manuscrito lo empecé el 28 de abril. Antes había escrito un par de capítulos, unas veinte hojas, en el cuaderno donde escribo todos mis textos pero algo me dijo que la historia tenía para más y empecé de nuevo en otro cuaderno con las hojas en blanco y mi intuición "femenina", jejeje, no me falló y la historia se fue escribiendo sola, era como si alguien me la dictara y las hojas se fueron llenando con mi fea y enorme letra escrita con tinta negra. En el trayecto cambié los puntos de vista del narrador, los lugares donde transcurren los hechos, cambié los nombres de algunos personajes. Diversos personajes fueron llenando, y van llenando esta historia, algunos son puro invento, otros existen en carne y hueso, a otros los he rescatado de mis recuerdos, a algunos, sobre todo a los buenos, les he cambiado el nombre, a los "malos", esos que son escoria de la humanidad, los he puesto con nombres y apellidos. Nomás que no me metan juicio si se sienten difamados, jaja, me tengo que reír nomás.
Son las primeras cien hojas y hay para cien más y otros cien más y un par de manuscritos que me tomará su tiempo pero al menos estoy tan contento con esta historia que me he vuelto disciplinado y escribo todas las mañanas, menos los jueves, sábados y domingos en que, o tengo que cocinar, o salgo temprano para ir a visitar a mis padres al cementerio y entonces escribo en las tardes y en las noches y no hay día en que haga mínimo una hoja. Mi record fue cuatro hojas la semana pasada, generalmente son dos o tres hojas al día. El cerebro también se agota y entonces salgo a dar unas vueltas por el jardín que fue de mi padre y me lo imagino regando sus plantas, sentado bajo la sombra de un molle tomando sol, con su espalda encorvada, y le cuento lo que he escrito y sin darme cuenta ya avancé un par de hojas más y regreso a escribir o ya sé lo que voy a escribir al día siguiente y me pongo a leer "Conversación en La Catedral", la monumental novela de un joven Vargas Llosa de la cual estoy aprendiendo mucho a la hora de escribir. Después leeré "La casa verde" y "La fiesta del Chivo". En realidad son relecturas para mejorar la escritura. Y también los libros de Alonso Cueto. Libros de los cuales uno aprende. Esas son mis únicas lecturas, por el momento, no leo más porque sería perder el tiempo, no aprendería nada, se me atrofiaría la imaginación como a muchos seudo escritores que tanto abundan por estos lares. Esto no quiere decir que no lea los textos digitales de un par de personas que conozco solo virtualmente y que escriben bien.
¿En qué iba? Creo que me salí del tema. Hablaba de mis primeras cien hojas y hoy para celebrarlo cociné rico, es jueves y me tocaba cocinar, y brindamos con gaseosa porque cien hojas es cien hojas, con menos empecé "Diario escolar", "Tú que miras el mar", "Para siempre", "La titiritera". Si lo tipeara ahora a dos espacios tendría doscientas hojas, a espacio y medio ciento cincuenta, pero para que empiece a tipearlo todavía falta mucho y quién sabe qué pueda pasar en los dos años que me llevará, es lo que me he proyectado, escribir esta historia. Si en medio año escribí "Diario escolar" y "Para siempre" y ganaron concursos, "Animal nocturno" mínimo se llevará el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos de paso, wao, Chávez me llega a las pelotas, pero hasta allí algún tipo con agallas habrá dado cuenta del tirano o se habrá muerto de cáncer a la próstata sino igual tendré que ir a Caracas a recoger mi premio y dar mi discurso. Creo que estoy imaginando de más, igualito me pasa con "Animal nocturno" en que imagino e imagino hasta el cansancio y en el trabajo voy pensando en las páginas que siguen y los capítulos van aumentando y el cuaderno se va llenando.
Ahora sí a dormir. Está haciendo frío de noche y es hora de meterme en mi camita.

miércoles, 7 de julio de 2010

Pecados infantiles

Este es un proyecto que pienso retomar en cualquier momento.
–Hola, chicos, ¿qué tal? Soy Luisa Flores, la profesora de guitarra.
Tenía una bonita sonrisa de labios sin pintar. Su voz era el canto de un pajarillo. Tendría veinte años, o un poquito más.
–Bien, miss –dijimos todos.
–Está buena –susurró Viejo a mi izquierda.
Miss Flores llevaba un jean celeste, ajustado, un polito anaranjado, un carmín del mismo color sujetando su rubia y ondeada cabellera. Lástima que no tenga mucha teta, murmuró mi amigo. Era alta y esbelta. Tenía un rostro lozano, albo, unos ojos grises como de gata. Tenía las cejas sin depilar.
–Conmigo van aprender a tocar la guitarra y cantar –dijo la miss.
–Y a cachar –susurró Viejo.
Con tu mamá aprenderemos eso, tuve ganas de decirle. Me dieron ganas de meterle una patada en los huevos.
–Primero conoceremos nuestra guitarra, chicos –ella sacó de su estuche una reluciente guitarra. Era mejor que la mía. La mía me había costado las propinas de un año.
–Aquí está la abuelita de esa guitarra –dijo la Bebe. Su guitarra era vieja, llena de calcomanías.
Hasta ahí todo bien. Yo ya sabía lo que era el mástil, las clavijas, los trastes. Sabía qué era la caja de resonancia. Sabía poner las cuerdas. Sabía afinar.
–¿Sabrá lo que es esto? –Viejo se toco los huevos.
–¿Te callas, mierda? No me dejas escuchar.
–¿Por qué te asas si no es tu jerma?
–Ahora una canción –miss Flores tomó asiento, puso la guitarra entre sus piernas y empezó a tocar y cantar La playa: No sé si ya me recuerdas / nos conocimos al tiempo / tú, el mar y el cielo / quien me trajo a ti...
–Se nota que está sufriendo –dijo la Bebe.
–Quiere pinga –dijo Viejo.
–Pinga quiere tu mamá, huevón.
–Cállate, conchatumadre.
–Déjense de huevadas –dijo la Bebe.
La miss terminó la canción y la aplaudimos.
–Nunca vamos a aprender a tocar así –dijo una chica de la primera fila.
–Todo es cuestión de práctica –dijo miss Flores–. Tenemos dos meses por delante. Ahora un poco de teoría para que aprendan a leer música.
Dejó su guitarra apoyada en la pared, agarró el plumón y empezó a dibujar en la pizarra acrílica líneas, bolitas, puntos. La primera línea se llama mi, el primer espacio fa. La segunda línea es sol. La negra vale un tiempo, la blanca dos, la redonda cuatro.
–¿Y usted?
–¿Te callas, mierda?
–Es que aburre. Debería de tocar de una vez.
–Atentos, chicos, porque después van a estar perdidos en el espacio.
Risas.
–Ahora vamos a aprender a afinar nuestra guitarra. Escuchen: la primera cuerda al aire es mi. Muevan la clavija hasta que suene igual que la mía.
Sonaron infinidad de cuerdas. Algunas parecían el graznido de cuervos. Menos mal que yo sabía afinar. Afiné la guitarra de la Bebe. Ella era dura de oído, igual que la Chata.
–Ahora vamos a aprender acordes. Un consejo: hay que cortarse las uñas de la mano izquierda para no picar los trastes y presionar las cuerdas bien –nos enseñó su mano izquierda: estaban bien recortadas–. Las uñas de la derecha sí tienen que estar un poco largas.
Empezamos a hacer acordes. Fácil. La que pataleaba era la Bebe. En el grupo, ella tocaba la pandereta. Pon este dedo aquí, este acá. Duelen los dedos. Yo recordaba las ampollas y los callos que me salieron cuando empecé a tocar. Tocaba a escondidas al principio. A mi papá no le gustaba que agarraran su guitarra.
Las dos horas de clase pasaron rapidito.
–Para mañana practican estos tres acordes para hacer canciones –dijo miss Flores.
–¿Por qué no practicamos poses, mejor?
Con Viejo no se podía. Su obsesión era el sexo. Entraba a internet solo a ver porno.
Abandonamos el salón en estampida. En el patio nos reunimos con Chato, la Chata y mi hermana Alexandra, que se fue volando porque tenía clase de flauta dulce. La hermana de Viejo estaba en cerámica al frío. Recorrimos los pasillos del Centro Cultural. En el salón de flauta, estaba miss Flores.
–Qué bien toca la flauta –dijo Viejo. Me pude imaginar lo que estaba pensando.
–Si sigues así, nunca vas a aprender a tocar la guitarra.
–Con tocarle las tetas, me conformo.
–No seas cochino, hay mujeres –dijo la Bebe.
–¿Mujeres? ¿Dónde? Yo solo veo un palo con pelos y una pulga amaestrada.
–Huevón.
–Me la has visto.
–No veo huevadas.
Fuimos al quiosco y compramos una Inca Kola helada entre todos. El calor nos sancochaba el cerebro. Después, en el jardín, les repetí las lecciones. Mejor nos hubiéramos apuntado en cerámica al frío, o en pintura, como el Chato.
A la una se nos reunieron los demás. Primera clase y Alexandra ya sabía un par de canciones con la flauta dulce. Claro que El reloj y Pimpón son para mongos. Los chatos habían hecho unos gatitos de cerámica.
Mamá nos mandó a practicar al techo porque la abuela estaba con dolor de cabeza.
A los tres nos fuimos al río. Mi hermana llevó su flauta. El río estaba cargado. La Bebe se bañó en ropa interior. De las tres chicas, era la más desarrollada, tenía buenas tetas y buen culo. Ella se afeitaba abajo. A la Chata y a mi hermana se les escapaban los pendejos por los costados de los calzones.
–¿Se la has dado por el culo? –preguntó Viejo.
–Lo único que hacemos es meternos al colchón en tu cara. Me contó que el otro día se la quisiste empujar todo. Así no vale.
–Carajo, tengo que aprovechar, ¿no? Ya que tú no haces nada.
–Si vamos a hablar de jermas, mejor está la tía de guitarra –dijo Chato.
Me reí.
–¿Ustedes creen que nos va a dar bola? No sean huevones.
–¿Un pajazo en su nombre?
–Guarda leche para la noche porque esta vez se la doy con todo a tu hermana, Viejo.
–Ahí sí te la meto por el tubo por pendejo.
–Tú sí cuidas a tu hermanita, cabrón.
–Sin saber que a ella ya le pica la chuchita. El otro día me la quiso chupar.
–No hables huevadas, Chato, o te ahogo.
–¿Están rajando de nosotras, creo? –preguntó la Bebe, sentándose al lado nuestro. Debajo del calzón tenía una hendidura.
–Mira cómo estoy por ti, Bebita –le dijo Viejo, sopesándose los huevos.
–Fuera, cochino.
–Rica el agua –dijo la Chata.
Era chiquita, pero bien formada. Tenía mejores tetas que la Bebe, hay que reconocerlo. Era bien peluda.
–¿Por qué no hacen un concurso de pajas, chicos? –propuso ella.
–¿Por qué no se meten la flauta de Alexandra, ah?
–Muy chica para mí –dijo la Bebe.
–No se metan con mi flauta porque es personal –dijo mi hermana.
–¿Es para ti nomás?
Mi hermana se puso colorada. Me miró como diciéndome por qué no le sacas la mierda a ese baboso.
–Mejor guardamos energías para la noche. Vamos a nadar un poco más.
En la noche, después de cenar, nos encontramos en la Casona. Viejo llevó trago, Chato, unos cigarrillos que le había robado a su papá.
No había fluido, nos alumbrábamos con la luz de la calle que se colaba por las ventanas rotas.
Empezamos a jugar a la botella borracha.
–Tín y la Bebe al colchón –mandó Viejo.
–¿No puedes mandarme con tu hermana?
–¿Al colchón o al sótano?
En el sótano penaban.
–Vamos, amor –la Bebe me jaló de la mano.
Lo que más roche daba del colchón era quitarse la ropa delante de todo el mundo. Siempre que íbamos a la Casona, yo me ponía mi mejor calzoncillo.
La Bebe se quitó la faldita y el polito. Quedó en ropa interior. Ahora tenía un calzón negro. Me imaginé que ella era miss Flores. Traté de pensar en otra cosa para que no se me parara. Me palteaba que mi hermana me viera con la pinga al palo delante de todo el mundo.
Se quitó el sostén. Allí estaban sus tetas, medianas, puntiagudas. Se me estaba empezando a parar. Pensé en el perro muerto lleno de gusanos que habíamos visto en el río.
–¡El calzón!, ¡el calzón! –pidieron los demás.
–Quítate el calzoncillo, Tín.
Busqué el rincón donde la luz de la calle no llegaba. Me lo quité.
Risas.
–Con eso no vas a sentir nada, Bebe.
–Es un manicito.
–Tu hermano es un impedido físico, Al.
–Cuando se pare, te vas a asustar, Viejo.
–¡El calzón!, ¡el calzón!
–Paciencia, huevones. Música, maestro.
Mi hermana tocó El reloj. Tic tac, la Bebe movía las caderas, tic tac, tic tac, se quedó quietecita y se quitó el calzoncito. Los chicos le estarían viendo el culo.
Se sentó sobre mi pinga, aplastándola.
–Ay –dijo–, qué grande la tienes.
–Mentirosa.
–En serio, parece una anaconda. ¿No quieres probar tú, Viejo?
Viejo no dijo nada.
–¡Las tetas!, ¡las tetas!
Hice lo que me pedían. Los pezones de la Bebe se endurecieron en mi boca. Mi sexo también se puso dura. La abracé por la cintura. Me imaginé que era miss Flores a la que estaba abrazando, chupando las tetas.
Ella se echó, levantó las piernas y las puso sobre mis hombros. Sobé mi sexo en el suyo. El cuarto olía a sexo.
–¡Cache!, ¡cache!
Seguí sobándome hasta que terminé sobre su pubis pelado.
Casi a medianoche regresamos a nuestras casas.
Todos estaban durmiendo. Fuimos a la cocina, de puntillas, cogimos un par de manzanas y nos metimos a nuestro cuarto.
–No me gustó lo que hiciste con la Muñeca –me reclamó Alexandra. Estaba seria.
–Solo era un juego.
–Pero no lo vuelvas a hacer.
–¿Y qué hago si me mandan?
–No sé…
Me besó. Su boca olía a manzana. Me eché sobre ella. Le besé la cara, el frágil cuello, las orejas. Bajé hacia su pecho, le quité los botones de la blusa, le solté el sostén y le besé las tetas. Tenía los pezones duros. Seguí besándola, bajando por su piel. Me detuve en su ombligo. Metí y saqué mi lengua. Seguí bajando. Ella gemía, me acariciaba los cabellos. Le bajé el buzo, el calzoncito. Allí estaban sus vellos, oscuros, rizados. El olor de su sexo penetró por mis fosas nasales, llenó mis pulmones. Era un olor que yo ya conocía. Aparté la mata de pelos y hundí mi rostro en esa hendidura roja, reluciente, de labios oscuros. Se lo besé, chupé, succioné. Ella gemía. Yo me imaginaba que era a miss Flores a quien le estaba haciendo eso, que era miss Flores la que gemía, la que se abría de piernas para dejarme entar en ella.

***

Fui uno de los primeros en llegar a la clase de guitarra. Allí ya estaba miss Flores.
–Holas, Agustín, ¿no? –me dijo con una sonrisa de dientes blancos y parejos, haciendo una pausa a lo que estaba tocando.
–Sí. Buenos días, miss.
Estaba bonita. Era bonita. Tenía los cabellos todavía húmedos, lisos. Llevaba un body blanco de lycra, adentro un sostén negro. Tenía jean negro y zapatillas.
–Eres uno de los pocos que ya saben tocar. ¿Dónde aprendiste?
–En mi casa. Con la guitarra de mi papá. Me compré un manual y practiqué acordes, canciones.
–Qué bien. Te felicito, Agustín. ¿Qué canciones te gustan?
–Las baladas.
–Vaya, a mí también. Entonces nos llevaremos bien –sonrió–. ¿Alexandra es tu hermana?
–Sí.
–Lo supuse. Ustedes tienen oído para la música.
Me puse colorado.
–¿Por qué no te matriculaste en el curso de avanzados?
–Para aprender la teoría.
–¿Lees música?
–Un poquito, miss.
El salón se fue llenando poco a poco.
–Después conversamos.
Nos dio copias de canciones según nuestros gustos musicales. A mí me tocó Fuiste mía en verano. Fácil: mi mayor, la menor y re menos. A la Muñeca le tocó Por qué de Floricienta. A Viejo Yesterday.
–Creo que estoy embarazada –me soltó la Muñeca en lo mejor del ensayo.
La miré: era horrible con toda esa tonelada de maquillaje en la cara, con las pestañas postizas, con los labios pintados de rojo oscuro. Parecía una payaso en decadencia.
–¿Qué?
–No me ha venido mi regla. Hoy me tocaba.
Yo no sabía si la regla venía con el nuevo día.
–No te la metí.
–Pero te vaciaste cerquita de mi chucha. Algún espermatozoide se habrá metido.
Estaba seria. Ese rostro parecía una pared pintada por un borracho.
–¿Cómo se llamará nuestro bebé?
–Después hablamos. Déjame practicar.
Miss Flores pasaba viendo si nos salían los acordes, corrigiendo las posiciones de los dedos, pidiendo a algunos que se cortaran las uñas de la mano izquierda.
Ser papá. La Muñeca estaba embarazada. La Muñeca estaba loca, más loca que su mamá.
–¿Puedes salir adelante a tocar, Agustín?
Salí, toqué y canté: …cada chica que pase / con un libro en la mano, / me traerá tu nombre como en aquel verano…
–Aplausos para Agustín.
Yo estaba colorado.
Al terminar la clase, miss Flores me dio otras canciones.
–Para que practiques –me dijo.
–Gracias, profesora.
–De nada.
–Sospechoso que la miss ande detrás de ti –dijo Viejo.
–No jodas, Viejo.
–¿Por qué estás asado, Tín?
–La Muñeca está en bola.
Viejo se mató de la risa.
–¿Te dijo que estaba embarazada?
–Mmm.
–¿Te la has tirado?
–En el colchón nomás.
–¿Alguna vez se la has metido hasta el fondo?
–Si no se la has metido, ¿cómo va a estar en bola? Lo que pasa que esa tarada cree que es la virgen María.
–Shit. Ahí viene.
–Tú síguele la corriente nomás para ver hasta dónde llega.
–Hola, chicos.
–Hola, Muñeca.
–¿Y los demás?
–En clase.
–¿Sabes que voy a ser mamá, Viejo?
–Vaya, recién entero. ¿Y quién es el papá?
–Ahí lo tienes –Muñeca me señaló.
–Felicitaciones, Agustín –dijo Viejo, abrazándome–. Ya era hora de que sentaras cabeza, muchacho.
Tuve ganas de matarlo.
–¿Y cuándo es la boda, ah?
–¿Cuándo nos casamos, amor?
–Nunca.
–¿Qué? ¿Quieres que se me salga el bebito acaso?
–Es una broma, amor.
–Más te vale –dijo la Muñeca.
Viejo se aguantaba las ganas de matarse de la risa.
Fuimos a sentarnos al pasto. La Muñeca se sentó frente a mí, con las piernas abiertas. Mis ojos siguieron el recorrido de sus muslos, se perdieron dentro de su faldita. Allí estaba su calzón, blanco, con unas manchitas rojas. Estaba abultado.
–¿Vamos al río en la tarde?
–No –dijo la Muñeca–. Tengo que acompañar a mi mamá al Jockey.
–¿En la noche vas a la Casona?
–Sí. De todas maneras.
Regresamos a nuestras casas en grupo.
En casa, mamá estaba molesta. Había discutido con papá. Parece que el viejo estaba trampeando con una de su trabajo.
No fuimos al río. Nos bañamos en la casa nomás. El resto de la tarde, la pasamos ensayando en el gallinero. Alexandra ya sabía tres canciones.
En la noche fuimos a la Casona. Cuando pasamos por la casa de la Muñeca, su hermanita nos dijo que todavía no regresaba.
Todos andábamos aburridos. Estuvimos un rato allí, y luego nos regresamos.

martes, 6 de julio de 2010

El tiempo es olvido


Ayer nos llevaron al mismo lugar como hace un año. Comimos lo mismo, bebimos vino y cerveza, bailamos casi las mismas canciones. Solo no estuviste tú y nadie te recordó, nadie te mencionó, ni siquiera los que decían ser tus amigos, aquellos que compartieron contigo una sonrisa, un chiste, un brindis. Fue como si nunca hubieras existido. Yo recordé, para mí mismo, tus palabras, tu sonrisa, las bromas que te hacía, cuando pedí silencio y anuncié nuestra boda y tú solo te limitaste a sonreír. ¿También te habrás acordado de mí estés donde estés? ¿O también para ti el tiempo es olvido?

Alberto Fuguet: "Mala honda"


Novela que releo después de muchos años. Matías Vicuña, un adolescente chileno, cuanta su vida en los días previos a la consulta por el SI que pondría fin al gobierno de Pinochet. A través de sus ojos vemos cómo es el Chile de los ochenta, cómo la burguesía se da la gran vida y los de abajo también lo aceptan porque parece que los políticos no les dan otra opción. Allí está retratada la juventud chilena con sus vicios y miserias, renegando de ser chileno y deseando mudarse a New York o Río. Una novela que tiene una marcada influencia de "El guardián entre el centeno" de Salinger, cuyo personaje es homenajeado por Matías quien en las páginas finales se alucina Holden Caulfild. También hay influencias de "La ciudad y los perros" de Mario Vargas Llosa.

Tuve la suerte de descubrir los primeros libros de Fuguet y llevarlos a La Cantuta ese 1997 y conocer personalmente al autor chileno en la Feria del Libro de ese año, incluso le hice un par de preguntas que hasta ahora recuerdo.

Fuguet ha incursionado en el cine, con mala fortuna por estos lares, en la novela gráfica. Como dije hace unos trece años, hay que leer a Fuguet para entender a la juventud de hoy. El que no ha leído "Mala honda" ni "Sobredosis" mejor que no se ponga a escribir novelas juveniles porque lo único que escribirán serán cosas artificiales, nos pintarán al mundo juvenil con trazos falsos.

domingo, 4 de julio de 2010

Premio Horacio

Si la memoria no me falla, hace seis años gané por primera vez el Premio Horacio de la Derrama Magisterial, el máximo galardón que se le da a un maestro en el Perú. En ese entonces solo se le entregaba a los maestros nombrados, hoy se le da también a los contratados. Yo lo obtuve en mi segundo año como nombrado. Aún recuerdo la sonrisa de felicidad y sus lágrimas cuando papá le leyó la noticia que había salido en un par de diarios. Mamá no sabía leer ni escribir, había crecido en el campo pero era la mujer que más me alentaba, era la única que sabía que yo escribía. Siempre que llevaba mis obras a los concursos solo a ella se lo contaba y ella me deseaba suerte. Al año siguiente obtuve una mención de honor en novela y tres años después otra mención de honor en mitos y leyendas y hasta ahora el Horacio me es esquivo en novela, y eso que después he ganado otros concursos en novela, hasta en España y en el de la Católica. Pero el Horacio será siempre un premio que yo llevaré en el corazón porque lo pude disfrutar en familia, así como el de la Feria del Libro de Trujillo y el de la Católica, aunque ya no con mamá porque ella murió un año después de ese premio. Luego contaré más sobre los premios que obtuve, algunas de las cuales prefiero no haberlas ganado, pero así es el mundo de las letras. En la novela que estoy escribiendo, que es más autobiográfica que invención, el personaje, que soy yo mismo, y que aparte de asesino también escribe, hace un recuento de todos los premios literarios que ha obtenido, que son doce o trece, creo. La próxima tiene que ser el Planeta a algo similar.

sábado, 3 de julio de 2010

viernes, 2 de julio de 2010

Animal nocturno

Una chica que recibe anónimos de otra chica, un hombre que trata de enamorarse de su colega, un psicópata que cobra su segunda víctima, una chica que tiene encuentros clandestinos con su jefe, un editor que estafa a incautos escritores, una chica que le pide a su profesor la lleve con él los fines de semana porque se siente sola en el internado, una mujer que desciende a los infiernos de las noches de Lima. "Animal nocturno" se va expandiendo como una mancha de petróleo sobre el mar azul para convertirse en una novela totalizadora que explora todos los ámbitos de la sociedad, de la familia. Hoy escribí cuatro hojas mientras Brasil perdía ante Holanda. Hasta ahora mi record eran tres hojas porque no es fácil ponerme a recordar, a hacer memoria sin terminar con el cerebro que pide descanso y hasta a veces con llanto porque vuelve todo ese infierno que fue la vida en familia y que, a pesar de las reconciliaciones, tardías siempre, cuando ya no sirven para casi nada, está allí como una herida abierta que nunca cicatrizará. En el proceso de escritura voy cambiando las voces que cuentan, los nombres, hasta los lugares que, de haber sido inventados en un principio, pasan a ser lugares que existen. Y las personas también existen, están allí con nombres y apellidos, están allí con las cosas, buenas y malas, que compartieron con el que escribe la historia. Voy recobrando esas vivencias de hace muchísimos años atrás. Hoy llegué a la mitad del cuaderno -A4, cuadriculado con unas chicas bonitas en la carátula- donde estoy escribiendo a mano esta historia, he tardado dos meses y días en hacerlo. Espero terminar dentro de dos meses la otra mitad del cuaderno y tener la primera versión casi lista y empezar enseguida la segunda versión y después otra y otra hasta que quede perfecta y mandarla entonces al Premio Herralde, al Seix Barral, al Nadal, al Planeta, al Alfaguara, qué sé yo y veremos en cuál la chunto. Pero eso será dentro de dos años mínimo, o quizá más. ¿Y si me muero en el camino? Wao, sería triste, mucha gente se alegraría, pero ya sabemos que la hierba mala nunca muere. Y yo soy como Harold, el protagonista de "Animal nocturno".

jueves, 1 de julio de 2010

miércoles, 30 de junio de 2010

Último

Y para completar las 30 entradas de este mes, en que, a pesar de ser invierno hace solcito y puedo dormir a pierna suelta mi siestita -que a veces dura un par de horas-, una buena noticia. ¿Cuál? Les escribo luego porque llegó la hora de dormir jejeje.

Fin de mes

Se acaba junio, un mes productivo en cuanto a la escritura: escribí 53 hojas del primer manuscrito de "Animal nocturno" contra las 27 hojas de mayo. O sea un poco más de una hoja diaria. Poco a poco voy agarrando la costumbre de escribir todas las mañanas. Ojalá que siga así y en un par de años termino este proyecto y lo presentaré a los concursos que hay en España para ver qué pasa. Si no pasa nada, a seguirlo corrigiendo hasta que quede perfecta.
Voy a ser jurado de los Juegos Florales Escolares a nivel de toda la Ugel 06, o sea mínimo competirán 150 colegios o más. Es una actividad que dura toda una semana con música, danza, teatro, canto, declamación, poesía, cuento, un montón de actividades artísticas más donde, por supuesto, participarán mis alumnos y ojalá que ganemos algo como el año pasado en que ganamos en cuento, poesía, artesanía y nada más porque la competencia es fuerte, los colegios se preparan durante un año para estas justas artísticas. Que gane el mejor.