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lunes, 3 de octubre de 2011

Amores digitales


AMORES DIGITALES

Si no haces preguntas, no oirás mentiras, JAMES JOYCE, Ulises

Tú crees todo lo que te cuento, CARLOS FUENTES, Cambio de piel

–Lee este poemita, Minina: Llegará nuevamente la primavera, / se repetirá otra vez el verano, / en la playa cantarán las sirenas, / pero tú ya no estarás nunca más a mi lado (Gatita).

–…

–¿Estás por ahí, Gatita, o te fuiste a cazar ratones?

–Tus poemas siempre me hacen llorar, Agus.

–Toma este pañuelo y seca esos ojitos que se te ve fea con la carita llena de lágrimas.

–Ay, Agus, tú siempre me haces reír y llorar.

–Vivir conmigo sería divertido, ¿no?

–Mmm.

–¿Qué significa mmm, Minina?

–No sé…, tantas cosas.

–¿Y cómo te va en tus cursos?

–Ahí, pataleando. Tú sabes que yo no soy tan inteligente como tú.

–Llegaste tarde a la repartición de cerebros y te pusieron después de la Chuchi Díaz.

–Jajá, tampoco tampoco.

–Pero todo depende de ti, Gatita. Todas las cosas son posibles si te esfuerzas aunque sea un poquito.

–Eso es lo que me está enseñando la vida, amigo.

–Ya verás que un día vas a ser la número uno de tu facultad.

–Ojalá. Y como ahora me muero de sueño y mañana tengo que madrugar, me voy a mi camita.

–¿Tan temprano?

–Sí, amigo. Ya me pesan los ojos.

–Bueno pues, hasta mañana. Que sueñes con los angelitos.

–Tú también, Agus. Chau.

–Chau, amiga.

***

–¿Y cómo te fue hoy, Minina?

–Bien, Agus. Me la pasé descansando.

–¿Qué haces los sábados, amiga?

–Duermo hasta tarde, limpio mi cuarto, lavo mis trapos, ayudo a mi mamá, leo El Comercio. En Somos hay una sección llamada El test de Prouts, ¿te hago preguntas de allí?

–Si gustas. Adelante con tu interrogatorio, cazadora de ratones, pero no me hagas preguntas indiscretas, ¿OK?

–De acuerdo, amigo. ¿De qué equipo eres?

–Del otro.

–¿Qué dijiste?

–Que esa pregunta no está en el test.

–Pues yo quiero que esté.

–Ya te contesté, entonces (Gatita caprichosa).

–Bien, continúo: ¿cuál es tu pasatiempo favorito?

–Conversar con cierta minina, ¿y el tuyo?

–Me halagas, amigo. Lástima que yo no pueda decir lo mismo.

–…

–¿Agus?

–…

–¿Estás ahí, amigo? Estaba bromeando.

–Ojalá. Sigue con tus preguntas, Gatita bromeadora.

–¿Qué sería para ti la felicidad perfecta?

–Conocer en vivo y en directo a cierta micifuz. ¿Y para ti?

–Pasarme durmiendo todo el día.

–Media flojita eres, cazadora de pericotes.

–Ay, Agus, si supieras que hace días, mejor dicho noches, apenas duermo un par de horas.

–¿Problemas de insomnio, Gatita?

–No, amigo; son por los estudios. En la universidad me dejan trabajos hasta por gusto.

–Ah, era por eso. Yo ya te iba a mandar mi Manual del sueño rápido por el doctor Agustín, especialista en problemas del sueño femenino y gatuno.

–¿Y es efectivo su manual, “doctor”?

–Cien por ciento, mi estimada paciente y cliente. Dígamelo a mí que todas las noches duermo a pierna suelta como un inocente angelito.

–Quién como tú, amigo; te envidio.

–Gatita, tienes que cuidarte, no te vayas a enfermar por tanto estudiar. Tú sabes que el cerebro no es de acero; acuérdate que hasta las computadoras se cuelgan. No se te vayan a cruzar los chicotes y terminas en el Larco Herrera. ¿Te estás alimentando bien?

–Como bastante, Agus. Trago como chancho con hambre.

–Me imagino que estarás gordita. ¿Cuánto pesas?

–Adivina.

–¿Sesenta kilos?

–Un poco más.

–¿En serio?

–Claro. ¿Por?

–A mí me gustan las delgadas.

–¿No te gustan las gorditas?

–No. Me caen pesadas. Tendrás que hacer dieta. Máximo te acepto con cincuenta kilos.

–No te asustes por gusto. Soy delgadita.

–Menos mal, porque yo ya te iba a mandar mi famoso Método para bajar de peso sin comer un mes por el médico y nutricionista Agustín, especialistas en gordas, cerdas y chanchas.

–Tú quieres exterminar a las gordas, amigo.

–Habría más comida en el mundo sin ellas, ¿no?

–Tienes razón. Continúo con mis preguntas: ¿cuál es tu mayor defecto?

–La tengo chica.

–¿Qué?

–Mi oreja derecha.

–¿Por?

–Se parece a la de Dumbo.

–Si quieres, te la igualo con mi tijera.

–Bien mala eres, Gatita.

–Amigo, te quiero hacer un gran favor sin cobrarte por mis servicios, y todavía te quejas. No te entiendo.

–Así estoy bien, amiga. He aprendido a quererme con todos mis defectos y virtudes.

–Al menos voy a tener paraguas gratis.

–Ah. ¿Y de ti cuál es tu mayor defecto?

–No sé, tendría que mirarme en el espejo.

–Mejor mírate en mis ojos…

–De repente eres ciego o tuerto, Agus.

–Por si acaso, tengo un ojo azul y el otro verde que cambian de color con las estaciones. Mis fans dicen que ese es mi mayor atractivo.

–Solito te echas flores, Agus.

–Si yo no me quiero, ¿quién me va a querer, ah?

–Alguien te querrá.

–Ojalá.

–Continúo con mi interrogatorio antiterrorista: ¿en que ocasiones mientes, amigo orejas de pachanga?

–Nunca.

–¿Nunca nunca? Eso es imposible.

–Bueno, alguna vez habré dicho una mentirita sin darme cuenta.

–Y sin darte cuenta te creció la nariz como Pinocho.

–Ah. Ahora la tengo grandota. ¿Y tú nunca mientes, Gatubela? Porque las mujeres sois mentirosillas por defecto.

–No todas somos iguales, Agus.

–Pero sí la gran mayoría.

–Menos yo.

–Ojalá, porque me daría cuenta y te sacaría de mi vida sin contemplación alguna, amiga.

–Por lo visto, has tenido mala experiencia con las pinochas, Agus.

–Ah. Tenía una amiga, entre comillas, que me mentía hasta por gusto.

–Y fijo que lo peor era que no sabía mentir, ¿no?

–Ah. Solita se delataba: un día me decía una cosa, otro día me decía otra cosa.

–Aparte de mentirosa, tenía mala memoria.

–Sufría un poco de la cabeza. Alucinaba tonterías: que iba a ser feliz en la otra vida, que nunca iba a olvidar a su primer amor, etc.

–Pobrecita tu amiga.

–Ni le tengas pena porque en el fondo era una mala mujer y tenía bien merecido todo lo que le pasaba.

–Me estoy dando cuenta que tú eres bien malo, Agus.

–Yo soy una combinación de Jason, Freddy Kruger y Chuqui. Algún día te lo demostraré.

–Ay, mamita, qué miedo. ¿Cómo terminaste con tu amiga? ¿Le cortaste el pescuezo?

–Hubiera querido, pero no valía la pena. Cuando lloraba yo pensaba esas lágrimas son de cocodrilo y la consolaba de a mentiritas.

–Entonces tú también mentías.

–Empujado por las circunstancias. Porque yo no seré religioso, pero mi conciencia no es un calzón que se lava los domingos rezando hasta por gusto.

–¿Nunca le reclamaste por mentirte? Porque los amigos estamos para decirnos nuestras verdades.

–Sí, pero no le importaba. Ella decía que podía hacer con su vida lo que quisiera.

–Por lo visto estaba bien loca.

–Ah, pero ya no hablemos de esa persona que no vale la pena. Para mí ya no existe.

–Como quieras, amigo. Sigo preguntándote: ¿cómo te gustaría morir?

–Atravesado.

–Gracioso.

–La verdad es que nunca me he puesto a pensar cómo me gustaría morir. ¿Y tú, Gatita?

–Tampoco. Ya cuando llegue el momento, lo pensaré.

–Te va a faltar tiempo.

–Eso es lo malo, pero qué importa, ya veré cómo me las ingenio. Continúo: si te murieras y se te permitiera volver convertido en otra persona o cosa, ¿cuál crees que serías?

–Tu almohada.

–Gracioso.

–En serio, Minina. ¿Y tú?

–No lo he pensado; como eso es imposible.

–¿Y entonces por qué me lo preguntas a mí?

–Por simple curiosidad.

–Bien graciosa eres, Gaticuriosa.

–Ah. Continúo: ¿qué talento te gustaría tener, Agus?

–Tocar la guitarra como los ángeles.

–Que yo sepa, los ángeles tocan la trompeta.

–Pues yo quiero tocar la guitarra.

–Entonces cómprate tu guitarra y practica.

–Eso es lo que voy a hacer para llevarte serenata el día de tu cumpleaños.

–Mi mamá te va a echar agua.

–Con tal que no sea agua hervida.

–Bueno, esta niña se va a dormir. Otro día continuamos. Chau, Agus.

–Todavía es temprano.

–Pero me muero de sueño. Chau.

–Bueno, chau, Gatita. Sueña con los ángeles.

***

Gatita:

Hola, ¿cómo estás? Espero que muy bien. Te mando estos versitos que escribí ayer: Hasta el tiempo está triste, / el cielo se ha vestido de colores grises, / los jardines se pueblan de hojas muertas/ y tú (Gatita) no estás cerca.

Recibe muchos saludos de Agus

***

Hola, Agus:

Gracias por tu poema, está bonito. ¿En quién te inspiraste? No me digas que estás más templado que las cuerdas de una guitarra Falcón. Se nota que estás sufriendo por alguien, pícaro. ¿Quién ha sido la mala que te ha choteado? Insiste, no te des por vencido así nomás. Te mando una postal que espero que te guste.

Arrivederci

Gatu(bella)

***

Querida Minina:

Hola, ¿cómo estás? Espero que muy bien. Gracias por darme aliento, y por la postal, estaba bien… horrible. No, mentira, está bien bonita, tú sabes que a mí me encantan los paisajes marinos, aunque hubiera sido estupendo que la postal tuviera una sirena de espectaculares 90-60-90 para deleitarme los ojos, pero en fin, tanto tampoco puedo pedir. Me alegro que te haya gustado mi poemita. ¿Que en quién me inspiré? Pues adivina: en cierta minina que todavía no me ha choteado; el triste día en que lo haga, tomo racumín, me cuelgo de un árbol, me tiro del Puente Villena. Bueno, amiga, estudia, pero no bastante, cuídate, y chau.

Se despide de ti

Agus

P.D.:

Abrígate bastante

***

Agus:

Hola, ¿qué tal, cómo estás? Espero que muy bien. Gracias por lo de abrígate bastante, tú también. Está haciendo mucho frío, ¿no? Y peor por las madrugadas, siento que mis pobres huesos se congelan, ¿así será la Antártida? Últimamente estoy durmiendo con doble pijama y cinco frazadas. Cambiando de tema: oye, Agus, ¿no serás tan, pero tan… como para matarte por una mujer, no? La vida es hermosa, y si hoy estás sufriendo, mañana serás feliz, porque a un día con lluvia, sigue otro con espléndido sol. El amor nos llega a todos cuando menos lo pensamos, amigo, no desesperes y mira el mañana con esperanza, ¿está bien? No me gustaría ver a mi amigo colgado de un árbol como una piñata. Saca esas ideas negativas de tu cabeza y sigue adelante.

Chau

Gatu(bella)

***

–¿Qué tal, Agus?

–Aquí, Gatita, más o menos. ¿Y tú cómo estás?

–Aquí, preocupada por ti. ¿Son ciertas tus intenciones de tirarte del Puente Villena por una fémina (que espero no sea tu ex amiga, la mentirosa, para más señas)?

–…

–No serás tan sonso, ¿verdad?, porque mujeres hay hasta por gusto. ¿No dicen que a cada hombre le corresponden seis o siete mujeres y de yapa un cabrito? Uff, tienes hasta para escoger.

–Mi corazón ya escogió, Minina…

–Pero tienes que pensar con la cabeza, Agus, no con el corazón, porque si piensas con ese órgano, te fundiste.

–El que ama, siempre pierde, ¿no?

–Así es el juego del amor, amigo, lamentablemente.

–¿Y qué me aconsejas?

–Que sigas viviendo, y paciencia, ya lograrás ese amor que hoy te es esquivo…

–…algún día.

–Ajá. Poco a poco se llega lejos, ¿no?

–Mmm. ¿Y cómo te va en tus estudios?

–Bien. En mi último examen me saqué una de las notas más altas de mi salón.

–¡Felicitaciones! Así dices que no eres inteligente. Te lo tenías bien guardadito.

–Gracias, Agus.

–¿Cuándo lo vamos a celebrar?

–Cualquier día, yo te aviso.

–Ya.

–Bueno, ahora sí me voy a dormir tranquila. Hasta mañana, Agus.

–Hasta mañana, amiga, y sueña con los angelitos.

–Tú también, y ya no pienses tonterías.

–Ya. Chau.

***

–Hola, Agus.

–Hola, Gatita.

–Puntual como siempre.

–Tú sabes que la puntualidad es uno de mis mayores defectos.

–Al contrario, es una virtud.

–Ni creas, Minina. Cuando quedo con alguien para una determinada hora y no llega, la impaciencia me empieza a atormentar.

–Y te salen ronchas por todo el cuerpo, te falta el aire.

–Ajá. Pienso que de repente a esa persona le ha pasado algo.

–Tú te atormentas por gusto, Agus. Al que le va a pasar algo es a ti por preocuparte sin tener motivos. Tú sabes que casi todos somos impuntuales.

–Conmigo tienes que ser puntual como un reloj suizo, Minina.

–Ya, jefe. Desde hoy trataré de llegar siempre temprano al trabajo.

–Más le vale, señorita caza roedores, porque no se vaya a quedar en la calle por dormilona.

–¿Y si tengo algún plancito mañanero por ahí?

–Más te vale que no lo tengas, porque te cae tas-tas en el popó si te descubro planeando en algún callejón oscuro.

–Jajá. ¿Tú eres celoso, Agus?

–Recontra.

–No me dejarías salir ni a la esquina.

–¿Qué vas a hacer en la esquina?

–A chismosear con mis amigas.

–En las esquinas solo están las mujeres malas, Minina. Mejor vete a una esquina del Hospital, así de paso ganas tu billete y no estás perdiendo tu tiempo.

–Las buenas tenemos que estar temprano en nuestras casas, ¿no?

–Claro. ¿O no tienes nada que hacer para estar perdiendo tu tiempo en los callejones?

–¿Si estoy contigo, supongamos, y te traiciono, Agus?

–Te corto el pescuezo con mi machete.

–Mejor me quedo sola, por seguridad.

–Son bromitas nomás, no te las vayas a creer, Gatita fiel.

–Ojalá.

–¿No quieres probar?

–No. Mejor me voy a dormir. Chau, Agus, hasta otro día.

–Chau, Gatita. Sueña con los angelitos.

***

–¿Y qué tal te fue este día, Minina?

–Bien. Fui a ver Paloma de papel y Freddy versus Jason.

–¿Solita, o mal acompañada?

–Sola. (Pobre de mí.)

–Cualquiera avisa.

–Fue sin planificarlo. Mis clases terminaron temprano, y como me dolía un poco la cabeza, decidí ir al cine para relajarme un poco.

–Es bueno que te distraigas de vez en cuando, amiga

–¿Y tú no vas al cine, Agus?

–Yo no tengo tiempo ni para ir a la esquina.

–Yo te estoy diciendo al cine, no a la esquina. ¿Para qué quieres ir a la esquina?

–Era un decir.

–Bien que te creo, frecuentador de esquinas.

–Ay, Minina, tú eres bien fregada.

–Ya me estás conociendo.

–Si te invito al cine para conocerte más, ¿aceptas?

–Esta semana estoy recontra ocupada.

–¿Y la otra?

–Yo te aviso.

–Ya. Lee el siguiente poemita que se me acaba de ocurrir: Mi corazón tiene una pena, / mis ojos tienen lágrimas, / mi alma va por las calles desiertas / con un vacío en la mirada.

–Tú siempre tan romántico, amigo.

–Ya parece enfermedad.

–Bueno, me voy a dormir, estoy que me muero de cansancio. Hasta otro día. Chau.

–Chau, Gatita, cuídate.

***

–¿Qué clase de música escuchas, Agus?

–Vivaldi, Bach, Beethoven, Mozart.

–Qué aburrido eres.

–No. Mentira. Escucho a Leonardo Favio, Leo Dan, Perales, Juan Gabriel, etc.

–Pura gente antigua nomás.

–Mmm. Pero no me vas a negar que las canciones de antes eran mejores que las de ahora; más románticas, más tiernas, que te llegaban directo al corazón.

–Tienes razón, porque las canciones de ahora son más atrevidas.

–Puro chuculún nomás.

–Ah, como para perrear.

–¿Y tú qué clase de música escuchas, Gati?

–De todo: Agua Bella, Axé Bahía, Sonia Morales. ¿Te gustan?

–No. Me dan dolor de cabeza.

–¿Ni para bailar?

–Hace tiempo que no voy a una discoteca.

–Deberías ir.

–¿Vamos?

–Este fin de semana estoy recontra ocupada. No voy a tener tiempo ni para buscarme los piojos.

–Bueno, tú me avisas cuando termines de despiojarte, de sacarte las pulgas, las garrapatas, los chinches, ¿ya? Chau.

–No es para que te molestes, Agus.

–No estoy molesto. Mírame: estoy sonriendo de oreja a oreja. Chau.

–Agus…

***

–Hola, Minina, ¿qué tal?

–Bien.

–¿Cómo te fue este día?

–Bien.

–¿Creo que estás molesta?

–¿Molesta yo? Claro que no. Mírame: estoy sonriendo de oreja a oreja: jajá.

–Disculpa, amiga.

–No acepto tus disculpas.

–¡Por favor, Gatita linda!

–¡No!

–Tú eres buena, Gatita. Si quieres, me pongo de rodillas.

–¿Y puedo poner chapitas en el suelo?

–Chapitas, tachuelas, clavos, pero discúlpame, ¿sí?

–¿Me prometes que nunca más volverás a tratarme como la otra vez?

–Te lo prometo. Pero tú también no seas tan choteadora.

–Es que no tengo tiempo para nada, Agus. Estoy recontra ocupada. Por mí aceptaría encantada salir a pasear, a bailar, pero con las justas tengo tiempo para estudiar.

–Hasta que te vuelvas loca.

–Es el riesgo que tengo que correr si quiero ser alguien en la vida, ¿no?

–Pero también tienes que divertirte de vez en cuando.

–Lo sé, Agus, y gracias por preocuparte por mí.

–Algún día será, ¿no?

–Mmm. Bueno, me voy a dormir. Chau, Agus.

–Chau, Gatita. Cuídate, y no estudies mucho.

–Ya, Agus. Chau.

***

–Hoy estuve en Chosica.

–Y no invitaste.

–Disculpa. Fue sin planificarlo. Vinieron a buscarme unos amigos y nos fuimos.

–¿Amigos de 90-60-90?

–Ya quisiera yo haber ido con una chica.

–Ya llegará ese día.

–Ojalá.

–Quién como tú que has disfrutado de un día de sol.

–¿Vamos el otro domingo?

–Voy a ir con mi mamá a visitar a una tía que está enferma.

–¿No digo yo que uno las invita y ellas no quieren?

–No es eso, Agus…

–Tú quisieras ir, pero tienes que acompañar a mamita, ¿no?

–En las vacaciones voy a tener tiempo hasta por gusto.

–Hasta que lleguen tus vacaciones dónde (diablos) estaré yo.

–¿Y qué tal Chosica?

–Bastante calor.

–¿Y las chosicanas?

–Bonitas, lindas, hermosas…

–Te hubieras traído una.

–Hubiera querido, pero como mi corazón ya tiene dueña…

–…

–Algún día me compraré una casita por esos lares.

–Me avisas para visitarte. Se puede, ¿no?

–Claro. Las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ti.

–A ver si voy un domingo para disfrutar de un día de sol.

–Ya. Vienes cuando quieras. Yo encantado de recibirte en mi casa.

–Gracias. Ahora esta niña se va a su camita porque se muere de sueño.

–Entonces hasta otro día, Minina. Chau, cuídate.

–Tú también, Agus. Chau.

***

–¿Cuántos años tienes, Gatita?

–Eso no se le pregunta a las mujeres, amigo.

–Ya pues, Minina, dime tu edad.

–¿Cuántos años me echas tú, Agus?

–Por lo menos unos cuarenta.

–¿Qué comes que adivinas?

–¡…!

–¿Agus?

–…

–Te has quedado mudo.

–¿Tan tía eres?

–Qué más quieres, ya no soy una chiquilla inexperta, te puedo enseñar muchas cosas de la vida. ¿No dicen que gallina vieja da buen caldo, ah?

–¿En serio tienes tantos años?

–Claro que sí. ¿Por?

–Para buscar por ahí una nena.

–No me digas que eres roba cuna, Agus.

–No, pero mejor es la carne fresca, ¿no crees?

–Eres caníbal.

–Ah. ¿Cuántos años tienes? Franquéate, Minina.

–Veinte abriles.

–¿En serio, o me estás tomando el pelo?

–En serio. Tengo veinte añitos.

–Así está mejor. ¿Cuándo cumples los veintiuno para llevarte mariachis?

–En setiembre.

Flor de la primavera que naciste / rodeada de espinas y cardos.

–Tú siempre con tus poemas, Agus.

–Ah. Tanta belleza me inspira…

–Bueno, yo me voy porque tengo un montón de tareas. Chau, Agus, hasta otro día.

–Chau, Gatita, cuídate.

***

–¿Y cómo eres físicamente, Gatita?

–Adivina.

–¿Como la Pamela Anderson?

–Ya quisiera yo tener esas ubres para alimentar a un batallón de niños hambrientos.

–¿Como la Thalía?

–Frío. Tan flaca no soy.

–¿Como la Paulina Rubio?

–Tengo los cabellos lacios.

–¿Negros o castaños?

–Castaño claro.

–¿No te parecerás a la Sofía Vergara?

–¿Te gusta ella?

–Es mi modelo favorita.

–Te habrás bajado todas sus fotos.

–Ah.

–Provecho.

–Gracias. ¿Cuándo me mandas una foto tuya?

–¿Para qué quieres mi foto si ahí tienes a tu Sofía Vergara?

–Nada gano mirando esas fotos que no tienen vida.

–Tú podrías darles vida.

–¿Para qué?

–Para que seas feliz.

–Quiero la felicidad con otra persona…

–Ojalá que la encuentres. ¿Y a quién te pareces tú, Agus?

–Tú no adivinaste.

–Sigue preguntándome.

–¿A la Laura Bozzo?

–Tan bonita no soy.

–¿A la momia Juanita?

–A ella sí me parezco bastante. ¿Te gusta?

–Un montón. Se parece a mi modelo favorita.

–¿Y a quién te pareces tú, Agus?

–A Gollum/Smeagol.

–¿Te pareces a esa cosa?

–Mmm. Paremos dos gotas de agua. Soy guapo, ¿no?

–Recontra. Harías una pareja perfecta con la Bozzo.

–Y tendríamos hijitos lindos como la Pinchi Pinchi.

–Ah. Bueno, esta criatura se va a dormir.

–Chau, Minina. Sueña conmigo.

–Mejor no, no me vaya a dar pesadillas.

–Plop.

–Chau.

–Chau.

***

Hola, Agus:

¿Cómo estás? Supongo que bien, ¿no? Hace mucho frío. Tengo una sobrinita que está como pollo con moquillo. ¿Te conté que me pongo doble piyama para dormir? Ojalá que no te aburras porque siempre te cuento lo mismo, pero es que en mi vida no pasa nada interesante. Me voy porque tengo que hacer mis trabajos para mañana. Te mando una postal, y aunque no tiene una sirena ni una conejita de Play Boy, y mucho menos a tu Sofía Vergara –que me cae pesada, ¿qué le has visto tú para que te tenga loco?–, espero que te guste.

Chau, hasta otro día

Gatu(bella)

***

Gatita linda:

Hola, muchacha, ¿cómo estás? ¿Todo bien? Espero que sí. Gracias por la postal. No importa que no esté mi amorcito (¿por qué le tienes hambre si ella es bien buena?) Sí, hace demasiado frío. ¿Dónde estás / lejanos días de radiante sol? Hace días que no se secan mis pantalones, ahora no sé qué me voy a poner, creo que voy a tener que andar calato. ¿Por qué dices que en la vida de una chica linda (como la Laura Bozzo) no pasa nada interesante? Yo estoy seguro que es todo lo contrario. Supongo que cada día vives experiencias nuevas en la universidad, haces nuevas amistades, lees libros. Cuéntame lo que quieras de ti que para mí todo lo que te pasa es interesante.

Recibe besos de

Agus

***

–¿Cómo estás, Agus?

–Bien, amiga.

–¿Bien bien?

–No tanto, Minina. Tú sabes cómo es la vida de un hombre solitario.

–¿No tienes mujer, hijos?

–No.

–¿En serio? Porque casi todos los hombres dicen lo mismo y al final se aparecen con su recua de pirañitas.

–En serio. Siempre he sido desafortunado en el amor.

–¿Y quién te heredará cuando estires las patas?
–Yo soy inmortal, Gatita.

–La soledad te está volviendo loco, Agus.

–¿No quisieras curarme esta locura, Minina?

–…

–¿Gatita?
–Tendrás que buscarte una psiquiatra, una sicóloga.

–Me choteas de taquito.

–No es eso, Agus, ¿pero qué hago yo al lado de un loco?

–Locuras, ¿qué más puedes hacer?

–Eres bien gracioso, Agus.

–¿No te gustaría que te cuente chistes todos los días?

–Tú sabes que tengo que estudiar, hacer los quehaceres en mi casa.

–¿Con quiénes vives tú, amiga?

–Con mis padres y con mi hermanita.

–¿Tienes una hermanita?

–Sí.

–¿Cuántos añitos tiene?

–Quince.

–Uy. ¿Cuándo vamos los tres a ver 21 gramos?

–Tiene enamorado.

Pucha, se me adelantaron. ¿Y tú, Gatita?
–¿Yo qué?

–¿Tienes alguien que te escriba poemas, te invite al cine, te llame todos los días y las noches?

–Estoy esperándolo.

–Paciencia: Alguien vendrá a poblar tu soledad / y entonces siempre sonreirás, / lo amarás / y serás feliz.

–Ojalá, porque ya me ha dado sueño de tanto esperarlo. Me voy a dormir, Agus. Chau, hasta otro día.

–Chau, Gatita. Duerme tranquila.

–Tú también.

***

Hola, Agus:

¿Cómo estás? Seguro que bien, porque tú eres más fuerte que el acero. Lindo día el de hoy, ¿no?: ¡Milagro!: ha salido el sol. ¿Sigues escribiendo poemas? Hace tiempo que no me mandas uno. ¿Se te acabó la inspiración? ¿O es que tu Sofía Vergara ya no te da bola? Te cuento que el domingo fui en familia al Parque de Las Leyendas. Lástima que estuvimos piñas e hizo frío, pero la pasamos bien. Me acuerdo que cuando era chiquita mi papá siempre nos llevaba. Hay un montón de animales. Si tu amorcito imposible (ya sabes de qué bruja estoy hablando) te chotea, metes la cabeza en la jaula de los leones, y adiós mundo cruel, se acaban tus sufrimientos.

Chau, hasta otro día, tengo que estudiar.

Atte.

Gatu(bella)

***

Hola, Agus:

¿Qué (diablos) pasa contigo que ya no me escribes? Hace casi como un mes que no sé nada de ti. ¿Dije, o hice algo malo que te haya molestado? Disculpa, por si acaso. Pon chapitas en el suelo. ¿O es que ya no quieres saber nada de mí? No seas ingrato, recuerda los buenos momentos que hemos compartido aunque sea mediante una computadora. Escríbeme al menos para decirme adiós, ¿ya, Agus?

Recibe besos de

Gatu(bella)

***

Agus:

Hola, amigo. ¿Por qué te empeñas en guardar silencio? Si no te despides formalmente de mí, voy a seguir bombardeándote con mis mensajes, así que es mejor que me digas adiós y quedemos como buenos amigos. Hemos sido amigos, ¿no? No seas orgulloso y escríbeme siquiera para darme el último adiós. Extraño tus bromas, extraño conversar contigo.

Chau, te manda besos

Gatu(fea): me he vuelvo fea de tanto llorar tu olvido

***

Gatita bonita, bonita, bonita:

Hola, mi estimada y querida amiga. ¿Cómo estás? Espero que recontra bien. Por supuesto que quiero seguir siendo tu amigo. Mil perdones por no haber dado señales de vida, pero ha sido contra mi voluntad. ¿Sabes?: he estado a punto de estirar la pata, poco más y no vivo para contarlo. Este clima del diablo casi me manda al más allá. He tenido como cien gramos, perdón, grados de fiebre, y como no tengo ni un perro que me ladre, solito me he tenido que curar. Triste es mi pobre y miserable existencia. Pero menos mal que ya pasó lo peor y aquí me tienes dispuesto a realizar mis más grandes hazañas. Gracias por acordarte siempre de mí. ¿Es cierto que has lloriqueado por mi humilde persona? Ojalá. Y no me digas que soy orgulloso, de qué, si soy un pobre diablo que ni siquiera tiene dónde caerse muerto.

Chau, recibe miles de besos de

Agus

***

–Hola, Gatita linda.

–Hola, Agus. ¿Es cierto que has estado enfermito?

–Así es, amiga. Casi estiro la pata.

–Cualquiera lanza un SOS digital para acudir en tu auxilio.

–No tenía fuerzas ni para presionar una tecla.

–Pobrecito, ¿qué tenías?

–No sé…, fiebre, diarrea…

–¿Ya has ido al doctor?

–Recién ayer.

–¿Y qué te han dicho?

–Me han pedido que me haga la prueba de… tiene un nombre de mujer, Melissa, Julissa, algo por ahí.

–¿Elisa?

–Eso es: Elisa.

–¿Sospechan que puedas tener sida?

–…

–Habla, hombre, no estés callado como un…

–…

–Tú siempre frecuentabas las esquinas, ¿no? Me acuerdo que una vez me dijiste que eras del otro equipo, que una vez conociste en Año Nuevo a una tal Viuda Negra e hicieron cositas ricas.

–…

–¿Y qué vas a hacer si tienes sida? Esa enfermedad es mortal, sino mira a Brocca.

–Tendré que suicidarme, porque no voy a agonizar como un miserable perro muriéndome de a poquitos.

–…

–¿Estás ahí, amiga?

–…

–¿Minina?

–…

–Amiga, estaba bromeando.

–¡Imbécil!

–Disculpa, Gatita.

–Esta vez no te disculpo.

–Pongo chapitas en el suelo.

–Métete tus chapitas donde no les dé el sol.

–Me va a doler.

–Que te duela, no es mi problema.

–Estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal que me perdones.

–¿En serio?

–Claro. Sé hacer un montón de cosas: cocino, plancho, arreglo el jardín, hasta lavo calzones.

–Cualquier mujer estaría feliz de casarse contigo, Agus.

–¿Tú no quieres ser esa mujer, Gatita linda?

–Tendría que pensarlo… mil veces.

–Señorita Gatubela, ¿acepta por esposo y compañero a Agus?

–Sí, padrecito, lo acepto.

–Entonces los declaro marido y mujer hasta que la muerte los separe. Puedes besar a la novia, Agus.

–Eres bien gracioso, Agus, pero no creas que te he perdonado.

–¡Por favor, Gatita, estoy de rodillas, perdóname!

–Pero que sea la última vez que me haces tus bromitas pesadas, ¿OK?

–Ya. Te lo juro.

–¿Y qué tenías?

–Fiebre, las amígdalas inflamadas, y como soy medio debilucho, me tumbó al toque.

–Deberías de cuidarte.

–Eso es lo que voy a hacer desde ahora.

–Bueno, ahora sí me voy a dormir tranquila sabiendo que estás bien. Chau, Agus.

–Chau, Gatita, y gracias por preocuparte de mi humilde persona.

–No tienes de qué, Agus. Chau.

–Chau, Minina.

***

–Fui al cine.

–Y no me invitaste.

–Fue sin planificarlo.

–Fijo que a ver una porno.

–Claro que no. Vi El retorno del rey.

–¿Fuiste solo o mal acompañado?

–…

–¿Con quién fuiste, Agus?

–Con mi esposa.

–Tú me decías que no eras casado.

–Me casé la semana pasada. Como cierta Minina me paraba choteando, me casé con la primera mujer que se cruzó por mi camino.

–¿Y qué tal la vida matrimonial?

–Fregado. Es jodido vivir con otra persona. No me acostumbro a compartir mi vida con alguien que no se parece nada a mí.

–¿Creo que estás arrepentido?

–…

–¿Te pongo chapitas por idiota?

–…

–¿Te pongo tachuelas por estúpido?
–Me lo merezco, ¿verdad?

–¿Quién te mandó casarte?

–Siempre me parabas choteando…

–Y te casaste por despecho.

–Mmm. Pero me puedo divorciar y casarme contigo…

–Gracias; pero yo no recojo sobras, no como platos de quinta mano.

–…

–Jódete por imbécil. Y que seas infeliz por el resto de tu miserable existencia.

–Esa boquita, Gatita.

–…

–¿Estás ahí, Gatita boca sucia?

–…

–Gatita, estaba bromeando.

–…

–Bueno, Gatita silenciosa, hasta otro día.

–¿En serio no te casaste, Agus?
–Te dije que era una bromita.

–Tú siempre con tus bromas baratas, Agus.

–Cómo que baratas; cuestan pensarlas.

–Cuándo cambiarás, Agus. Ya ni ganas de enojarme contigo tengo.

–Tendrás que acostumbrarte a mí.

–Eso es lo que temo.

–¿Cuándo vamos al cine? Quiero ver de nuevo El retorno del rey.

–Esta semana estoy saturada de trabajo.

–Conste te estoy invitando, ah. La próxima sí me voy a casar de verdad.

–No creo.

–No estés tan segura, Minina. ¿Por qué no te das un tiempito para relajarte? Te puedes volver loca de tanto estudiar.

–Sí me distraigo. Escucho música, leo bastante, voy al cine, de vez en cuando voy a las discotecas con mis amigas.

–Y no invitas.

–Vamos en pareja.

–¿Vas con tu novio?

–…

–La que calla, otorga.

–¿Qué otorga?

–No sé. Hay tantas cosas que se pueden otorgar.

–…

–¿Tienes novio?

–No olvides que tú estás casado, Agus.

–Te dije que estaba bromeando.

–Ajúm, me ha dado sueño; me voy a dormir.

–¿Te acompaño?

–No, gracias; mi cama es chiquita.

–Puedo dormir en el suelo.

–Chau, Agus, hasta otro día.

–Chau, sueña con este angelito.

***

Hola, Gatita bella:

¿Cómo estás? Milagro que últimamente está saliendo el sol casi a diario. Debe ser porque se acerca la primavera, ¿no? Hablando de primavera, ¿has escuchado a Javiera & los imposibles/am? Esa que cantaba Maldita primavera. Tiene otras canciones bien bacanes, remakes de Camilo Sesto, Roberto Carlos, etc. Pero a mí me gustan más las versiones originales. ¿Has escuchado alguna vez Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto? No creo, debes de haber sido una criaturita cuando ese tema era la número uno del ranking en todas las radios nacionales y extranjeras. Javiera lo canta a su manera, y no lo hace nada mal. Ya llegará el día en que escuchemos juntos esa y otras canciones. ¿Es posible eso? Todo depende de ti, Gatita. Bueno, me voy. Recibe un montón de besos de este hombre que te extraña y se llama

Agus

***

Minina, hola:

Ahora eres tú la que guarda silencio. ¿Qué pasa?, ¿estás enfermita o te has muerto? Siempre te he dicho que te cuides de este clima traicionero porque te puede dar una pulmonía y estiras las cuatro patitas, aunque las gatitas lindas tienen siete vidas y nunca mueren, ¿no? Recibe besos de

Agus

***

Gatita:

Hola, ¿por qué ya no me escribes? Si te has muerto, avisa dónde te han enterrado para llevarte flores todos los días. Chau, cuídate, y salúdame a San Pedro de parte de

Agus

***

–Hola, Agus.

–¿Eres tú, Minina?

–La misma que calza y viste.

–Pensé que habías estirado las cuatro patitas.

–Tengo siete vidas, tú mismo lo has dicho.

–Eso me decía yo, esperanzado en tu regreso.

–Mañana empieza la primavera.

Los jardines se visten de colores, / se pueblan de rosas, lirios y violetas.

–Qué romántico estás, Agus.

Debe ser la primavera, / o el amor / el que hoy llega a mi corazón.

–¿Estás enamorado?

–Sí.

–¿Se puede saber de quién, Agus?

–Claro que sí, Minina…, de ti.

–…

–En serio, Gatita linda. ¿De quién más podría enamorarme?

–Pero no me conoces personalmente, Agus.

–¿Y no crees que ha llegado el momento de conocernos, Gatita?

–¿Y si te decepciono? Para empezar, no me parezco nada a tu Sofía Vergara.

–Con que me quieras un poquito, me basta.

–¿Y si me falta una mano?

–Te pongo las garras de Freddy Kruger, y asunto arreglado.

–Tú siempre tan gracioso, Agus.

–¿No te gustaría que te haga reír todos los días?

–…

–Vamos, Minina, anímate.

–¿Y si te decepciono?

–¿Y si te decepciono yo? Precisamente no soy un príncipe azul: soy flaco, chato, pelado, cara de sapo, me falta un ojo, dos dientes, etc.

–Lo importante es lo que hay en el corazón, ¿no?

–Mmm. Porque al fin y al cabo la belleza física se acaba. Podríamos construir un mundo feliz para nosotros dos.

–Y tendríamos hijitos hermosos frutos de nuestro amor.

–¿Ves que podemos ser felices, Minina?

–…

–¿Te busco mañana?

–…

–Di que sí, Gatita. Al menos date una oportunidad de ser feliz. Si no llegamos a querernos, al menos podremos decir que lo hemos intentado, ¿no te parece?

–¿Puedes venir a buscarme mañana a la universidad, Agus?

–Claro que sí, Minina. ¿A qué hora?

–A mediodía.

–Para irnos a almorzar por ahí.

–Claro.

–¿Por quién pregunto?

–Por Jazmín. ¿De parte de quién?

–De Agustín.

–Bueno Agustín, hasta mañana.

–Hasta mañana, Jazmín. Cuídate, y sueña con este angelito.

–Ya. Y tú también sueña conmigo.

–De todas maneras.

domingo, 2 de octubre de 2011

Lima-Aruba-Amsterdam



Tener billete nos dará la libertad como para hacer lo que nos dé la gana, EDMUNDO PAZ SOLDAN, El delirio de Turín.

¿No me saldrá más barato comprar ropa en Europa? Allá podría conseguir modelos exclusivos. Me traería una tonelada de trapos: vestidos, faldas, minis, blusas, calzones, sostenes, ropas de baño, pantalones, zapatos. Pero la vieja sospecharía: ¿de dónde has sacado plata?, ¿no estarás puteando, no? Cuidadito que les estés recibiendo regalos a los hombres, porque boca come y… Asalté un banco con la Chica Dinamita, ¿tranquila? Creo que ya debería de independizarme, podría alquilar un departamento donde la vieja Carmela, pero lo malo que esa tía es bien sapa, le gusta meter la narizota donde no la llaman. Si pudiera hacer más pases juntaría y me compraría un departamento para vivir solita sin que nadie me joda. Si la Milagros se ha comprado una casota en La Realidad, ¿por qué yo no? Tendría que ser una casa con terraza, piscina amplio jardín, cochera, cancha de tenis, etc. Qué suerte tiene la vieja Carmela: era una pobre diabla peor que yo y, mírenla ahora: se pudre en plata, tiene casas hasta por gusto, y es más fea que mi poto, a mi poto siquiera le dicen piropos. Su marido se habrá muerto del susto; cualquiera se muere mirando semejante cara de momia; se pone sombrero, se deja crecer las uñas y, ¡señoras y señores, con ustedes la esposa de Freddy Kruger! ¿Por qué demorará tanto en salir este avión? Tendría mi propia piscina, tiene que ser de tamaño olímpico y temperada, sembraría palmeras a su alrededor para alucinar que estoy de vacaciones en el Caribe, en Varadero, en Punta Cana. Mis amigas se morirían de la envidia. Hay que ponerle arena de playa para que el efecto sea más real. La Milagros tiene ropas de baño hasta por gusto. Me compraría tangas, bikinis, hilos dentales. Hay bonitos modelos en Leonisa, Soul Brazil, Top Mare, Praia Brava, Toque d’ Sol. Pero en mi piscina particular puedo bañarme calata, ¿no? ¿Para qué gastar en ropa de baño si nadie me va a ver? Levantaría un muro de veinte metros para alejar a los zapallos, contrataría a Jason como mi guachimán particular para que les corte el pescuezo a todos los mirones. Me broncearía de punta a punta como una morena chinchana. ¿Cómo hará el Julio Iglesias para andar siempre bronceado? ¿Y si me agarra cáncer a la piel por estar tantas horas bajo los rayos ultravioletas del sol? ¿El hueco de la capa de ozono estará sobre La Realidad? Tendré que averiguarlo en el Senamhi. ¿Y si voy en topless a la playa?: señorita, ¿no le da vergüenza andar con las tetas al aire? Y qué más quiere, viejo verde, favor que les hago mostrándoles las bondades que me ha proporcionado la madre naturaleza. De aquí hasta Aruba, y de Aruba hasta Ámsterdam. Mañana a esta hora ya debo de estar en Holanda, lejos de toda esta porquería. ¿Y si me quedo por allá? Podría trabajar en lo que sea para juntar un capital para poner un negocio. Tengo que pensarlo bien, además, me ayuda mi pinta de anglosajona, quién se va a dar cuenta que soy más peruana que el ceviche. Me gustaría irme a Italia o a Francia. Hasta podría casarme con un europeo. Si la Marjorie, que es una serrana, se casó con un alemán, se divorció y luego se casó con un belga y es feliz, ¿por qué yo no? Estos pases son recontra peligrosos, me pescan y me cago, de frente me mandan a Chorrillos ¿por siete, ocho años? ¿Ocho años en la cana? ¿Jodida hasta los veintisiete años? ¿Será cierto que la Britney Spears se casó por un solo día con su amiguito de la infancia? ¿Habrán fornicado? Se supone, porque fueron marido y mujer, ¿no? ¿Y si al pata no le funcionaba y por eso se divorció al toque nomás? Esa debe estar recontra loca: casarse por un día. Aunque todo lo habrá hecho por la publicidad, igual que el chape con la Madonna y la Cristina Aguilera. Agg, qué asco, entre mujeres. Una vez salió publicado que armó una orgía con sus músicos en Alemania. Casarse por un día, cantar, viajar, armar orgías; eso sí es vida, no esta vaina. Algún día seré como la Britney; ¿y por qué no?, ¿acaso no soy más bonita que ella? Ya estoy harta que la vieja me pare controlando todo lo que hago: Linda, ¿a dónde vas a estas horas? ¿Y a ti qué te importa? ¿Con quién vas a salir? ¿Acaso no puedo salir un rato a la calle? Cuidadito que estés con algún vago que después de embarazarte se haga humo. ¿A qué hora vas a regresar? No me jodas, yo regreso a la hora en que a mí me da la santísima gana, ¿OK? Plaff, un cachetadon por insolente, no olvides que yo soy tu madre, que yo te he parido. Para estar así, mejor te habrías ahorrado la molestia. Llamaré a la vieja desde Holanda: má, no me esperes despierta porque la fiesta está bien bacán y no sé a qué hora voy a regresar. Vivir solita sería lo ideal, pero la cuestión es que no sé hacer casi nada; ¿quién me va a preparar el combo cuando sienta hambre?, ¿quién va a lavar mis calzones cuando se ensucien? A menos que coma en la calle y use calzones desechables. ¿Y quién va a hacer la limpieza, cortar el pasto, limpiar mi piscina olímpica? Má, ¿podrías chambear en mi casita? Pago bien, y como tú ya me conoces, no es necesario que te explique las cosas que tienes que hacer, pero, eso sí, la entrada es a las ocho de la mañana en punto y la salida a las cuatro de la tarde, y no hay cama adentro, nada que La Realidad está muy lejos y cansa el trayecto. Y una cosita: es obligatorio el uniforme de natacha, y otra cosita más, la más importante: cuando mis amigas, esas envidiosas, vengan a visitarme, tú no me conoces y yo tampoco te conozco, nada de confianzas, no nos conocemos, ¿OK? Y una sola advertencia: el día en que me preguntes que qué a dónde voy, te pongo de patitas en la calle y no te pago tus beneficios sociales, ¿entendido?: guerra avisada no mata empleadas. Cómo me gustaría irme a vivir lejos de la chusma, a una urbanización exclusiva, lo malo que las urbanizaciones exclusivas están lejos de la ciudad, ¿en qué me voy a movilizar? Tengo que tener mi carro, obligatorio, porque no voy a ser la única que ande a pata, ¿no? Me compraría una 4x4 para que cuando vaya a Vallecito a visitar a la vieja, la gente se quede mirando con el hocico abierto, cómo no se les mete unos moscones por sapos. De todas maneras tengo que comprarme mi carro, ya estoy harta de andar en combi, hay tantos cochinos que nunca se bañan y apestan a pezuña, y en el verano es peor, si el Michael Jackson se subiera a una de esas combis, mancaría asfixiado, ni sus máscaras antigas lo salvarían. ¿Y quién manejará mi 4x4 si yo con las justas se montar bicicleta? Tengo que conseguir un chofer, pero tiene que ser lindo, mínimo como el Leonardo di Caprio. Tengo que pensar bien en qué invertir mis ganancias. Tiene que ser un negocio que me permita vivir el resto de mi vida sin padecer estrecheces económicas. Podría construir departamentos y alquilarlos, al mes recibiría mi billete contante y sonante, como la vieja Carmela, pero lo malo es que a veces los inquilinos son unos conchudos de mierda e impuntuales con el pago, encima, al final me meten juicio y se quedan con mi propiedad y toda mi inversión se va al diablo. ¿Y si pongo un restaurante? El negocio de la comida no tiene pierde, todo el mundo traga, y caga. Tiene que ser en un lugar turístico, o aquí, en el aeropuerto, porque aquí, creo, no se pagan impuestos y recibiría mi billete líquido. Cuántos tienen cara de muertos de hambre: pase, señor; pase, señorita; adelante, señora (de las cuatro décadas), pruebe nuestros platos, nuestros ricos mariscos, hay ceviche de conchitas y conchotas negras, todos son potajes exclusivos. ¿Algún manjar exótico que se le apetece? Nosotros se lo preparamos al toque, y si consume diez platos, el decimoprimero es gratis. Aquí en Linda Combos estamos para complacerlo en todo lo que se le antoje. ¿Tanto demora este avión de mierda? ¿Recién le estarán dando mantenimiento? ¿Y si tiene alguna falla en el motor? ¿Qué tal si estamos en pleno vuelo y suben unos terroristas árabes hermanos de Osama bin Laden y desvían el vuelo hacia Nueva York y nos hacen estrellar contra otras torres gemelas o contra el Pentágono? Ahí sí que nos jodemos bien jodidos. ¿Cómo será morir achicharrada o sepultada por una tonelada de escombros? No quiero ni imaginarlo. ¿Y si nos caemos al mar? Yo no sé nadar; me comerían los tiburones. Hubiera escogido otra ruta, pero las otras son más largas aún, hay una que va por Sudáfrica: Lima-Santiago de Chuco, perdón, de Chile-Buenos Aires (Diego: la merca es de primera. Y viene con yapa como pa’ que no reclames)-Sao Paulo-Sudáfrica-Ámsterdam. ¡Una vuelta completa por el mundo! ¿Y si nos caemos en Camerún, en pleno reino de los caníbales? Puta que sería la cagada. ¿Tiene hambre, señor caníbal? Claro, señorita, y la voy a comer con todo y zapatos; estos son tacos, negro ignorante. ¿Tiene hambre? Lo invito a comer un rico cevichito de conchitas negras a mi restaurante en el aeropuerto internacional; la carne de pescado es más nutritiva que la de los humanos, pruebe y lo comprobará. ¿Será cierto que un caníbal alemán se comió el pene de su compañero? Agg, qué asco, pene con mostaza y mayonesa. ¿Lo habrá ensartado en un palito como si fuera un pancho? Cobro mi billete y nunca más vuelvo a trabajar en una mugrosa oficina. Ningún gerente hijo de puta volverá a mandonearme como si yo fuera su entenada: flaca, escríbeme este oficio, ¿quieres? ¿Acaso tú no sabes escribir, huevón?, ¿así eres gerente? Flaca para aquí, flaca para allá. Un poco más y flaquita, bájate el calzón, para eso te pagamos, ¿no? Cómo me miraba don Juan, babeaba por mí. Debí de haberlo aceptado, ¿pero hubiera dejado a su mujer y a sus hijos por mí? Diosito dice que es malo buscar la felicidad a costa de la desgracia ajena. ¿Y si me tiran cabeza con mi billete? Siempre he sido piña en los negocios. La única vez que gané algo fue una canasta por el día de la madre, pero creo que fue con trampa porque mi vieja era íntima de la miss. Me hubiera bañado con ruda en Año Nuevo en vez de haberme ido a tonear al Tropicana. Pero lo importante es que me estoy yendo a Europa, y con todos los gastos pagados, así no me paguen, ya estando allá veré lo que hago para ganar billete, porque ni cagando regreso con las manos vacías. Todo habría sido diferente si hubiera nacido hombre: podría haber sido futbolista, esos ganan plata hasta por gusto y tienen unos carrazos del año, van y vienen de Europa cuando les da la gana, encima arman sus juergas como la Britney Spears y casi todos han sido unos pobres diablos peores que yo. Ay, chicha, me duele la panza, ojalá no se haya roto ninguna cápsula porque ahí sí me jodo. Es muerte fija. Deben ser mis nervios de mierda, no debo asustarme porque ahí sí me friego y mínimo me mandan ocho años a la cana por tráfico ilícito de estupefacientes. ¿Y cómo mierda será el tráfico lícito?: ¿se llevará la merca a vista y paciencia de todo el mundo? ¿Cuántos adictos de mierda habrán aquí en el aeropuerto?: ¿alguien desea la rica coca para irse volando por sus propios medios a Europa o a Plutón? Rica coca del Alto Huallaga a precios accesibles a todos los bolsillos. Mientras ellos se disputan la merca yo me hago humo. Creo que debí de haber llevado la mercada camuflada en otra parte, aunque sea en mi poto. Pero se habría notado algo raro en mi trasero. ¿Por qué tiene el poto tan grande, señorita? ¿Y a usted qué mierda le importa de qué tamaño es mi trasero? ¿Acaso usted le da de comer, ah? ¿Acaso no hay chicas decentes que son potoncitas? Además, estoy con mi regla, y como mi flujo es abundante, he tenido que ponerme una toalla higiénica tamaño familiar. Otro lugar ideal para llevar la merca son las tetas. ¿Alguien se atreverá a tocar mis partes íntimas? Eso sería violación. ¿Y esas tetas, señorita?, ¿son naturales? Claro que sí, ¿o quiere tocarlos para comprobarlos? ¿Se puede? ¡Primero tóquele las tetas a su madre, imbécil! Lo más seguro es llevar la mercadería en el estómago. Si no son por los nervios, nadie se da cuenta. Así es que tengo que estar bien tranquilita nomás para no cagarla. Todo es cuestión de resistencia. Lo peor fue tragarme las ciento veinte cápsulas. Cómo sufrí por tener el cuello fino. Casi me atoro un par de veces. Hasta quise renunciar. Todo sea por el billete. Lo malo es que no se puede comer nada, porque al toque el jugo gástrico destruye la capa que cubre las cápsulas y todo se va al diablo, muero por sobredosis. No valdría la pena morir por satisfacer a unos viciosos de mierda. ¿En qué otro lugar se podría sacar la merca? Las maletas de doble fondo ya no son seguras, los rayos equis miran mejor que los ojos de Superman. La Rocío ahora está en el Santa Mónica por querer sacar dos maletas llenas de mercadería. Voy a ir al baño a mojarme los labios, estoy que me muero de sed. ¿Habrá cámaras filmando? ¿Por qué va tanto al baño, señorita? ¿Y a usted que chicha le importa? ¿Qué dijo? Nada, que sufro de incontinencia urinaria y quiero ir al baño, permiso, estoy que me hago la pichi, ¿no querrá que haga pis aquí, no? ¿Y por qué está tan nerviosa? ¿Nerviosa yo? Usted es el nervioso. Le están sudando las manos. Debe ser porque es la primera vez que viajo a Europa, y como voy solita, es lógico, natural, que esté un poco asustada, ¿no?, un poco temerosa, ¿no?, nerviosa también, ¿no, huevón? ¿No quisiera acompañarme? ¿No siente pena por esta pobre e indefensa señorita que se va solita al Viejo Continente? Qué pena va a sentir usted si usted es un resentido de mierda que a pesar de trabajar en el aeropuerto jamás en su miserable existencia ha ido en avión ni siquiera a la esquina. No ha ido y tampoco irá. Ese tipo patilludo está que me mira con insistencia. ¿Será de la Dinandro? ¿Con semejante cara de narcotraficante? Si hasta al Mosca Loca se parece. No lo mires, Burralinda. Imbécil, ¿a quién crees que le sonríes? ¿Tanto demora en salir este avión de mierda? No debí de haber venido tan temprano. Calma, Burralinda, tranquilízate, no estés pensando tonterías, no te sicosees por las huevas. Mira a esa gringa cara de burrier que está de lo más feliz del mundo; sigue su ejemplo y guarda la compostura. Debí de haber traído unos tranquilizantes, tomarme un diazepán. Cierra los ojos e imagina que estás veraneando en… Punta Sal, por ejemplo. ¿Cuánto costará un fin de semana en ese balneario? Si un cholo ex zapatero puede darse esos lujos, ¿por qué yo no? Estoy en Punta Sal y se me acerca un chico guapo con la pinta de Brad Pitt, aunque el que más me gusta es Aragorn, el de El señor de los anillos, tiene una barbita bien linda que le da unos aires de salvaje, de hombre primitivo. Estoy echada de cara al sol, ¿en bikini o en topless? Que sea en tanguita nomás. Hola, linda, me dice mi príncipe azul. ¿Qué haces tan solita? Aquí, tomando baños de sol, precioso. ¿Puedo hacerte compañía? Claro, guapo. ¿Puedes echarme bronceador en la espalda? Yo encantado, linda. Mi amorcito tiene las manos suaves como la seda, unas manos inmensas. ¿Cuántos orcos has matado, guapo? Uff, un montón; ni los he podido contar. Es valiente, mi amorcito. ¿Nadamos? No sé nadar muy bien. No importa, linda, yo te enseño. Nos metemos al mar, el agua está helada, yo tirito de frío, mi príncipe azul me abraza, tiene el pecho lleno de vellos como un gorila, siento que me excito; es que siempre me han gustado los hombres peludos. ¡Un tiburón! Me pongo a llorar, me orino en el agua de puro miedo; menos mal que mi amorcito no se da cuenta, sino va a pensar que soy una pichilona miedosa y antiecológica. Va y le saca la mugre al dientudo. Vuelve a mi lado victorioso. Nos abrazamos y besamos. Temí por ti, amor. Ya pasó, no estés asustada. Era un tiburoncito. ¿Quieres ser mi esposa?, se me manda con todo. Me siento la Liv Tyler. ¿Le digo que sí? ¿Y cómo le digo que ya ha habido otro en mi vida? ¿Si se molesta y me tuerce el cuello por tramposa? Se supone que las esposas de los guerreros tienen que ser puras, castas, virginales. Le puedo decir que cometí un error en mi vida. ¿Quién no ha abierto las piernas alguna vez creyendo en las promesas de un hijo de puta, ah? Yo no soy la única. Pero peor se va a decepcionar cuando sepa que no sé hacer los quehaceres domésticos. Al hombre le gusta que su mujer le prepare sus platos favoritos. Tendré que hacerme urgente el punto de oro. ¿Cuánto costará un himen nuevo? ¿Y dónde viviremos? Ese es el gran problema. Es jodido estar misia. No quisiera estar aquí, ¿pero de dónde voy a sacar billete para mis gastos si mi viejita no tiene? ¿Creen que porque tengo la cara bonita me van a dar todo lo que quiero? No, nadie me regala ni un pan seco así me esté muriendo de hambre; me dirán mendiga, o abre las piernas. Y esta chambita no es tan difícil que digamos. Y ni siquiera es trabajo, ¿o estoy haciendo algún esfuerzo físico? Nada. Debo pensar que estoy yendo a Europa gratis. Cuántas muertas de hambre quisieran estar en mi lugar. Europa me espera con los brazos abiertos. Imaginemos que allá conozca a un viejo millonario. Nada es imposible, sino miren a la Catherine Zeta-Jones con el Michael Douglas, son felices, y él le lleva como veinticinco años de diferencia. ¿Será cierto que la Catherine recibirá cinco millones de dolarucos si se entera que su mariachi le ha puesto los cachos? ¡Una montaña de billetes verdes por encontrar en el bolsillo de su marido un calzón que no es el suyo! ¿Habrá bordado su nombre en todas sus prendas íntimas? Por amarrarse recibió ¡veinte millones de dólares! Yo por un millón me caso con Gollum o con un orco. Si un día su marido se cansa de ella -puff, Catherine, apestas, ya estás tía y choclona- y se va con otra chibola -¿por qué los hombres serán tan perros?-, le va a tener que dar un millón y medio de dólares por cada año de matrimonio. ¿Cuántos millones de casada ya tendrá? Eso sí es hacer negocio, invertir bien, pensar con la cabeza, no con el corazón como la estúpida de Martha que está llorando como una huevona porque un viejo la engañó, se la tiró y se largó después de prometerle el oro y el moro y al final solo se quedó con la panza inflada. La Catherine sí ha sabido labrarse un futuro con todas las de ley. Qué no diera yo por estar en su lugar aunque sea un añito, y que el Michael me engañe con todas las que se le crucen en el camino si quiere, yo feliz de cobrar mi billete por tener dos cuernos en la mollera, de repente me veo más guapa. El Michael será tío, pero es recontra guapo, tiene unos ojitos azules bien bonitos. ¿Y si estudio actuación? Yo en el colegio siempre salía a actuar, el profesor de arte nos enseñaba teatro, era bien gracioso el pelado. No pararía hasta Hollywood. Podría terminar siendo la señora Linda de Douglas. Suena regio: Linda Douglas. My name is Linda Douglas. Suena a nombre de princesa. Si una ex periodista va a ser reina alguna vez, ¿por qué yo no? Cuánta ropa me hace falta. He visto en Bugui unos tops bien bacanes como para lucir mi ombliguito y, para andar por las calles de La Realidad enseñando las piernas, nada como unos shorts de Korpius. En Sisley y en You Too hay modelos exclusivos en ropas de vestir. ¿Y tabas?: vi unos Picadilly en Carola’s que están regios, están fabricados con la técnica milenaria DO-IN, ¿qué chicha significará?, que masajean los pies relajando los músculos del cuerpo, ¿tanta huevada en un par de zapatos?, además, las suelas de PU o TR son antideslizantes y muy flexibles, como para caminar en Marte. También me hace falta ropa interior. Hay tantas marcas como para escoger: Peter Pan International, Maidenform, Trifil, Intimates, Disirée. Y para que al Michael Douglas le dé un infarto en nuestra noche de bodas me pondría un conjunto de brassier largo convertible con toma medias, aros en copa y tanga brasilera. Había unas fajas en lycra powernet con refuerzo en el abdomen y costura posterior que realzaban los glúteos. Debí de haberme hecho pasar como embarazada; en una clínica me conseguía una ecografía y un certificado de embarazo: estoy yendo a Europa para que mi bebe nazca allá y no en este país de mierda donde sería un pirañita más como los chibolos que se ganan los frijoles haciendo malabares en los semáforos. ¿Me creerán o me harán regresar como si fuera un inmigrante africano? ¿Y qué pasaría si postulo al Miss Perú? Fea no soy, al contrario, creo que soy demasiado bonita, de frente debería irme al Miss Universo. Podría ganar el primer lugar con esta carita de ángel que me manejo. ¿Quién tiene esta naricita perfecta, estos ojazos medio claros, estos labios carnosos, estos pechos rebosantes de vida, este potito redondito, estas piernas largas y bien esculpidas? Fijo que ninguna chola de Lima y sus alrededores. ¿No he ganado todos los reinados de la primavera desde que estaba en la inicial? ¿Mis medidas serán 90-60-revienta? Con toda seguridad. ¿Habrá otra chola que tenga esta cinturita ajustada? Si gano, lo cual ya es fijo, me llevo un auto del año cero kilómetros, joyas, cosméticos, un montón de ropa y viajes. ¿En dónde será este año el Miss Universo? Creo que en la China. Me parece que a las reinas de belleza les dan pasaporte diplomático; pasaría piola por los controles de los aeropuertos del mundo. Y todo por sonreír como una huevona, posar en ropa de baño y decir yo leo a García Márquez y a Vargas Llosa; tengo que aprenderme los títulos de todos sus libros para que los envidiosos de mierda no digan que soy una calabacita; no puedo dejar mal a mis profesores, aunque, para ser francas, en primaria no aprendí casi nada porque la profesora paraba planeando con su cachero. Yo soy recontra fotogénica. Además, sé bailar, sé tocar la guitarra, sé dibujar, sé hacer postres, las chocotecas me salen hasta como para chuparse los codos. Si gano, fijo que me llaman de la tele para dame mi programa propio, o me llaman para actuar en Así es la vida o Lima Limón. Soy más bonita y estilizada que la Alicia Machado. Fijo que me llaman de los partidos políticos para encabezar una lista al Congreso. Allí la plata está botada, llevo mi carretilla cada mes y en un año hago todos mis sueños realidad. Ay, mierda, creo que se me ha aflojado el estómago. Pero si no he probado nada. Deben ser mis nervios; debí de haberme tomado un diazepán. Debí de haber camuflado la merca en mi poto y en mis tetas. Nadie se iba a dar cuenta. Al primer indio de mierda que se atrevía a ponerme una de sus cochinas manos encima, le metía un cachetadon y le hacía volar todos sus dientes picados. ¡Creo que voy a vomitar! Calma, huevona, no te desesperes por gusto. Relájate, nena, piensa en algo bonito…, pero si ya pensé y no me ha dado resultado alguno, ¿no tienes un recuerdo hermoso de tu infancia?, piensa que si te pescan te mandan de frente a la cana por muchos años. Así que es mejor que controles tus nervios de mierda sino solita te vas a cagar y después vas a estar llorando. Primero me suicido. No debí de haber venido tan temprano. Debí de haberme tomado un calmante. Ese cholo patilludo me sigue mirando. ¿No tienes otra cosa que mirar, cholo apestoso? ¿Tú crees que yo me fijo en guanacos? Vaya a mirar a tu madre. Burralinda, piensa en los beneficios de este paseíto a Ámsterdam: un cuarto enorme para ti solita, todo alfombrado, con jacuzzi, calefacción, un equipazo de sonido. En Hiraoka vi un mini componente Panasonic a 549 dólares con potencia de 3600 wats, con bandeja para cinco CDs, que lee DVD/VCD/CDR/MP3, etc., y tiene karaoke como para cantar mis canciones favoritas. También me compraría un televisor grandazo, vi unas Samsung de 54 pulgadas que están a 1990 dolarucos. Tendría mi propio cine en casa, para ya no estar sentándome entre tantos cholos apestosos que van al Star Sur. Ese tipo patilludo me sigue mirando con insistencia. Tú ignóralo olímpicamente, Burralinda, las chicas bonitas no se fijan en semejantes atorrantes… Dios mío, apúrate, por favor. ¿A qué le tienes miedo, estúpida? ¿Crees que esos cholos se atrevan a meterte la mano para revisarte? Son capaces. ¿Y si me torturan para que hable? Si te quieren detener, diles ni se atrevan a tocarme porque se joden conmigo porque mi papá es almirante de la marina de guerra, no saben con quién están chocando, cholos de mierda, se van a arrepentir, yo voy a hacer que mi papá hable con el ministro para que los bote, mi papá es íntimo del presidente, también a estudiado en Harvard, ¿o fue en Massachussets donde estudió el cholo alcohólico que ahora nos gobierna? ¿Y si no me creen? Solita me cago. La cuestión es hablarles con la voz firme, enérgica, sin titubear, tratarlos como si fueran mi jardinero o mi chofer. ¿Y si yo misma vendo la merca? Creo que me convendría venderlo al menudeo, porque el precio se duplica, y hasta se triplica. Dicen que en el mercado ruso y asiático el kilo está entre sesenta y noventa mil dólares. ¡Esa sí es una fortuna! ¡Carajo, déjenme trabajar! Si lo mezclo con otras sustancias saco el doble de peso y el triple de ganancia. La próxima vez me iría por mi cuenta. Con lo que gane me voy al Alto Huallaga y me compro dos o tres kilos y lo negocio sin intermediarios y saco mi billete líquido. Me podría ir a Rusia, al Asia, los chinos jalan coca como mierda, a Singapur, aunque creo que en Malasia a los narcos los condenan a muerte sin mucho trámite, para ir allá tendría que buscar otra persona. No debí de haberme metido es esta huevada… Ya, Burralinda, cálmate, huevona, falta un poquito y es tu turno, se termina la espera; un par de minutos más y estarás dentro del avión y de allí ya nadie te saca. Un solo gato más y te toca a ti. Permiso, por favor, que va a pasar la futura Miss Universo, ¿me atiende rapidito por favor que llevo prisa?, Ámsterdam me espera, aquí están mis papeles, todo está en regla, ¿qué tanto me miras, imbécil, acaso te gusto?, seguro que nunca has visto un par de tetas como las mías, tu mujer debe tenerlas caídas, estas son mejores que las de la Pamela Anderson, ¿te gustan?, ¿te gusto?, ¿te mueres por mí?, ¿te regalo una foto mía?, ¿te lo escaneo para mandarlo a tu página?, tengo fotos donde estoy en topless y también calatita, pero mejor te lo vendo porque en esta vida nada es gratis y yo no estoy para estar regalando mis fotos a todo el mundo, mi mejor foto con una dedicatoria: de Miss Universo para este ineficaz burócrata, mejora tu trabajo o haré que mi papi hable con el ministro para que este hable con tu jefe y te boten por inepto, apúrate, pobre diablo, ¿no ves que el avión está a punto de despegar?, ¿crees que yo tengo todo tu tiempo?, te vas a pasar toda tu triste y miserable vida sellando pasaportes como un huevón, ¿quieres que me agache un poquito más?, cómo se te salen los ojos, mañoso de mierda, ojalá que te salgan dos bolotas por sapo, la próxima vengo sin sostén para que te dé un infarto y te mueras como un perro, seguro que te la estás corriendo mentalmente conmigo pensando que soy como la puta de tu mujer, ¿no, huevón?, ¡apúrate, estúpido!, ¡al fin libre!, Europa me espera con las piernas abiertas, me siento como una paloma a punto de desplegar las alas, ¿te has echado desodorante?, claro que sí, yo no soy ninguna chola apestosa, ¿y si pongo mi negocio de cabinas?, ahora todo el mundo va a cabinas, sobre todo a ver pornos y a chatear, pondría cabinas privadas para que la gente mire solapa nomás. Adiós, guapo, y gracias por el sello, nos vemos en Ámsterdam, aunque antes tengo que hacer escala en Aruba. Adiós, Lima.

Historia de taxi


–Maestro, ¿cuánto me cobra por una carrera hasta La Realidad? –preguntó la chica, apoyándose en la ventanilla. Los cabellos negros, ondeados y largos, le caían en cascada.

–¿Hasta La Realidad? –repitió el taxista, bajando el volumen de la radio, mirando de reojo el generoso escote de la chica: se veía en toda su plenitud el nacimiento de sus senos, la piel blanca y lisa con algunas pequitas–. Veinte solcitos nomás.

–¿Tanto? –protestó ella. Era bonita, tenía una carita de ángel de rasgos finos. Se acomodó las tiras del vestidito dejando ver un poquito de su sostén color negro–. Le doy quince.

–¿Quince?

–Es todo lo que tengo.

–Diecisiete.

–Quince –ella frunció el ceño, miró su reloj, impaciente, empezó a retirarse, total, hay taxis hasta por gusto, ¿no?, parecían decir sus ojos grises como los de una gata. Atrás tocaron la bocina, se pararon otros taxis. Volvió a acomodarse las tiras del vestidito.

–Bueno, suba –dijo el taxista, quitando el seguro de la portezuela.

–Gracias –dijo la chica, metiendo, primero, la pierna izquierda con cuidado. El vestidito a duras penas le llegaba hasta las rodillas. Metió la otra pierna, juntó las rodillas. El taxista le echó una rápida ojeada a esas piernas blancas, bien formadas, lampiñas. Parecía modelo. Se acomodó el vestidito como queriendo proteger sus piernas de las miradas furtivas del taxista. Puso su cartera negra sobre sus muslos–. ¿Tiene SOAT su carro?

–Claro que sí, y también seguro contra robos, contra incendios, etc.

Ella sonrió. Tenía una dentadura perfecta, unos dientes blanquísimos algo grandes. Tenía los labios finos, pintados de rojo intenso. Llevaba cinco aretes en cada oreja, los dedos llenos de aros. En la radio Arjona cantaba Señora de las cuatro décadas.

–Póngase el cinturón de seguridad, por favor; la policía está haciendo operativo más allá.

Ella se cruzó el cinturón sobre el pecho, trató de engancharlo, pero no pudo.

–¿Me ayuda, por favor?

El taxista agarró el timón con una mano y con la otra trató de ponerle el cinturón, pero estaba muy ajustado, le dijo meta un poco la barriguita y ella sonrió. Sin quererlo, él le rozó los muslos.

–Disculpe.

La chica sonrió, estiró su vestidito. Se había echado un perfume cuya fragancia a malvas había invadido el interior del carro.

–Huele rico.

Ella sonrió con esa sonrisa coqueta, prometedora de pasiones inalcanzables para el taxista.

–Su cinturón no me deja respirar bien –se quejó–. Me falta aire, creo que me voy a asfixiar.

–Como este carro no tiene tanque de oxígeno, tendré que hacerle respiración boca a boca.

Ella soltó una carcajada.

–Eres un vivo.

El taxista sonrió.

–¿Por qué se ha dejado crecer tanto los pechos, ah?

–Usted es bien sapo –dijo la chica, sonriendo y alisándose los cabellos. Arregló la tira de su sostén. Sus manos eran finas, los dedos largos; tenía las uñas crecidas, pintadas de rojo.

–¿Cuánto le costó el implante?

–¿Quiere ponerse tetas?

–Si se puede, para trabajar de noche y ver si así gano algo más.

Rieron.

–Por si acaso, senos son naturales.

–No parecen.

–Lástima que no pueda comprobarlos.

–Quizás algún día, ¿no?

–Ajá. Soñar no cuesta nada.

–Eso es lo único que me queda. ¿Es usted modelo?

–No. ¿Por?

–Lo parece. Es más guapa que Marina Mora.

–Las norteñas somos guapas por naturaleza.

–¿Es del norte?

Ella hizo un gesto de asentimiento.

–¿De qué parte del norte es?

–De Trujillo. ¿Conoce?

–Un poco. En febrero estuve allí, en la Feria del Libro. Fui a Chan Chan, a Huanchaco.

–Cómo no lo vi.

–Yo tampoco.

Rieron. El auto avanzaba a toda velocidad por la Vía de Evitamiento.

–Yendo por la autopista Ramiro Prialé me parece que llegamos más rápido a La Realidad.

–Eso le iba a decir. A esta hora el tráfico es un caos en la Carretera Central.

–Mmm.

La chica volvió a acomodarse las tiras del sostén.

–¿Cómo te llamas?
–Agustín, para servirte. ¿Y tú?

–Claudia.

–Tienes un bonito nombre.

–Eso le dirás a todas tus pasajeras –dijo Claudia, cruzando las piernas. Agustín miró con el rabillo de los ojos esos muslos poderosos, esas rodillas brillantes surcadas por venitas verdes como culebritas.

–No a todas. A veces suben unas federicas como Magaly Medina o Laura Bozzo.

–¿Y por qué las recoges, ah?

–Tengo que ganarme los frijoles, ¿no?

–Y ganarte con otras cosas –dijo Claudia, riendo.

–Ajá.

–Por plata eres capaz hasta de hacerle una carrera a Momón.

–Tampoco tampoco.

Arjona empezó a cantar Historia de taxi.

–Vuestro himno –dijo ella, alisándose los cabellos. Tenía las axilas recién rasuradas, embadurnadas con Etiquet. Sus pies –las uñas también pintadas de rojo– jugaban con sus zapatos.

–Ah. Nos hace justicia en esa canción a los del gremio.

–¿Vas a ir este 25 a su concierto en el Monumental?

–Si es que hago un par de carreras a La Realidad. ¿Y tú?

–Si es que encuentro un taxista generoso que me invite…

–Me dejas tu número para llamarte.

–Ya, gracias. ¿Y ganas haciendo taxi?

–Depende. Hay días en que no saco ni para el té.

–Es que tú también cobras muy caro.

–La Realidad está al otro lado del mundo. No te voy a llevar por cinco soles hasta allá, ¿no?

–En combi llego con dos soles, y eso si me cobran el pasaje.

–Si quieres, puedes bajarte e irte en combi –dijo el taxista, disminuyendo la velocidad.

–Eres bien fosforito –dijo Claudia, descruzando las piernas–. Otro día me bajo. Hoy llevo prisa –recalcó.

–¿Una cita?

–Tú eres bien curioso, Agustín –dijo ella, enredando en su dedo índice un mechón de sus cabellos.

–Uno siempre quiere saber a dónde van las chicas bonitas.

–Pues quédate con la curiosidad.

–Qué mala eres.

–Mmm, así soy yo –dijo Claudia, sonriendo–. ¿Y haces taxi a tiempo completo o trabajas en otra cosa?

–Soy profesor –dijo el taxista tratando de pasar a un auto azul que iba lento como una tortuga delante de ellos.

–Vaya vaya, ¿y por qué un señor profesor hace taxi?

–Porque en el magisterio gano con las justas para comer y quiero irme a España a ver si hago fortuna.

–¿Cómo embajador?

–Fuera bueno, pero yo me voy a ganar los frijoles con el sudor de mi frente.

–Pero en el extranjero también se sufre, sino mira a los Sandívar, a Ada Cuadros.

–Pero allá, aunque sea cuidando perros, puedes hacer patria, ¿no? Aquí con las justas saco para la comida. Por eso mejor me voy al extranjero a sacarme la mugre unos cuantos años para venir y poner un negocio y mandar a la eme lo demás.

–Tienes razón. Yo estuve una vez en Italia, trabajé cuidando pacientes por horas y junté un capital y puse mi gimnasio aquí.

–¿Eres instructora de aeróbicos?

Claudia asintió, se acarició los muslos, estiró su vestidito.

–Ya decía yo de dónde salió tanta perfección anatómica.

Claudia sonrió.

–Gracias, Agustín –dijo.

–De nada –dijo el taxista–. Honor a quien se lo merece.

–Pero me ha costado un montón. A veces no tenía ni para comer. Algunas amigas, desesperadas, se prostituían. Es fregado estar en un país que no es el tuyo.

–Pero peor es estar aquí –dijo el taxista–. El extranjero es para los que aún tenemos la esperanza de un futuro mejor.

–Todo cuesta, pero al final verás que tanto sacrificio no es por gusto.

–Dios te escuche.

El taxi seguía devorando kilómetros.

–¿Y el carro es tuyo?

–Sí. Felizmente que ya lo terminé de pagar. Pero voy a tener que venderlo para mi bolsa de viaje.

–Es una pena porque es un señor carro.

–Pero qué me queda; ya no aguanto esta situación. Es fregado estar dando vueltas y vueltas buscando pasajeros. Prefiero largarme de aquí.

–O sea que de todas maneras Madrid te espera.

–Ajá.

–Suerte. Si te va bien, a ver si me jalas. Necesito plata para ampliar mi gimnasio.

–Claro, para no estar solito en las noches madrileñas.

Claudia sonrió. Volvió a cruzar las piernas, el izquierdo sobre el derecho; volvió a estirar su vestidito. El viento, que se colaba por la ventanilla derecha, jugaba con sus cabellos y sus pies con sus zapatos.

–¿Ya puedo quitarme tu cinturón? No me deja respirar bien, no me vaya asfixiar porque ahí si no te acompaño a Madrid.

–Más allá, no me vayan a poner papeleta, porque ahí si te quedas sin ver a Arjona.

–Me consigo otro taxista.

Rieron.

Pasando el puente Benavides, una combi cambió sorpresivamente de carril y el taxista estuvo a punto de chocar.

–¡Carajo, maneja bien!

–¡Imbécil, vaya a tu pueblo a manejar burros! –gritó Claudia, sacando la cabeza por la ventanilla y sacándole la lengua, rosada, puntiaguda, al chofer de la combi.

–Ese ni sabrá manejar conejos.

–Casi salgo volando como Superman –dijo la chica, respirando con alivio.

–Y tanto que te querías quitar el cinturón.

–¿Es fácil manejar?

–Sí. Es pura práctica.

–Como hacer el amor.

–Ah. Se aprende practicando.

–Mi papá tiene su carro, pero ni lo agarro, me da miedo chocarlo. El viejo se muere.

–Deberías de agarrarlo, porque si lo agarras, le agarras el gusto al agarre.

Claudia soltó una carcajada.

–Y después ya no lo voy a querer dejar –dijo, mirándole con sus ojos de gata.

–Te vas a volver una fanática del timón.

Rieron. Claudia descruzó las piernas, se arregló el vestidito y la tira del sostén.

–A ver si me das tu número para llamarte para que me des un curso acelerado de manejo.

–Ya. Yo encantado de enseñarte a agarrar el timón.

–Pero no me vayas a cobrar muy caro.

–De repente te ganas una beca y no pagas nada.

–Ojalá.

Antes del peaje de Santa Anita estaban haciendo operativo. Había una fila de combis detenidas.

–A cinco solcitos por combi, los tombos salen millonarios.

–Ni creas, las policías son difíciles de coimear.

–Las enamoras, y listo, pasas piola con tu auto.

–Esas tienen el corazón más duro que una piedra, no creen en nadie, ni en el amor.

–Tienes que utilizar otras estrategias.

–A ver si me enseñas tus armas secretas.

–Yo encantada.

–Pero no me vayas a cobrar muy caro.

–Claro que no, yo no soy tan carera como tú, Agustín.

–Ojalá.

Claudia se alisó otra vez los cabellos. Pasando el puente Santa Anita compró un paquete de caña dulce.

–Come, endulza tu vida, Agustín –le dijo al taxista, poniéndole en la boca una rodaja de caña.

–Gracias.

–No es gratis. Es un sol.

–Me debes catorce soles, entonces.

Claudia sonrió.

–¿Eres casado? –preguntó.

–No.

–Eso suelen decir todos los hombres.

–No todos.

–¡To–dos! –silabeó Claudia.

–Yo no. Tengo un hermano que tiene tres hijos y el pobre no sabe lo que es domingos ni feriados. ¿Para eso me voy a casar?

–¿Y por qué te vas a España si no tienes tantas obligaciones?

–Algún día tengo que casarme, ¿no?

–Y trabajar como burro.

–Ah. Triste es la vida del hombre casado.

Rieron.

–¿Y tú eres soltera, viuda o divorciada?

–Ahora ando solita por el mundo –dijo Claudia, cruzando otra vez las piernas y estirando su vestidito por enésima vez.

–Eso le dirás a todos los hombres.

–En serio, estoy solita.

–O los hombres somos ciegos, o tú eres muy exigente.

–Claro que no, Agustín. Mi último enamorado era bien feito, parecía Chuqui.

–O sea que tengo esperanzas.

–Claro. Mi corazón siempre está abierto para el amor.

Entraron a la Ramiro Prialé a toda velocidad.

–¿Ahora sí puedo quitarme tu cinturón?

Agustín asintió.

–Ya era tiempo –dijo Claudia, liberando sus senos, que parecían felices de recobrar otra vez su libertad.

Por el lado derecho discurría el río Rímac convertido en una serpiente verde cubierta de musgo y deshechos. Varios chiquillos se bañaban desnudos pese a que ya estaba muriendo el sol. A la izquierda se extendían las chacras. Arjona cantaba Te conozco.

–Parece que este verano estamos condenados a morirnos de sed –dijo la chica, levantando el pie derecho y apoyándolo en el asiento. El vestidito a duras penas le cubría los muslos, blancos y lisos. Se rascó la planta del pie–. Creo que hay pulgas en tu carro.

–Estarán buscando un sitio calientito dónde pasar la noche fría que les espera si se quedan aquí.

Claudia sonrió.

–¿Ya has ido a la playa?

–Todavía, ¿y tú?

–Tampoco. Estamos pensando con un grupo de amigas ir el otro domingo. A ver si nos haces una carrera.

–Yo encantado. ¿A qué playa piensan ir?

–A una del sur. Lo más lejos posible de las playas contaminadas.

–Les voy a cobrar caro.

–No seas malo. Tengo unas amigas bien bonitas.

–¿Más que tú? Lo dudo –el taxista recorrió con la mirada toda la anatomía de la chica–. Lo dudo.

–En serio. Ellas sí pueden ser modelos. Una se parece a Tilsa Lozano.

–Mentirosa. Te va a crecer la nariz.

–En serio. El año pasado fue Miss Playa Asia.

–Eso sí ya no te lo creo. Le estás echando flores para que les haga la carrera gratis.

–En serio, créeme. Tiene bonito cuerpo. Es altota, mide casi uno ochenta.

Pucha, no le llego ni al cuello.

–Llevas tu banquito. Todo es cuestión de ingeniárselas.

–A ver si me la presentas.

–Con gusto.

–Le dices que tengo carro.

–Ya. Si la conoces, no vas a querer irte a España. ¡Cuando va a la playa se pone unas tanguitas!

–Mejor ni me la presentes; no me vaya a dar un infarto.

–Qué más quieres, mueres feliz.

–Muerto, pero feliz.

Rieron.

Claudia volvió a arreglarse la tira del sostén. Arjona cantaba Mujeres. Ya era de noche. Ni un carro pasaba por la autopista.

–Habrás vivido mil aventuras como taxista.

–Uff, si este carro hablara. Una vez subió una joven mujer que tenía una historia de amor bien triste: un tipo la había embarazado, y cuando ella se lo dijo, la mandó al diablo. Me pidió que la lleve a Miraflores. Al día siguiente salió en los diarios que se había tirado del Puente Villena.

–Mentiroso. Te va a crecer la nariz más que Pinocho.

–En serio. La reconocí por las fotos que salió en los periódicos.

–¿Y te dijo que pensaba matarse?

–No. Sino no la hubiera dejado.

–Pobrecita, pero así es la vida; por eso yo no creo en los hombres.

–Ni yo en las mujeres, porque todas sois iguales.

–No todas, Agustín.

–Ojalá.

–Ya verás que yo no me parezco a nadie.

–Ojalá. En otra ocasión las hice de partero: subió una señora embarazada, estaba con sus dolores, no aguantó más y en el trayecto dio a luz a un robusto bebé que hoy es mi ahijado.

–No es tan aburrido tu trabajo como dices.

–Pero hay días en que no pasa nada.

–Y te aburres a morir –dijo Claudia. Tenía los dos pies puestos sobre el asiento, sus muslos se veían en toda su plenitud.

–Ah.

–¿Y nunca te has encontrado una billetera, tarjetas de crédito?

–Claro que sí. A veces la gente baja apurada y se olvida de sus cosas. Qué no he encontrado en este carro.

–¿Hasta preservativos?

–Hasta eso. A veces suben parejas que creen que este carro es el Leo’s.

–Y tú feliz ganándote.

–Ajá –el taxista la recorrió de nuevo con la mirada.

–¿Y nunca has atropellado a alguien, Agustín?

–Una vez, a un borrachín. Ni me di cuenta cómo se apareció en la pista. Frené, pero de todas maneras lo hice volar por los aires.

–¿Lo mataste?

–No creo. Volteé y vi que se movía.

–¿Lo dejaste botado en la pista como a un perro?

–Estaba misio. Ese día no había sacado ni para el té. Me iba a costar un ojo de la cara llevarlo al hospital.

–¿Y nunca te has chocado por malo?

–Hasta ahora, no. Denantes ya viste mi pericia para esquivar el peligro.

–Eres el rey de las pistas.

–Tampoco tampoco.

–Pero lo pareces.

El taxista sonrió, halagado.

El auto seguía avanzando a toda velocidad por la Ramiro Prialé rumbo a La Realidad. Arjona cantaba Quién diría. Claudia sacó un espejito y empezó a maquillarse. Agustín le miraba las piernas, los muslos, el escote, sin disimulo.

–Cualquiera pensaría que tienes una cita.

–Ya te dije que no.

–¿Y entonces a qué vas a La Realidad?

–Quédate con la curiosidad –dijo Claudia, estirando su vestidito, acomodándose la tira del sostén.

–Algún día contaré que una vez llevé a una chica que tenía un par de buenas piernas.

–Me halagas –dijo ella, estirando otra vez su vestidito–. ¿Cuál es tu tipo de mujer, Agustín?

–Ninguna es especial. Con tal que sea mujer y me quiera un poquito.

–¿Y yo no te gusto? –preguntó Claudia, poniendo una mano sobre el sexo del taxista.

–Tienes bonitas piernas –dijo él, acariciándole los muslos.

–¿Te gustan?

El taxista asintió.

–Vamos allá –pidió ella, señalando una trocha en medio de los maizales.

El taxista estaba metido entre las piernas de la chica, cuando ésta sacó una pistola y la puso en la cabeza de aquél.

Tú ya moriste

“Berenice, tú ya moriste”, dice Nacho, pero Berenice sigue rampando, palo en mano, detrás de los marines listos para tomar, a sangre y fuego, Faluja, el último bastión iraquí. Mily pregunta si puedo tomar Coca–Cola. Le digo que no. Que mamá te prepare refresco. Los marines, con Dieguito a la cabeza, siguen avanzando entre los árboles. Danielito se tropieza y menta la madre. Sobre el gallinero una vieja bandera peruana es movida por el viento. Dieguito dispara a una francotiradora, Ingrid, encaramada en lo alto del níspero, que en lugar de cumplir su tarea, se dedica a comer sin hacer caso a las balas que caen sobre ella. “Tú ya moriste, Ingrid”. Ingrid sigue comiendo como si nada. “Lo ideal sería que lo condenen a muerte”, dice Carolina. “Mejor que se pudra por el resto de su vida en un hueco de tres por tres”, opina Mariana. “No vivirá mucho”, dice Emilia. “Peor ahora que está sin la Iparraguire”, añade John. Renato sigue disparando su ametralladora sobre los marines que avanzan sobre una alfombra de hojas secas. “Cuidado que les pique la culebra”, advierte la vieja. “Cuánto medía la culebra que vio Dieguito”, pregunta Emilia. “Setenta centímetros”, digo. “Tú ya moriste, Nacho, no seas picón”, protesta Berenice. Emilia y Carolina se espantan. “No me voy a quedar con un solo soldado nomás”, protesta Renato, “Ramiro todavía es chiquito”. “De un solo escobazo lo mató”, dice mamá. Estos soldados tienen más vidas que el gato Félix. “Tú ya moriste, Nacho”, dice Berenice. “No vale, no vale, solo estoy herido”, dice Nacho. “Que empiece otra vez la guerra”, pide Melissa. “No sean picones”, dice Danielito. Mamá los llama para que tomen su refresco. Los chicos hacen una tregua. Ahora se disputan los vasos de refresco. Danielito le quita el vaso a Dieguito. Dieguito le mete un puñete y lo derriba. Carolina me mira con mala cara. Sebastián pregunta si hay hielo. “Tía, parece que Berenice se ha hecho la caca porque apesta”, dice Nacho. La vieja reparte panes con jamonada y queso. “Más agua, abuelita”, pide Álvaro. Se ve que en el desierto hace mucho calor. “¿Empezamos de nuevo la guerra?”, pregunta Nacho. “Ahora nosotros nos escondemos en el gallinero”, dice Melissa. “Mejor vayan a bañarse que el almuerzo está casi listo”, dice mamá. Los chicos van de mala gana a los baños.

sábado, 1 de octubre de 2011

El cazador nocturno

Esta es la historia de un hombre que anda matando mujeres malas y del amor inesperado que lo redime en el momento final de su existencia. Esta es una novela que me demorará tiempo escribirla. Ya hice la primera versión, la estaba corrigiendo e hice un alto para escribir "La agonía de Juan de Dios" y "Nocturno de La Victoria" y después para corregir otra novelita para un concurso y ahora retomo su corrección y ya llegué a la página 100. Espero terminar de corregirla para fin de año y luego reescribirla con los datos actualizados y volverla a corregir, tengo dos años para dejarla perfecta como para presentarla al Copé porque esta novela tendrá mínimo 350 hojas, y eso, hasta puede que llegue a las 500 hojas -que es lo máximo que piden en el premio Casa de las Américas-. Bueno, con trabajo todo se puede lograr.