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viernes, 4 de noviembre de 2011

Fátima 2

ya me tengo que ir a trabajar
buen día para ti
Fatima Dumas Beltran
ok bye
Harol Gastelú
<3
chau
Fatima Dumas Beltran
ok :)
Ayer
Harol Gastelú
hola linda
Fatima Dumas Beltran
ola
Harol Gastelú
como te va?
Fatima Dumas Beltran
bien y tu
Harol Gastelú
mas o menos
Fatima Dumas Beltran
por
Harol Gastelú
hace poco me compré una moto
y me choque
Fatima Dumas Beltran
oh si como fue eso
Harol Gastelú
se ve que no te importa mi vida
chau
Fatima Dumas Beltran
te pregunte como paso y no me respondiste
asi q no me vengas tratando mal ok
porque la que dice chao soy yo
Hoy
Harol Gastelú
hola
Fatima Dumas Beltran
hola
Harol Gastelú
a ver cuál es el secreto de tu romanticismo?
Fatima Dumas Beltran
es que mi mejor amigo hoy me declaro su amor y no se que hacer
Harol Gastelú
plop
no eres casada?
Fatima Dumas Beltran
es una locura
Harol Gastelú
pero eres casada
Fatima Dumas Beltran
si lo soy
Harol Gastelú
y cómo puedes permitir que se te declaren
o decir no sé qué hacer ante esa declaración si tienes esposo
Fatima Dumas Beltran
ya mi esposo lo sabe
Harol Gastelú
jaja
y qué dice?
se ríe?
Fatima Dumas Beltran
yo no oculto nada
pero bueno si vas a venir a criticarme mejor lo dejamos aqui
Harol Gastelú
o le va a pegar al hombre ese
sorry
es que me ponía en tu lugar
hay una chica que me gusta
pero tiene enamorado
Fatima Dumas Beltran
no hay que pegarle a nadie
Harol Gastelú
y qué vas a hacer?
qué le has dicho a tu amigo?
Fatima Dumas Beltran
pues que se tiene que olvidar del tema
pero no entiende
Harol Gastelú
wao
fue una declaración sorpresiva o salías con él?
Fatima Dumas Beltran
oh si y entonces que vas hacer sobre la chica?
Harol Gastelú
te le insinuabas?
no sé
por eso te pregunto
qué harías si alguien se te declara
y tienes tu enamorado
lo piensas o me mandas al diablo al instante?
Fatima Dumas Beltran
pues la verdad nose que haria
Harol Gastelú
plop
Fatima Dumas Beltran
pensaria muy bien las cosas
Harol Gastelú
así estes enamorada del otro?
Fatima Dumas Beltran
viera las dos caras del libro
Harol Gastelú
libro?
Fatima Dumas Beltran
las dos situaciones
Harol Gastelú
quién te conviene más?
Fatima Dumas Beltran
a mi mi esposo siempre
Harol Gastelú
digo en mi caso
si tu fueras la chica
Fatima Dumas Beltran
nose chico
Harol Gastelú
ese es mi dilema
aunque temo hacer el ridiculo
Fatima Dumas Beltran
pues espero se resuelva pronto para ti
Harol Gastelú
y malogre esa amistad
eso
porque el año escolar se acaba
Fatima Dumas Beltran
si y la chica que edad tiene
Harol Gastelú
y ella se irá porque es profesora contratada
26 años
Fatima Dumas Beltran
ahh bueno
si de verdad la quieres intentalo
Harol Gastelú
antes que se vaya
a veces siento que siente algo por mí
porque se turba, se averguenza
y otras es como si yo le fuera indiferente
cómo darme cuenta que una chica reservada está enamorada de mí?
Fatima Dumas Beltran
trata es lo unico que te pudiera aconsejar
ademas uno tiene que ser valiente en el amor
Harol Gastelú
eso
Fatima Dumas Beltran
si de verdad lo quiere
Harol Gastelú
hacer méritos
ir a buscarla
esperarla
para salir con ella
Fatima Dumas Beltran
si
Harol Gastelú
Y eso es lo que no me gusta hacer
con los años me he vuelto más reservado
Fatima Dumas Beltran
hablale bajito , invitala a tomar algo por ahi empieza todo
Harol Gastelú
antes hacia locuras por una mujer
jaja
Fatima Dumas Beltran
jajaja
Harol Gastelú
hemos compartido el almuerzo un par de veces
y le hablaba así
Fatima Dumas Beltran
ahh bueno eso es un prncipio
Harol Gastelú
ella me preguntaba si me había fijado en su peinado del día anterior
y yo le decía que sí, que estaba linda
a pesar que se veía fea
jaja
Fatima Dumas Beltran
ayy que malo eres
Harol Gastelú
jaja
Fatima Dumas Beltran
eres terrible
Harol Gastelú
Hace un par de semanas la saqué a bailar en medio del patio del colegio
le saqué de la mano
Fatima Dumas Beltran
ahh que lindo
Harol Gastelú
y todos los chicos hicieron bulla
Fatima Dumas Beltran
tu eres professor
Harol Gastelú
23:29
y luego me contaron los alumnos que la fastidiaban y ella se ponía colorada
y solo decía No me fastidien
Sí, soy profesor
y te estoy hablando de una profesora
Fatima Dumas Beltran
de que>?
Harol Gastelú
no vayas a pensar que es una alumna
de Literatura
Fatima Dumas Beltran
ahh bueno que bien
Conversación de chat finalizada

Fátima

Libro del amor y de las profesías



de Edgardo Rivera Martínez. Una extensa novela de más de quinientas páginas que leí en un mes, si no me equivoco. Algún día espero escribir un libro extenso como este. Es el diario de Juan Esteban Uscamayta que lo escribe para su prima Urganda, una mujer que tiene fama de adivina. Urganda le lanza una maldición al alcalde Porras: le saldrán cachos. Y parece que así fue porque el alcalde de Jauja viaja a Lima por "una caída". También nos cuentan los amores de Juan Esteban y Justina, una mujer que gusta de contar mitos de la selva. Y también el establecimiento del prostíbulo El Triunfo regentada, primero, por una ex beata.



Ah, uno de los personajes es la beata Leovigilda Gastelú, uy, ¿será pariente mío?, porque los Gastelú somos pocos en el Perú, tenemos como tronco a Manuel y Antonio Gastelú, que llegaron con los conquistadores.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Este domingo



de José Donoso. Novela que narra la decadencia, el fin de una edad, el destino que nadie puede cambiar de algunas personas. Aquí están los temas que siempre obsesionaron a José Donoso: la muerte, el paso del tiempo, las clases sociales, el descubrimiento del sexo. Libro de memorias, de recuerdos. Álvaro descubre los placeres carnales con la Violeta, su sirvienta. Unos niños inventan juegos durante las siestas de sus padres. Eso es en el pasado. En el presente, Álvaro es un viejo que descubre en su pecho un lunar cancerígeno mientras su mujer anda preocupada por la suerte de Maya, un preso a quien la Chepa sacó de la cárcel. Pero hagan lo que hagan por él, el destino de Maya ya ha sido escrito desde antes de su nacimiento: estar jodido, vivir en la miseria. Nació en el charco, y en el charco se quedará hasta el fin de sus días.



Esta novela la leí camino al trabajo, sobre todo en la ida, en que puedo encontrar asiento vacío. La volví a releer después de muchos años, más de diez, me imagino. Leer a Donoso siempre es bueno. Esa es literatura, no las huevadas que últimamente publican las editoriales.

Hace 20 años

los comandos antiguerrilleros aniquilaron a un grupo de simpatizantes de SL que estaban organizando una pollada con el fin de recaudar fondos para el aparato logístico de la guerrilla que se aprestaba a dar el gran salto a la ciudad. Medio año después, los valerosos muchachos del Grupo Colina incursionaron en La Cantuta y detuvieron y desaparecieron a los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas de La Cantuta, fachada de SL. Ese fue el zarpazo semifinal a la guerrilla que sería descabezado en setiembre del 1992, con lo cual se terminó la guerra. Lo demás es puro cuento.

martes, 1 de noviembre de 2011

La rosa negra


–Señor, ¿podría prestarme la escalera?

Miré hacia abajo. La mujer era joven y bonita. Llevaba un vestido negro de modelo antiguo. En las manos tenía un ramo de unas rosas tan rojas que parecían negras.

–Un momento y termino –le dije.

–Ya. Espero.

Estaba visitando a mi madre. Terminé de ponerle sus flores. Era el atardecer del 31 de octubre. Al día siguiente el cementerio se iba a convertir en una feria. Detesto las aglomeraciones, la música y las muestras de euforia en un lugar que yo considero para el recogimiento y la paz. Hasta ahora no comprendo por qué las autoridades dejan que la gente beba y baile hasta “morir” en los camposantos.

–Chau, mamá, pasado mañana vengo, cuídame –murmuré.

Bajé.

–La escalera es suya, señorita.

–¿Podría ayudarme a llevarla hasta el nicho de mi difunto? –me pidió. Tenía la voz suave como el susurro del viento entre las flores del cementerio.

–Claro. No faltaba más. ¿A qué pabellón?

–Al Santa Rosa de Lima.

Me puse la escalera sobre los hombros y eché a andar tras ella. Ese pabellón estaba en el lado antiguo. El ceñido vestido dibujaba su figura estilizada. A su paso dejaba una estela de perfume añejo. ¿Quién se te murió?, solía ser la pregunta con que empezaba yo mis diálogos cuando alguien me interesaba. Había obtenido buenos resultados en un par de ocasiones. Generalmente en los cementerios las personas están con ánimos de contar sus vidas, sus pesares después de haber sufrido una pérdida y necesitan oír unas palabras de consuelo. ¿Quién se te murió, amiga? Esta vez se me hacía difícil emplear mi fórmula. Temía que notara mi apresuramiento. Poco a poco se llega al cielo, Harold, me dije.

Llegamos al pabellón indicado. Habíamos recorrido medio cementerio. Tenía los hombros adoloridos. Así debió de estar Cristo después de cargar su cruz, pensé.

–Mi finadito está allí –dijo ella, señalando un nicho de la última fila–. ¿Podría sostener la escalera mientras subo, por favor?

–Ya, no se preocupe.

Empezó a subir. Menos mal que no pesaba nada, se la veía tan frágil, como para que venciera mis fuerzas y rodara escaleras abajo. ¿Por qué construirán pabellones tan altos? ¿Para que las almas lleguen más rápido al cielo?

Los floreros contenían unas resecas rosas. Por lo visto, al difunto venían a visitarlo una vez al año. El nicho estaba cubierto de polvo y tela de araña. Sacó los floreros y se dispuso a bajar. Me miró: estaba sosteniendo a un esqueleto. Me miró con sus cuencas vacías. Era una mirada penetrante. Tenía los dientes amarillos, largos. Dioses. Sentí un desvanecimiento. Sostuve fuerte la escalera para no cayera. Quise gritar, pero ningún sonido brotó de mi garganta. Me restregué los ojos y volví a mirar: la chica me sonreía. Debe haber sido una mala jugada de mis sentidos, me dije. ¿No había escuchado la semana anterior el aullido de un perro y el arrastrarse de unas cadenas? En los cementerios pasan algunas cosas que escapan a la razón.

–¿Le pasa algo? –me preguntó.

¿Contarle lo que acababa de ver para que me tildara de loco?

–No. Nada. No se preocupe.

Volvió a subir para limpiar el nicho. El polvo que se levantó casi la asfixia. Creo que lo mejor es que a uno lo incineren y arrojen sus cenizas al mar o lo guarden en un rincón para no causar más molestias a los vivos.

Bajó. Al ayudarla con las rosas, me pinché un dedo con una espina.

–¡Oh, se ha lastimado! –dijo ella, con pesar, tomando mi mano.

Tenía las manos heladas como el mármol de los nichos. Eran unas manos blancas, casi transparentes, se notaban las venas azul verdosas que la recorrían. Tenía las uñas largas y pintadas de rojo como la sangre que brotaba de mi dedo. Sacó de su escote un pañuelito de seda y me envolvió el miembro herido. El pañuelo blanco se puso rojo. ¿Tanta sangre brotaba de un pinchazo?

Presionó mi dedo. Sus manos se mancharon. Por fin la sangre cesó de brotar.

Oscurecía. Los últimos deudos abandonaban el camposanto.

–¿Nos vamos, o se queda? –preguntó.

–Nos vamos. Ya llegará el día en que me quede aquí para siempre.

Sonrió.

–¿Un cafecito? –le ofrecí, ya en la calle.

–Si no es mucha molestia. Gracias.

Ahora estábamos sentados frente a frente ante dos humeantes tazas de café. Se llamaba Ximena. Venía a visitar a su padre. Había sido un hombre bueno que gustaba del campo, las plantas y el río. Solía pasarse las tardes leyendo, soñando visitar los mundos descritos en los textos. Sus ojos brillaron. Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. La muerte de un ser querido es el dolor más profundo que un hombre pueda padecer, pensé mientras acariciaba sus heladas manos. Tantas cosas que compartí con mamá. Tantos sueños que se quedaron truncos ante su repentina partida.

Lloró por un buen rato. Llorar es bueno. Llorar libera tu corazón de un gran peso, pensé decirle, pero no lo hice. La vida es así. Todos vamos a morir algún día. A mamá la lloré meses. La lloré todos los días. Fue la mujer más buena que yo haya conocido. Mi único consuelo es saber que ahora, esté donde esté, está en paz.

–¿Vienes mañana a visitar a tu mamá, Harold? –me preguntó, ya calmada.

Le iba a decir que no, ¿no te parece patético que la gente se emborrache, cante, baile perturbando la tranquilidad de los muertos?, pero no lo hice.

–Sí –le dije–. Un rato. ¿Tú?

–También –dijo Ximena–. Tempranito. Hay menos gente a primera hora. A ver si nos encontramos.

–Ya.

Nos despedimos.

Al siguiente día la esperé inútilmente durante todo el día soportando el barullo de la gente.

Sospeché algo. Busqué una escalera. Subí. Los floreros llenos de sangre contenían unas relucientes rosas negras. Harold Gastelú Palomino: 06 junio 1868 – 22 julio 1910, decía en la lápida. Recuerdo de su hija Ximena.

Yo era Harold Gastelú Palomino. Había muerto hace un siglo.