sábado, 11 de abril de 2015
Días de lluvia
Parecía que iba a ser una lluvia más de esas a las
cuales estamos acostumbrados los que vivimos por la zona, pero no, la lluvia
seguía cayendo imparable. Una hora, dos, tres horas. El cielo se oscureció más
de lo que estaba ya. Empezaron a retumbar los truenos. Los chicos fueron
evacuados a sus hogares ni bien la lluvia amainó.
Yo también partí a mi casa donde me esperaba la
familia preocupada pues las noticias que empezaban a propalar los medios de
comunicación y redes sociales eran alarmantes. Pero fue imposible encontrar
algún vehiculo porque el lodo y las piedras hacían imposible el paso de
cualquier transporte.
Caminé y caminé. La ciudad se sumió en las tinieblas
pues habían cortado el fluido eléctrico.
Ríos de lodo se deslizaban de los cerros. Me hundí en
el fango hasta el cuello, perdí mis lentes. Pero no era el único, cientos de
personas, en mis mismas condiciones, iban por las orillas de la carretera en
ambos sentidos. Dicen que la desgracia hermana. Y es cierto porque empecé a
caminar con una desconocida que seguía mi misma ruta.
Varias horas después, ya con la ropa y los zapatos
estropeados, llegamos a la ciudad. Cuando íbamos a cruzar el parque, nos
detuvimos al ver un corro de personas y escuchar una voz estentórea. Era un
tipo con los cabellos largos y la barba crecida que predicaba, Biblia en mano,
la llegada de un nuevo diluvio universal. Estaba empapado de pies a cabeza como
nosotros, se parecía a esos muñecos de barro que mis hermanas y yo hacíamos de
arcilla en nuestra infancia. Pedía que la gente se arrepintiera de sus pecados,
que dejaran de fornicar, fingir y mentir, pero los espectadores solo se
sonreían. Los dejamos allí pues la lluvia había empezado a caer de nuevo y en
casa nos esperaban.
El diluvio
Parecía que iba a ser una lluvia más de esas a las
cuales estamos acostumbrados los que vivimos por la zona, pero no, la lluvia
seguía cayendo imparable. Una hora, dos, tres horas. El cielo se oscureció más
de lo que estaba ya. Empezaron a retumbar los truenos. Los chicos fueron
evacuados a sus hogares ni bien la lluvia amainó.
Yo también partí a mi casa donde me esperaba la
familia preocupada pues las noticias que empezaban a propalar los medios de
comunicación y redes sociales eran alarmantes. Pero fue imposible encontrar
algún vehiculo porque el lodo y las piedras hacían imposible el paso de
cualquier transporte.
Caminé y caminé. La ciudad se sumió en las tinieblas
pues habían cortado el fluido eléctrico.
Ríos de lodo se deslizaban de los cerros. Me hundí en
el fango hasta el cuello, perdí mis lentes. Pero no era el único, cientos de
personas, en mis mismas condiciones, iban por las orillas de la carretera en
ambos sentidos. Dicen que la desgracia hermana. Y es cierto porque empecé a
caminar con una desconocida que seguía mi misma ruta.
Varias horas después, ya con la ropa y los zapatos
estropeados, llegamos a la ciudad. Cuando íbamos a cruzar el parque, nos
detuvimos al ver un corro de personas y escuchar una voz estentórea. Era un
tipo con los cabellos largos y la barba crecida que predicaba, Biblia en mano,
la llegada de un nuevo diluvio universal. Estaba empapado de pies a cabeza como
nosotros, se parecía a esos muñecos de barro que mis hermanas y yo hacíamos de
arcilla en nuestra infancia. Pedía que la gente se arrepintiera de sus pecados,
que dejaran de fornicar, fingir y mentir, pero los espectadores solo se
sonreían. Los dejamos allí pues la lluvia había empezado a caer de nuevo y en
casa nos esperaban.
Parecía el fin del mundo
Estábamos hablando sobre el arte rupestre, sobre las
pinturas halladas en las cuevas de Tito Bustillo y Lascaux, sobre mi visita a
la península Cantábrica para escribir un ensayo sobre los orígenes de la
pintura, cuando empezó a llover. Faltaban pocos minutos para las tres. Pensé
que iba a ser una llovizna como la de los últimos días pero me equivoqué. A
cada minuto que pasaba, la intensidad iba en aumento. El patio se convirtió en
una piscina.
Está lloviendo como en Macondo, dijo una de las
chicas. Minutos después diría que estaba lloviendo como en el diluvio
universal. Recordé la historia de Noé que me contaba mi padre, Biblia en mano,
en los lejanos días de mi infancia.
Si sigue lloviendo así, va a caer un huaico, dijo otra
de las chicas.
El cielo se había oscurecido. Empezaron a retumbar los
relámpagos y rayos. Las alarmas de emergencia se activaron y nos pidieron que
subiéramos al último piso para ponernos a salvo ante una posible inundación.
La intensidad de la lluvia había crecido tanto que
parecía que los bomberos nos estaban echando agua para apagar un incendio.
Las chicas fueron presas del pánico, de la
desesperación. Algunas se desmayaron, otras lloraban incontrolablemente.
Un estruendo terrible se escuchó por los alrededores.
Un hongo oscuro y siniestro se elevó hacia las alturas. Parecía que la
Coalición estaba bombardeando Raqqa.
Huaico, dijo una chica. Es el fin del mundo, dijo
otra.
Parecía. Parecía que en el cielo se estaba librando la
batalla del Juicio Final entre las huestes de Satanás y los Ángeles. El cielo
estaba más negro que nunca, los rayos, truenos y relámpagos reventaban cada vez
más seguido. Y seguía lloviendo.
Este es mi fin, pensé. Estaba empapado de pies a
cabeza. Había perdido mis lentes y no veía más allá de mis narices. No había
señal para comunicarme con los míos. Yo había venido a Chosica en busca de sol
después de soportar más de diez años los crudos inviernos limeños. ¿Querías
sol?, me reproché. Pues aquí tienes sol.
A las cinco y minutos, cuando la lluvia amainó, al fin
pudimos salir. Afuera el paisaje era desolador: piedras, lodo por doquier. Las
casas destruidas, los cadáveres flotando, los sobrevivientes cubiertos por
capas de barro como esculturas de terracota.
Me trepé al primer helicóptero de rescate para ser
evacuado. Mientras me alejaba del lugar del desastre, juré que el otro año
estaría lo más lejos posible de Chosica.
lunes, 30 de marzo de 2015
Cumpleaños de Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa cumple setenta y nueve años.
Y sigue en pie como el peñón de Gibraltar.
Sigue escribiendo todos los días con esa disciplina militar que se
impuso para llegar a ser un escritor de verdad, no uno más de esos que abundan
ahora. Sus opiniones, sus textos, su presencia les sigue dando urticaria a
todos esos badulaques que solo tienen la boca para decir estupideces y comer.
Hace tiempo los imbéciles pidieron que mejor se dedicara a cuidar a sus nietos
porque ya estaba chocheando, pero Mario les ha demostrado que cada día escribe
mejor, incluso hace meses subió al escenario para hacer realidad el viejo sueño
que de ser actor tenía.
A Mario lo empecé a leer en el último año del
colegio. Mi profesora de castellano había decidido marcharse del Perú y
generosamente me regaló una buena parte de su biblioteca. Te va a servir de
mucho a ti que te gusta escribir, me dijo. Lee sobre todo a Vargas Llosa, el
resto no vale la pena. Yo entonces escribía mis versos para conquistar chicas y
cuentos fantásticos.
Entre los libros de Vargas Llosa que recibí
estaban “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Conversación en La
Catedral”, “La guerra del fin del mundo”, “Historia de Mayta”. También sus
obras teatrales “La señorita de Tacna” y “Kathye y el hipopótamo”. Los leí con
fruición, pero confieso que terminé más perdido que el minotauro en su
laberinto. ¿Para ser escritor tendría que escribir así todo chueco, torcido,
hacer un laberinto con la estructura? A la mierda con la escritura.
Pero en ese entonces no soñaba con escribir.
Mis sueños eran ser músico, guitarrista, compositor. Quería musicalizar mis
versos y echarme al mundo guitarra al hombro como Serrat, Pablo Milanes, Luis
Eduardo Aute. También quería ser pintor para pintar desnudas a mis primas y
vecinas.
Una cosa es querer y otra poder. Eran los años
de la guerra de Sendero y había que defender a la patria contra los afanes
totalitaristas de los rojos prochinos. Y me alisté en el Ejército. Combatí, maté,
fui herido. Pero sobreviví. Después estuve al otro lado de la trinchera cuando
me desencante del Estado. Vino el año de aislamiento total en Yanamayo, el
indulto, el exilio en Suecia y Brasil, un matrimonio fallido, la muerte de mis
padres. Yo creo que los libros de Vargas Llosa me han salvado de la locura, del
suicidio, de la inmolación pues siempre me he dado un tiempito para leerlos.
Y su ejemplo de lo que debe hacer alguien que
quiere ser un escritor de verdad. ¡Feliz cumpleaños, maestro!
Cumpleaños de Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa cumple setenta y nueve años.
Y sigue en pie como el peñón de Gibraltar.
Sigue escribiendo todos los días con esa disciplina militar que se
impuso para llegar a ser un escritor de verdad, no uno más de esos que abundan
ahora. Sus opiniones, sus textos, su presencia les sigue dando urticaria a
todos esos badulaques que solo tienen la boca para decir estupideces y comer.
Hace tiempo los imbéciles pidieron que mejor se dedicara a cuidar a sus nietos
porque ya estaba chocheando, pero Mario les ha demostrado que cada día escribe
mejor, incluso hace meses subió al escenario para hacer realidad el viejo sueño
que de ser actor tenía.
A Mario lo empecé a leer en el último año del
colegio. Mi profesora de castellano había decidido marcharse del Perú y
generosamente me regaló una buena parte de su biblioteca. Te va a servir de
mucho a ti que te gusta escribir, me dijo. Lee sobre todo a Vargas Llosa, el
resto no vale la pena. Yo entonces escribía mis versos para conquistar chicas y
cuentos fantásticos.
Entre los libros de Vargas Llosa que recibí
estaban “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Conversación en La
Catedral”, “La guerra del fin del mundo”, “Historia de Mayta”. También sus
obras teatrales “La señorita de Tacna” y “Kathye y el hipopótamo”. Los leí con
fruición, pero confieso que terminé más perdido que el minotauro en su
laberinto. ¿Para ser escritor tendría que escribir así todo chueco, torcido,
hacer un laberinto con la estructura? A la mierda con la escritura.
Pero en ese entonces no soñaba con escribir.
Mis sueños eran ser músico, guitarrista, compositor. Quería musicalizar mis
versos y echarme al mundo guitarra al hombro como Serrat, Pablo Milanes, Luis
Eduardo Aute. También quería ser pintor para pintar desnudas a mis primas y
vecinas.
Una cosa es querer y otra poder. Eran los años
de la guerra de Sendero y había que defender a la patria contra los afanes
totalitaristas de los rojos prochinos. Y me alisté en el Ejército. Combatí, maté,
fui herido. Pero sobreviví. Después estuve al otro lado de la trinchera cuando
me desencante del Estado. Vino el año de aislamiento total en Yanamayo, el
indulto, el exilio en Suecia y Brasil, un matrimonio fallido, la muerte de mis
padres. Yo creo que los libros de Vargas Llosa me han salvado de la locura, del
suicidio, de la inmolación pues siempre me he dado un tiempito para leerlos.
Y su ejemplo de lo que debe hacer alguien que
quiere ser un escritor de verdad. ¡Feliz cumpleaños, maestro!
sábado, 21 de marzo de 2015
viernes, 23 de enero de 2015
2015
Empieza un nuevo año. Y ya se va terminando el primer mes. Nuevo planes, nuevos proyectos. Mientras tenga imaginación, seguiré adelante.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
No he vuelto a soñar
No he vuelto a soñar
con una casita en la
montaña
como lo hacía cuando
te amaba
y no pensaba que te
fueras a marchar.
Nos pasábamos las
noches en vela
mirando el cielo,
contando las
estrellas,
dándonos besos.
También nos íbamos a
la playa
a contemplar el mar;
así nos sorprendía la
mañana
y ahora solo me queda
la soledad.
No he vuelto a soñar
con los hijos que
tendríamos;
duele pensar
que solo fue un sueño
mío.
Inventaba canciones
para ti,
escribíamos poemas,
traté de hacerte
feliz,
hice todo lo posible
para que sonrieras,
pero no fue
suficiente
y un día te marchaste
con un adiós para
siempre,
tan solo me dejaste.
Y no he vuelto a
soñar
con una casita en la
montaña,
con los paseos junto
al mar
tú cantando y yo
tocando la guitarra.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Entrevista
Pregunta:
¿Por qué ese afán de escribir sobre la guerra? Lo digo porque tienes varias
novelas, entre publicadas e inéditas, sobre el tema. También cuentos.
Respuesta:
Porque es un hecho que marcó profundamente mi vida. Las secuelas de esa guerra
las sigo padeciendo hasta ahora y es probable que las padezca hasta el mismo día
de mi muerte.
Pregunta:
¿Cuándo empezaste a escribir?
Respuesta:
A los dieciséis o diecisiete años.
Pregunta:
En el Puericultorio de Ayacucho.
Respuesta:
Efectivamente.
Pregunta:
Donde fuiste internado después de la muerte de tus padres.
Respuesta: Así
es.
Pregunta:
¿Fue dura tu niñez en el Puericultorio?
Respuesta: Más
o menos. Imagínate estar en un lugar donde todos éramos huérfanos, donde todos habíamos
vivido la experiencia de ver morir a nuestros padres, a nuestros familiares de
forma violenta.
Pregunta:
Hasta allí no habías pisado la escuela.
Respuesta:
Mmm. Yo nací en el campo, en un lugar de geografía agreste, lejos de la ciudad.
La escuela más cercana estaba a medio día de camino. ¿Para qué me iban a mandar
a estudiar mis padres si leer y escribir me iban a servir de poco para sembrar,
cosechar, hacer leña, pastear las cabras?
Pregunta: Allí
llega Sendero para preparar la guerra.
Respuesta: Sí.
Pregunta: ¿Tú
también participaste en esos preparativos?
Respuesta: Todos
los que vivíamos en ese lugar lo hicimos. Los senderistas nos decían que iban a
luchar para terminar con la injusticia en la cual vivíamos y todos teníamos que
participar porque si nosotros no luchábamos por nuestros derechos, nadie más lo
iba a hacer.
Pregunta:
Retratas ese entrenamiento en “Viaje al corazón de la guerra”.
Respuesta: Sí.
Pregunta:
¿Es una novela testimonial?
Respuesta: Sí.
Como todo lo que he escrito sobre la guerra.
Pregunta:
¿Cuánto de ficción hay en esa novela?
Respuesta:
Un poquito, como para que funcione la novela.
Pregunta:
Volvamos a la guerra. Esta empieza el 17 de mayo de 1980.
Respuesta:
Exactamente. Aunque las primeras acciones no fueron violentas.
Pregunta:
¿La violencia empieza con la intervención de las Fuerzas Armadas?
Respuesta:
Antes. La guerra empieza a ser utilizada con fines personales. Muchas personas
la utilizaron para apropiarse de los terrenos de las personas que no estaban en
Sendero, para despojarlos de sus animales, para vengar viejas rencillas.
Pregunta:
¿Es así como ejecutan a tu padre?
Respuesta:
A mi padre lo acusan de traidor. Cuando la guerra se intensifica, los
senderistas empiezan a reclutar a los chiquillos para que luchemos contra los
militares. Para que no hicieron eso con mis hermanos, mi padre los llevó a
Lima. Entonces lo acusan de traidor y lo ejecutan.
Pregunta:
¿Delante de ustedes?
Respuesta: Sí.
Incluso nos obligaron a que lo enterremos en ese momento.
Pregunta: Después
el Ejército ejecutó a tu madre.
Respuesta:
Mmm. Los militares llegaron un tiempo después a mi pueblo y detuvieron a muchas
personas, entre ellos mi madre y varios familiares, incluyendo a los niños. Nos
llevaron al cuartel de Acobamba y allí ejecutaron a los adultos.
Pregunta:
¿Es cierto que los quemaron vivos delante de ustedes?
Respuesta: Sí.
Nos dijeron que así morirían todas las personas que colaboraran con los
terrucos.
Pregunta:
Debe haber sido una experiencia terrible.
Respuesta: Sí.
Hay noches que esos hechos vuelven como si las estuviera viviendo en ese
instante.
Pregunta: Después
de la muerte de tus padres te entregan al Puericultorio de Ayacucho. ¿Hasta qué
edad estuviste allí?
Respuesta:
Hasta que cumplí los dieciocho años y fui reclutado por el Ejército para
cumplir con mi servicio militar obligatorio.
Pregunta:
¿Mataste?
Respuesta: Estábamos
en guerra, había que matar o morir.
Pregunta:
¿Qué se siente matar?
Respuesta:
Casi nada, porque lo hacíamos en nombre de la patria. Había que matar a los
terrucos que, incluso, eran más violentos que nosotros. Recuerda que ellos
degollaban, apedreaban, mataban con machetes, hachas.
Pregunta:
¿No se pensaba en las víctimas inocentes?
Respuesta:
Sendero tampoco lo pensaba.
Pregunta:
Sales del Ejército y te adoptan los Gastelú Palomino y dejas de ser Aurelio
Mamani Quispe.
Respuesta: Así
es. Ellos eran compadres espirituales de mis padres y, al saber que yo estaba
vivo, decidieron darme un hogar ya que toda mi familia había sido exterminada.
Pregunta:
¿Fuiste feliz con ellos?
Respuesta: Sí,
porque me terminaron de educar y me mandaron a la universidad.
Pregunta:
¿No has hecho nada por recuperar tu antigua identidad?
Respuesta:
No. Me imagino que debe ser un trámite engorroso. A estas alturas de mi vida ya
para qué.
Pregunta:
Ingresas a La Cantuta y empiezas a difundir tus escritos.
Respuesta: Sí.
Empiezo a escribir sobre las cosas que había vivido en Ayacucho.
Pregunta: Y
los aparatos de inteligencia te echan el ojo.
Respuesta: Así
es.
Pregunta:
Un día eres detenido y un tribunal militar sin rostro te condena a cadena
perpetua.
Respuesta: Así
es. Los hechos los cuento en la novela “Cadena perpetua”. No les importó que yo
hubiera hecho el servicio militar, igual me consideraron senderista.
Pregunta:
Un año después la Comisión Ad Doc de Indultos presidida por el padre Hubert
Lanssiers recomienda que se te indulte.
Respuesta:
Era inocente. Mi único pecado fue escribir sobre Ayacucho.
Pregunta: Y
ser cholo.
Respuesta: Sí,
la cara no me ayudaba (risas).
Pregunta:
¿Cómo fue ese año en Yanamayo?
Respuesta:
Terrible, por el frío y el aislamiento total. Yo creo que si no fuese por la
Biblia que me proporcionaron y leí de la primera hasta la última página, me habría
vuelto loco.
Pregunta:
¿Les guardas rencor a las personas que te hicieron daño?
Respuesta:
Antes. Ahora no. Odiar es por gusto, pierdes tu tiempo en personas que no valen
la pena, que, en muchos casos, solo cumplían su función.
Pregunta:
Ahora hablemos de la escritura, de las novelas, los libros. ¿Cuándo empiezas a
escribir en “serio”?
Respuesta:
Hace diez años. Cuando gano el Premio Horacio en cuento. Yo dije si me han dado
el primer lugar, debe ser por algo.
Pregunta:
Entonces decides dedicarte a escribir lo más que puedas.
Respuesta: Sí.
Pregunta:
¿Cuántas horas escribes al día?
Respuesta:
Unas cuatro o cinco.
Pregunta:
¿Tienes un horario?
Respuesta: Sí.
De ocho a once de la mañana y de ocho a diez de la noche.
Pregunta:
¿Todos los días?
Respuesta:
Todas las veces que pueda. A veces no se puede porque tengo reuniones con los
padres de familia o hay actividades en el colegio.
Pregunta:
Me imagino que muchas personas no entienden este horario que tienes.
Respuesta:
Algunos piensan que son horas en las que me estoy rascando la panza.
Pregunta:
Sobre todo las mujeres.
Respuesta:
Sí. Esas son las más jodidas (risas).
Pregunta:
¿Es por eso que no te has casado?
Respuesta:
También.
Pregunta:
¿No sueñas con formar un hogar, tener tus hijos?
Respuesta:
Algún día, cuando encuentre una mujer que me comprenda.
Pregunta:
Que no te estás rascando la panza mientras escribes.
Respuesta:
Aja.
Pregunta: A
pesar de escribir bastante, solo has publicado tres novelas, un libro de
cuentos e integras cuatro antologías.
Respuesta:
Publicar sin pagar no es fácil y, como a mí no me gusta pagar para publicar, la
mayoría de mis novelas están inéditas.
Pregunta:
¿No te desesperas por publicar?
Respuesta: Así
es. Aunque casi todo lo que he escrito están publicados en versión digital.
Pregunta:
¿Escribes solo sobre la guerra?
Respuesta:
No. También tengo un par de novelas eróticas, una novela juvenil, una novela
policial. Escribo sobre todos los temas.
Pregunta: Tú
te das a conocer como escritor gracias a los concursos.
Respuesta: Sí.
Si no fuera por los concursos, no existiría.
Pregunta:
¿Ganar un concurso es fácil?
Respuesta:
No. He perdido más veces de las que he ganado.
Pregunta:
¿Todos los concursos cumplen lo que prometen?
Respuesta:
No. Algunas te hacen el avión.
Pregunta:
¿Por ejemplo?
Respuesta: Todavía
me deben el premio del concurso de novela política de la editorial Pasacalle,
los de los Juegos Florales de Huancayo tampoco cumplieron con publicar mi
novela, lo mismo ha hecho la editorial Educart.
Pregunta:
¿Qué estás escribiendo ahora?
Respuesta:
Una novela policial.
Pregunta:
¿Cuánto tardas en escribir una novela?
Respuesta:
Depende, unos dos años pero, mientras no la publique, las sigo corrigiendo.
Pregunta:
¿Sueñas con vivir algún día de escribir?
Respuesta:
Sería lo ideal, ¿no? Vivir cerca del mar y dedicarte solo a lo que te gusta
hacer.
Pregunta:
¿Qué tal ser profesor?
Respuesta:
Es un oficio que cada día detesto más. En los colegios te embruteces.
Pregunta:
¿Detestas a los niños?
Respuesta:
Están en la lista de las cosas que detesto.
Pregunta:
¿Qué detestas?
Respuesta:
Los perros, los gatos, los niños.
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