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lunes, 2 de febrero de 2009

El sapo y la princesa


EL SAPO Y LA PRINCESA

A Jacky

Es un día del verano,
el sol lo calcina todo,
desde las sombras de la hierbas
el sapo ve llegar a su princesa.
La muchacha se despoja
de su faldita y su top,
de su ropa interior
y queda como la primera mujer.
El sapo abre más los ojos,
la mira arrobado.
La princesa tiene albos senos,
tiene la piel de mármol,
tiene las piernas largas,
tiene la cintura breve,
tiene el trasero abundante,
tiene el pubis de niña,
tiene el rostro de ángel,
tiene rojos los labios.
La muchacha sube al trampolín,
se arroja al vacío,
hace un par de piruetas
antes de hundirse en el agua.
Bucea hasta agotar
el aire de sus pulmones,
nada de un extremo a otro
hasta extenuarse.
El sapo la contempla,
el sol sigue quemando,
la princesa sigue nadando.
El sapo se arroja al agua,
la muchacha lo mira horrorizada,
lanza un grito,
llama al jardinero,
el hombre coge al sapo
y lo arroja al tacho
después de aplastarle la cabeza.


En este video Juice Newton interpreta It's A Heartache
http://www.youtube.com/watch?v=HK8PL4orRDI


Y también está la versión de Bonnie Tyler
http://www.youtube.com/watch?v=h8VGQTtENSs

Un ángel cruzó la pista


Salí del hospital. Estuve más de cinco minutos esperando para cruzar la pista. El tráfico es infernal, y ni un policía de tránsito, menos un semáforo. Al fin pude cruzar. Estaba esperando el carro para mi casa, cuando una chica hermosa llegó al paradero. Llevaba un viejo jean que alguna vez fue azul, una blusita celeste. Se lanzó a la pista, esquivó un camión, una moto, un taxi y llegó a la berma del medio. Miró para aquí y para allá, y vuelta se lanzó a la pista. Esquivó un par de vehículos y llegó al otro lado en menos de lo que canta un gallo.


Esta canción para esa chica


Trujillo


Hace dos años, me llamaron para decirme que mi cuento El río había ganado el concurso de cuentos de la Feria del Libro de Trujillo. Mañana será la premiación, me dijeron, ¿puedes venir? Era sábado al mediodía. Mi hermana se comunicó con una amiga suya que siempre viajaba a la ciudad norteña. Que vayan en Oltursa, le aconsejaron. ¿Con quién voy? Lleva a papá. El viejo acababa de ser operado. ¿Soportaría un viaje de toda la noche? Vaya con John. Mi hermano dijo que no podía. Llamaré a Chanca. Mi amigo dijo que sí, a las seis nos encontramos en la Plaza de Armas de Vitarte. Allí estaba yo. Eran las seis y media y el huevón ese no aparecía. Lo llamé. Discúlpame, dijo, he tenido un inconveniente con mi flaca. Lo mandé al diablo. Llamé a mi sobrino Christian. A las ocho ya estábamos en el bus de Oltursa en el terminal de la Victoria. A las diez partimos de San Isidro. ¿Y si es una broma?, me preguntaba yo, incrédulo como siempre. Pues conoceremos Trujillo. La terramoza era una chica hermosa, rubia, que nos atendió con amabilidad y una sonrisa a flor de labios. A las seis de la mañana del domingo ya estábamos en Trujillo, perdidos, dando vueltas en círculo, con ganas de dormir porque no lo habíamos hecho durante el trayecto. Llamamos a los teléfonos que nos habían dado y nada, no contestaban. Nos bromearon pues, dijimos, calculando lo que teníamos para la estadía y para regresarnos después de conocer Huanchaco. Vamos a tomar desayuno. Buscamos el mercado. Compré La Industria y me puse a ver las noticias. Allí estaban los resultados del concurso y allí estaba mi nombre. O sea que no era broma. Desayunamos con ganas y después buscamos un hotel. Después de un reparador sueño y de una buena duchada y afeitada, nos dirigimos a la Feria del Libro. Me presenté ante el organizador. Después de las felicitaciones del caso y de un recorrido por los ambientes de la Feria, recorrimos la ciudad. En la noche regresamos para la premiación. De manos de Adriana Doig Manucci recibí un cheque por dos mil soles, un diploma y un polo con el logo de la Feria. Al día siguiente aparecí en la portada de La Industria. Ese lunes fuimos a Chan Chan, apenas entramos al museo porque estábamos cansados como para recorrer la ciudadela, fuimos a Huanchaco, recorrimos la ciudad. Trujillo es un lugar donde están las mujeres más bellas del Perú, sin duda alguna. Después del regreso, me fui al sur con mi padre y mis sobrinos gracias a mi cuento ganador, pero esa ya es otra historia.

domingo, 1 de febrero de 2009

El planeta de los simios

Acabo de terminar de ver "El planeta de los simios", el capítulo "La conquista del planeta de los simios". Ahora recuerdo que cuando era chico jugaba con mis amigos Viejo, Pelusa y Lube, y mi hermano John, a esta película en los Girasoles, entre los árboles y la sequia. Eso fue hace unos treinta años. Pelusa y Lube fallecieron y los demás ya somos hombres mayores, pero siempre recuerdo nuestros juegos.

15 poemas


A Paola

1
Fui arrojado a la tierra,
me llamó la lluvia
y salí en busca del sol.
Me hice árbol,
de mis ramas brotaron palomas
y niños desnudos.
La tierra estéril
tenía lágrimas.

2
Una sirena cabalga los mares esta noche.
Canta.
¿A quién busca?
Retoza en la arena.
Gime.
Hay un cerco de buganvillas
que no puede cruzar.
Hay asfalto, un parque
donde se pierden
las huellas de los caracoles.
Llama.

3
¿Quién toca mi puerta cuando estoy ausente?
¿Quién llama cuando no escucho?
¿Quién invoca la lluvia
cuando no necesito beber?
¿Quién siembra rosas en mi jardín
cuyas espinas ya no me herirán?

4
¿Dónde habitan
las gaviotas y los peces dorados?
¿En tus cabellos de sol
o en tus ojos marinos?
¿En el vaivén de tus senos
o en el silencio de tus islas?

5
Amanecer,
esperaba la mañana,
ver el sol
trepando por las buganvillas,
dándole forma a los gatos,
amarillando los fotos,
haciendo visible
el paso de los años.

6
Desde mis ojos
veo el adiós de tu sombra,
tu aroma a geranios,
tu piel desnuda
que se hace arena
cuando cruzas
debajo de un eucalipto.
Trastabillas en una piedra
cubierta de musgo.
Sonríes y cantas
como las sirenas
en los muelles solitarios.

7
Hay un castillo de arena
que soñaste un día
del último verano.
Hay una sandalia tuya
cubierta de algas.
Hay una playa
donde no habitan
ni las gaviotas
ni los lobos marinos.

8
Llegas a mi playa
como la marea,
como un navío extraviado,
como uno de esos días
que nadie espera.

9
De mañana,
con luz natural,
de noche,
con una lámpara a kerosene,
a veces en las tinieblas
buscando en el cielo raso
ángeles de alas celestes,
nacen de mis manos hormigas,
centauros, unicornios,
una mujer desnuda,
unas lágrimas
por la madre que marchó
a su cita con las estrellas.
Nacen buganvillas,
nardos, un sauce
doblado por el peso del tiempo.

10
El silencio
contará que estuviste aquí,
en la tierra fresca
hay huellas de tus zapatos.
Las tardes
sabrán de tu ausencia.

11
Llueve como siempre en otoño,
las hojas de los sauces y molles
lucen límpidos.
Los días son grises.
Una taza de café a mediodía,
una chalina para mitigar el frío.
Llueve como siempre,
quizá es la misma lluvia
que mojaba tus cabellos,
que humedecía el barro
con el cual moldeabas
extrañas figuras.
Quizá es la misma lluvia
que un otoño compartimos.

12
Dibujabas tus versos en el aire,
pájaros, orquídeas,
tortugas, un viejo piano,
unos leños en la chimenea,
un sauce llorón,
un río discurriendo
entre las piedras pulidas.
Una tarde gris,
un columpio, unos niños,
la primavera, el verano,
unos peces muertos,
la marea, la luna,
una melodía.

13
Es viento, es sed,
es vida, es silencio,
es oscuridad.
Muere con el alba,
sacia su sed con el rocío.
Es grito, es rencor,
es una hoja doblada,
es un lápiz
olvidado en la oscuridad.
Llega de improviso,
llama y se va.

14
Y yo te seguiré queriendo,
en mis recuerdos
tus cabellos se vestirán de plata,
en tu rostro
el tiempo abrirá surcos
de donde brotarán rosas y palomas.

15
Tú que miras el mar
sabes de puertos lejanos,
de ballenas en agonía,
de feroces tiburones,
de sirenas enamoradas
que le cantan a los centauros,
de tardes en las que el sol
muere herido por el puñal
de la indiferencia.
Como siempre, con una canción, esta vez Andrea Bocelli y Judy Weiss interpretan "Vivo por ella".

Febrero

Empieza febrero. Como todos los domingos, después de desayunar voy a visitar a mamá y a comprar los diarios. Le llevo un ramo de flores. Las flores que dejé hace más de una semana están secas, o sea que nadie la ha visitado en estos días, debe ser porque todos andamos de casa al hospital y del hospital a la casa. Me tengo que colgar para llegar a su nicho porque las escaleras no están. Después me pongo a leer los diarios que hablan de la marcha atrás en la designación de la nueva contralora de la nación, de los petroaudios, del rescate en alta mar de unos pescadores después de más de un mes. Veo que vienen un par de personas y le digo adiós a mi mamá y me regreso.
Estaba tan feliz leyendo los diarios en mi cama cuando llega mi hermano John. Entra a mi cuarto y se pone a lloriquear. Lo granputeé: la historia es la de siempre: su mujer lo ha botado por enésima vez. Dieciséis años de casado y el mismo rollo de siempre. Para eso se casó, ¿no?
Después el almuerzo. Ahora ya no están las hermanas, sino las nietas y nietos. Diego y Nacho ya están jovencitos, la Chola y Nela están creciendo guapas.
El resto de la tarde me la pasé durmiendo. Mañana empieza otra semana de trajín: de la casa al hospital y viceversa.

sábado, 31 de enero de 2009

Se acaba el mes

Se acaba enero. Primer mes de vacaciones, unas vacaciones con sobresaltos. He vuelto a leer después de muchos años "La ciudad y los perros", la primera novela de Vargas Llosa que leí ya en la universidad. Me sigue fascinando como aquel entonces, aunque tengo que volverla a leer con lápiz y papel. Ahora ando con "La muerte de Artemio Cruz". En el intermedio leí algunos cuentos de Hemingway, como "Las nieves del Kilimanjaro", también la vida del autor de "El viejo y el mar", un librito de 1962 que encontré limpiando mi biblioteca.
En cuanto a la escritura, estoy avanzando con tres proyectos: "Tú que miras al mar" para el próximo Premio Horacio, "Luna/Lunar", para un concurso de novela erótica y "El inquilino", una novelita experimental. En "Tú que miras el mar" no hay ni una lisura ni escenas de sexo, sino no voy a ganar ni una mención honrosa en el Horacio; sexo hay, y en abundancia, en "Luna/Lunar". Es mi biografía erótica, jaja, con mucha imaginación, sino, sería aburrida.
No solo leo y escribo, también estoy trabajando en la tierra, arreglando el inmenso jardín de mi padre, que ha estado muy descuidada en los últimos años. Así que ando con las manos llenas de callos y sudando como caballo en este caluroso invierno. La semana pasada casi provoco un incendio cuando quemé la maleza acumulada durante los últimos años. El fuego se propagó hasta el jardín vecino, que es la de un loco que fue dado de baja de la policía porque estuvo en Ayacucho durante la guerra y terminó con los tornillos zafados. Menos mal que no sacó su pistola. Recuerdo que una madrugada salí a cagar, estaba de lo más feliz, cuando se apareció el tipo, en la penumbra vi que me apuntaba, empezó a llamar a mi casa, me había confundido con un ladrón, menos mal que no jaló el gatillo.
Así fue este mes que se va, y también ando llenando mis blogs, y mandando mis textos a los concursos.
Espero seguir igual en febrero, luego marzo y las clases. Febrero es el mes de mamá, habría cumplido 73 años, bueno, algún día también moriré.

Lloran mis ojos al recordarte


Lloran mis ojos al recordarte,
amor, que una tarde me dejaste solo y herido;
amor, que un día te marchaste
condenando al olvido todo lo que vivimos.

Y sigo esperándote,
amor, que dijiste ya vuelvo
y tantas veces se hicieron tarde
y hasta ahora no has vuelto.

Y no hay pañuelo que seque este mar,
compañía para esta soledad,
amor, que nunca volverás.

Lloran mis ojos al recordarte,
amor, que prometiste amarme
y que de tu promesa te olvidaste.

Lloran mis ojos al recordarte,
amor, que hasta ayer sonreías,
amor, que al mirarme
me alegrabas la vida.

Un beso de tus dulces labios,
una caricia de tus blancas manos
era, para mi atormentada existencia, bálsamo.

Amor, hoy solo eres recuerdo,
una lápida blanca con tu nombre,
alguna vez algún sueño,
para volver a ser lo que fuimos entonces.
y su canción

Examen de flauta


Sonó el timbre de la calle. Un sonido breve, firme, ¿de un tiempo o medio tiempo? Eran cinco para las seis en el reloj redondo que colgaba en la pared. Puntual como siempre.
–Debe ser tu profesor.
–El flautista de Hamelín.
En el rostro de mamá se dibujó una tenue sonrisa.
–Ve a abrirle, Marfe.
–Dile que no estoy.
–Segurito que no has estudiado nada por estar chateando.
–La música me llega. ¿No puedo estudiar otra cosa?
El rostro albo de mamá se tornó carmesí.
–¿Te quieres quedar sin internet toda la semana?
–Al menos ahí hay cosas más interesantes que la flauta dulce. Tú deberías de tomar las lecciones en mi lugar. Yo ya estoy harta de estar sople y sople como una idiota.
Mamá echaba candela por los ojos. Se aguantaba las ganas de meterme una cachetada.
Sonó el timbre por segunda vez. Un sonido largo, de cuatro tiempos por lo menos. Una redonda con puntillo.
–Qué jodido es ese profesor. ¿No tendrá nada que hacer en su casa?
–Ve a abrir de una vez, Marfe, o te corto el internet por todo el mes.
–¿Por qué no vas tú, mamá?
–Después vamos a hablar seriamente –mamá tenía una fea mueca en la boca.
Fui a la puerta de mala gana. Ahora me va a jalar las orejas por no haber estudiado. ¿Qué le diré? Tuve exámenes todos los días. Ya estamos terminando el bimestre.
–¡Buenas tardes, profesor Agustín! –se inclinó para recibir mi beso en la mejilla recién afeitada. Olía a colonia. Bien perfumadito para visitar a su amada, ¿no?
–Hola, María Fernanda –él no me dice Marfe–. ¿Cómo estás?
–Bien. ¿Y usted?
–Igual que siempre. ¿Estudiaste?
Las orejas me empezaron a quemar. Rapidito habían pasado los días.
–Un poquito nomás. He tenido un montón de tareas esta semana. Estamos terminando el bimestre.
–Oh.
Allí estaba mamá, con su mejor sonrisa del día. El amor le cambia la cara a uno. Del rostro de ogro de hace un minuto, se había convertido en la bella durmiente.
–¡Hola, Agustín!
–¡Hola, Karem!
¡Hola, Agustín; hola, Karem!, repetí mentalmente, mientras ellos se saludaban con besito en las mejillas, ¿por qué no se besan de una vez en la boca si son novios? ¿Acaso creen que no sé? El flautista de Hamelín no viene por mí, sino por mamá.
–Lo espero en el estudio, profesor.
–Ya; ahorita subo.
Subí las gradas de dos en dos. Me detuve en el descanso. Paré las orejas.
–Bastante frío, ¿no? –escuché que le decía mamá.
–Mmm. ¿Y cómo has estado? –Ahí, pataleando con esa chica. Cada día se vuelve más insoportable.
–Paciencia. Así son los adolescentes. Y peor si es hija única.
–Es que tú no te animas a darle un hermanito…
Dejaron de hablar. ¿Estarían besándose? Bajar y sorprenderlos. Los noviecitos.
Escuché los pasos del profesor y me puse a repasar la partitura de El himno de la alegría.
–A ver, María Fernanda, te escucho –dijo, mirando su reloj. Me esperaban los peores sesenta minutos de la semana. Recé para que la hora se pasara volando.
–No he estudiado nada, profesor –me sinceré, mordiéndome los labios. Quise tragarme la flauta dulce, desaparecer.
–Bueno, bueno, repasaremos –dijo, con una sonrisa condescendiente, tocándome los cabellos–. Mira, María Fernanda, tienes que tocar así.
Lo miré atentamente. Sus dedos, largos, delgados, de uñas recortadas y bien pulidas, parecían estar danzando Cascanueces sobre los agujeros de la flauta dulce. Tenía los ojos semicerrados. Tocaba sin saltarse un compás, marcando los tiempos exactos de las figuras de duración. Yo seguía la melodía en la partitura: sii, do, re, re, do, si. Así jamás voy a poder tocar, pensé. Ni aunque practique todas las horas del día y todos los días de la semana y todas las semanas del mes y todos los meses del año y todos los años de mi vida. Yo no he nacido para ser flautista.
–Así jamás voy a poder tocar, profesor Agustín, ni aunque practique veinte horas al día.
–No es tan difícil, María Fernanda. Todo es cuestión de practicar aunque sea diez minutos diarios. Esta canción se toca casi toda con la mano izquierda. En esta re es la única vez que se utiliza la mano derecha, ¿ves?
–Ay, profe, soy una burra para la música.
–¿Te acuerdas que cuando empezamos no sabías casi nada?
–La partitura era chino para mí.
–¿Ves? Poco a poco vamos a llegar lejos.
–Y algún día voy a tocar en la Orquesta Sinfónica de Boston, ¿no? –y usted, mi mamá y mi futuro hermanito me aplaudirán, ¿no?
–Claro, nada es imposible en la vida.
Reímos.
–A ver, ahora lo hacemos juntos. Dedos de la mano izquierda en los tres primeros hoyos.
Sii, do, re, re, do, si, la. Hasta el estudio llegaba el olor a carne frita. Sol, sol, la, si, sii, laa, sii. Ahora las cebollas y el tomate. Mamá le estaba preparando la cena a su amado. Do, re, re, do, si, la. Su plato favorito. A los hombres se les conquista por el estómago. Sol, sol, la, si, laa, sool. Ahora el coro: laa, si, sol, la, si–do. Un poco más rápido en las corcheas. Repetimos de nuevo: si–do, si, sol, la, si–do, si, la, sol, la, ree. Tapa bien los agujeros para que el sonido salga nítido. Mis dedos no llegan hasta el sexto hueco. Poco a poco lo conseguirás, todo es cuestión de práctica. Al fin el último pentagrama: sii, do, re, re, do, si, la, sol, sol, la, si, laa, sool. Se repite de nuevo. Ahora tú sola. Marca el compás con el pie.
Al fin terminamos la lección. Me dolían los dedos. Solo veía notas musicales delante de mis ojos.
Mamá había preparado saltado. A cenar, músicos. Me senté frente a ellos. El profesor comía con una paciencia de tortuga, una papita, una carnecita, la cebolla a un ladito porque luego me apesta la boca.
–¿Y cómo te va en el colegio, Agustín?
–Ahí, pataleando con los chicos.
–Los adolescentes son bien fregados.
–Mmm.
–Come más, Agustín.
–Ya me llené –dijo el profesor, tocándose el estómago.
–Ve al baño y libérate de ese sobrepeso.
–Ay, mamá, eres una cochina. Me voy a mi cuarto.
–No has comido nada, Marfe.
–Ay, no tengo hambre, mamá. Si me da, bajo después. Me guardas. Buenas noches, profesor.
–Chau, María Fernanda. No te olvides de repasar tus lecciones. Le dices a tu mamá que te ayude.
¿Qué ayuda me va a dar ella si ni sabe cuánto es una negra más una blanca más una redonda entre dos?
Subí de dos en dos las gradas. Me metí en mi cama y me cubrí con las frazadas para no seguir viendo notas musicales por todos lados. Parecían ojillos de roedores atisbándome, vigilándome, persiguiéndome.
siempre con una canción

Poemas de amor/desamor


TE DEJO IR
Piérdete en la noche oscura,
vive todas las aventuras
que te plazcan,
yo no diré nada.
Abre las piernas
como las perras
y aborta
si no es hora
de que seas madre,
para qué preocuparte.
Vende tu virginidad
al que te da más.
No uses preservativo
aunque sea un suicidio.
Si tu sexo se pudre
ya habrá algo con que se cure.
Si te contagian sida,
a la mierda con la vida.
Si te piden por atrás,
no lo pienses más,
hay gente viciosa
que le gusta esas cosas.
Fuma lo que quieras,
que tus neuronas se mueran,
para qué necesitas ahora pensar,
haz las cosas sin reflexionar.
Ve por el mundo
mi pequeña reina,
huye de tu capullo,
no me tengas pena.
Trágate la vida
como un ahogado,
regala esas caricias
que a mí me has negado.
Si un día te cansas
de andar por el mundo
vuelve, aquí está tu casa,
todo esto es tuyo.
Aquí alguien te aguarda
para adorarte como siempre,
alguien despierta cada mañana
diciéndose hoy vuelve.
***
HOY
Hoy me despertaste con una sonrisa,
me dijiste te quiero,
me regalaste mil caricias
y me diste un tierno beso.
Fui el hombre más feliz del mundo,
te amo, me amas,
mi cielo es de un azul profundo,
te tengo, nada me falta.
Caminamos sobre la arena
espantando a las gaviotas;
el mar turquesa,
nos envolvió en sus olas.
Escribí nuestros nombres,
construí un castillo de arena,
le dije a los pescadores
esta niña es mi reina.
***
AUSENCIA
Ayer te marchaste,
te fuiste de prisa,
en tu cuarto vacío
quedaron regados
tu ropa interior,
tus pantalones,
tus blusas,
tus cuadernos,
tus viejas muñecas.
Nunca volverás,
Tu vida a mi lado terminó.
Recojo tus calcetines sucios,
tus toallas usadas,
esas fotos
de tantas cosas compartidas:
tu primera comunión,
el paseo al Parque de Las Leyendas,
con los abuelos en la Casona,
conmigo en el Mirador de Ayacucho,
en Trujillo cuando me gané mi premio,
tú en el colegio con tus amigas,
tú recibiendo tu diploma
por ser una alumna inteligente.
Ahora otro ocupará mi lugar
en las fotos, en tus sueños.
***
EL PRIMER BESO
Tu rostro albo
estaba colorado
como el ocaso.
Besé tus labios,
sentí el latir de tu corazón,
vi en tus ojos un nuevo fulgor.
Fue el primer beso,
fue el comienzo
de esta historia
que guardaré en la memoria
hasta el último de mis días
mi querida niña.
y una canción para la ocasión
http://www.youtube.com/watch?v=Hdb93i28DEQ