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miércoles, 4 de febrero de 2009

Un corazón herido


Un corazón herido
es lo que dejaste con tu partida,
todo el amor prometido
se termina con tu ida.

Las promesas
fueron aire,
ya no interesan,
hasta para llorar es tarde.

Tantos besos,
tantas caricias,
tantos sueños,
todo era mentira.

Un corazón herido
por las promesas que hiciste
y no has cumplido.
Un corazón que tú heriste.

Pisoteado como un estropajo,
olvidado como casi todas las promesas
que has formulado.
Un corazón que ya no te interesa.
Y un par de videos para la ocasión.
Un cover de "Si tú no estás" de Rossana. Esta chica lo canta precioso.
Y "Me cuesta tanto olvidarte"
La chica se llama Marce

martes, 3 de febrero de 2009

Hospital

Hoy fue otro día que me pasé en el hospital Almenara. Primero estuve en el hospital de Vitarte. De allí partí a Lima. En Referencia me dieron una cita a Oncología y luego me mandaron a Rayos X, de aquí me mandaron a otra sección donde solo antendían de 8 a 8 y media y de 12 a 12 y media. Eran las nueve de la mañana. ¿Regresarme a mi casa, a Vitarte? Decidí hacer tiempo en el hospital, donde también estuve hace cinco años atrás haciendo los trámites para operarme de los riñones. Casi todo sigue igual. Lo único que ha cambiado es la vieja avenida Grau que ahora es un zanjón. Por esas mismas escaleras subía mamá cuando me operaron y me iba a visitar, por esos mismos pasillos iba yo con mis dolores a cuestas. Cinco años ya han pasado desde aquellos días en que yo presentía la muerte. Compré La República y me senté en un banco a esperar que dieran las doce. Ya me había cansado de caminar. Estamos en verano, un verano de infierno. A las doce fui a hacer mi colita. Era el segundo. Menos mal que el doctor fue puntual. A las doce y cinco me dijeron que me faltaban, mejor dicho, le faltaban a mi papá, él resultado de otros análisis para que le dieran esa cita. Bueno, regresé a Vitarte. Papá estaba que se quejaba de la picazón. Ya quiere regresarse a casa. Si voy a morir, quiero que sea en mi casa, dice. Ya no me duele nada, solo me pica. Pero no entiende que está mal, que ese color amarillo de sus ojos y de su cuerpo no es normal. Solo nos queda tener paciencia.

La sirena


Una sirena cabalga los mares
esta noche.
Canta.
¿A quién llama?
Retoza en la arena blanca.
Gime.
Hay un cerco de buganvillas
que no puede cruzar.
Hay asfalto
donde se pierden
las huellas de los caracoles.
Llora triste.

Para siempre


UNO

¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla! ¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla!, corea la masa de exaltados alumnos en su marcha hacia el rectorado. Los soldados miran en silencio, conteniendo la rabia, la manifestación. El teniente que los comanda, el futuro teniente Medina, tiene los ojos, y todos los sentidos, puestos en el alumno que dirige la protesta: enjuto de carnes, menudo, de cabellos largos, negros y ondeados, que le cubren el lado izquierdo del rostro. Lleva lentes a lo John Lennon. Piensa: al ex beatle Mark Chapman lo mató el mismo año en que la bestia dio su primer zarpazo: 1980: Chuschi, Cangallo, Ayacucho. Doce años ya de guerra contra un enemigo soterrado, invisible, que arroja el petardo y oculta las garras. No, no eran abigeos como dijo Belaunde. La quema de esas once ánforas electorales fue el despertar de la bestia, fue el Inicio de la Lucha Armada (el ILA 80). Una bestia con un millón de tentáculos. Este estudiante, un tentáculo más de la bestia, viste todo de negro: jean, chompa Jorge Chávez, ¿no se sancochará con semejante calor?, y botas. Chuschi: esos “abigeos” eran miembros del PCP–SL: Partido Comunista del Perú–Por el Sendero Luminoso de Mariátegui. Terrucos, comunistas, senderistas. Eran integrantes de la Primera Escuela Militar de Sendero Luminoso. Según los informes del SIN, el tipo que dirige la manifestación se llama Harold Gastelú Palomino, más conocido en La Cantuta como el compañero Agustín de Luisa, autor de poemitas rojos y feroces editoriales, director del clandestino Amauta, vocero oficial de los terrucos en La Cantuta. En el último número del pasquín, un colaborador, ¿el mismo Agustín de Luisa con otro seudónimo?, pedía la salida de las tropas de Acción Cívica acantonadas en la Ciudad Universitaria. ¡¡Pásame la C!!, pide a todo pulmón el tentáculo de la bestia. Son comunistas todos estos estudiantes que marchan ahora hacia el rectorado. Nos iremos de La Cantuta, sí, pero después de aplastarle la cabeza a la bestia. La bestia roja tiene cientos de tentáculos, miles de ramificaciones. ¿Cómo se llamaba ese cuento de la bestia de un millón de cabezas donde un cholito es engañado en su primera incursión a la ciudad capital que les hacía leer el profesor de literatura? ¡¡C!!, responde la masa. Así vas a gritar cuando te empecemos a amputar los tentáculos, cuando te empecemos a cercenar los miembros, piensa el teniente, el futuro teniente Medina, guardando en su memoria los rasgos del dirigente estudiantil: es el típico hijo de provincianos asentado en algún cerro de Lima: rasgos andinos, piel cobriza: cholito, indiecito, paisanito, serranito, llamita, auquenidito. Será fácil identificarlo: el viento ha movido sus cabellos y allí se ve la horrible cicatriz que le cruza la mejilla izquierda. ¿Por eso el cabello largo? ¿Por pudor? ¿Por eso el nombre de Agustín? Recuerda: a Agustín Lara, el mismo que le cantó a un hembrón Acuérdate de Acapulco, / de aquellas noches, / María bonita, María del alma, una puta le hizo una fea cicatriz, ¿con el pico de una botella o una chaira?, malográndole el rostro para toda la vida. Ah, ya, se llamaba El niño de junto al cielo. Esteban era el cholito. ¡¡Pásame la A!! El huevoncito. Así vas a gritar cuando te colguemos de las pelotas, piensa el futuro teniente Medina, camarada Agustín de Luisa, ¿no? El vivo era Pedro. El sabido. ¡¡Pásame la N!! El pendejito. ¿Por qué su segundo nombre será de mujer? Con los cholitos hay ser vivos como Pedro. ¿Luisa no era la terruca que le metió el tiro de gracia al almirante Cafferata? Tú me llevarás hasta la cabeza de la bestia. Los cholitos son bien astutos. ¿Dónde será su guarida? ¡¡N!! Ladinos. ¿Estará en Lima? Zorros. ¿En Ayacucho? Esteban fue la excepción. ¿En la selva quizá? ¿Estará vivo al menos? Algunos dicen que es un mito, que nunca existió. Pero allí está su rostro, junto al de Marx, Lenin y Mao, en el comedor de esta universidad de cholos y resentidos sociales donde la bestia alimenta sus cuadros. ¿Qué dice? Su denominado Ejército Guerrillero Popular. El sol le calcina el cráneo rapado al futuro teniente Medina. Se hace llamar Presidente Gonzalo. ¡¡Cantuta!! Debe estar en Ayacucho, con toda seguridad. ¡¡¡No se escucha!!! En Ayacucho la situación sí está jodida. La Cuarta Espada de la Revolución Mundial. Muere un cholo terruco, brotan diez de la tierra como ichu: fortalecidos ante la adversidad. ¡¡¡CANTUTA!!! Ni sabes quién es el enemigo: todos los cholos son parecidos. ¡Palmas, compañeros! Todos te miran de reojo. ¡¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla!! ¡¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla!! Lo más bravo era salir de patrulla. ¿Agustín de Luisa también será el autor de semejante estribillo? Una emboscada y te mataban como perro. Con toda seguridad: este terruco no es del montón: ha ganado varios premios literarios, incluyendo uno de novela política. De Ayacucho a La Cantuta. Si no lo exterminan, con toda seguridad algún día estará en el Comité Central del Partido. Ahora se está puliendo, está haciendo méritos. Es jodido andar en busca de un enemigo que no da la cara, que se mimetiza con la población. El teniente observa otros rostros, la bestia tiene tantos tentáculos, graba gestos, hay que atacarlo por todos los flancos, puños en alto, alguien debe saber dónde está su guarida, timbre de voces, hay que aplastarle la cabeza, descarta a los pusilánimes, a los que están allí de relleno, la bestia está buscando su llamado Equilibrio Estratégico entre sus huestes y las del Estado, a los que se han colado en la marcha para no perder su plato de frijoles, ¡Equilibrio Estratégico!, se sonríe para sus adentros el futuro teniente Medina, la bestia controla el comedor universitario, por un rincón en el dormitorio estudiantil, pero podría ser, ¿quién no vive en zozobra ahora?, la bestia lo controla todo. ¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla! ¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla! La guerra ya no es solo en el campo, sino también en la ciudad. Parece una célula maligna haciendo metástasis. Del campo a la ciudad, estrategia de Mao. Guerra prolongada. En ese instante un poderoso estruendo sacude los cimientos del cerro Talcomachay. El futuro teniente Medina desenfunda su pistola, a ver, den la cara, terrucos de mierda, sus hombres rastrillan sus armas. Por él, le metería bala a todo el mundo, pero ya se sabe que los tentáculos de la bestia se regeneran a la velocidad de la luz: inútil derramamiento de sangre en El Frontón y Lurigancho. Tantos pueblos arrasados en la zona de emergencia por gusto. Cholo que entra a Los Cabitos, no sale, ya ni hay sitio para enterrarlos, pero siguen llegando como cancha. Los terrucos salen fortalecidos de cada genocidio, masacre. Los estudiantes aplauden con más ganas. Hay que llegar a la cabeza. ¡Los muy hijos de puta! Esa es la consigna de las fuerzas que defienden al Estado: aplastarle la cabeza. Lo demás sirve de muy poco. Empiezan a entonar Flor de retama. Hay que impedir que se regenere. Vengan todos a ver, ay, vamos a ver. Otro estruendo. Vengan todos a ver, ay, vamos a ver. Son doce años de guerra ya. En la Plazuela de Huanta, amarillito flor de retama. ¿Qué hacemos, mi teniente? Amarillito amarillando, flor de retama. Tranquilo nomás, Quispe. Donde la sangre del pueblo ahí se derrama. ¿A cuántas cholas mató y violó en Huanta y sus alrededores? Allí mismito florece, amarillito flor de retama. Terrucas de mierda. Amarillito amarillando flor de retama. Para traer terruquitos al mundo sí son buenas. Por Cinco Esquinas están, los sinchis entrando están. Este soldadito tiene apellido de terruco: Quispe. Van a matar estudiantes huantinos de corazón, amarillito amarillando flor de retama. La guerra le ha enseñado que hay que desconfiar hasta de su sombra, peor de los cholos, de los serranos. Van a matar campesinos huantinos de corazón, amarillito amarillando flor de retama. De los indios. La sangre del pueblo tiene rico perfume. ¿Por eso la derraman sin piedad? ¿Les metemos bala, mi teniente? Por gusto El Frontón, Lurigancho, Cayara, Putis, Accomarca. Tranquilo nomás, Quispe. Cómo cantan los mierdas. ¡Bala, mi teniente! He dicho que tranquilo nomás, Quispe. La bestia lo está provocando. La bestia de mil ojos y mil oídos. ¿Querrá inducirlo al genocidio? El hongo de polvo se eleva hacia las alturas. Según el SIN, el terruco ese nació en Chincho, Huancavelica, de donde también son sus padres, y vivió sus primeros años en Huanta, Ayacucho. Es un petardito nomás. Ahora vive en La Realidad. En Ayacucho ha escuchado centenares de dinamitazos. Es una zona roja. Estos huevones deberían de ir a foguearse allá. Es amigo de Margarita, Chanca, José Picón, Lidia y Melba. Ayacucho es un campo de batalla. La sangre del pueblo tiene rico perfume. De qué perfume hablan, terrucos de mierda. Todos ellos están metidos en Amauta. La masa de enardecidos alumnos llega al rectorado, pide la presencia de Ramos Geldres. Allá los cadáveres son pasto de los perros y cerdos. Huele a jazmines, violetas, geranios y margaritas. ¡¡El comedor es un derecho, no un privilegio!!, corea ahora la masa, los tentáculos de la bestia. Tú me llevarás a la guarida de la bestia. El tipo del chuzo en la cara y cabellos largos saca de su bolsillo una hoja de cuaderno doblada en cuatro y empieza a leer con potente voz. ¡Ese es Haciendo cola para el almuerzo! Arrastra las erres. Parece francés. Una secretaria de artificiales cabellos rubios se asoma a la ventana del segundo piso y, haciendo bocina con sus blancas y cuidadas manos, les dice el señor rector está ahora en plena reunión en la Asamblea Nacional de Rectores y recién se reincorporará a sus labores en la universidad el día lunes. ¿Por qué escondes a ese perro yanauma?, le escupe alguien en la cara. Ella no sabe qué decir. Ve una piedra cruzando el espacio y mete la cabeza antes que el vidrio estalle en un millón de fragmentos. ¡¡Bala, mi teniente!! ¡Calma, huevón! Una lluvia de piedras rompe el resto de vidrios mientras en el cerro Talcomachay explotan más petardos ¡A pólvora y dinamita, carajo! Los soldados se repliegan hacia su base perseguidos por los aplausos de los estudiantes. ¡¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla!! ¡¡¡Fusil, metralla, La Cantuta no se calla!!!, corea, se ríe, la bestia.
***Primer capítulo de la novela "Para siempre" que, con el título de "Cadena perpetua", obtuvo el Premio Pasacalle 2008 de Novela Política. Espero su pronta publicación.

lunes, 2 de febrero de 2009

El sapo y la princesa


EL SAPO Y LA PRINCESA

A Jacky

Es un día del verano,
el sol lo calcina todo,
desde las sombras de la hierbas
el sapo ve llegar a su princesa.
La muchacha se despoja
de su faldita y su top,
de su ropa interior
y queda como la primera mujer.
El sapo abre más los ojos,
la mira arrobado.
La princesa tiene albos senos,
tiene la piel de mármol,
tiene las piernas largas,
tiene la cintura breve,
tiene el trasero abundante,
tiene el pubis de niña,
tiene el rostro de ángel,
tiene rojos los labios.
La muchacha sube al trampolín,
se arroja al vacío,
hace un par de piruetas
antes de hundirse en el agua.
Bucea hasta agotar
el aire de sus pulmones,
nada de un extremo a otro
hasta extenuarse.
El sapo la contempla,
el sol sigue quemando,
la princesa sigue nadando.
El sapo se arroja al agua,
la muchacha lo mira horrorizada,
lanza un grito,
llama al jardinero,
el hombre coge al sapo
y lo arroja al tacho
después de aplastarle la cabeza.


En este video Juice Newton interpreta It's A Heartache
http://www.youtube.com/watch?v=HK8PL4orRDI


Y también está la versión de Bonnie Tyler
http://www.youtube.com/watch?v=h8VGQTtENSs

Un ángel cruzó la pista


Salí del hospital. Estuve más de cinco minutos esperando para cruzar la pista. El tráfico es infernal, y ni un policía de tránsito, menos un semáforo. Al fin pude cruzar. Estaba esperando el carro para mi casa, cuando una chica hermosa llegó al paradero. Llevaba un viejo jean que alguna vez fue azul, una blusita celeste. Se lanzó a la pista, esquivó un camión, una moto, un taxi y llegó a la berma del medio. Miró para aquí y para allá, y vuelta se lanzó a la pista. Esquivó un par de vehículos y llegó al otro lado en menos de lo que canta un gallo.


Esta canción para esa chica


Trujillo


Hace dos años, me llamaron para decirme que mi cuento El río había ganado el concurso de cuentos de la Feria del Libro de Trujillo. Mañana será la premiación, me dijeron, ¿puedes venir? Era sábado al mediodía. Mi hermana se comunicó con una amiga suya que siempre viajaba a la ciudad norteña. Que vayan en Oltursa, le aconsejaron. ¿Con quién voy? Lleva a papá. El viejo acababa de ser operado. ¿Soportaría un viaje de toda la noche? Vaya con John. Mi hermano dijo que no podía. Llamaré a Chanca. Mi amigo dijo que sí, a las seis nos encontramos en la Plaza de Armas de Vitarte. Allí estaba yo. Eran las seis y media y el huevón ese no aparecía. Lo llamé. Discúlpame, dijo, he tenido un inconveniente con mi flaca. Lo mandé al diablo. Llamé a mi sobrino Christian. A las ocho ya estábamos en el bus de Oltursa en el terminal de la Victoria. A las diez partimos de San Isidro. ¿Y si es una broma?, me preguntaba yo, incrédulo como siempre. Pues conoceremos Trujillo. La terramoza era una chica hermosa, rubia, que nos atendió con amabilidad y una sonrisa a flor de labios. A las seis de la mañana del domingo ya estábamos en Trujillo, perdidos, dando vueltas en círculo, con ganas de dormir porque no lo habíamos hecho durante el trayecto. Llamamos a los teléfonos que nos habían dado y nada, no contestaban. Nos bromearon pues, dijimos, calculando lo que teníamos para la estadía y para regresarnos después de conocer Huanchaco. Vamos a tomar desayuno. Buscamos el mercado. Compré La Industria y me puse a ver las noticias. Allí estaban los resultados del concurso y allí estaba mi nombre. O sea que no era broma. Desayunamos con ganas y después buscamos un hotel. Después de un reparador sueño y de una buena duchada y afeitada, nos dirigimos a la Feria del Libro. Me presenté ante el organizador. Después de las felicitaciones del caso y de un recorrido por los ambientes de la Feria, recorrimos la ciudad. En la noche regresamos para la premiación. De manos de Adriana Doig Manucci recibí un cheque por dos mil soles, un diploma y un polo con el logo de la Feria. Al día siguiente aparecí en la portada de La Industria. Ese lunes fuimos a Chan Chan, apenas entramos al museo porque estábamos cansados como para recorrer la ciudadela, fuimos a Huanchaco, recorrimos la ciudad. Trujillo es un lugar donde están las mujeres más bellas del Perú, sin duda alguna. Después del regreso, me fui al sur con mi padre y mis sobrinos gracias a mi cuento ganador, pero esa ya es otra historia.

domingo, 1 de febrero de 2009

El planeta de los simios

Acabo de terminar de ver "El planeta de los simios", el capítulo "La conquista del planeta de los simios". Ahora recuerdo que cuando era chico jugaba con mis amigos Viejo, Pelusa y Lube, y mi hermano John, a esta película en los Girasoles, entre los árboles y la sequia. Eso fue hace unos treinta años. Pelusa y Lube fallecieron y los demás ya somos hombres mayores, pero siempre recuerdo nuestros juegos.

15 poemas


A Paola

1
Fui arrojado a la tierra,
me llamó la lluvia
y salí en busca del sol.
Me hice árbol,
de mis ramas brotaron palomas
y niños desnudos.
La tierra estéril
tenía lágrimas.

2
Una sirena cabalga los mares esta noche.
Canta.
¿A quién busca?
Retoza en la arena.
Gime.
Hay un cerco de buganvillas
que no puede cruzar.
Hay asfalto, un parque
donde se pierden
las huellas de los caracoles.
Llama.

3
¿Quién toca mi puerta cuando estoy ausente?
¿Quién llama cuando no escucho?
¿Quién invoca la lluvia
cuando no necesito beber?
¿Quién siembra rosas en mi jardín
cuyas espinas ya no me herirán?

4
¿Dónde habitan
las gaviotas y los peces dorados?
¿En tus cabellos de sol
o en tus ojos marinos?
¿En el vaivén de tus senos
o en el silencio de tus islas?

5
Amanecer,
esperaba la mañana,
ver el sol
trepando por las buganvillas,
dándole forma a los gatos,
amarillando los fotos,
haciendo visible
el paso de los años.

6
Desde mis ojos
veo el adiós de tu sombra,
tu aroma a geranios,
tu piel desnuda
que se hace arena
cuando cruzas
debajo de un eucalipto.
Trastabillas en una piedra
cubierta de musgo.
Sonríes y cantas
como las sirenas
en los muelles solitarios.

7
Hay un castillo de arena
que soñaste un día
del último verano.
Hay una sandalia tuya
cubierta de algas.
Hay una playa
donde no habitan
ni las gaviotas
ni los lobos marinos.

8
Llegas a mi playa
como la marea,
como un navío extraviado,
como uno de esos días
que nadie espera.

9
De mañana,
con luz natural,
de noche,
con una lámpara a kerosene,
a veces en las tinieblas
buscando en el cielo raso
ángeles de alas celestes,
nacen de mis manos hormigas,
centauros, unicornios,
una mujer desnuda,
unas lágrimas
por la madre que marchó
a su cita con las estrellas.
Nacen buganvillas,
nardos, un sauce
doblado por el peso del tiempo.

10
El silencio
contará que estuviste aquí,
en la tierra fresca
hay huellas de tus zapatos.
Las tardes
sabrán de tu ausencia.

11
Llueve como siempre en otoño,
las hojas de los sauces y molles
lucen límpidos.
Los días son grises.
Una taza de café a mediodía,
una chalina para mitigar el frío.
Llueve como siempre,
quizá es la misma lluvia
que mojaba tus cabellos,
que humedecía el barro
con el cual moldeabas
extrañas figuras.
Quizá es la misma lluvia
que un otoño compartimos.

12
Dibujabas tus versos en el aire,
pájaros, orquídeas,
tortugas, un viejo piano,
unos leños en la chimenea,
un sauce llorón,
un río discurriendo
entre las piedras pulidas.
Una tarde gris,
un columpio, unos niños,
la primavera, el verano,
unos peces muertos,
la marea, la luna,
una melodía.

13
Es viento, es sed,
es vida, es silencio,
es oscuridad.
Muere con el alba,
sacia su sed con el rocío.
Es grito, es rencor,
es una hoja doblada,
es un lápiz
olvidado en la oscuridad.
Llega de improviso,
llama y se va.

14
Y yo te seguiré queriendo,
en mis recuerdos
tus cabellos se vestirán de plata,
en tu rostro
el tiempo abrirá surcos
de donde brotarán rosas y palomas.

15
Tú que miras el mar
sabes de puertos lejanos,
de ballenas en agonía,
de feroces tiburones,
de sirenas enamoradas
que le cantan a los centauros,
de tardes en las que el sol
muere herido por el puñal
de la indiferencia.
Como siempre, con una canción, esta vez Andrea Bocelli y Judy Weiss interpretan "Vivo por ella".

Febrero

Empieza febrero. Como todos los domingos, después de desayunar voy a visitar a mamá y a comprar los diarios. Le llevo un ramo de flores. Las flores que dejé hace más de una semana están secas, o sea que nadie la ha visitado en estos días, debe ser porque todos andamos de casa al hospital y del hospital a la casa. Me tengo que colgar para llegar a su nicho porque las escaleras no están. Después me pongo a leer los diarios que hablan de la marcha atrás en la designación de la nueva contralora de la nación, de los petroaudios, del rescate en alta mar de unos pescadores después de más de un mes. Veo que vienen un par de personas y le digo adiós a mi mamá y me regreso.
Estaba tan feliz leyendo los diarios en mi cama cuando llega mi hermano John. Entra a mi cuarto y se pone a lloriquear. Lo granputeé: la historia es la de siempre: su mujer lo ha botado por enésima vez. Dieciséis años de casado y el mismo rollo de siempre. Para eso se casó, ¿no?
Después el almuerzo. Ahora ya no están las hermanas, sino las nietas y nietos. Diego y Nacho ya están jovencitos, la Chola y Nela están creciendo guapas.
El resto de la tarde me la pasé durmiendo. Mañana empieza otra semana de trajín: de la casa al hospital y viceversa.