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domingo, 17 de junio de 2012

Literatura de Huancavelica: la voz del trueno y el arco iris

Este es un estudio vasto, totalizador, abarcador de la literatura huancavelicana fruto de veinte años –me lo dijo Isaac Huamán Manrique cuando nos encontramos por primera vez hace un poco más de una semana- de trabajo de investigación, recopilación, traducción del quechua al castellano, de consultar fuentes, autores, de pedirles obras a estos, bajarlos de internet en muchos casos, como en el mío.


El libro es extenso, más de cuatrocientos páginas que, confieso, he leído a saltos, y esta reseña está hecha por una persona que solo escribe, que no es literato, mucho menos crítico. Al ver la abundante bibliografía y leer la no menos extensa introducción, uno nota el trabajo serio realizado por Isaac Huamán Manrique sobre la literatura de nuestra tierra que abarca desde los tiempos antiguos, representados por la literatura oral, y desde 1590 la escrita. Es decir, hay unos cuatrocientos años de producción literaria estudiada, analizada, compilada. Este es un trabajo titánico que marca un antes y un después sobre el estudio de la tierra del mercurio. Espero terminar de leerla y hacer una reseña más adelante.

Ahora voy a referirme a mi presencia en este estudio de subtítulo poético. Es para mí un honor ver entre las obras de escritores ilustres, como Zein Zorrilla, Percy Galindo, Ulises Gutiérrez, y también anónimos, así como el de amigos como Juan Luis Espinoza Chinchón –excelente su poema El cerebro de la vizcacha-, y Carmela Abad Mendieta, que fue mi profesora de Estética en La Cantuta, mi cuento Tiempo de morir –el título es de Carlos Fuentes y García Márquez, la robé porque es perfecta para la historia que narro-. Este es un cuento que me ha dado muchas satisfacciones, y premios, desde que la escribí allá por 1993 o 1994. Se llamó primero Una gota de sangre, después La noche del desaparecido. Con este título ganó los Juegos Florales de La Cantuta en 1997 con un jurado compuesto por Óscar Colchado Lucio y Félix Huamán Cabrera cuyo premio fueron La casa verde y Rosa cuchillo y un par de libros más cuyos títulos no recuerdo. Este cuento, ya con el título de Tiempo de morir y corregido, abre el libro con el cual gané el Premio Horacio 2004. La versión que aparece en este libro es una de las tantas que he hecho de esta historia, y es una de las versiones que más me gusta. La he releído con satisfacción, cosa que pocas veces hago con los textos que publico. Y he quedado contento con la edición donde se ha respetado los textos en cursiva, cosa que no hicieron en la edición de la Derrama Magisterial, lo cual hace la historia más entendible. Incluso los epígrafes están como a mí me gustaba que estuvieran. Y ni qué decir del papel, es de buena calidad. No sé si merezco las palabras que se hacen sobre mí en la introducción, no las pedí, pero las agradezco de todo corazón porque son un aliciente para seguir en esta labor que se ha ido dando paso a paso, casi como jugando, robando un poco de tiempo a mis labores académicas para escribir.

No sé si debía estar en este estudio de la literatura huancavelicana porque, aunque figuro como nacido en el distrito de Chincho, provincia de Angaraes, departamento de Huancavelica, nací en las afueras de Huanta, en un lugar llamado Cangari, que pertenece a Ayacucho, pero mis padres, y mis antepasados, son huancavelicanos. Pero tampoco soy tan ayacuchano porque me trajeron a Lima casi a los dos años de nacido. Pero igual amo la tierra de mis padres y espero volver a ella a los cincuenta años para instalarme en mi pueblo y vivir mis últimos años lejos de la ciudad y aprender a hablar quechua, solo la entiendo, para escribir la gran novela de la guerra que, como dice Isaac Huamán Manrique, será escrita en quechua y castellano. Y esa es la única manera en que puede ser escrita una verdadera novela sobre la guerra.

Solo merece elogios el trabajo realizado por Isaac Huamán Manrique.

miércoles, 6 de junio de 2012

Cumpleaños

Cumplo años, 44, ya estoy viejo, ando algo enfermo, aunque he dejado los análisis por tediosos y pérdida de tiempo, volveré al médico cuando esté cagado.
Ayer mis querid@s alumn@s del 4°F me dieron una bonita sorpresa. Son un@s chi@s encantad@s. No me arrepiento de haberme cambiado de colegio. Las ganas de enseñar a vuelto a renacer en mí.
Espero que el año que empieza hoy sea mejor que el que se fue. Al menos el cerebro sigue funcionando, aunque con algunas fallas propias de la edad, diré.
Recordar a mis padres, cumpleaños pasados. Ocho cumpleaños del último en que la familia estaba completa, reunida. Pero qué se hace, poco a poco uno va cumpliendo su ciclo y se va marchando.

domingo, 3 de junio de 2012

La ciudad y los perros

Fue la primera novela de Vargas Llosa que leí, allá por 1993 o 1994 en La Cantuta. En el colegio había leído uno de sus cuentos, El desafío, creo que se llama y, la verdad, no me había gustado pero, al leer La ciudad y los perros, quedé fascinado, deslumbrado, embrujado por la prosa limpia, directa, sin mucho artificio verbal, otro asunto es el artificio técnico, de nuestro Premio Nobel, tanto así que empecé a buscar sus otras obras en la avenida Grau, en Quilca y conseguí La casa verde, Conversación en La Catedral, La tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras, La guerra del fin del mundo y sus libros de ensayos, de crónicas y sus obras teatrales. Me convertí en un vargasllosiano y puedo decir, con orgullo, que hice que mis amig@s también leyeran sus obras. Allí está Carlos Contreras leyendo una y otra vez La guerra del fin del mundo o Silvia fascinada con la palabra cachar que leyó en Lituma en los Andes y la clase final de Literatura Latinoamericana donde medio salón, de los pocos que éramos, haciendo un análisis de las novelas de nuestro escribidor tanto así que la profesora dijo esta parece ser una cátedra sobre Vargas Llosa. En esos años, cuando la guerra daba sus últimos coletazos, La Cantuta era una universidad provinciana, telúrica, arguedista, indigenista donde profesores como Félix Huamán Cabrera, y sus amigos, nos hacían leer las novelas del primero, a quien consideraban el digno sucesor de Arguedas y Ciro Alegría. ¿Alguien se acuerda de Candela quema luceros que nos obligaron a comprar? Vargas Llosa era ninguneado en La Cantuta y visto como un escritor del Imperio, de los banqueros, que escribía sobre caches y arrechuras, ajeno a la realidad peruana.


La ciudad y los perros cumple medio siglo de existencia y muchos de los temas que trata están más vigentes que nunca. Por ejemplo, toda esa intolerancia racial hacia los serranos todavía existe en nuestra sociedad y lo que entonces sucedía en el colegio Leoncio Prado sigue sucediendo ahora en los colegios públicos. Lo digo yo que durante cinco años enseñé en un colegio de hombres donde los alumnos tienen que hacerse hombres desde que pisan las aulas para que no los tomen de huevones y los machuquen como al Esclavo. Y qué decir de los exámenes, de las contras, de lo viciosos que son. Nada ha cambiado.

Escrita bajo la influencia de Faulkner y Joyce, a quienes he leído por Vargas Llosa, en La ciudad y los perros abundan los puntos de vista, los monólogos interiores aunque solo en el epílogo se presentan esos saltos de tiempo que luego serán constantes en la obra vargasllosiana.

Este ejemplar lo compré de segunda mano, como las otras obras mencionadas líneas arriba, en La Cantuta y la conservo como un tesoro. Es una edición de 1971, tiene la pasta media descolorida y las hojas media sueltas y por eso la cuido con esmero. Posteriormente compré otros ejemplares que doné a las bibliotecas de los colegios por donde pasé. Espero que alguien las haya leído como lo leí yo y haya quedado fascinado como he vuelto a quedar yo al releerla.

En busca del sol

Este frío de mierda


se te mete hasta los huesos,

te congela el pensamiento,

hace que sientas flojera.

Ni dan ganas de darse una ducha,

será por eso que la chucha

te apesta a pescado,

a desagüe atorado.

Ya ni te depilas

y pareces un mono

con esa selva cubriendo tu cosita

y con pelos hasta en el poto.

¿Cuándo iremos en busca del sol

para tumbarnos a orillas del río

y hacer el amor

aplastando grillos?

Para darnos un chapuzón

y andar desnudos,

para dejar que el sol

caliente mis huesos y los tuyos.

Qué frío que hace,

volvamos a la cama,

durmamos hasta tarde

o mejor hasta mañana.

jueves, 31 de mayo de 2012

Fin de mes

Se acaba mayo, ando medio agripado. Tal como me dijeron, fui al Seguro y llegué justo a las 6:30 de la mañana, y todo para que me dieran un papelito y me dijeran vuelva usted el 2 de junio de 3 a 7 pm para darle la cita. Habían dos chicas en ese módulo, la otra no hacía nada. Esta es la burocracia que mantengo con lo que me descuentan. Qué manera de hacerle perder el tiempo a uno como si uno se estuviera rascando los huevos. Pensándolo bien, ni iré el sábado, a la mierda si me muero, total, algún día tengo que morir, siempre he pensado que no viviré los 82 años que vivió mi padre ni los 69 de mi madre. Dudo que llegue a viejo.
En Vitarte está haciendo frío y lloviznaba. Estuve como una hora haciendo tiempo en el Seguro y a las ocho me fui a buscar un lugar para imprimir unos trabajos y di vueltas por el lugar donde vivieron mis padres hace 50 años cuando eran jóvenes. Lástima que nunca se me ocurrió decirles que me enseñaran la casa donde vivían. Hay cosas que ahora quiero saber y nunca las sabré.
El mes ha pasado rapidito. El tiempo pasa más rápido cuando uno se hace mayor.
Si no me equivoco, hace cuatro años gané cierto premio donde hasta ahora me deben los cinco mil soles del premio, el diploma y creo que un recordatorio, como decían las bases. Bueno, hay premios y premios. Estos detalles hacen que uno conozca a las personas.
Y hablando de las personas que incumplen, otro es mi hermano. Invertí, el negocio se fue a la mierda, me adeudé hasta el cuello, el conchudo ese dijo te voy a ayudar a pagar la deuda, hace ocho meses están que me descuentan y hasta ahora no da ni un sol. ¿Cómo será vivir sabiendo que le debes a las personas? Yo jamás le he debido a alguien, hasta vergüenza me da pedir medio solo, menos mal que nunca lo he hecho. Bueno, el mundo está lleno de personas que se las dan de escrupulosas y tienen el alma más negra que una noche sin estrellas. Al mal tiempo buena cara, y a confíar en uno mismo y ya no creer en lo que dicen las personas. Menos mal que la ficción sirve para pasarles las respectivas facturas.

Sería bonito

Sería bonito


que mis sueños se hicieran realidad

y estuviéramos juntitos

por toda la eternidad.

Sería bonito

que tus besos

fuesen míos

como deseo.

Sería bonito

ir de la mano

por los caminos

para que vean que nos amamos.

Sería bonito

que me correspondieras

para que mi corazoncito

no sufriera.

Sería bonito

decirte que te amo,

que en tus ojitos

quiero verme reflejado.

Sería bonito

que esto no fuese un sueño,

que tus latidos

no tuviesen dueño.

jueves, 24 de mayo de 2012

Vuelva usted mañana

O la otra semana para sacar cita, me dijo la ayudante de la recepcionista o de la que da las citas. Y me citó a las 6:30 de la mañana del otro jueves. ¿Y qué pasa si vivo lejos? Caballero tengo que madrugar. Este es nuestro moderno Essalud, la misma mierda de siempre y que no cambia así cambien los gobiernos. En el Perú uno se muere no por la enfermedad, sino por la espera de una cita. En fin, buena cara al mal tiempo.

sábado, 19 de mayo de 2012

Hoy ha sido un día frío

Hoy ha sido un día frío
y he buscado el abrigo

en el calor de tu piel

y en tus ansias de mujer.

Hemos bebido una copa de vino

y tú has cantado divino

mientras yo te acompañaba con la guitarra;

así nos ha sorprendido la mañana:

borrachos de amor

cantando a viva voz

las canciones de Serrat

y no hemos bajado a desayunar.

Acodados en el alféizar de la ventana

desnudos nos han visto las gentes que pasaban

y no nos ha importado,

nos han dicho están locos y enamorados.

Tus tetas se han enfriado como la piel de los muertos,

mi verga ha buscado refugio en tu sexo

y hemos fornicado

ante una mujer y su bebe vestido de rosado.

Hoy ha sido un día frío

y así, ateridos

hemos volado hacia el sur

en busca de un pedazo de cielo azul.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Carlos Fuentes

Recuerdo las clases de Literatura Latinoamerica de la profesora Teresa Vela. Allí fue donde leí por primera vez "La muerte de Artemio Cruz". A esta le siguieron "Aura", después "La región más transparente", "La cabeza de la hidra", posteriormente leí "Inquieta compañía". Por allí tengo "Los años junto a Laura Díaz" y otra colección de novelas cortas que no he podido leer por falta de tiempo. La que sí he releído varias veces es "Aura" y "La muerte de Artemio Cruz", novelas que te deslumbran y cautivan desde las primeras páginas. La que no he conseguido ha sido "Zona sagrada", un título que siempre me ha gustado. Carlos Fuentes también era un maestro del cuento, cómo olvidar "Chac Mol" -creo que se escribe así-. Saber que ha muerto es como perder a un maestro querido.
"Aura" es una novela súper breve, tanto así que parece un cuento, pero está escrita con una maestría única en su género. Es una novela fantástica de dobles, gatos, reencarnaciones. Vale la pena leerla y releerla.

domingo, 13 de mayo de 2012

Día de la madre

Ha sido una semana atareada en el cole. Como tengo dos tutorías, jueves y viernes estuve hasta tarde en el agazajo a las mamás. Sin duda que el mejor fue el del 4°F, donde l@s chic@s se organizaron mejor y todo salió súper bonito. Y después la actuación donde mi alumna Andrea tocó en flauta dulce "Se parece a mi mamá", demostrando su talento y venciendo su miedo a salir al escenario. Estoy contento por ella. Fotos no tengo porque perdí mi cámara.