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sábado, 28 de febrero de 2009

Cumpleaños de la vieja

Hoy mamá hubiera cumplido 73 años, pero ya son cuatro los cumpleaños que no está con nosotros. Temprano fui al cementerio y le cambié sus flores, le canté Las mañanitas y Ayrampito, y recordé las cosas que vivimos, ese viaje a Chincho durante casi todo el día cruzando cerros y abismos.
En su último cumpleaños se fue a pasear con el viejo y los chicos a Matucana, le gustaba ese lugar porque le recordaba a su pueblo. Yo no fui, justo ese lunes tenía que ver si me cambiaba de trabajo o no. Estuve todo el día en ese afán, y todo por gusto. Nadie me devolverá ese día, pero hubo otros paseos a esos lugares que también disfrutamos.

Solo me queda recordar, añorar, y resignarme porque un día yo también moriré y, lo que es peor, a mí nadie me recordará, nadie me llevará una miserable flor a mi tumba. Triste destino el mío, pero ¿qué puedo hacer?

viernes, 27 de febrero de 2009

La barba

Fui a cortarme el cabello para estar presentable el lunes. Vuelvo al trabajo después de unas vacaciones de dos meses que pasaron rapidito.
-Con esa barba te ves más viejo -me dijo Andrea, mientras me pasaba la máquina por la cabeza.
Hace dos meses, o más, que no me afeitaba. Estaba como el Che Guevara.
-¿Te paso la máquina?
-Mmm. Los alumnos me van a faltar el respeto -le dije.
Con el pelo corto y la barba tengo una cara de malo que da miedo, jeje.
-Si quieres que te acepte la invitación, déjame afeitarte -me dijo. Yo la había invitado a salir. Andrea tiene diecinueve años, yo el doble.
-Un poco nomás -le dije.
-Bueno.
Me pasó la máquina por la barba y se fue hasta el bigote.
-Perdón -dijo-. Pero te ves mucho más joven.
Andrea tenía razón.

El cumpleaños de mamá (la víspera)


Mamá hubiese cumplido mañana 73
años, pero solo vivió hasta los sesenta y nueve. Un día, hace casi cuatro años, su corazón se detuvo y se marchó para siempre. Era una mujer fuerte, valiente, trabajadora. Eso aprendí de ella: trabajar, que cada sol que me llevaba al bolsillo lo hubiera ganado con el sudor de mi frente, no extendiendo la mano para que alguien me lo dé, esas sí son puterías. Mamá estuvo con mi padre, hasta que la muerte los separó, en las buenas y en las malas, no era de esas mujeres que cuando el marido anda con los bolsillos vacíos, de patitas lo pone en la calle. Estuvieron juntos cuarenta y seis años, andando de aquí para allá como gitanos por la cabeza loca de mi padre, que un par de mis hermanos heredaron. Y a pesar que no sabía leer ni escribir, fue una mujer inteligente, sabia, a quien la vida le enseño a sortear tantas dificultades que se le presentaron. En sus tiempos las niñas del campo no iban a la escuela, ¿para qué si para cocinar o cortar leña o ayudar en la chacra no se necesitaba ni leer ni escribir?

Estoy seguro que si no fuese por ella, habría terminado yo de albañil o jardinero como tantos de mis amigos, o me habría muerto en Multitemp. Tengo amigos cuyos padres tenían mejor profesión que los míos pero que a las finales se han quedado en nada. Mi madre quería que yo sea profesional, que tenga un trabajo digno. Cuando terminé la universidad, me dijo saca tu título, hijo, para que no estés sufriendo como tu hermano, y lo saqué. Después me dijo nómbrate, hijo, y me nombré. Siempre traté de no darle dolores de cabeza, de no amontonarle mis problemas como lo hicieron mi hermano y mis hermanas, siempre traté de ser un hijo modelo. Y en mi conciencia sé que le di algunas satisfacciones: sacar mi título, nombrarme, y ganar el Premio Horacio, el galardón más importante en el Magisterio para los maestros creadores. Mamá añoraba Huanta, murió deseando el ansiado retorno que por muchos años no se dio por culpa de la guerra, y las pocas veces que lo hicimos después, lo disfrutamos. Siempre la recordaré esperándome con la cena caliente, despertándose tempranito para prepararme el desayuno, diciéndome acuéstate las pocas veces que llegaba borracho, recriminándome cuando estaba con alguna chica. La vieja era celosa en exceso, así que todas mis pendejadas las hacía a espaldas suyas, pero, aun así, a veces, por obra y gracia de mis hermanitas, se llegaba a enterar. No soy un santo, nunca lo he sido, nunca lo seré, pero traté de ser un buen hijo. Esté donde esté, en el Cielo, si es que existe, ojalá que haya encontrado la paz que aquí no le pudimos dar. Y que esté tranquila porque Nacho y Diego serán hombres de bien. Ya están grandes. Nacho pasa a segundo de secundaria y Diego a quinto grado. La Chola cumplirá seis años dentro de un mes, y la Nela, a quien no llegó a conocer, se va por los tres años. A la vieja le gustaba que le toquen Las Mañanitas para su cumpleaños. Mañana su Racu Bullis irá al cementerio y se lo cantará bajito como a ella le hubiese gustado. Allá arriba debe estar con Pedro Infante preparándose para la serenata de mañana con el Mariachi Vargas de Tecalitlan. También le gustaban las canciones de Flor Pucarina.
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Flor Pucarina canta Ayrampito
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Acá nuestro querido Pedro Infante canta Las Mañanitas
http://www.youtube.com/watch?v=YVgRSHJkdMg

jueves, 26 de febrero de 2009

Trabajo

Haces años conseguí la estabilidad en mi trabajo. No fue fácil. Saqué mi título y no conseguía nada. Hasta tuve que buscar en provincia. Recuerdo que por estas fechas fui a Yauyus con Miguelito. Llegamos una madrugada helada. Todo por gusto. No había plaza para mí. Tuvimos que venirnos. Había llovido y caído huayco interrumpiendo el paso de los buses. Fuimos a pata hasta el pueblo más cercano. Con mi madre fuimos a mi pueblo, también por gusto. En provincia es más difícil hallar empleo. Menos mal que ese año convocaron concurso de nombramiento. Tengo que nombrarme, me prometí. Tres años de padecimientos ya era suficientes. Eso año no tuve Navidad ni Año Nuevo ni verano. Me la pasé encerrado en mi cuarto, estudiando hasta el hartazgo, hasta quedarme sin manos de tantos apuntes y gastarme los ojos de tanto leer. Las dos últimas semanas antes del examen me la pasé en la Biblioteca Nacional. En esa época no había internet, o lo había pero yo ignoraba todo lo que era computación, además, ni computadora tenía. El examen fue sumamente difícil, tan difícil que a último momento me la jugué el todo por el todo y contesté al descarte. Pero, aprobé.
Todo esto viene a colación porque hace un año hubo un examen de nombramiento después de muchos años y hace un par de semanas un examen para contrato y tengo amigos que no han pasado ni lo uno ni lo otro por la simple razón de que no estudian con ganas. Yo tuve que irme a otro distrito para poder nombrarme, pero los amigos estos están que quieren que les pongan el trabajo en la puerta de sus casas. En fin, seguirán esperando hasta que se le haga el milagro.

Las tetas de Luciana Salazar


–¿Qué quieres por tus quince?
La respuesta de Jimena fue certera como una bala en mi nuca.
–Unas tetas.
Casi se me cae el tenedor. Esta niña se ha vuelto loca, pensé. ¿Acaso quería ser vedette o postular al cada vez más cuestionado Miss Perú?
–Voy a cumplir quince, y no tengo casi nada –se sopesó los senos. Tenía razón, eran como los de una de diez años–. Diana Carolina es de mi edad y tiene unas tetotas –hizo con las manos la medida imaginaria de los pechos de su amiga. Esa Diana Carolina debe tener mejores ubres que los de la Pamela Anderson y la Sabrina juntas–, igual Doris Stefany.
Jimena había salido a su madre: delanteras muy reducidas.
–¿Senos dices?
–Sí, papi. Soy la única de mi salón que todavía usa formadores –dijo–. ¿Quieres ver?
–Oh, no, hija, no.
Me puse colorado. Todo el mundo nos estaría mirando, escuchando. Esos son los peligros de reunirse con una hija adolescente en un lugar público.
Era nuestro encuentro de las tardes. Desde que mi ex mujer había empezado una nueva relación, mi hija solía pasar las tardes conmigo. La recogía del colegio, almorzábamos en la calle, ninguno de los dos sabía cocinar, la ayudaba con sus tareas, y ya bien nochecita, a veces después de ir a ver una película o a cenar, la llevaba donde su madre. Jimena había aprendido a confiar en mí, a no verme como el malo de esa película que había sido mi relación con Mily.
–¿Podrá ser, papá?
Hay chicas que te piden una fiesta con mariachis, otras te piden permiso para tener enamorado, otras quieren un viaje al Caribe. Mi hija me estaba pidiendo unas tetas.
–Cuando seas mamá y des de lactar, te van a crecer los pechos, hija –intenté una solución natural.
–Hasta que sea mamá, me voy a morir, papi. Además, no me pienso casar –me miró. Me sentí culpable de no haberle dado un hogar, de haber fracasado en mi matrimonio–. ¿Podrá ser, papi?
Jimena no había comido nada. Ya me imaginaba el drama que estaba viviendo. A mí también se me había ido el apetito. Tomé un poco de vino.
–¿Estás segura de lo que me estás pidiendo, hija?
–Sí, papá. Siempre he querido tener unos senos como los de mis amigas.
–Esa Diana Carolina creo que es muy tetona. Poco más y le gana a la Luciana Salazar.
–No te asustes, papi, que no te estoy pidiendo unas tetas como los de la Luciana Salazar –dijo, con una sonrisa, ¿al ver mi cara de espanto?–. Quiero tener unos senos como los tiene cualquier chica de mi edad, no los de una vaca lechera.
Risas.
–¿Y qué dice tu madre?
Tenía la remota esperanza que Mily se hubiese opuesto a la petición de nuestra hija.
–Me ha dicho que te pregunte a ti. Si tú estás de acuerdo, ella no se opone.
Debía esperar esa respuesta. Dile a tu papá que elija el colegio, dile a tu papá que te lleve a Disney, dile a tu papá que te suba la mensualidad. Típico de Mily.
–Si ella está de acuerdo, yo no tengo por qué oponerme, hija.
–¿En serio, papi? –me miró con ojos incrédulos.
–¿Es lo que quieres, no? Tómalo como un regalo por tus quince.
–Te quiero, papi.
Se puso de pie, estaba casi de mi tamaño, y me llenó de besos.
–Brindemos por eso –alcé mi copa.
Brindamos. Personalmente creo que los que nos hemos divorciado vemos con más claridad la felicidad de nuestros hijos. Y Jimena destilaba felicidad por todos los poros. Empezó a comer con ganas. A mí también me había vuelto el apetito.
–No vas a gastar mucho –me dijo, y empezó a hablarme de los costos, de los lugares donde podía operarse, qué doctores eran los más recomendables, cuántos días tenía que descansar–. Si me opero la semana que viene, puedo estrenar mis senos en la fiesta de mis quince. ¿Me traerás mariachis?
La imaginé con un vestido blanco, escotado, luciendo unos senos mejores que los de la Luciana Salazar.
–Sí. De todas maneras.
–Gracias, papi, eres un amor.








miércoles, 25 de febrero de 2009

El regreso de Blas Alva


*Esta es una historia que solía contarnos siempre mi padre.

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Todo Chincho acompañó los restos de Blas Alva, el alcalde. El padre José habló de un hombre probo, justo, magnánimo, solidario con los más necesitados. Su mujer dijo que era un esposo cariñoso, responsable, un padre ejemplar. Sus partidarios hablaron de un gran político, de esos que ya no se ven ahora: honesto, honrado, desprendido.
Todos vimos cuando el cajón fue bajado al profundo hoyo, cuando lampada a lampada fue cubierto por la tierra. Del polvo fuimos tomados, y al polvo volvemos, dijo el padre José.
Tres días después una noticia recorrió el pueblo como reguero de pólvora: Blas Alva había salido de su tumba.
Los curiosos corrimos hacia el cementerio. Era un día frío, nublado.
En la tumba había un hueco del tamaño de un cuerpo. Del hueco brotaba un hedor insoportable. La nube de moscones no ocultaba esas huellas como de garras que habían quedado grabadas en la tierra. Esas son las huellas de las manos del difunto, miren cómo le han crecido las uñas, largas como las del diablo.
–Blas Alva se ha condenado –decía la gente.
–¿Pero por qué si era un buen hombre?
La respuesta la supimos meses después cuando un arriero llegó a Chincho preguntando por la familia del difunto.
Contó que estando en la selva, sin querer, llegó al lugar donde están los condenados. Están atados a los árboles con gruesas cadenas. Parecen fieras, botan candela por los ojos y la boca. Si algún cristiano llega por casualidad, le hacen encargos para los que los conocieron. Confiesan sus delitos para reparar el daño que han causado en vida, para ver si pueden salvar sus almas del fuego eterno.
Uno de ellos se presentó como Blas Alva, alcalde de Chincho. Confesó que se había condenado por ladrón. Le había robado a su pueblo, por eso Dios lo había castigado.
–Debajo de su cama hay enterrado un baúl con todo lo robado –dijo el arriero–. Hay que repartirlo entre todos para ver si así se salva.
Fuimos a la casa del difunto. Tuvimos que romper el candado porque tiempo atrás su mujer y sus hijos se habían marchado a la capital.
En el lugar donde había estado la cama de Blas Alva, había un hueco del tamaño de un baúl. Pero del baúl ni la sombra. Por lo visto, la viuda no había sido ninguna tonta.

martes, 24 de febrero de 2009

Huanta

Al atardecer llegamos a la bella y heroica Huanta, una ciudad muy ligada a mi familia y a mí mismo, pues nací en Huanta, mejor dicho en las afueras de Huanta, en el campo, entre un río y pájaros, pero por esas cosas de la vida fui inscrito en el pueblo de mis viejos. Pero no importa, yo siempre me sentiré ayacuchano-huancavelicano de corazón.

Bonnie Tyler & Kareen Antonn

Enlace a estas maravillosas voces interpretando Si demain (turn around), una combinación perfecta de voces y estilos.
http://www.youtube.com/watch?v=nynjCiXhXoc
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Si demain en vivo
http://www.youtube.com/watch?v=bKSkAYchdfI

Aura

Enlace a una parodia del primer capítulo de Aura, de Carlos Fuentes
http://www.youtube.com/watch?v=rx8A8E4w1Js
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Un trailer de Aura
http://www.youtube.com/watch?v=Ex9FEc3ClC4