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viernes, 31 de diciembre de 2010

Un buen año que se va

Se va el 2010, un buen año en todos los aspectos: seis concursos literarios ganados: premio Sexto Continente de relatos, finalista en novela en el premio Ducado de Loeches, finalista en el Premio Cosecha Ñ, todas estas en España, segundo lugar en novela en el premio Horacio, finalista en cuento en el premio Felizh de Huacayo, mención de honor en cuento en el Centro Cultural Peruano Japonés. Un viaje a Ayacucho y otro a Huancayo. Una novela y dos cuentos publicados, uno en España y otro en Huancayo. Estoy bien de salud aunque con ciertos altibajos, los chicos están bien, Diego terminó la primaria, Nacho está pataleando por pasar de año. Los pocos amigos que tengo son los mejores. Tengo tres manuscritos para trabajar el 2011. Tengo muchos proyectos. Espero que el 2011 sea así de mejor como el 2010. Tengo vivos los recuerdos de mis padres. A ellos las gracias por la vida que me dieron. Espero dejar una huellita al morir y no pasar como el aire.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Pudor


Novela de Santiago Roncagliolo a la que siempre vuelvo y leo con el mismo entusiasmo de la primera vez que la leí diciéndome algún día escribiré así. Novela que ha recibido fuertes críticas de críticos que se las dan da aviadores, de tipos que creen saber todos los secretos de la escritura y sin embargo no son capaces de escribir esa gran novela que ellos esperan que los demás los escriban por ellos. Este crítico que se la da de piloto de avión dice que esta novela está sacada del Blockbuster -¿se escribe así?- y de no sé qué película. ¿Y qué hay de los que no consumimos en Blockbuster -¿se escribe así?-, mmm, esa es la pregunta del millón.

Una chica que está enamorada de su mejor amiga, un gato arrecho, un padre de familia que se va a morir dentro de seis meses, un abuelo que está viviendo sus últimas aventuras, una tía que recibe anónimos subidos de tono, un chibolo que ve fantasmas y caza alimañas conforman la fauna de esta novelita que mínimo leo dos veces al año, y hasta más. Tenía un ejemplar pirata pero en la pasada Feria del Libro Ricardo Palma me compré la original.
Lo que no me gusta es la carátula, no sé qué hace esa chibola allí si en la historia la única chibola es Jasmín y su papel no es tan relevante. En fin, es una historia interesante que merece ser leída.

Cadena perpetua (capítulos no publicados)

Uno de los finales de esta novela que con el tiempo modifiqué.
Un año de aislamiento total. ¡Un año solito en esta celda! ¿Qué haré para no volverme loco entre estas cuatro paredes desnudas? Mi hijo ya no estará en casa nunca más. Trescientos sesenta y cinco días sin hablar con nadie, sin mirar a nadie, sin salir de esta jaula. Al viejo no pudieron volverlo loco las brujas. Nunca más subirá a almorzar los martes y viernes a las diez y veinte de la mañana. ¿Por qué se volvería loca Martha? ¿Cuánto será trescientos sesenta y cinco por veinticuatro horas? ¿Me volveré loco yo? Los lunes y jueves a las doce. ¿Por amor al papá de su hija? Nada de libros, ni un periódico viejo, ni una revista vieja. A John también le hicieron brujería. Peor un cuaderno o un lápiz. Por pendejo. Tengo que utilizar mi ingenio para no perder la razón. Siempre he sido malo en números. Los miércoles a las once de la mañana. Ni siquiera una guitarra para distraerme. Se comió a la Jenny Atauje y después la dejó tirando cintura. Ni siquiera un clavo para escribir en la pared. Mejor me hubieran condenado a muerte. Cien días por veinticuatro horas serían dos mil cuatrocientos horas, si no me equivoco. Cadena perpetua es para siempre. Almorzaba para irse a trabajar con el estómago lleno. Es como estar metido vivo en un cajón. Esperar, esperar la muerte. Peor con este frío. ¿Para qué contar el tiempo si nunca voy a salir de aquí? Peor estando lejos de Lima. Sepultado vivo. ¿Quién me visitará si no tengo a nadie aquí? No pierdas las esperanzas, Arol. Me voy a desesperar más. ¿Cómo no las voy a perder si prácticamente estoy sepultado vivo, mamá? Tranquilito veré pasar el tiempo. Mejor me hubieran ejecutado. Ni lo veré porque no tengo ni un pedacito de espejo para verme la cara, para verme las arrugas, las canas que me irán saliendo y apareciendo a medida que pasen los años. Con una inyección letal la muerte debe ser menos dolorosa. Primero te duermen, luego te ponen una inyección para que tu corazón ¿se paralice? y mueres. Si me moría cuando me durmieron para operarme, ni me iba a dar cuenta que me había muerto. La silla eléctrica sí no la soportaría. Así morí yo, sin darme cuenta. Tampoco la horca. Al menos no sufriste, mamá. Los senderistas mataban como perros a sus víctimas. ¿Cómo habrán degollado a la abuela Felícitas? ¿Entre cuántos la matarían? La abuela era delgada como la tía Julia. La agarrarían entre varios y uno le cortaría el cuello y la abuelita se revolcaría en el suelo y patalearía hasta morir desangrándose. ¿Cómo lo habrán matado al tío Anacleto? El tío vino tres veces a Lima. Dicen que lo mataron porque era borracho, porque le pegaba a su mujer, porque cuando tomaba salía cuchillo en mano a hacerles la bronca a sus vecinos. Doña Inés Soto debe saber. Ella estaba en Jiljarajay cuando mataron a mi hermano, a mi mamá. Víctor dice que sacaron al tío Anacleto diciendo que iban a conversar. Mi papá se sentó en una piedra, los terrucos estaban con sus armas, papá estaba sentado, de pronto un tuco levantó su arma y le disparó en la cara. Papá cayó, pero no murió. Se revolcaba. Lo ahorcaron. Pobre tío Anacleto. Pancho dice que buscó a los asesinos de la abuela para matarlos cuando fue soldado. Ahora estamos en una dictadura. ¿Hasta cuándo estaré aquí? Ninguna dictadura es eterna. Fidel Castro está como cuarenta años en el poder. Todos los dictadores han terminado mal. Es la excepción. No todos, allí está Pinochet feliz. Noriega está en los Estados Unidos. Lo han condenado a cuarenta años de prisión, creo, por narco. Nunca saldrá. Pero no está encerrado en un lugar como este. A los Somoza los mataron como perros. Igual a Trujillo. Stroessner vive feliz en Brasil. También los últimos dictadores argentinos. Nunca saldré de aquí. Sí saldrás, hijo, ten fe. Saldrás y nos iremos a Huanta, a Chincho. Eso ya no será posible, mamá. Podrías enseñar en el Gonzáles Vígil. O en Huamanga, en el colegio Melitón Carvajal. Janet Magali está en Huamanga. Janet y Ana eran dos amigas que leían mis poemas cuando estaba en La Cantuta. Escribías bonito, Agustín de Luisa. Los fines de semana podríamos ir a Jiljarajay o a Cangari donde tu tía Irma. El viejo quiere ir a Chincho para ver si se le cura ese moquillo que no lo deja respirar bien. Podemos recuperar las chacras para sembrar. Yo le digo Juandi no te mojes mucho pero no me hace caso. Carajo, ¿quién va a regar sino soy yo, ah? Solito tengo que estar sube y baja del cerro. Apestegui es un flojo. Yo llené la ladera de eucaliptos que me traje de la Casona. Le compré un motor al viejo. También sembramos nísperos, maracuyá. Han dado un montón este año. La caña también está saliendo linda. Parece Jiljarajay. ¿Te acuerdas cuando sembramos camotes y salieron unos enormes camotazos? Claro que sí, hijo. Como de cinco kilos. Lindos eran los camotes que mi papá cosechaba en Jiljarajay. Me traje una plantita de la abuela Ayllón y creció como mala hierba. Si vamos a Chincho, el viejo podría meterse en problemas por hablar de la Biblia. Eso es lo malo. Los tucos no creen en eso. ¿Los ronderos serán creyentes? Le ponemos un bozal por si acaso. El viejo es bien terco. Su sueño era ir a predicar frente al palacio de gobierno. Sigue siéndolo. Para leyendo todo el día la Biblia. Tengo que prepararme bien para enfrentarme al demonio. Se lo sabe de memoria. Aquí no tengo ni siquiera una Biblia para distraerme. ¿Cómo haré para matar el tiempo? El tiempo pasa lento si es que no haces nada. ¿Qué se podría hacer aquí para no aburrirse? Piensa. Ni siquiera te dejan para que hagas manualidades como en Lurigancho. A mis alumnos les enseñaba a dibujar, a pintar, a tejer. Es que los tucos ya no tienen recuperación. A hacer tallado en madera. Además, estás condenado a cadena perpetua, ¿para qué quieres aprender manualidades si no te va a servir de nada? Tú eres inteligente, hijo. Algunos eran bien flojos y no hacían nada. Lo jalé al Pedro Capcha que se creía el bacancito del salón. Te sacaste una A en tu clase magistral. También me jalé a la Rosales. Me los jalé por flojos. Les gané a Shirley y a Silvia. Cómo suplicaba su tutor para que le regalaran un punto. El salón de actos estaba lleno cuando di mi clase magistral. No le regalé ni medio punto. Tampoco Maritza. Le gané a July. Fueron el viejo, Mariana, Carolina, Nacho. Diego estaba bebito. También fueron Danielito y Alvarito. A la clase de Silvia apenas fuimos Chanca y yo. Apestegui me acompañó en Pasaschay, ¿o fue Yunsita? Hice un tambor de lata con una placa de rayos equis. Yunsita, yunsita, ¿quién te cortará jajay? Carolina me pintó instrumentos folklóricos. Yo me quedé cocinando en la Casona. ¿Fue escabeche lo que preparaste ese día, mamá? Sí, hijo. Y llegaste tarde al almuerzo que te preparé. Me quedé brindando con los Carlos y Chanca. No me gusta que estés tomando, hijo. Espinoza y el gordo Picón se morían de sueño durante mi exposición. Mejor para mí. En quince minutos terminé mis papelógrafos y volví a pasarlos. La clase magistral tenía que durar cuarenta y cinco minutos. Los tíos ni se dieron cuenta. La gente se vacilaba. Menos mal que no estaba la Orietta. Esa tía sí era bien verde. Ahora me acuerdo que entró el loco Mendoza y me echó flores: el alumno Gastelú Palomino es uno de los mejores en música. Quería que me quede a enseñar en La Cantuta. Me hizo una pregunta. Se la contesté. ¿Eso ayudaría para que me sacaran una A? Bruto no era, entonces. Podría pasarme los días recordando. Recordando todos los buenos momentos que pasé cuando podía disfrutar del sol en total libertad. Tengo tantos recuerdos. Cuando sacaste tu título, hijo. Me acuerdo que cuando fui a registrarlo conocí a Lucía Araceli. Era bonita. Me enamoré de ella. Nos citamos para recoger nuestros títulos el mismo día pero no se apareció. Cuando te nombraste, hijo. Allí también di una clase magistral, pero de diez minutos nomás. Fue más fácil porque ya tenía experiencia como profesor. Mi sueño era que te nombres. Y lo hice, viejita. Lo hicimos los dos. Me levantaba tempranito para prepararte tu desayuno para que te fueras con el estómago lleno y tuvieras el cerebro despejado y pudieras pensar con más claridad. Tengo tantas cosas que agradecerte, madre. Gracias por haberme traído al mundo. Mi hijo Arol era el mejor de todos mis hijos. Mamá. Tengo tanto que recordar. Cuando viajamos a Chincho. Nachito siempre se acuerda del palazo que le metiste cuando no quiso caminar. ¿No dicen que recordar es volver a vivir? Cuando estuvimos en Cocachacra y la Casona. En Cocachacra caminamos bastante, comimos bastante palta, íbamos todos los días al río. Volver a vivir. Cuando te ganaste el Horacio. Volver a disfrutar de un día de sol chosicano. En el colegio todos me envidiaban. También tengo malos recuerdos. Es que me gané un billetón. Esos malos recuerdos sácalos de tu memoria, hijo. No les invité ni una gota de cerveza. Es que los malos recuerdos son los que siempre te atormentan más. Es más difícil recordar los buenos momentos, dijo un escritor. Es más difícil revivir esas sensaciones que uno sintió cuando fue feliz. Inténtalo, hijo. No voy a poder. Tienes tiempo de sobra para intentarlo. ¿Te acuerdas, mamá, cuando me diste a luz? Claro que sí, hijo. Tu papá me atendió. Yo las hice de partero en el nacimiento de todos mis hijos. ¿Quién te enseñó, papá? Acuérdense que trabajé en el Centro Materno de Moyopampa cuando llegué a Lima. Podías haber sido enfermero. Se ganaba poco. Mi primo Maxi decía que en la FAM pagaban por destajo. Me convenía. Aunque pensándolo bien, trabajar en un hospital te da cierto estatus. Hubiéramos sido hijos de un enfermero y no de un albañil. Carolina, Mariana y Bibi estudiaron enfermería. Aunque la única que ejerce es Mariana. Carolina estudió después educación. ¿Si se complicaba el parto qué hubieras hecho? Jehová me ayudó a que todo saliera bien. A ti también te va a ayudar si te arrepientes y te pones de parte de nuestro Señor. En este lugar no me puedo poner de parte de nadie, papá. ¿De qué sirvió que yo les dijera a los jueces sin rostro que yo no podía ser comunista porque mi padre era Testigo de Jehová, ah? De nada. También les dije que no podía ser comunista porque los senderistas habían exterminado a una buena cantidad de la familia de mi mamá y no les importó. Lo único que les importaba a esos chuchasumadres era declararme culpable y condenarme. Creo que también les pagan a destajo. Me estoy acordando que cuando estaba en primaria jugaba con Coqui Chinchay a Sankukay. ¿Yo era Ayato o Ríu? Nos poníamos nuestras camisas sobre las chompas. Los primos Sierra eran…, ¿cómo se llamaban los enemigos de Ayato y Ríu? No lo recuerdo. Simón era un mono. ¿Quién las hacía de Simón? Tampoco me acuerdo. ¿Mirko? No creo. Mirko era bien tranquilo. En el Túpac Amaru tenía una alumna apellidada Simón. Andrea Simón. Era chanconcita. Hilda era floja. Paulino Huachuvilca también era nuestro enemigo. ¿John ya estaba en el 0502? Me hicieron esperarlo por gusto: creo que le dio piojos y le corté pelado y ya no quiso ir al colegio. El viejo nos cortaba el cabello como a soldados. Después aprendí yo. Yo le cortaba el pelo a Carolina, a todos los Apestegui. Después Jonás empezó a ganar bien y les dejé de cortar los cabellos. La vieja sí juntaba su plata y se iba al salón de belleza. Antes la vieja era lacia. Un día me corté bien bajo y me salió el pelo crespo. La vieja Juana Vásquez me dijo gallo. Creo que fui la primera en Huampaní Alto en llevar el cabello tan corto. Mis hijos salieron crespos. Casi nos trompeamos. Mis hijas sí eran todas trinchudas. Luego nos hicimos amigas. Jota estudió corte de cabello. Por gusto porque nunca ejerció. Siempre ha sido mala gana. Tú sí has tenido habilidad para todo, hijo. Hasta cocinabas. ¿Te acuerdas que cuando trabajabas en Ofasa me encargabas que hiciera la sopa? Cocinabas rico. En el Centro Vacacional Huampaní trabajé como pollero y cevichero. También fui albañil, pintor, electricista, jardinero. De todo. Trabajé en todo para pagarme los pasajes y los libros. Estar en la universidad no era fácil. Solo diez terminamos la carrera: Shirley, Silvia, los Carlos, Monchy, Paola, Marlene, Pedro y yo. Solo las dos primeras terminaron invictas. Yo me quedé un ciclo más. Casi todos los que nos quedamos en artes nos nombramos. Los que se cambiaron de especialidad solitos se fregaron. Empezamos cuarenta y cinco en artes. Quince en música, quince en artes plásticas y quince en teatro. La mayoría se fue a lengua, entre ellos mis amigos Chanca y el Gato. Chatín se fue a Bellas Artes. Algunas murieron, como Miriam y Delia. A propósito, Miriam se llamó la primera chica de la que me enamoré. Miriam Blanco. ¿No fue la Verónica Ramos Sifuentes? De ella estuvo templado Juancho. Miriam estaba en el salón de la Verónica. A ver, hijo, cuéntame. Yo estaba en sexto de primaria, tenía trece años, era medio sonso, lo único que hacía era mirar desde el segundo piso cómo Miriam jugaba con sus amiguitas en esas dos enormes mesas que servían como estrados. Miriam tendría once o doce añitos. Era delgadita, de cabellos negros y lacios. Estudiaba en el sexto A; yo, en el B. Nunca nos hablamos. Solo la miraba. Pensé que la secundaria lo iba a hacer en el Estenós, pero no. A qué colegio se iría. Nunca más la he vuelto a ver desde diciembre de 1981, hace once años ya. Me acuerdo de la fiesta de promoción, lo hicimos en el colegio mismo. Fui con mi mamá. La madrina era una rubia artificial, pero bien blancona que nos regaló una crucecita de plomo. Bailé una vez con ella, yo bailaba y la olía, olía rico. Te amargaste y te fuiste a mitad de la ceremonia, Arol. Fue uno de mis arranques de cólera, igual que en la graduación de Diego cuando terminó el jardín. En primaria disfruté bastante. La profesora Rosa Segura siempre nos llevaba a pasear a Santa Eulalia, nos bañábamos en el río. Tenía una hijita que siempre se bañaba en calzón. Cuando la profesora faltaba, su otra hija venía a darnos clase. Su hija se ponía una blusa transparente y se le notaba su sostén blanco. ¿Con ella te tiraste tus primeros pajazos? En primaria todavía no me pajeaba. Del loquito Montes aprendí a corrérmela. El loco era un tarado y un vicioso que se paraba jalando la tripa en cualquier sitio, delante de todo el mundo. También trabajamos en su casa levantando más alto su pared. El loco tenía su cuarto empapelado de calatas. En PM, un diario chiquito, salían chicas en bikini, con ellas me la corría. Creo que esa sección se llamaba Limeñas al spiedo. Emperatriz, la hermana de Chana, nos dio nuestro primer beso en la boca. Nosotros teníamos un pozo. Ella venía siempre a pedirnos que le regalemos agua. ¿Y nos das un beso? Un beso por un balde de agua limpia. Besaba bien. Dicen que se convirtió en puta. Con ella y su hermana Flor jugábamos al papá y a la mamá. Chana estuvo media templada de John, solo para él se apartaba el calzón y le enseñaba su concha peluda. Esa sí era una puta y borracha. Viejo, Pelusa y Lube fueron mis mejores amigos de la infancia. A dónde no hemos ido con ellos a vagar. Mi primera jermita fue Soledad, cuya hermana mayor, ¿Machi?, era la hembra de Viejo Miguel. Eso habrá sido allá por 1984, pues Chojolio ya estaba en la casa. Sería en 1985. A Chojolio lo trajeron en julio de 1984. En una yunsa nos la llevamos a un sitio oscuro y me la chapé, creo que también mis amigos se la chaparon. Me dio miedo ese primer beso. El primer polvo que me tiré fue con una puta, pero no sentí nada, y eso que también se la di por el poto. La única puta que me atendió bien fue Rossana, ¿me tuvo lástima porque le conté que estaba enamorado de Hilda? Era media gordita, blanquita, se había afeitado la chuchita, tenía un bikini celeste. La única que me la chupó bien fue la Nena Caballero, una profesora de religión. La que me enseñó a fornicar fue una loca y borracha que conocí en la puerta del colegio Guamán Poma de Chosica cuando una vez fui a hacer mis prácticas. Yo esperaba, el profesor no venía, pasó una borracha y me preguntó si tenía unos céntimos para un chupete. Le dije que no. Se fue alejando. Vi que tenía buen trasero. Le di alcance y le dije que sí tenía plata, pero en mi casa, si quieres, vamos. Aceptó. Fuimos a la 141. Apestaba a alcohol, se había pasado toda la noche bailando y chupando. Nos metimos a la ducha, después, a fornicar. No sabes cachar, me dijo. Tania también les decía a sus amantes que no sabían cachar. Enséñame, le pedí. Me enseñó. Hasta me pidió que se la meta por atrás. Ay, hijo, qué barbaridades estás diciendo. Tápate las orejas, mamá. Karem Geraldine fue otro de mis amores. Pude haber sido feliz con ella. Era altaza, descendiente de alemanes. Vivía al frente de la suegra de la china. Un día se le voló los fusibles y la abuela me mandó a ayudarla. La llave cuchilla estaba en un cuartito. Se puso detrás de mí para alumbrarme con una vela y me puso las tetas en la espalda. Se sobó las tetas en mi espalda. Me preguntó por qué tenía el cabello largo. Le dije que estaba en la universidad. ¿Qué estudias? Música. ¿Sabes tocar la flauta dulce? Sí, señora. ¿Le puedes dar clases a mi hijito? Sí, señora. Tenía que cachulear en lo que sea para pagarme los estudios. Iba un par de veces a la semana a su casa. Me empezó a contar su vida. Se estaba divorciando. Tenía una hijita de un añito, María Fernanda. Una vez se sacó la teta para darle de lactar. Era una teta grande, blanca, rebosante de vida, de pezón oscuro y grandazo. Esa noche me la corrí en su nombre. Nada de eso me habías contado, hijo. Tú eras medio celosa, vieja, por eso no te contaba mis cosas amorosas. ¿No me hiciste escenas de celos con la tetona Delia? Esa chica era malograda. Estuvo con Chojolio, es vago y fumón que un día estuvo en Lurigancho porque sembraba marihuana con Chanchocrudo. Un día Karem Geraldine me invitó a tomar lonche. Se hizo costumbre. Hasta que un día me invitó a cenar. No quise aceptar. Era su cumpleaños. No me vas a dejar sola en mi cumpleaños, me dijo. Había preparado asado. Sacó un vino chileno, Concha y Toro. Empezamos a brindar. Sus hijos ya se habían ido a dormir. Volvió a contarme por enésima vez su trágica historia de amor. Lloriqueó. Yo la consolaba. Jaló su silla y se sentó al lado mío. Hasta que me agarró la pinga. La tienes grande, me dijo. ¿Te la puedo chupar? Si gustas. Karem Geraldine tenía un bonito cuerpo. Era agarrada. También sabía cachar. Hicimos de todo. Le gustaba demasiado el sexo. Me dijo para irnos a Alemania, pero yo pensé en mi mamá. Si me hubiera ido con ella, no habría terminado aquí. Te hubieras ido lejos, hijo. Mamá, ibas a llorar como esa vez en que Mariana también se fue a Alemania por un mes. Hasta tú lloraste. Yo pensé que Mariana era buena, pero me equivoqué. De todas mis hijas, era la más jodida. Ayudaba a la casa con la bolsa de víveres que le daban en su trabajo, pero eso no le daba derecho a tratarme como cualquier cosa. Al viejo lo carajeaba. Tú apañabas a tus hijas menores, mamá, las alcahueteabas. No digas eso, Mariana. Claro que sí. Tus hijas no trabajaban, una sí tenía que trabajar desde chica. Todos hemos trabajado. A mí me mandaste a trabajar desde chica, mamá. Lo hice porque te quería. Tú no padeciste la falta de pan, de luz, Carolina. Tu sueldo era para ti, jamás me diste un centavo. Encima, te casaste joven, igual que John. Lo que ganaba tu papá no era suficiente. ¿Tantos hijos tuviste, mamá? Nueve. Seis vivos. Es que antes no teníamos televisión. Mamá era una buena madre. ¿Te acuerdas de esa vez que le dimos refugio a la Edith no sé qué diablos que llegó a ser la mujer de Eduardo Bendezú? La que acusó a John de violación. A ella se la había montado un gringo. Tuvo una gringuita, Mónica, medio virolita, la dejaba en la casa cuando se iba a trabajar. En la casa comían. Un día la estábamos paseando en la carretilla y se cayó y se raspó las piernas cerca de la cucarachita y vino la loca Edith y de frente dijo que habíamos querido violar a la virolita. A John le echó la culpa. Hasta la comisaría fuimos a parar. John lloraba pensando que lo iban a meter a la cárcel. La llevaron al médico legista y la cieguita estaba intacta. No sirve dar la mano a gente desconocida. Igual me quiso hacer la loca Martha: me acusó de acoso sexual para deshacerse de mí e irse con el calzón en la mano tras Rafael. Esa mujercita era madre soltera, hijo. Siempre te he dicho que a tu papá no le gusta que estés con una mujer que tiene pasado. Tarde comprendí que el viejo tenía razón. Lo mismo te pasó con July. No hablemos de esas, mamá. Le diste para que sacara su título, para que se comprara su colchón porque no tenía dónde dormir y ni siquiera te invitó a la ceremonia de graduación. Era una pobre diabla. Una vez dijiste que iba a venir a la Casona a ayudarte a escribir tu monografía y no lo hizo. Esa mujercita no valía la pena, hijo. Lo sé, mamá, lo sé, y les hice pagar con creces lo que me hicieron. A Martha no le firmé su pedido para oponernos a la excedencia y a fin de año la sacaron del colegio, a July la desprecié años después de lo que me hizo. Me nombré antes que ella. Ella ni se nombró, creo. Dios la castigó por haber jugado contigo. Igual que a Martha. ¿Te acuerdas de la Santa que vino al cerro en busca del tipo patilludo que no era otro que Bernardo? Viejo y yo la llevamos donde Bernardo. Ya es abuela. ¿En serio? Sí. Su hija mayor ya le dio un nieto. Ni yo. Mi hijo se va a casar cuando yo me muera. Mi hijo es bien bueno. Contigo nomás, mamá, contigo y los chicos y el viejo. Después con nadie más. A Carolina le dolía que tuvieras preferencia por Diego y Nacho. Yo no era la beneficencia pública para preocuparme por todos, mamá. ¿Acaso yo le dije a John que se llenara de hijos? ¿Es cierto que yo era tu hijo favorito, mamá? Claro, hijo. Un día escuché que le decías a Dora mi hijo Arol me ha costado, mi hijo Arol vale oro, mi hijo Arol es el único que no me saca en cara lo que hace por mí. Mi Arol. Mi hijo tan inteligente que un año antes de mi muerte se ganó el Horacio. Mamá, tampoco exageres. No exagero, hijo. Hace mucho frío acá, mami. ¿Por qué no haces ejercicios como antes cuando te ibas a correr desde Huampaní hasta el Bosque? Es una buena idea para mantener el físico. Podrías caminar, caminar, caminar. Uno, dos, tres. Esa vez saqué buen físico y les gané a muchos de mi salón en la maratón por el aniversario del Estenós. Un año antes había llegado con la lengua fuera. En quinto estuve como cañón. Eras fuerte. Por eso no te enfermaste de los pulmones en Multitemp. Mi hijo va a sobrevivir a este aislamiento. Como Papilón. Papilón también estuvo condenado a cadena perpetua en la Isla del Diablo. Papilón conocía el mar. Tantas veces falló en sus fugas. La última vez armó una balsa con un costal lleno de cocos y se hizo a la mar y alcanzó la libertad. Tú también saldrás libre algún día, hijo. Cadena perpetua es para siempre, mamá. Claro que no, hijo. ¿O te has resignado a morir en esta gélida prisión? Desde aquí vamos a luchar por tu libertad. Veinticinco, veintiséis, veintisiete…, cansan las piernas. ¿Te acuerdas que caminamos casi todo el día para llegar a Chincho? Esa sí fue una hazaña, mamá. Claro que me acuerdo, siempre me acuerdo. Tú también caminaste bastante, mamá. Siempre he caminado, desde que era niña cuando iba con mi tío Antonio a hacer trueque por los pueblitos. Mi viejita era bien chambeadora. Algún día estaremos toda la familia junta de nuevo. Y seremos felices. Toda la vida hemos andado como gitanos. Por culpa de tu papá. Era un yanjapurik. De Vitarte nos fuimos a la sierra. Volvimos. Él estuvo en Huachipa, de allí se salió. ¿Por qué no compró un terrenito en Huachipa? La plata no alcanzaba y Cerro Camote era peor que Huampaní Alto. Su hermana Griselda le quiso regalar un lote pero él no aceptó. Después estuvimos un tiempo en Ñaña donde los Pajares. Allí había bastante níspero y habas. Tenían un hijito bien sapo que paraba mirando cuando cogíamos los nísperos. Mmm. No había luz. Había muchos zancudos. Después estuvimos en Chaclacayo. Allí sí era cerca de la casa. Después en Cocachacra donde los Fernández. Había bastante palta. Siempre nos traíamos costales de paltas. Nos bañábamos en el río. Yo iba con Apestegui, subíamos a los cerros. Yo llevaba a pasear a Dora hasta San Bartolomé. Los ejercicios son buenos cuando una está embarazada. Allá también había bastante zancudo y llovía como en la sierra. No aguantamos mucho. Por último estuvimos en la Casona. Cómo jodían los Gil. Esos miserables. Se fijaban si la luz estaba prendida, si sonaba el motor de agua. De simples chupeteros llegaron a ser concesionarios del club. Ese club era medio pelado. Íbamos al río, nos sentábamos en el pasto. La casa era inmensa. ¿No había fantasmas? No, hijo. Tu padre engordó. Él trapeaba siempre. Si no fuera por Mariana que venía siempre a joder, hubiéramos sido felices. Allí Dieguito y Nachito dieron sus primeros pasos. A Dieguito lo metí en una bolsa de mercado para que la chancha Gil no se diera cuenta que estábamos trayendo a otro bebito y le contara a los Pardo. Esos miserables. ¿Te acuerdas cuando vinieron los judíos y armaron su campamento detrás de la Casona? Claro que sí. Siempre me regalaban comida, panes. La chancha Gil hizo un chongo cuando guardaste las cosas de los judíos en la Casona. Le voy a decir a los Pardo, amenazó. Mariana también se amargó. Nos robamos un machete, un pico, guantes, lapiceros. Traían sus cosas en camiones. Me acuerdo que el bosque quedó regado de toallas higiénicas. Allí estuvimos tres años. Allí armé mi estudio cuando sustenté mi monografía. Eras inteligente, hijo. Te nombraste. Le eché ganas a los estudios. Me iba a la Biblioteca Nacional bien tempranito. Almorzaba en la calle. Menos mal que mis cachuelos me permitían darme esos lujos. Hasta los dedos me dolían de tanto escribir. Y los ojos de tanto leer. Allí me compré lentes. Mi hijo pensaba en sus estudios. Primero eran sus estudios. Mi hijo se va a casar cuando yo me muera. Ni creas, mamá. También tenía mis aventuras. Tienes que conocer a mis hijas. Algún día te voy a contar lo de Karem Geraldine, lo de Mily, de Isabella. Una se llamará María Fernanda y la otra María Luisa. ¿Isabella no era esa chica con la que te encontrabas en el camino cuando ibas donde la china Techy? ¿Cómo sabes, mamá, Apestegui te contó? Yo sé todo de ti, hijo. Te he llevado nueve meses en mi vientre. Te conozco muy bien, hijo. Aquí hace frío, mamá. Quisiera ser chiquitito para estar dentro de ti cobijado en ese líquido calientito de tu útero, mamá. Yo te abrigaré, hijo, no te preocupes. Quisiera estar en la casa escribiendo mis poemas, tocando mi guitarra, escuchando mis discos y casets, esos discos que compraba en La Colmena, esos discos que le compraba a don Pablo cuando iba al Almenara. Mis discos de baladas, de música instrumental, de rancheras. Leonardo Favio, Raphael, Juan Gabriel, Julio Iglesias. Tantos cantantes más. ¿Te acuerdas que el día en que me morí estuviste escuchando La llorona un par de veces? La llorona en la voz de Raphael. No sé qué tienen las flores del camposanto, llorona, / que cuando las mece el viento parece que están llorando. En mi viejo tocadisto que armé y desarmé tantas veces. Dos besos guardo en el alma, llorona, / el último de mi madre y el primero que te di, llorona. Aquí están tus discos, tus libros, esperando tu regreso. A propósito, ¿cuántos libros le robaste a doña Rosita Ayllón? Eran libros que estaban guardado en su depósito, mamá. Al menos yo les di utilidad. A la abuela Gulloti también le robaste libros. Mmm. Ni cuenta se dio. Metía los libros en la bolsa de basura y los sacaba junto con la maleza, después iba por ellos. Inteligente mi hijo. Igual hacía el viejo con los pollos cuando trabajaba en la granja de los Cárdenas. De él aprendí esa táctica, supongo. Inconscientemente. ¿Te acuerdas de esa vez en que se desbordó la sequia inundando la granja en los Girasoles? Jota y la abuela Eusebia se trajeron un costal de pollos. Comimos pollo ahogado. Hasta Jonás comió, claro que sin saberlo, porque cuando recién llegó a nuestros cerro era medio eticoso. Todos los del barrio fueron por sus pollos. Huampaní Alto olía a pollo frito. La abuela Eusebia cuidaba a Jota y Bibi cuando yo me iba a trabajar. Le daba su propina. Poca gente hubo en el entierro de la abuela. Justo se murió para navidad. Jonás la vio morir. Igual que a ti, mamá. En tu entierro sí hubo bastante gente. Más hubo en el de Pelusa. Tú no fuiste, hijo. Me daban fobia los entierros, el cementerio. Ahora vas casi todos los días a visitarme. Eres mi madre. Me conozco de memoria el camino hacia el cementerio Paz y Descanso Eterno de Chaclacayo. Siempre pasas por la casa de la señora Olga. Sí. Voy Álamos arriba, en los Eucaliptos doblo a la derecha y paso por la 141, allí está la planta de uña de gato a un lado de la puerta, cojo sus florcitas y los llevo para ti, madre. Me hubiera gustado vivir en una casa así. A mí también. Algún día será. Allí trabajaste como doce años. Lo malo que la vieja Olga no te pagó tu seguro y no pudiste tener una pensión. También estaban con las justas. Tenían un montón de hijos. Vendieron esa casa y se fueron a vivir cerca del hospital donde trabajaba Mariana. Una vez fui a visitarlos. Los chicos ya estaban grandes. Nati estaba estudiando medicina, Franco y Giancarlo estaban en los Estados Unidos. Moña ya era una señorita. Giuliana trabajaba en un súper mercado. Yo los crié desde chicos. Creo que ya era hora que me muriera. Mi primer nieto tenía casi veinte años. Todavía estabas joven, mamá. La vida no la tenemos comprada, hijo. Yo sí le tengo miedo a la muerte, mamá. Yo también le tenía miedo. ¿Por eso te moriste casi sin darte cuenta? Mmm. Una muerte así quiero yo. Quedarme dormido para siempre. No despertar jamás. Dormirme como cuando me durmieron para operarme del riñón. Tú todavía eres joven, hijo, no hables de la muerte. Prácticamente estoy sepultado en vida, mamá. Mientras haya vida, hay esperanzas, hijo. Ninguna dictadura es eterna. El Chino no es inmortal. Los japoneses son longevos, mamá. Ya verás que algún día saldrás y pisarás las calles de Huampaní Alto nuevamente. Entonces nos iremos a Huanta, tomaremos nuestra chicha de siete semillas en Cinco esquinas, iremos a Jiljarajay, a Chincho, pero a Chincho vamos por Huanchuy, mamá, ni loco vuelvo a ir por Runañan. Como tú digas, hijo. La plata no alcanzaba. ¿Te acuerdas de esa vez que el viejo decidió hacerse labrador de ladrillos porque no conseguía trabajo como albañil y se fueron a Huachipa? Cómo no me voy a acordar. Eso fue en agosto de 1985, en las vacaciones de medio año. Antes de sentarme con Paulina. Llevamos todas nuestras cosas. No teníamos dónde dormir. Había un campo. Había una casa antigua, desocupada, sin techo, demasiado grande para techarla. Con adobes nos pusimos a armar nuestra chocita. Estábamos en ese afán hasta que de pronto la pared se derrumbó. Casi nos aplasta. Aplastó la cocina. Tuvimos que cocinar con leña. Yo preparaba el desayuno, el almuerzo. Ya estaba oscureciendo. ¿Íbamos a dormir en la intemperie? Más allá había un tanque de agua, vacío. Allí, dentro del tanque, armamos nuestras camas. Era más seguro. Papá fracasó como labrador de ladrillos. Era jodido ese trabajo. Allí empezaron mis males con las fosas nasales. Tenía que estar sumergido en el barro desde las cuatro de la mañana. Ahora sí puedo descansar. Tengo mi jubilación. Gano poco, pero me alcanza para sobrevivir. Me alcanza para mantenernos mi mujer y yo. Alcanza para darles su propina a mis nietos Nacho y Diego. También para ayudar a mi hijo John. Yo le decía no te cases tan joven, pero no me hizo caso. No tiene un trabajo estable. Su mujer y su suegra lo paran botando. También me alcanza para pagarle el abogado a mi hijo Harold, acusado injustamente de terrorista. Mi hijo no es terrorista, claro que no. Es un muchacho tranquilo. Es un buen hijo que trabajaba para ayudar a sus padres. Sé que saldrá libre. Las autoridades se darán cuenta que está acusado injustamente y lo liberarán. Noventa, noventa y uno, noventa y dos. Ahora sí he entrado en calor. Duérmete mi niño, duérmete ya. Yo velaré tu sueño, hijo. No temas, nada te sucederá. Mamá siempre estará a tu lado, Arol. Mi Arol.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Promoción

Tanto que Diego no quería ir a su cena de promoción, al final fue y regresó contento, hasta me trajo torta. Esto fue iniciativa de las madres de familia y el profe calladito tuvo que entregarle su diploma. Ahora a pensar en la secundaria.

Agapimu en la voz de mi amor imposible

Agapimu en italiano

Vacaciones

Fui, firmé, fui a almorzar, fui al cementerio para visitar a Juan Ignacio por última vez durante este año, y ya, estoy de vacaciones, se terminó el año para mí. Compré un par de pelis más -ya tengo como 30 pelis para ver durante estos dos meses de vaca- y me vine a mi casita y estoy alistando mis chivas para irme de viaje en una gira que me llevará por el Centro y el Sur Centro para recoger material para escribir "Memorias de la guerra", la historia de una chica -ya se sabe que todas las chicas de mis historias soy yo- que vivió en mi pueblo durante la guerra civil.

martes, 28 de diciembre de 2010

Mañana vacaciones

Mañana es mi último día de trabajo, aunque desde la semana pasada solo iba a hacer tiempo, hoy fui, firmé, dejé mi informe y me marché. Mañana no tengo nada que entregar, así es que iré solo a firmar para que no me descuenten. Han sido diez meses de trabajo, aunque digan que en arte no se hace casi nada, pero sí he hecho mucho, este año aprendí a hacer pulseras, collares, y otras chucherías más, además de mis clases habituales de flauta y dibujo. Además, estuve en los juegos florales por tercer año consecutivo y, aunque no ganamos nada como en las anteriores dos ediciones, yo creo que la loca de la mañana nos trajo mala suerte, hicimos lo mejor que pudimos. Aparte, robándole tiempo a las clases, estuve tomando apuntes para algún día escribir una novela sobre el INEI, que será cuando me vaya para escribirlo con la perspectiva que te da la distancia.

Cien cepilladas antes de dormir


De Melissa P -no puso su apellido completo porque cuando la publicó era menor de edad-. Una novela erótica interesante en la cual una chica desnuda -no solo su cuerpo- sino también su alma mientras busca el amor verdadero, ese amor que llene sus días vacíos. En esta búsqueda Melissa experimentará todas las variantes del amor, más bien del sexo: grupal, bisexual, oral, etc., al final del cual seguirá como al inicio de su relato: vacía y sol.

Una buena novela que releí después de un par de año. Este libro deberían de leer nuestros jóvenes y no esas estupideces que publica Javier Matos Quintanilla y sus amigos que, aprovechándose del plan lector, prostituyen la literatura. Claro que si leen -¿leerán al menos?- mierda publicarán mierda.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Sobre "Cadena perpetua"


El siguiente texto lo he "pirateado" del facebook de Ricardo Ayllón. Aquí hace mención a mi novela "Cadena perpetua". El texto es amplio, solo copié una fragmento.

Toda propuesta de ranking bibliográfico, es un fracaso. Y es que su resultado, como ocurre con las antologías en literatura o con las encuestas en política, deja casi siempre a los lectores un regusto a arbitrariedad. Por eso vale aclarar que lo que pongo a continuación es escasamente un recuento, solo el reporte de los títulos nacionales leídos este año, en la esperanza de que a alguien se le haya escapado alguno y lo tenga presente en su lista de lecturas rezagadas.

En novela, debe tomarse en cuenta la insólita impresión que deja el trío constituido por El espanto enmudeció los sueños (Arteidea), de Walter Lingán, Cadena perpetua (Pasacalle), de Harol Gastelú, y La novia de Corinto. El regreso de Sarah Ellen (Altazor), de Carlos Calderón Fajardo, pues concuerdan en la condición de encierro político de sus protagonistas. La versión y la voz impuesta por los autores sobre cada uno de ellos son desiguales (es verdad), pero vale la pena “oír” la interioridad de sus almas desde esa otra interioridad producida por su calidad de presos políticos de la subversión, y captar de primera mano el sarcasmo (en la novela de Lingán), la morriña (en la de Gastelú) y la afectación psicológica (en la de Calderón) que asignan (juntas) la certeza de que la reciente novela de violencia política se dinamiza y se traslada a un espacio más intimista y aislado.

Estas tres novelas podrían conjugar cómodamente con La niña de nuestros ojos (Arteidea), de Miguel Arribasplata Cabanillas, que nos aproxima sin el menor escrúpulo al accionar de un comando subversivo en la sierra del país desde las entrañas mismas de aquel. La visión del autor, amplia y minuciosa, la convierte sin duda en lectura inaplazable. Y como ya estoy trepado en el rubro de la violencia, merece mención especial Luis Pardo. Noticias del gran bandido (Bruño), de Óscar Colchado Lucio, quien retoma la vida y hazañas del mítico bandolero ancashino para entregar esta vez una versión ficcional más dúctil, en la cual ingresan con facilidad especies narrativas como el testimonio y la crónica. Dentro de este talante temático se inscribe Froilán Alama, la leyenda (Altazor), de Teodoro Alzamora, con un estilo nítidamente costumbrista, pero no menos importante en el balance ficcional de bandoleros peruanos.

Arrastrado por la turbamulta mediática del Nóbel pasé también por El sueño del celta (Alfaguara), de Mario Vargas Llosa, que, imagino, muy pocos de los que están en el día a día deben haber dejado de lado, por eso solo queda decir que, sí pues, la escasa ambición técnica y aquel anticipo que exhibe su propuesta argumental, producen cierto desgano en el seguimiento del curso de la trama no obstante los picos logrados en la constitución sicológica de Casement y la incursión de éste en la zona del Putumayo. El año me deja todavía embarcado en la grata reedición de La violencia del tiempo (Punto de lectura), de Miguel Gutiérrez, novela que, por aquella vastedad erigida en la impetuosa y transgresora genealogía de los Villar, promete buenos momentos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La señora Falcón

Fue una de las pocas amigas que tuvo mamá. Hoy me la encontré en el camino y me felicitó porque mi hermana le contó que había ganado un premio y estuve de viaje en Ayacucho y Huancayo y me dijo Tu mamá te debe de estar bendiciendo desde el cielo, eras su hijo favorito. Sí, yo creo que sí porque, a pesar de los años que lleva de fallecida, es como si estuviera a mi lado, sigo haciendo las cosas que hacía cuando ella vivía, sigo llegando temprano a casa, sigo escribiendo como a ella le hubiera gustado, y cada triunfo literario es en su memoria, me sigo preocupando por esos dos nietos que tanto amó.

La desición de Diego

Mi sobrino Diego me dijo hoy que no irá a la clausura de su colegio. ¿No me jalarán, tío? Claro que no. Supongo que su profesor no será tan mierda de jalarlo porque no va a la clausura, ¿no?, aunque ese tipo es capaz. Por chat le dijo me traes mi regalo. Ese hombre lo ve todo dinero: tiene menos de veinte alumnos, y hace clases de recuperación "para reforzar" lo que les enseña, sabe inglés, pero prefiere que los alumnos paguen para contratarles a una profesora, igual con educación física, por el día del maestro siempre les pedía camisas, pero camisas de marca, "sino no me regalen nada", les decía a los pobres chicos. Y a Diego le llegó al pincho las actitudes de ese profesorcillo de medio pelo y decidió no ir a la chocolatada del lunes -el profesor les pidió que llevaran un panetón-, y tampoco irá a la clausura. Ah, hicieron campeonato y los chicos llevaron varias gaseosas y no las tomaron porque nadie llevó vasitos y Diego me decía Seguro se los llevará a su casa. Diego tendrá once años, pero no es ningún tonto.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad

Esta es la sexta navidad sin mamá y la segunda navidad sin papá. Todavía recuerdo esa navidad en que casi se quema la casa porque había fuga en el balón de gas y la vieja como sea desprendió la manguera para poder sacar el balón. En la tarde los fui a visitar, les llevé sus flores y les di las gracias por todos los momentos buenos que me dieron. Que el Señor los tenga en su gloria a ambos.

Feliz navidad para todos

Conversación en La Catedral


Novela de Mario Vargas Llosa que terminé de releer anoche después de muchos intentos en que no llegaba al centenar de páginas y la dejaba. La primera vez que la leí fue hace muchos años, cuando estudiaba en La Cantuta. Este ejemplar me la compré en Quilca cuando buscaba las obras de Vargas Llosa después de haber quedado deslumbrado por "La ciudad y los perros".

En la primera página de esta novela está la famosa pregunta de Zavalita "¿Cuándo se jodió el Perú?", pregunta cuya respuesta nadie encuentra hasta ahora.

Es un extenso diálogo entre Santiago Zavala y Ambrosio, un chinchano que fue chofer -y también cachero- de su padre y de Cayo Bermúdez, o Cayo Mierda, Director de Gobierno durante la dictadura de Odría. Santiago Zavala se ha rebelado contra su familia, contra su clase, su familia no quiere que estudie en San Marcos porque está llena de cholos, y Santiago postula a San Marcos donde entra en contacto con las células rebeldes de Cahuide. Después que cae preso y es soltado por la intervención de su padre, Santiago rompe con sus amigos rebeldes y con su familia y se va de su casa y entra a trabajar a "La Crónica". A pesar que se muere de hambre, no recurre a su familia por su orgullo.

También es la historia de Cayo Bermudez y de Ambrosio y de Amalia y de Queta.

Una extensa novela donde Vargas Llosa plasma toda su genialidad. Una novela publicada en 1969 y que sobrevivirá a su autor cuando el resto sea pasto del fuego.

Conversación en La Catedral, 669 pp, Seix Barral, Barcelona, 1974
Así quiero escribir la historia de Fujimori. No es tan complicada esta novela como se piensa.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Diálogos con Diego

Diego ya terminó la secundaria, es un niño de casi doce años, y cada vez es más curioso, a veces, como hoy, conversamos bastante, me pregunta tantas cosas sobre la familia, sobre las cosas que ve, escucha, sobre su papá al que acaba de conocer. Yo creí que nuestra relación sufriría mella pero no, al contrario, se ha afianzado más. Claro, toda su vida la ha vivido con nosotros, primero con sus abuelos y ahora conmigo. Espero que eso siga así, que siga mis consejos para ser una persona como lo hubieran querido sus abuelos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Una olla de grillos

¿Quién dijo que los maestros son lo mejorcito que hay? Hay de todo en el magisterio. Por ejemplo en mi cole hubo elecciones para no sé qué -entre menos sepa de educación mejor- y una profe impugnó las elecciones porque su amiga que candidateaba perdió y como no le hicieron caso se las agarra con todo el mundo y anda mascullando no sé qué y faltándole el respeto a todos. Es una cholita imbécil recién bajada de la puna a quien le falta educación, cultura, roce social. Cree que porque es una profesorita de medio pelo ya es lo mejorcito. Yo me río nomás porque al fin y al cabo la historia la escribo yo y, entre más escoria, mejor, una buena novela siempre está llena de mierda, los ángeles, la gente buena no sirve para la ficción.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Falta poquito

Para tomarme dos meses de vacaciones. Quiero dormir un día entero para quitarme todo el cansancio que llevo encima.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Entierro


Hoy enterramos a la tía Griselda. La enterraron en un cementerio de mala muerte, y eso que el tío gana una buena pensión. En fin, como dicen, muerto es muerto. Está bueno para escribir un cuento porque pasaron cositas que así nomás no pasan en los entierros.

La abuela de ayer, perdón, la hija más bien, me contó que conoció a mi madre cuando ambas trabajaban en Chosica, que por esos años mamá conoció a papá y se desapareció con él. Mmm, lo malo qué, hasta donde sé por versiones de mis padres, ambos se conocieron en Vitarte, mi mamá nunca trabajó en Chosica. En fin, son cosas que ahora caen en el terreno de la especulación.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Ceremonia de Premiación en el Peruano Japones











Fui con mis sobrinos Diego -que quiere ser escritor-, Álvaro y Daniel y con mi amigo Chanca. Mis sobrinas Bere y Nela querían ir, pero son muy chiquitas, aunque después me arrepentí de no haberlas llevado porque la ceremonia estuvo bacán y los chicos se divirtieron como nunca. Fue una ceremonia casi íntima, pocas personas, pero se sintió el calor humano a pesar de ser de otra cultura. No fue ese asco que fue la ceremonia de premiación de La Católica cuando gané una mención de honor por "Diario escolar". Esta vez sí me tuvieron en cuenta, hasta me llamaron una y otra vez para preguntarme si quería participar en la ceremonia de premiación -"Porque hay escritores que no lo desean", me dijo la señorita Patricia ¿Tanaka? cuando se comunicó conmigo- y después tuvimos una comunicación fluida por correo. Los chicos pudieron conocer algo de la cultura japonesa, y también ver a su tío en una ceremonia más de premiación, lo cual les alegra bastante, sobre todo a Diego. Diego y Daniel estuvieron bajando por el ascensor, comieron bocaditos hasta el hartazgo -¿se escribe así?-, Álvaro se bebió un par de copas de vino y mi amigo Chanca pudo verme por primera vez en una premiación y yo fui feliz y pensé en lo contentos que estarían mis padres si hubieran estado allí conmigo.
Hasta la siguiente ceremonia de premiación.



Y ahora a escribir cuentos para la edición del 2012. Como me dijeron dos integrantes del jurado: se nota que tienes oficio. A sacarle el jugo a esta habilidad.

88 años

En el velorio de mi tía Griselda conocí a una tía de parte de mi madre de 88 años, aunque su hija dijo que el 20 cumplía 90 años. La tía estaba lúcida, se desplazaba sin ninguna ayuda, tenía su chispa, y tenía buena memoria. Así supe los nombres de mis bisabuelos maternos -Manoco Palomino y Gregoria Quispe-, supe que mi abuelo tuvo dos hermanos -Antonio y Encarnación-, supe cómo fue la muerte de mi abuelo.
Ya quisiera yo llegar a esa edad.

Interesante

Björn Ulvaeus & Benny Andersson - Att Finnas Till

viernes, 17 de diciembre de 2010

La vida sigue igual

Mientras anoche yo recibía mi sexto galardón literario del año -y el número 16 desde que escribo-, mi tía Griselda, hermana de mi difunto papá, vivía sus últimas horas de vida. Estaba en coma desde hace dos meses, pero la última vez que la vi, hace casi un mes, se estaba recuperando y parecía que iba a recobrar el conocimiento. Hasta que esta mañana nos llaman para decirnos que acababa de fallecer.
Ella murió y la vida seguía igual: en el cole se clausuraba el año escolar, los alumnos estaban felices de terminar sus clases, igual los colegas ya agotados después de diez meses de labores, yo decidía no tipear "Amores de verano", lo cual significa no participar en el concurso de novela erótica de España. Pero creo que es lo mejor. Aunque tengo casi 120 hojas en manuscrito, es una primera versión, y si quiero tentar un premio, tiene que estar bien escrita y no creo que ni Vargas Llosa sea capaz de escribir una buena novela en un par de meses. Más bien escribiré un cuento erótico para otro concurso. Cinco hojas lo hago en un par de semanas.

De duelo

Murió la hermana de mi papá. Estuvo dos meses en coma después de una caída que le provocó un derrame cerebral.
Anoche fue la ceremonia de premiación en el Peruano Japonés, pero no estoy de ánimos para contar cómo fue.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Recordando a...

Ceremonia de Premiación

Hoy es la Ceremonia de Premiación del concurso de cuentos organizado por el Centro Cultural Peruano Japonés. Es la tercera ceremonia de premiación en la que participaré este año. Y todo por escribir. Es bonito, aunque a veces me pregunto ¿para qué escribo? ¿Qué gano escribiendo en lugar de estar viendo una peli o pasarme los días durmiendo o haciendo cosas más productivas? En fin, los que gozan más son los chicos que ven que tienen un tío triunfador, ganador, que no se duerme en sus laureles, que sigue con sus sueños de entonces. A asistir entonces sin cuestionarse mucho.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El amigo secreto

Me crucé con Rocío en la escalera que lleva al 3°E -ella terminaba su hora y seguía yo- y me dijo Harol, participa en el amigo secreto, van a estar... y yo Guag, guag, guag. Me rogó y rogó y yo no cedí. Hace como un mes, cuando dijeron que iban a hacer el amigo secreto, me preguntaron si yo iba a participar y dije No participo en tonterías -en realidad fue un término más fuerte, es que se me escapó pues, jeje-, así que no me quedó otra que mantener mi posición, aunque en realidad sería una catástrofe para mí estar pensando qué le voy a regalar a la que me toque -de toda la mancha apenas somos dos varones y el resto son mujeres-, qué comprarle a una mujer y mejor me evito ese "estrés". Solo espero que Rocío no se haya molestado, ya que ayer las tres coincidieron en que soy muy "brusco" con las mujeres. Ah, algún día les contaré un secreto.

Para ti

martes, 14 de diciembre de 2010

Pollo con papas

Salimos a comer pollo con papas con Rosa, Rocío y Luz y empezamos a chismoseas o a contarnos nuestras cosas: que esto es así, que esto es asá, que eres tosco con las chicas, Harol, mira a ... que es más efesivo, que qué mujer te va a soportar. Jajaja, para reírse. Y a hablar de "La tía Susy", que dicen los chicos que les dijiste que era cierto, la otra que deber de ser puro invento, y otra vez a reírme. Y se acabó la cena.

A mi vaca

lunes, 13 de diciembre de 2010

Lunes

Última semana de clases. Hora de entregar los registros, de sacar promedios, de escuchar las súplicas de los alumnos. Uno se pasó todo el año jodiéndome y le dije ya nada se puede hacer, estás desaprobado y el vago ese me dijo todo tiene solución en la vida, menos la muerte, hoy por mí mañana por usted, quién sabe si algún día le haré un favor. No atraqué.
Diego me dice que, si presenta sus últimos trabajos, saldrá el miércoles de vacaciones. Y con eso termina la primaria. Es un chico inteligente, responsable, no como Nacho que siempre me trae dolores de cabeza. Al fin termina Dieguito la primaria. Sus abuelos hubiesen estado contentos.

Para la Falhen, que nació casi en la primavera

"Y será tan grande nuestro futuro que olvidaremos todo lo pasado"

Para ti

domingo, 12 de diciembre de 2010

Amores digitales

Este es un cuento de mi libro "Historias urbanas", Premio Horacio 2004
Si no haces preguntas, no oirás mentiras, JAMES JOYCE, Ulises

Tú crees todo lo que te cuento, CARLOS FUENTES, Cambio de piel

–Lee este poemita, Minina: Llegará nuevamente la primavera, / se repetirá otra vez el verano, / en la playa cantarán las sirenas, / pero tú ya no estarás nunca más a mi lado (Gatita).
–…
–¿Estás por ahí, Gatita, o te fuiste a cazar ratones?
–Tus poemas siempre me hacen llorar, Agus.
–Toma este pañuelo y seca esos ojitos que se te ve fea con la carita llena de lágrimas.
–Ay, Agus, tú siempre me haces reír y llorar.
–Vivir conmigo sería divertido, ¿no?
–Mmm.
–¿Qué significa mmm, Minina?
–No sé…, tantas cosas.
–¿Y cómo te va en tus cursos?
–Ahí, pataleando. Tú sabes que yo no soy tan inteligente como tú.
–Llegaste tarde a la repartición de cerebros y te pusieron después de la Chuchi Díaz.
–Jajá, tampoco tampoco.
–Pero todo depende de ti, Gatita. Todas las cosas son posibles si te esfuerzas aunque sea un poquito.
–Eso es lo que me está enseñando la vida, amigo.
–Ya verás que un día vas a ser la número uno de tu facultad.
–Ojalá. Y como ahora me muero de sueño y mañana tengo que madrugar, me voy a mi camita.
–¿Tan temprano?
–Sí, amigo. Ya me pesan los ojos.
–Bueno pues, hasta mañana. Que sueñes con los angelitos.
–Tú también, Agus. Chau.
–Chau, amiga.
***
–¿Y cómo te fue hoy, Minina?
–Bien, Agus. Me la pasé descansando.
–¿Qué haces los sábados, amiga?
–Duermo hasta tarde, limpio mi cuarto, lavo mis trapos, ayudo a mi mamá, leo El Comercio. En Somos hay una sección llamada El test de Prouts, ¿te hago preguntas de allí?
–Si gustas. Adelante con tu interrogatorio, cazadora de ratones, pero no me hagas preguntas indiscretas, ¿OK?
–De acuerdo, amigo. ¿De qué equipo eres?
–Del otro.
–¿Qué dijiste?
–Que esa pregunta no está en el test.
–Pues yo quiero que esté.
–Ya te contesté, entonces (Gatita caprichosa).
–Bien, continúo: ¿cuál es tu pasatiempo favorito?
–Conversar con cierta minina, ¿y el tuyo?
–Me halagas, amigo. Lástima que yo no pueda decir lo mismo.
–…
–¿Agus?
–…
–¿Estás ahí, amigo? Estaba bromeando.
–Ojalá. Sigue con tus preguntas, Gatita bromeadora.
–¿Qué sería para ti la felicidad perfecta?
–Conocer en vivo y en directo a cierta micifuz. ¿Y para ti?
–Pasarme durmiendo todo el día.
–Media flojita eres, cazadora de pericotes.
–Ay, Agus, si supieras que hace días, mejor dicho noches, apenas duermo un par de horas.
–¿Problemas de insomnio, Gatita?
–No, amigo; son por los estudios. En la universidad me dejan trabajos hasta por gusto.
–Ah, era por eso. Yo ya te iba a mandar mi Manual del sueño rápido por el doctor Agustín, especialista en problemas del sueño femenino y gatuno.
–¿Y es efectivo su manual, “doctor”?
–Cien por ciento, mi estimada paciente y cliente. Dígamelo a mí que todas las noches duermo a pierna suelta como un inocente angelito.
–Quién como tú, amigo; te envidio.
–Gatita, tienes que cuidarte, no te vayas a enfermar por tanto estudiar. Tú sabes que el cerebro no es de acero; acuérdate que hasta las computadoras se cuelgan. No se te vayan a cruzar los chicotes y terminas en el Larco Herrera. ¿Te estás alimentando bien?
–Como bastante, Agus. Trago como chancho con hambre.
–Me imagino que estarás gordita. ¿Cuánto pesas?
–Adivina.
–¿Sesenta kilos?
–Un poco más.
–¿En serio?
–Claro. ¿Por?
–A mí me gustan las delgadas.
–¿No te gustan las gorditas?
–No. Me caen pesadas. Tendrás que hacer dieta. Máximo te acepto con cincuenta kilos.
–No te asustes por gusto. Soy delgadita.
–Menos mal, porque yo ya te iba a mandar mi famoso Método para bajar de peso sin comer un mes por el médico y nutricionista Agustín, especialistas en gordas, cerdas y chanchas.
–Tú quieres exterminar a las gordas, amigo.
–Habría más comida en el mundo sin ellas, ¿no?
–Tienes razón. Continúo con mis preguntas: ¿cuál es tu mayor defecto?
–La tengo chica.
–¿Qué?
–Mi oreja derecha.
–¿Por?
–Se parece a la de Dumbo.
–Si quieres, te la igualo con mi tijera.
–Bien mala eres, Gatita.
–Amigo, te quiero hacer un gran favor sin cobrarte por mis servicios, y todavía te quejas. No te entiendo.
–Así estoy bien, amiga. He aprendido a quererme con todos mis defectos y virtudes.
–Al menos voy a tener paraguas gratis.
–Ah. ¿Y de ti cuál es tu mayor defecto?
–No sé, tendría que mirarme en el espejo.
–Mejor mírate en mis ojos…
–De repente eres ciego o tuerto, Agus.
–Por si acaso, tengo un ojo azul y el otro verde que cambian de color con las estaciones. Mis fans dicen que ese es mi mayor atractivo.
–Solito te echas flores, Agus.
–Si yo no me quiero, ¿quién me va a querer, ah?
–Alguien te querrá.
–Ojalá.
–Continúo con mi interrogatorio antiterrorista: ¿en que ocasiones mientes, amigo orejas de pachanga?
–Nunca.
–¿Nunca nunca? Eso es imposible.
–Bueno, alguna vez habré dicho una mentirita sin darme cuenta.
–Y sin darte cuenta te creció la nariz como Pinocho.
–Ah. Ahora la tengo grandota. ¿Y tú nunca mientes, Gatubela? Porque las mujeres sois mentirosillas por defecto.
–No todas somos iguales, Agus.
–Pero sí la gran mayoría.
–Menos yo.
–Ojalá, porque me daría cuenta y te sacaría de mi vida sin contemplación alguna, amiga.
–Por lo visto, has tenido mala experiencia con las pinochas, Agus.
–Ah. Tenía una amiga, entre comillas, que me mentía hasta por gusto.
–Y fijo que lo peor era que no sabía mentir, ¿no?
–Ah. Solita se delataba: un día me decía una cosa, otro día me decía otra cosa.
–Aparte de mentirosa, tenía mala memoria.
–Sufría un poco de la cabeza. Alucinaba tonterías: que iba a ser feliz en la otra vida, que nunca iba a olvidar a su primer amor, etc.
–Pobrecita tu amiga.
–Ni le tengas pena porque en el fondo era una mala mujer y tenía bien merecido todo lo que le pasaba.
–Me estoy dando cuenta que tú eres bien malo, Agus.
–Yo soy una combinación de Jason, Freddy Kruger y Chuqui. Algún día te lo demostraré.
–Ay, mamita, qué miedo. ¿Cómo terminaste con tu amiga? ¿Le cortaste el pescuezo?
–Hubiera querido, pero no valía la pena. Cuando lloraba yo pensaba esas lágrimas son de cocodrilo y la consolaba de a mentiritas.
–Entonces tú también mentías.
–Empujado por las circunstancias. Porque yo no seré religioso, pero mi conciencia no es un calzón que se lava los domingos rezando hasta por gusto.
–¿Nunca le reclamaste por mentirte? Porque los amigos estamos para decirnos nuestras verdades.
–Sí, pero no le importaba. Ella decía que podía hacer con su vida lo que quisiera.
–Por lo visto estaba bien loca.
–Ah, pero ya no hablemos de esa persona que no vale la pena. Para mí ya no existe.
–Como quieras, amigo. Sigo preguntándote: ¿cómo te gustaría morir?
–Atravesado.
–Gracioso.
–La verdad es que nunca me he puesto a pensar cómo me gustaría morir. ¿Y tú, Gatita?
–Tampoco. Ya cuando llegue el momento, lo pensaré.
–Te va a faltar tiempo.
–Eso es lo malo, pero qué importa, ya veré cómo me las ingenio. Continúo: si te murieras y se te permitiera volver convertido en otra persona o cosa, ¿cuál crees que serías?
–Tu almohada.
–Gracioso.
–En serio, Minina. ¿Y tú?
–No lo he pensado; como eso es imposible.
–¿Y entonces por qué me lo preguntas a mí?
–Por simple curiosidad.
–Bien graciosa eres, Gaticuriosa.
–Ah. Continúo: ¿qué talento te gustaría tener, Agus?
–Tocar la guitarra como los ángeles.
–Que yo sepa, los ángeles tocan la trompeta.
–Pues yo quiero tocar la guitarra.
–Entonces cómprate tu guitarra y practica.
–Eso es lo que voy a hacer para llevarte serenata el día de tu cumpleaños.
–Mi mamá te va a echar agua.
–Con tal que no sea agua hervida.
–Bueno, esta niña se va a dormir. Otro día continuamos. Chau, Agus.
–Todavía es temprano.
–Pero me muero de sueño. Chau.
–Bueno, chau, Gatita. Sueña con los ángeles.
***
Gatita:
Hola, ¿cómo estás? Espero que muy bien. Te mando estos versitos que escribí ayer: Hasta el tiempo está triste, / el cielo se ha vestido de colores grises, / los jardines se pueblan de hojas muertas/ y tú (Gatita) no estás cerca.
Recibe muchos saludos de Agus
***
Hola, Agus:
Gracias por tu poema, está bonito. ¿En quién te inspiraste? No me digas que estás más templado que las cuerdas de una guitarra Falcón. Se nota que estás sufriendo por alguien, pícaro. ¿Quién ha sido la mala que te ha choteado? Insiste, no te des por vencido así nomás. Te mando una postal que espero que te guste.
Arrivederci
Gatu(bella)
***
Querida Minina:
Hola, ¿cómo estás? Espero que muy bien. Gracias por darme aliento, y por la postal, estaba bien… horrible. No, mentira, está bien bonita, tú sabes que a mí me encantan los paisajes marinos, aunque hubiera sido estupendo que la postal tuviera una sirena de espectaculares 90-60-90 para deleitarme los ojos, pero en fin, tanto tampoco puedo pedir. Me alegro que te haya gustado mi poemita. ¿Que en quién me inspiré? Pues adivina: en cierta minina que todavía no me ha choteado; el triste día en que lo haga, tomo racumín, me cuelgo de un árbol, me tiro del Puente Villena. Bueno, amiga, estudia, pero no bastante, cuídate, y chau.
Se despide de ti
Agus
P.D.:
Abrígate bastante
***
Agus:
Hola, ¿qué tal, cómo estás? Espero que muy bien. Gracias por lo de abrígate bastante, tú también. Está haciendo mucho frío, ¿no? Y peor por las madrugadas, siento que mis pobres huesos se congelan, ¿así será la Antártida? Últimamente estoy durmiendo con doble pijama y cinco frazadas. Cambiando de tema: oye, Agus, ¿no serás tan, pero tan… como para matarte por una mujer, no? La vida es hermosa, y si hoy estás sufriendo, mañana serás feliz, porque a un día con lluvia, sigue otro con espléndido sol. El amor nos llega a todos cuando menos lo pensamos, amigo, no desesperes y mira el mañana con esperanza, ¿está bien? No me gustaría ver a mi amigo colgado de un árbol como una piñata. Saca esas ideas negativas de tu cabeza y sigue adelante.
Chau
Gatu(bella)
***
–¿Qué tal, Agus?
–Aquí, Gatita, más o menos. ¿Y tú cómo estás?
–Aquí, preocupada por ti. ¿Son ciertas tus intenciones de tirarte del Puente Villena por una fémina (que espero no sea tu ex amiga, la mentirosa, para más señas)?
–…
–No serás tan sonso, ¿verdad?, porque mujeres hay hasta por gusto. ¿No dicen que a cada hombre le corresponden seis o siete mujeres y de yapa un cabrito? Uff, tienes hasta para escoger.
–Mi corazón ya escogió, Minina…
–Pero tienes que pensar con la cabeza, Agus, no con el corazón, porque si piensas con ese órgano, te fundiste.
–El que ama, siempre pierde, ¿no?
–Así es el juego del amor, amigo, lamentablemente.
–¿Y qué me aconsejas?
–Que sigas viviendo, y paciencia, ya lograrás ese amor que hoy te es esquivo…
–…algún día.
–Ajá. Poco a poco se llega lejos, ¿no?
–Mmm. ¿Y cómo te va en tus estudios?
–Bien. En mi último examen me saqué una de las notas más altas de mi salón.
–¡Felicitaciones! Así dices que no eres inteligente. Te lo tenías bien guardadito.
–Gracias, Agus.
–¿Cuándo lo vamos a celebrar?
–Cualquier día, yo te aviso.
–Ya.
–Bueno, ahora sí me voy a dormir tranquila. Hasta mañana, Agus.
–Hasta mañana, amiga, y sueña con los angelitos.
–Tú también, y ya no pienses tonterías.
–Ya. Chau.
***
–Hola, Agus.
–Hola, Gatita.
–Puntual como siempre.
–Tú sabes que la puntualidad es uno de mis mayores defectos.
–Al contrario, es una virtud.
–Ni creas, Minina. Cuando quedo con alguien para una determinada hora y no llega, la impaciencia me empieza a atormentar.
–Y te salen ronchas por todo el cuerpo, te falta el aire.
–Ajá. Pienso que de repente a esa persona le ha pasado algo.
–Tú te atormentas por gusto, Agus. Al que le va a pasar algo es a ti por preocuparte sin tener motivos. Tú sabes que casi todos somos impuntuales.
–Conmigo tienes que ser puntual como un reloj suizo, Minina.
–Ya, jefe. Desde hoy trataré de llegar siempre temprano al trabajo.
–Más le vale, señorita caza roedores, porque no se vaya a quedar en la calle por dormilona.
–¿Y si tengo algún plancito mañanero por ahí?
–Más te vale que no lo tengas, porque te cae tas-tas en el popó si te descubro planeando en algún callejón oscuro.
–Jajá. ¿Tú eres celoso, Agus?
–Recontra.
–No me dejarías salir ni a la esquina.
–¿Qué vas a hacer en la esquina?
–A chismosear con mis amigas.
–En las esquinas solo están las mujeres malas, Minina. Mejor vete a una esquina del Hospital, así de paso ganas tu billete y no estás perdiendo tu tiempo.
–Las buenas tenemos que estar temprano en nuestras casas, ¿no?
–Claro. ¿O no tienes nada que hacer para estar perdiendo tu tiempo en los callejones?
–¿Si estoy contigo, supongamos, y te traiciono, Agus?
–Te corto el pescuezo con mi machete.
–Mejor me quedo sola, por seguridad.
–Son bromitas nomás, no te las vayas a creer, Gatita fiel.
–Ojalá.
–¿No quieres probar?
–No. Mejor me voy a dormir. Chau, Agus, hasta otro día.
–Chau, Gatita. Sueña con los angelitos.
***
–¿Y qué tal te fue este día, Minina?
–Bien. Fui a ver Paloma de papel y Freddy versus Jason.
–¿Solita, o mal acompañada?
–Sola. (Pobre de mí.)
–Cualquiera avisa.
–Fue sin planificarlo. Mis clases terminaron temprano, y como me dolía un poco la cabeza, decidí ir al cine para relajarme un poco.
–Es bueno que te distraigas de vez en cuando, amiga
–¿Y tú no vas al cine, Agus?
–Yo no tengo tiempo ni para ir a la esquina.
–Yo te estoy diciendo al cine, no a la esquina. ¿Para qué quieres ir a la esquina?
–Era un decir.
–Bien que te creo, frecuentador de esquinas.
–Ay, Minina, tú eres bien fregada.
–Ya me estás conociendo.
–Si te invito al cine para conocerte más, ¿aceptas?
–Esta semana estoy recontra ocupada.
–¿Y la otra?
–Yo te aviso.
–Ya. Lee el siguiente poemita que se me acaba de ocurrir: Mi corazón tiene una pena, / mis ojos tienen lágrimas, / mi alma va por las calles desiertas / con un vacío en la mirada.
–Tú siempre tan romántico, amigo.
–Ya parece enfermedad.
–Bueno, me voy a dormir, estoy que me muero de cansancio. Hasta otro día. Chau.
–Chau, Gatita, cuídate.
***
–¿Qué clase de música escuchas, Agus?
–Vivaldi, Bach, Beethoven, Mozart.
–Qué aburrido eres.
–No. Mentira. Escucho a Leonardo Favio, Leo Dan, Perales, Juan Gabriel, etc.
–Pura gente antigua nomás.
–Mmm. Pero no me vas a negar que las canciones de antes eran mejores que las de ahora; más románticas, más tiernas, que te llegaban directo al corazón.
–Tienes razón, porque las canciones de ahora son más atrevidas.
–Puro chuculún nomás.
–Ah, como para perrear.
–¿Y tú qué clase de música escuchas, Gati?
–De todo: Agua Bella, Axé Bahía, Sonia Morales. ¿Te gustan?
–No. Me dan dolor de cabeza.
–¿Ni para bailar?
–Hace tiempo que no voy a una discoteca.
–Deberías ir.
–¿Vamos?
–Este fin de semana estoy recontra ocupada. No voy a tener tiempo ni para buscarme los piojos.
–Bueno, tú me avisas cuando termines de despiojarte, de sacarte las pulgas, las garrapatas, los chinches, ¿ya? Chau.
–No es para que te molestes, Agus.
–No estoy molesto. Mírame: estoy sonriendo de oreja a oreja. Chau.
–Agus…
***
–Hola, Minina, ¿qué tal?
–Bien.
–¿Cómo te fue este día?
–Bien.
–¿Creo que estás molesta?
–¿Molesta yo? Claro que no. Mírame: estoy sonriendo de oreja a oreja: jajá.
–Disculpa, amiga.
–No acepto tus disculpas.
–¡Por favor, Gatita linda!
–¡No!
–Tú eres buena, Gatita. Si quieres, me pongo de rodillas.
–¿Y puedo poner chapitas en el suelo?
–Chapitas, tachuelas, clavos, pero discúlpame, ¿sí?
–¿Me prometes que nunca más volverás a tratarme como la otra vez?
–Te lo prometo. Pero tú también no seas tan choteadora.
–Es que no tengo tiempo para nada, Agus. Estoy recontra ocupada. Por mí aceptaría encantada salir a pasear, a bailar, pero con las justas tengo tiempo para estudiar.
–Hasta que te vuelvas loca.
–Es el riesgo que tengo que correr si quiero ser alguien en la vida, ¿no?
–Pero también tienes que divertirte de vez en cuando.
–Lo sé, Agus, y gracias por preocuparte por mí.
–Algún día será, ¿no?
–Mmm. Bueno, me voy a dormir. Chau, Agus.
–Chau, Gatita. Cuídate, y no estudies mucho.
–Ya, Agus. Chau.
***
–Hoy estuve en Chosica.
–Y no invitaste.
–Disculpa. Fue sin planificarlo. Vinieron a buscarme unos amigos y nos fuimos.
–¿Amigos de 90-60-90?
–Ya quisiera yo haber ido con una chica.
–Ya llegará ese día.
–Ojalá.
–Quién como tú que has disfrutado de un día de sol.
–¿Vamos el otro domingo?
–Voy a ir con mi mamá a visitar a una tía que está enferma.
–¿No digo yo que uno las invita y ellas no quieren?
–No es eso, Agus…
–Tú quisieras ir, pero tienes que acompañar a mamita, ¿no?
–En las vacaciones voy a tener tiempo hasta por gusto.
–Hasta que lleguen tus vacaciones dónde (diablos) estaré yo.
–¿Y qué tal Chosica?
–Bastante calor.
–¿Y las chosicanas?
–Bonitas, lindas, hermosas…
–Te hubieras traído una.
–Hubiera querido, pero como mi corazón ya tiene dueña…
–…
–Algún día me compraré una casita por esos lares.
–Me avisas para visitarte. Se puede, ¿no?
–Claro. Las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ti.
–A ver si voy un domingo para disfrutar de un día de sol.
–Ya. Vienes cuando quieras. Yo encantado de recibirte en mi casa.
–Gracias. Ahora esta niña se va a su camita porque se muere de sueño.
–Entonces hasta otro día, Minina. Chau, cuídate.
–Tú también, Agus. Chau.
***
–¿Cuántos años tienes, Gatita?
–Eso no se le pregunta a las mujeres, amigo.
–Ya pues, Minina, dime tu edad.
–¿Cuántos años me echas tú, Agus?
–Por lo menos unos cuarenta.
–¿Qué comes que adivinas?
–¡…!
–¿Agus?
–…
–Te has quedado mudo.
–¿Tan tía eres?
–Qué más quieres, ya no soy una chiquilla inexperta, te puedo enseñar muchas cosas de la vida. ¿No dicen que gallina vieja da buen caldo, ah?
–¿En serio tienes tantos años?
–Claro que sí. ¿Por?
–Para buscar por ahí una nena.
–No me digas que eres roba cuna, Agus.
–No, pero mejor es la carne fresca, ¿no crees?
–Eres caníbal.
–Ah. ¿Cuántos años tienes? Franquéate, Minina.
–Veinte abriles.
–¿En serio, o me estás tomando el pelo?
–En serio. Tengo veinte añitos.
–Así está mejor. ¿Cuándo cumples los veintiuno para llevarte mariachis?
–En setiembre.
–Flor de la primavera que naciste / rodeada de espinas y cardos.
–Tú siempre con tus poemas, Agus.
–Ah. Tanta belleza me inspira…
–Bueno, yo me voy porque tengo un montón de tareas. Chau, Agus, hasta otro día.
–Chau, Gatita, cuídate.
***
–¿Y cómo eres físicamente, Gatita?
–Adivina.
–¿Como la Pamela Anderson?
–Ya quisiera yo tener esas ubres para alimentar a un batallón de niños hambrientos.
–¿Como la Thalía?
–Frío. Tan flaca no soy.
–¿Como la Paulina Rubio?
–Tengo los cabellos lacios.
–¿Negros o castaños?
–Castaño claro.
–¿No te parecerás a la Sofía Vergara?
–¿Te gusta ella?
–Es mi modelo favorita.
–Te habrás bajado todas sus fotos.
–Ah.
–Provecho.
–Gracias. ¿Cuándo me mandas una foto tuya?
–¿Para qué quieres mi foto si ahí tienes a tu Sofía Vergara?
–Nada gano mirando esas fotos que no tienen vida.
–Tú podrías darles vida.
–¿Para qué?
–Para que seas feliz.
–Quiero la felicidad con otra persona…
–Ojalá que la encuentres. ¿Y a quién te pareces tú, Agus?
–Tú no adivinaste.
–Sigue preguntándome.
–¿A la Laura Bozzo?
–Tan bonita no soy.
–¿A la momia Juanita?
–A ella sí me parezco bastante. ¿Te gusta?
–Un montón. Se parece a mi modelo favorita.
–¿Y a quién te pareces tú, Agus?
–A Gollum/Smeagol.
–¿Te pareces a esa cosa?
–Mmm. Paremos dos gotas de agua. Soy guapo, ¿no?
–Recontra. Harías una pareja perfecta con la Bozzo.
–Y tendríamos hijitos lindos como la Pinchi Pinchi.
–Ah. Bueno, esta criatura se va a dormir.
–Chau, Minina. Sueña conmigo.
–Mejor no, no me vaya a dar pesadillas.
–Plop.
–Chau.
–Chau.
***
Hola, Agus:
¿Cómo estás? Supongo que bien, ¿no? Hace mucho frío. Tengo una sobrinita que está como pollo con moquillo. ¿Te conté que me pongo doble piyama para dormir? Ojalá que no te aburras porque siempre te cuento lo mismo, pero es que en mi vida no pasa nada interesante. Me voy porque tengo que hacer mis trabajos para mañana. Te mando una postal, y aunque no tiene una sirena ni una conejita de Play Boy, y mucho menos a tu Sofía Vergara –que me cae pesada, ¿qué le has visto tú para que te tenga loco?–, espero que te guste.
Chau, hasta otro día
Gatu(bella)
***
Gatita linda:
Hola, muchacha, ¿cómo estás? ¿Todo bien? Espero que sí. Gracias por la postal. No importa que no esté mi amorcito (¿por qué le tienes hambre si ella es bien buena?) Sí, hace demasiado frío. ¿Dónde estás / lejanos días de radiante sol? Hace días que no se secan mis pantalones, ahora no sé qué me voy a poner, creo que voy a tener que andar calato. ¿Por qué dices que en la vida de una chica linda (como la Laura Bozzo) no pasa nada interesante? Yo estoy seguro que es todo lo contrario. Supongo que cada día vives experiencias nuevas en la universidad, haces nuevas amistades, lees libros. Cuéntame lo que quieras de ti que para mí todo lo que te pasa es interesante.
Recibe besos de
Agus
***
–¿Cómo estás, Agus?
–Bien, amiga.
–¿Bien bien?
–No tanto, Minina. Tú sabes cómo es la vida de un hombre solitario.
–¿No tienes mujer, hijos?
–No.
–¿En serio? Porque casi todos los hombres dicen lo mismo y al final se aparecen con su recua de pirañitas.
–En serio. Siempre he sido desafortunado en el amor.
–¿Y quién te heredará cuando estires las patas?–Yo soy inmortal, Gatita.
–La soledad te está volviendo loco, Agus.
–¿No quisieras curarme esta locura, Minina?
–…
–¿Gatita?–Tendrás que buscarte una psiquiatra, una sicóloga.
–Me choteas de taquito.
–No es eso, Agus, ¿pero qué hago yo al lado de un loco?
–Locuras, ¿qué más puedes hacer?
–Eres bien gracioso, Agus.
–¿No te gustaría que te cuente chistes todos los días?
–Tú sabes que tengo que estudiar, hacer los quehaceres en mi casa.
–¿Con quiénes vives tú, amiga?
–Con mis padres y con mi hermanita.
–¿Tienes una hermanita?
–Sí.
–¿Cuántos añitos tiene?
–Quince.
–Uy. ¿Cuándo vamos los tres a ver 21 gramos?
–Tiene enamorado.
–Pucha, se me adelantaron. ¿Y tú, Gatita?–¿Yo qué?
–¿Tienes alguien que te escriba poemas, te invite al cine, te llame todos los días y las noches?
–Estoy esperándolo.
–Paciencia: Alguien vendrá a poblar tu soledad / y entonces siempre sonreirás, / lo amarás / y serás feliz.
–Ojalá, porque ya me ha dado sueño de tanto esperarlo. Me voy a dormir, Agus. Chau, hasta otro día.
–Chau, Gatita. Duerme tranquila.
–Tú también.
***
Hola, Agus:
¿Cómo estás? Seguro que bien, porque tú eres más fuerte que el acero. Lindo día el de hoy, ¿no?: ¡Milagro!: ha salido el sol. ¿Sigues escribiendo poemas? Hace tiempo que no me mandas uno. ¿Se te acabó la inspiración? ¿O es que tu Sofía Vergara ya no te da bola? Te cuento que el domingo fui en familia al Parque de Las Leyendas. Lástima que estuvimos piñas e hizo frío, pero la pasamos bien. Me acuerdo que cuando era chiquita mi papá siempre nos llevaba. Hay un montón de animales. Si tu amorcito imposible (ya sabes de qué bruja estoy hablando) te chotea, metes la cabeza en la jaula de los leones, y adiós mundo cruel, se acaban tus sufrimientos.
Chau, hasta otro día, tengo que estudiar.
Atte.
Gatu(bella)
***
Hola, Agus:
¿Qué (diablos) pasa contigo que ya no me escribes? Hace casi como un mes que no sé nada de ti. ¿Dije, o hice algo malo que te haya molestado? Disculpa, por si acaso. Pon chapitas en el suelo. ¿O es que ya no quieres saber nada de mí? No seas ingrato, recuerda los buenos momentos que hemos compartido aunque sea mediante una computadora. Escríbeme al menos para decirme adiós, ¿ya, Agus?
Recibe besos de
Gatu(bella)
***
Agus:
Hola, amigo. ¿Por qué te empeñas en guardar silencio? Si no te despides formalmente de mí, voy a seguir bombardeándote con mis mensajes, así que es mejor que me digas adiós y quedemos como buenos amigos. Hemos sido amigos, ¿no? No seas orgulloso y escríbeme siquiera para darme el último adiós. Extraño tus bromas, extraño conversar contigo.
Chau, te manda besos
Gatu(fea): me he vuelvo fea de tanto llorar tu olvido
***
Gatita bonita, bonita, bonita:
Hola, mi estimada y querida amiga. ¿Cómo estás? Espero que recontra bien. Por supuesto que quiero seguir siendo tu amigo. Mil perdones por no haber dado señales de vida, pero ha sido contra mi voluntad. ¿Sabes?: he estado a punto de estirar la pata, poco más y no vivo para contarlo. Este clima del diablo casi me manda al más allá. He tenido como cien gramos, perdón, grados de fiebre, y como no tengo ni un perro que me ladre, solito me he tenido que curar. Triste es mi pobre y miserable existencia. Pero menos mal que ya pasó lo peor y aquí me tienes dispuesto a realizar mis más grandes hazañas. Gracias por acordarte siempre de mí. ¿Es cierto que has lloriqueado por mi humilde persona? Ojalá. Y no me digas que soy orgulloso, de qué, si soy un pobre diablo que ni siquiera tiene dónde caerse muerto.
Chau, recibe miles de besos de
Agus
***
–Hola, Gatita linda.
–Hola, Agus. ¿Es cierto que has estado enfermito?
–Así es, amiga. Casi estiro la pata.
–Cualquiera lanza un SOS digital para acudir en tu auxilio.
–No tenía fuerzas ni para presionar una tecla.
–Pobrecito, ¿qué tenías?
–No sé…, fiebre, diarrea…
–¿Ya has ido al doctor?
–Recién ayer.
–¿Y qué te han dicho?
–Me han pedido que me haga la prueba de… tiene un nombre de mujer, Melissa, Julissa, algo por ahí.
–¿Elisa?
–Eso es: Elisa.
–¿Sospechan que puedas tener sida?
–…
–Habla, hombre, no estés callado como un…
–…
–Tú siempre frecuentabas las esquinas, ¿no? Me acuerdo que una vez me dijiste que eras del otro equipo, que una vez conociste en Año Nuevo a una tal Viuda Negra e hicieron cositas ricas.
–…
–¿Y qué vas a hacer si tienes sida? Esa enfermedad es mortal, sino mira a Brocca.
–Tendré que suicidarme, porque no voy a agonizar como un miserable perro muriéndome de a poquitos.
–…
–¿Estás ahí, amiga?
–…
–¿Minina?
–…
–Amiga, estaba bromeando.
–¡Imbécil!
–Disculpa, Gatita.
–Esta vez no te disculpo.
–Pongo chapitas en el suelo.
–Métete tus chapitas donde no les dé el sol.
–Me va a doler.
–Que te duela, no es mi problema.
–Estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal que me perdones.
–¿En serio?
–Claro. Sé hacer un montón de cosas: cocino, plancho, arreglo el jardín, hasta lavo calzones.
–Cualquier mujer estaría feliz de casarse contigo, Agus.
–¿Tú no quieres ser esa mujer, Gatita linda?
–Tendría que pensarlo… mil veces.
–Señorita Gatubela, ¿acepta por esposo y compañero a Agus?
–Sí, padrecito, lo acepto.
–Entonces los declaro marido y mujer hasta que la muerte los separe. Puedes besar a la novia, Agus.
–Eres bien gracioso, Agus, pero no creas que te he perdonado.
–¡Por favor, Gatita, estoy de rodillas, perdóname!
–Pero que sea la última vez que me haces tus bromitas pesadas, ¿OK?
–Ya. Te lo juro.
–¿Y qué tenías?
–Fiebre, las amígdalas inflamadas, y como soy medio debilucho, me tumbó al toque.
–Deberías de cuidarte.
–Eso es lo que voy a hacer desde ahora.
–Bueno, ahora sí me voy a dormir tranquila sabiendo que estás bien. Chau, Agus.
–Chau, Gatita, y gracias por preocuparte de mi humilde persona.
–No tienes de qué, Agus. Chau.
–Chau, Minina.
***
–Fui al cine.
–Y no me invitaste.
–Fue sin planificarlo.
–Fijo que a ver una porno.
–Claro que no. Vi El retorno del rey.
–¿Fuiste solo o mal acompañado?
–…
–¿Con quién fuiste, Agus?
–Con mi esposa.
–Tú me decías que no eras casado.
–Me casé la semana pasada. Como cierta Minina me paraba choteando, me casé con la primera mujer que se cruzó por mi camino.
–¿Y qué tal la vida matrimonial?
–Fregado. Es jodido vivir con otra persona. No me acostumbro a compartir mi vida con alguien que no se parece nada a mí.
–¿Creo que estás arrepentido?
–…
–¿Te pongo chapitas por idiota?
–…
–¿Te pongo tachuelas por estúpido?–Me lo merezco, ¿verdad?
–¿Quién te mandó casarte?
–Siempre me parabas choteando…
–Y te casaste por despecho.
–Mmm. Pero me puedo divorciar y casarme contigo…
–Gracias; pero yo no recojo sobras, no como platos de quinta mano.
–…
–Jódete por imbécil. Y que seas infeliz por el resto de tu miserable existencia.
–Esa boquita, Gatita.
–…
–¿Estás ahí, Gatita boca sucia?
–…
–Gatita, estaba bromeando.
–…
–Bueno, Gatita silenciosa, hasta otro día.
–¿En serio no te casaste, Agus?–Te dije que era una bromita.
–Tú siempre con tus bromas baratas, Agus.
–Cómo que baratas; cuestan pensarlas.
–Cuándo cambiarás, Agus. Ya ni ganas de enojarme contigo tengo.
–Tendrás que acostumbrarte a mí.
–Eso es lo que temo.
–¿Cuándo vamos al cine? Quiero ver de nuevo El retorno del rey.
–Esta semana estoy saturada de trabajo.
–Conste te estoy invitando, ah. La próxima sí me voy a casar de verdad.
–No creo.
–No estés tan segura, Minina. ¿Por qué no te das un tiempito para relajarte? Te puedes volver loca de tanto estudiar.
–Sí me distraigo. Escucho música, leo bastante, voy al cine, de vez en cuando voy a las discotecas con mis amigas.
–Y no invitas.
–Vamos en pareja.
–¿Vas con tu novio?
–…
–La que calla, otorga.
–¿Qué otorga?
–No sé. Hay tantas cosas que se pueden otorgar.
–…
–¿Tienes novio?
–No olvides que tú estás casado, Agus.
–Te dije que estaba bromeando.
–Ajúm, me ha dado sueño; me voy a dormir.
–¿Te acompaño?
–No, gracias; mi cama es chiquita.
–Puedo dormir en el suelo.
–Chau, Agus, hasta otro día.
–Chau, sueña con este angelito.
***
Hola, Gatita bella:
¿Cómo estás? Milagro que últimamente está saliendo el sol casi a diario. Debe ser porque se acerca la primavera, ¿no? Hablando de primavera, ¿has escuchado a Javiera & los imposibles/am? Esa que cantaba Maldita primavera. Tiene otras canciones bien bacanes, remakes de Camilo Sesto, Roberto Carlos, etc. Pero a mí me gustan más las versiones originales. ¿Has escuchado alguna vez Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto? No creo, debes de haber sido una criaturita cuando ese tema era la número uno del ranking en todas las radios nacionales y extranjeras. Javiera lo canta a su manera, y no lo hace nada mal. Ya llegará el día en que escuchemos juntos esa y otras canciones. ¿Es posible eso? Todo depende de ti, Gatita. Bueno, me voy. Recibe un montón de besos de este hombre que te extraña y se llama
Agus
***
Minina, hola:
Ahora eres tú la que guarda silencio. ¿Qué pasa?, ¿estás enfermita o te has muerto? Siempre te he dicho que te cuides de este clima traicionero porque te puede dar una pulmonía y estiras las cuatro patitas, aunque las gatitas lindas tienen siete vidas y nunca mueren, ¿no? Recibe besos de
Agus
***
Gatita:
Hola, ¿por qué ya no me escribes? Si te has muerto, avisa dónde te han enterrado para llevarte flores todos los días. Chau, cuídate, y salúdame a San Pedro de parte de
Agus
***
–Hola, Agus.
–¿Eres tú, Minina?
–La misma que calza y viste.
–Pensé que habías estirado las cuatro patitas.
–Tengo siete vidas, tú mismo lo has dicho.
–Eso me decía yo, esperanzado en tu regreso.
–Mañana empieza la primavera.
–Los jardines se visten de colores, / se pueblan de rosas, lirios y violetas.
–Qué romántico estás, Agus.
–Debe ser la primavera, / o el amor / el que hoy llega a mi corazón.
–¿Estás enamorado?
–Sí.
–¿Se puede saber de quién, Agus?
–Claro que sí, Minina…, de ti.
–…
–En serio, Gatita linda. ¿De quién más podría enamorarme?
–Pero no me conoces personalmente, Agus.
–¿Y no crees que ha llegado el momento de conocernos, Gatita?
–¿Y si te decepciono? Para empezar, no me parezco nada a tu Sofía Vergara.
–Con que me quieras un poquito, me basta.
–¿Y si me falta una mano?
–Te pongo las garras de Freddy Kruger, y asunto arreglado.
–Tú siempre tan gracioso, Agus.
–¿No te gustaría que te haga reír todos los días?
–…
–Vamos, Minina, anímate.
–¿Y si te decepciono?
–¿Y si te decepciono yo? Precisamente no soy un príncipe azul: soy flaco, chato, pelado, cara de sapo, me falta un ojo, dos dientes, etc.
–Lo importante es lo que hay en el corazón, ¿no?
–Mmm. Porque al fin y al cabo la belleza física se acaba. Podríamos construir un mundo feliz para nosotros dos.
–Y tendríamos hijitos hermosos frutos de nuestro amor.
–¿Ves que podemos ser felices, Minina?
–…
–¿Te busco mañana?
–…
–Di que sí, Gatita. Al menos date una oportunidad de ser feliz. Si no llegamos a querernos, al menos podremos decir que lo hemos intentado, ¿no te parece?
–¿Puedes venir a buscarme mañana a la universidad, Agus?
–Claro que sí, Minina. ¿A qué hora?
–A mediodía.
–Para irnos a almorzar por ahí.
–Claro.
–¿Por quién pregunto?
–Por Jazmín. ¿De parte de quién?
–De Agustín.
–Bueno Agustín, hasta mañana.
–Hasta mañana, Jazmín. Cuídate, y sueña con este angelito.
–Ya. Y tú también sueña conmigo.–De todas maneras.

sábado, 11 de diciembre de 2010

La isla

"La isla" es un proyecto que tengo en mente. Dos mujeres comparten un penal de máxima seguridad, una de ellas es bailarina, la otra, profesora. Mientras la bailarina puede "huir" de la celda mediante la danza, la profesora la devuelve a la cruda realidad y se niega a imaginar los mundos a los cuales la bailarina la quiere llevar. Espero tener tiempo más adelante para escribirla, o reescribirla porque hace años escribí las primeras páginas. Mientras tanto, busco información sobre bailarinas chateando con bailarinas.
Harol dice:
hola
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
hola ,,, quieneres
Harol dice:
Harol
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
,mmmm
si perooo de donde eres o porque tienes mi msn
Harol dice:
Soy de Peru
eres amiga de Dennis la bailarina?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
mmmm
Harol dice:
porque creo que te encontre en su perfil
también bailas?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
bailaba..
Harol dice:
ballet?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
si
Harol dice:
por qué dejaste de bailar?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
porque hice otras cosas
Harol dice:
ah ya
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
y tu bailas o que
Harol dice:
Escribo
Iba a escribir una novela sobre una bailarina-guerrillera
Que está en prisión junto a otra chica
Mediante la danza huye de la celda donde esta
con la imaginación
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:

que chidoooooooooooo!
Harol dice:
aja
y como no soy bailarina
jaja
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
pff
Harol dice:
ni nada que se le parezca
jaja
¿El baile para ti solo fue por un momento?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
peuss nooo
hiceee 4 a;os de la Carrera de ejecutante profesional
y luego otros 4 a;os... fuera ... en aademias ya si
peroo pues ya lo deje
Harol dice:
¿Del todo?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
shi
bueno doy clases a ni;as chiquitas
y el sig sem
me meteree a congtemporaneo
Harol dice:
Ah, qué bien
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
si
Harol dice:
¿Y qué es lo que bailabas más?
Qué danza
U obra
no sé
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
mmm yo bailaba clasico
Harol dice:
¿Algún nombre de una danza clásica?
Para que la protagonista de mi novela lo baile
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
pues a mi me encantaa Gyselle
esta hermosaa
Harol dice:
¿Quién es el autor de Gyselle?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
aah
noseee
se me olvidoo
Harol dice:
No importa
¿Te llamas Clio?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
sip
por
Harol dice:
Oye, Clio, ¿una bailarina puede bailar, ejemplo Gyselle, escuchando la música en su mente?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
siii!
claro
apartee la musicaa es hermosa!
Harol dice:
Claro, pero mi protagonista está en un penal de máxima seguridad
donde no hay música ni nada
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
sisisis
pero si laa tienes en la mentee puedes
Harol dice:
Eso pensaba
Lo que me falta es aprender los nombres de los pasos
¿Tienen nombre los pasos que ejecutan las bailarinas?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
pues ssii
pero son muchisiimo!
Harol dice:
Uy. ¿alguna página en internet que me recomiendes?
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
mmmm nose
la buscaree
Harol dice:

te lo agradeceré
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
perooo igaal y depsues
tengo ahoritaa unas cositas que checar
Harol dice:
claro, claro
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:

Harol dice:
Te dejo
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
okok
Harol dice:
Seguimos hablando en otro momento
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
hablamoss
Harol dice:
Chau
[c=30] Clio Garza Caro [/c][c=63] TxtJ [/c] dice:
animoo con el libro!
bye
Harol dice:
gracias

Hotel Tokio - Antología Sexto Continente

Esa es la carátula de la antología "Sexto Continente", publicada en España donde está mi cuento "Hotel Tokio", uno de los diez relatos ganadores. De venta en España.
Los peruanos sí que eran bien desagradecidos: qué rápido habían olvidado que él, el Chino, los había salvado del Apocalipsis en que los dejó el gobierno de García: dos mil por ciento de inflación al año, los comunistas a punto de dar el zarpazo final en Lima y cantar victoria después de una prolongada y cruenta guerra popular. Si no fuera por él, el Chino, los limeñitos estarían hoy en los campos de arroz con las espaldas dobladas trabajando de sol a sol hasta reventar igual que animales de carga como en la Camboya de Pol Pot. Y así le pagaban: con el exilio, con una patada en las posaderas. ¡Malagradecidos! Tokio era una ciudad impresionante: altísimos edificios, trece líneas de metro, calles limpias, peatones que respetaban las señales del semáforo, no como los peruanos que cruzaban las pistas en forma temeraria desafiando a la muerte. Quizá convivir con la parca durante más de una década los había hecho indolentes a ella. La Lima que encontró al asumir su mandato era un caos, un desastre, lleno de vehículos destartalados, de edificios a punto de derrumbarse. Solo diez años más en el poder, como siempre le decía Montesinos, y el Perú sería una nación del primer mundo, la envidia de Sudamérica, con colegios y hospitales modernos, sin analfabetos. ¿Qué de bueno hizo el gobierno aprista? Nada. Apenas un tren eléctrico a medio construir. Lo habría concluido pero prefirió que se quedara así para que nadie olvidara el desastre en que los dejó Caballo Loco. Él, el Chino, le había dado de comer al pueblo creando los comedores populares, ampliando los comités de vaso de leche para que ya nadie buscara entre las montañas de basura un mendrugo de pan para sobrevivir. ¡Y este era el pago que le habían dado! Un café, sintió ganas de beberse un café, tener noticias de la distante patria, enterarse de los malabares que estaba haciendo la justicia peruana para sentarlo en el banquillo de los acusados, leer los últimos informes que su hijo Kenji le mandaba por correo, las palabras de aliento que las Marthas –Chávez, Hildebrandt y Moyano– le enviaban todos los días desde que salió del Perú abruptamente: estamos con usted, presidente Fujimori, ¡fuerza! Ahora el Escritor se estaría riendo de él de oreja a oreja mostrando sus dientes de conejo sin pudor alguno: nunca le había perdonado que lo derrotara, que no lo dejara llegar a la presidencia como había sido su ambición. Un simple profesor de matemática de una universidad nacional, encima nikkei, había humillado al más grande escritor peruano de todos los tiempos, solo comparado con Vallejo, eterno candidato al Nobel, doctor honoris causa de muchas universidades del mundo, ganador de innumerables premios literarios. Haber truncado sus aspiraciones presidenciales no tenía perdón. Fue tanta su rabia que incluso optó por la nacionalidad española. ¿Pero acaso él, el Chino, tenía la culpa? El pueblo es el que lo había elegido harto de las promesas que nunca le cumplían: pan para todos, luz y agua para todos. La campaña electoral del noventa había sido feroz: los banqueros y la oligarquía habían puesto en movimiento toda su maquinaria para que el Escritor llegara al poder pero él, el Chino, se les había interpuesto en el camino montado en un viejo tractor de agricultor y prometiendo solo tecnología, honradez y trabajo. Y el truco le funcionó: llegó a la segunda vuelta electoral donde con un contundente 60 por ciento de votos aplastó al candidato de los ricos. Sonrió de medio lado, con esa sonrisa torcida con que lo dibujaban los caricaturistas y le deformaba el rostro como al doctor Saravá, uno de sus más fieles seguidores. Eso no se lo habían perdonado nunca como no lo habían hecho con Odría y Velasco, quienes habían gobernado para el pueblo y por el pueblo a pesar de ser calificados como dictadores por los políticos tradicionales, esos buitres de saco y corbata, marionetas de la oligarquía. Por eso habían mostrado una férrea oposición en el Congreso a todos sus proyectos. Hasta que se hartó y los puso de patitas en la calle ese 5 de abril de 1992, hace ocho años ya. Cómo había pasado el tiempo. Ese día tomó la decisión de gobernar con mano de hierro para derrotar a la subversión, para hacer que el Perú renaciera de sus escombros como el ave Fénix. Hasta había sacrificado su vida personal, su matrimonio se había ido al garete por pensar en su patria. ¡Y así le pagaban! La Higuchi también se estaría riendo de él. Alguna vez soñaron que pasarían sus últimos días en el país de sus ancestros pero jamás se imaginó que solo él, el Chino, vería hecho realidad su sueño, el sueño de ambos, aunque a la fuerza. ¡Qué deslealtad la de la Higuchi! Por eso la había sacado de Palacio y puesto a Keiko como primera dama. Y no lo había hecho nada mal su hija. Quizá algún día llegara a la presidencia también, el camino estaba desbrozado, la semilla echada en la tierra. ¡Cuánto le debían los peruanos! Cuando él, el Chino, llegó al poder, el Perú agonizaba como consecuencia de la guerra campesina. Después de arrasar inmisericordes los Andes, los maoístas habían fijado su mirada en las grandes ciudades, sobre todo en Lima. Un poco más, y el Perú colapsaba. Quizá debió dejarlos así, que se jodieran, total, él podía haber agarrado a su familia y marchado al país de los suyos, al país del Sol Naciente de donde, en 1934, sus padres, Naoichi y Mutsue, se habían embarcado a la tierra de los incas en busca de un futuro más promisorio. Ahora él, el Chino, había hecho el viaje de retorno para escapar de las fauces de sus enemigos políticos, quienes no pararían hasta verlo en el cadalso con la soga en el cuello, pidiendo clemencia. Tendrían que esperar sentados esos miserables hijos de perra. Al menos aquí estaba a salvo gracias a que también tenía la nacionalidad nipona y Japón no extraditaba a sus súbditos, ¿pero hasta cuándo duraría este exilio? García, ese 5 de abril, había huido como una rata asustada y ahora anunciaba su regreso después de haber vivido a cuerpo de rey entre Colombia y Francia. No solo regresaba sino, cínico él, anunciaba su candidatura presidencial. El exilio de Caballo Loco había durado ocho años, ¿cuánto duraría el suyo? ¿Cuándo se darían cuenta los peruanos que los políticos tradicionales se habían complotado para desalojarlo de Palacio? ¡Presidente Fujimori!, le gritó, desde la vereda, con emoción, un peruano, uno de los tantos peruanos, un nikkei, que también había hecho el viaje de retorno al país de sus ancestros porque en el Perú de inicios de los noventa no se podía vivir. ¡Vuelva al Perú, presidente Fujimori, lo necesitamos! El sátrapa sonrió de medio lado, murmuró un gracias, hizo una venia. La inmensa mayoría de peruanos estuvo de acuerdo con el cierre del Congreso, un Congreso de incapaces, de corruptos, de ladrones. Quizá debió aceptar cuando los generales que apoyaron el autogolpe le dijeron bombardeemos el Palacio Legislativo tal como Pinochet hizo con La Moneda, acabemos con todos esos miserables de una buena vez. ¡Tarde para arrepentirse! En los Andes lo querían porque gracias a él, el Chino, ahora vivían en paz, Sendero había sido derrotado para siempre. ¿García se habría atrevido a presentar a Abimael enjaulado y en traje a rayas? Seguro que no. Ni Belaunde. Nada habían hecho esos mequetrefes para derrotar al llamado Ejército Guerrillero Popular. Todo Ayacucho se volcó a las calles durante las exequias de Edith Lagos, la mítica guerrillera muerta en la flor de su juventud, y Belaunde no había ni levantado una ceja. Durante diez años habían dejado que los terroristas hicieran lo que les diera la gana, hasta que llegó él, el Chino, y puso en vereda a todos esos mal nacidos y traidores a la patria. A todos los había enjaulado, aislado, mandado a pudrirse en la gélida prisión de Yanamayo, construida especialmente para albergar a los terroristas. ¿Eso habrían hecho Belaunde, García? No, habían sido cobardes, se habían orinado de miedo, en cambio él, el Chino, no. Creó tribunales especiales con jueces sin rostro, condenó a cadena perpetua a todos los líderes de la guerrilla en juicios sumarios. Él, el Chino, les había devuelto la paz a los peruanos. ¡Y así le pagaban! Debió dejar que se jodieran. ¿Cuándo se jodió el Perú, Chino? ¿Cuando García se enfrentó al FMI? ¿O cuando propalaron el video Montesinos-Koury? Un chinito de medio pelo se había dado el lujo de derrotar a dos peruanos ilustres: primero al Escritor el 90 y luego a Javier Pérez de Cuellar, ex secretario general de la ONU nada menos, el 95. Si hubieran candidateado solos quizá lo habrían derrotado pero lo hicieron acompañados por todos esos viejos partidos políticos que el pueblo despreciaba porque solo se ensuciaban los zapatos en épocas de elecciones. ¡Era más ciega esa gente! ¡Presidente Fujimori!, le gritaron otra vez desde la calle. Sonrió, hizo una venia. Pasar desapercibido, perderse entre la gente, ser uno más de ellos, un japonés, ¿hasta cuándo? Añoraba el regreso, los vítores de la masa: ¡Chino, Chino, Chino!, la sobonería de Laura Bozzo, la llamada abogada de los pobres. Si no fuera por Montesinos, todo sería diferente. ¿Cómo se le ocurrió al estúpido ese grabar cosas tan delicadas? Un video había dinamitado su gobierno mandando al diablo su re reelección. ¡Un simple video! Maldito Fernando Olivera. Debió de haber sacado el ejército a las calles, encarcelado a todos esos viejos políticos. Estaba seguro que el pueblo apoyaría esa medida como lo apoyó el 5 de abril del 92 pero no lo hizo. Prefirió desactivar el Servicio de Inteligencia, convocar a nuevas elecciones. ¿Quién habría filtrado ese maldito video? ¿Quién? Quizá alguna amante despechada de Montesinos, una rival de Jacky, la firme de su ex hombre fuerte. Quizá la Pollito, ¿cómo se llamaba la tipa esa? Tenía un apellido horrible que se duplicaba. Le daba mala espina. Matilde se llamaba, recordó. Pinchi Pinchi eran sus apellidos. Quizá no tuvo padre y su madre tuvo que duplicar su apellido como sucedía con muchos peruanos. ¿Por qué a Montesinos le gustaba tener en su entorno a gente tan horrible: la Pinchi Pinchi, la Bozzo? Estaba seguro que esa vieja bruja había filtrado el video. No te fíes de las mujeres, le había aconsejado siempre a su asesor, a menos que sea tu madre. Ni siquiera de tu mujer. Esas son las primeras en traicionarte. Pero el hombre no le había hecho caso. Siempre estaba rodeado de mujeres, modelos, reinas de belleza, bailarinas. Cómo no iban a despertar los celos de las brujas. O la Bozzo tal vez, sus loas no eran gratuitas, tenía su programa propio, se llevaba su buena cantidad de dólares mensualmente pero quizá envidiaba a Jacky. O Jacky, esa putilla arribista tampoco era de fiar. Quizá se cansó de Montesinos. Hace tiempo debió deshacerse de Montesinos él también. Montesinos, el expulsado del Ejército por traidor, el ex capitancito de medio pelo que ponía y sacaba generales como quien se cambia de calzoncillos. El poder lo había envanecido. El imbécil ese se había mandado construir un palacio en playa Arica, tenía cuentas en Suiza, Luxemburgo, las Islas Caimán. Había robado a sus espaldas a manos llenas, más de lo que él suponía, y ahora estaba jodido, hundido hasta el pescuezo, Panamá le había negado el asilo, ahora lo acusaban de crímenes de lesa humanidad. Si lo capturaban, le esperaban muchos años en la sombra. Menos mal que él, el Chino, huyó a tiempo. Menos mal que él, el Chino, contaba con la protección del Japón. Fujimori volvió a sonreír de medio lado. Desde donde estaba, el décimo piso del hotel Tokio, tenía un amplio panorama de la capital nipona. Hace cincuenta y cinco años el Japón había estado en guerra, dos bombas atómicas habían devastado su territorio. Menos mal que sus padres habían abandonado la prefectura de Kumamoto y marchado al Perú antes de ese cataclismo. Pero habían muerto añorando el regreso, extrañando la lejana tierra. Él, el Chino, era el que había vuelto, convertido en un ex presidente. El Japón lo había acogido con los brazos abiertos. Sus autoridades mantenían silencio ante los pedidos de extradición de la justicia peruana. La INTERPOL estaba tras sus pasos. Nunca podría salir del archipiélago, volver al Perú, a menos que su hija Keiko llegara a la presidencia. Qué rápido habían olvidado los peruanos el rescate de los rehenes de la residencia del embajador japonés en Lima. Ese 17 de diciembre de 1996 tuvo suerte: estaba a punto de abandonar Palacio con dirección a la fiesta, cuando una voz interior le susurró a los oídos que no lo hiciera. Le hizo caso, canceló su cita y salvó el cuello. Esa misma voz, diez años atrás, y después de pasar a la segunda vuelta electoral, le dijo que no aceptara la propuesta hecha por el Escritor: cogobernar. Dijo no y la victoria fue suya y el Escritor se marchó del Perú con el rostro desencajado y el corazón lleno de veneno. Ahora se estaría riendo feliz de ver a su ex rival en el exilio. Un café, noticias del Perú, llamar a sus hijos. ¿Ya capturaron a Montesinos? ¿Todos los videos que quedaron allá ya fueron destruidos? No dejen que ni uno más se filtre a la prensa. Quemen todas las pruebas. Sentía una acidez en la boca del estómago. Debió de deshacerse de Toledo, desaparecerlo. Toledo, ese cholito que había movilizado a las masas en la llamada Marcha de los Cuatro Suyos con intenciones de tumbarse a su gobierno después de perder las elecciones. Allí se le fue la mano a Montesinos: dinamitó e incendió la sede central del Banco de la Nación matando a seis vigilantes y eso exasperó a la gente, y allí estaban las consecuencias, sino hasta ahorita estaría en el poder. ¡Chino, Chino, Chino! ¿De quién fue la idea de lavar la bandera peruana frente a sus narices? Debió meterles bala como hicieron las autoridades chinas con los revoltosos de la Plaza Tiananmen. Esas eran malas señales. Se acercaba la tormenta y él no supo darse cuenta a tiempo. En realidad, no quiso escuchar a esa voz interior que le decía que diez años en el poder eran más que suficientes para pasar a la historia como Castilla o Belaunde. No debió presentarse a las elecciones del 2000. Debió dejar que su hija ocupara su lugar. Keiko seguro arrasaba con todo como él, el Chino, lo había hecho hace diez años ya. Extrañaba el ceviche, el arroz con mariscos, la mazamorra morada, el suspiro limeño, el pisco sour. Eso era lo malo del exilio: extrañar la comida. A su edad ya no estaba para cambiar de gustos culinarios, la comida japonesa le caía pesada. Toledo. ¿De dónde había salido ese cholito que lo había desafiado tan descaradamente? Era un pobre diablo que gracias a su inteligencia había estudiado en los Estados Unidos. Había sido canillita, zapatero, pescador, ahora quería ser presidente. Había soñado con ser presidente desde niño, contaba. Cholo imbécil. Estaba casado con una rubia belga-francesa de raíces judías. Ese había dirigido la Marcha de los Cuatro Suyos. Se hacía llamar Pachacútec. Claro, era un indio, un serrano, el nombre le caía a pelo. Era casi seguro que sería el próximo presidente del Perú. Se había retirado de la segunda vuelta electoral denunciando fraude. Había prometido que metería a la cárcel a todos los corruptos. Y eso es lo que estaba haciendo el gobierno de transición de Paniagua: muchos de sus ex ministros estaban ahora presos o en el exilio como él, el Chino: Joy Way, su ex primer ministro y ex presidente del Congreso, estaba en San Jorge como un vulgar delincuente. Igual Villanueva Ruesta, su ex ministro del interior. ¡Con su sueldito de cachaco se había comprado una mansión! El caso más patético era el del general Hermoza Ríos: tenía veinte millones de dólares en un banco suizo. ¡Milico ladrón! Ahora se iba a pudrir en la cárcel por estúpido. Ya no era el general victorioso que exigía que lo hicieran mariscal como a Ramón Castilla o a Sucre porque había comandado personalmente la lucha antiguerrillera, ahora era un ladrón. Podría decir que él, el Chino, no sabía nada, que todos esos sinvergüenzas habían robado a sus espaldas, ¿pero quién le creería a estas alturas si también había huido cuando debió presionar más y cerrar canales de televisión, confiscar los diarios, meterles bala a todos los que protestaban contra su gobierno, a todos los que pedían democracia? Quizá debió fusilar a todos esos delincuentes de saco y corbata para congraciarse con el pueblo. Empezando por Montesinos. Montesinos. Tenía que reconocer que el “doctor”, así le gustaba que lo llamaran, había hecho un buen trabajo de demolición de sus rivales en las pasadas elecciones utilizando para ello los periodicuchos de medio pelo. Se había tumbado a Castañeda, más conocido como el Mudo, el que nunca decía nada; a Andrade, alias el Chancho, el Glotón, el que comía de más mientras el pueblo mostraba las costillas como los perros famélicos, que solo iba a entrar a Palacio a llenarse la panza con la plata del pueblo. Toledo era el Cholo fumón, borracho y frívolo. Los había hecho pedazos desde esos pasquines que embrutecían a la población con sus espeluznantes noticias de crímenes, violaciones, incestos y las infaltables calatas que adornaban sus portadas. Pero también había tenido que comprar periódicos “serios” y emisoras y canales. América Televisión y Canal Cinco habían vendido sus líneas editoriales por sus buenos millones de dólares como putillas de alto vuelo. Sus dueños, Crousillat y Schutz, también habían tenido que huir del país. Cuando Baruch Ivcher, un antiguo aliado, le dio la espalda, le quitó la nacionalidad peruana, y todos calladitos. ¿Ven cómo el pueblo detestaba a esa gente? En lugar de convocar a nuevas elecciones debió mandar al paredón a todos esos corruptos. Sonrió de medio lado. Pero todo era para ganar las elecciones, para perpetuarse en el poder, para no salir con el rabo entre las piernas de Palacio, para no ser investigado por los numerosos crímenes de lesa humanidad que las ONGs de derechos humanos le achacaban a su gobierno: Barrios Altos y La Cantuta eran los casos más emblemáticos. Milicos estúpidos, ¿cómo se les ocurrió enterrar a los muertos tan cerca de la ciudad en lugar de tirarlos al mar o cremarlos? A veces Montesinos actuaba como un idiota. Ya le había dicho que no dejara huellas de nada pero el imbécil ese parece que estaba más preocupado en sus aventuras con sus putillas y sus viajes de placer en lugar de hacer un buen trabajo. Y allí estaban las consecuencias: los periodistas de los diarios de oposición habían descubierto la existencia del Grupo Colina, un escuadrón de la muerte creado para aniquilar selectivamente a los terroristas. Ahora le culpaban a él, al Chino, de crímenes de Estado. También decían que a los guerrilleros que tomaron la residencia del embajador Aoki los habían matado estando rendidos. ¿Por qué se preocupaban tanto de esos renegados? ¿No vivían ahora en paz? Qué rápido habían olvidado los coches-bomba, los juicios populares, los crímenes de María Elena Moyano, Pedro Huillca Tecse, Pascuala Rosado, el atentado de la calle Tarata, los paros armados. Ahora que vivían en paz recién sacaban las garras, ¿pero qué hicieron cuando Sendero y el MRTA eran dueños del país? Nada, estaban escondidos en sus guaridas, los que tenían plata habían abandonado el Perú. Eso se habían olvidado. Si algún día, por milagro, lo extraditaban, enfrentaría una pena de veinticinco años. Prácticamente era cadena perpetua a menos que viviera cien años, a menos que lo indultaran, ¿pero qué presidente lo indultaría?, ¿Toledo, García, Paniagua, la Flores Nano? Todos esos eran sus enemigos políticos, todos esos estaban felices de tenerlo tan lejos, al otro lado del mundo. Miró el cielo acerado de Tokio, imaginó los aviones aliados rumbo a Hiroshima y Nagasaki llevando las bombas atómicas en sus vientres, imaginó el hongo de fuego elevándose hacia las alturas, imaginó a las personas desintegrándose, imaginó a sus padres despidiéndose de sus padres para marchar a la tierra de los incas. Ahora él, el Chino, había regresado. Quizá se quedaría en Japón hasta el día de su muerte. Un entierro discreto como el de Allende, lejos del pueblo, de las masas. La sonrisa se le congeló en el rostro. El Escritor se estaría riendo a carcajadas: ¿ve cómo terminó su gobierno, ingeniero Fujimori? Saltar a la vereda, hacerse el harakiri como Yukio Mishima, llamar a las fuerzas armadas, bombardear el Congreso, el Palacio de Justicia, pudo hacer tantas cosas pero prefirió huir. ¿Cuándo se jodió el Perú? El Escritor diría el día en que los peruanos lo eligieron a usted en mi lugar, ingeniero Fujimori. Volver. ¿Pero cuándo? ¿Y si García ganaba las elecciones? Los peruanos tenían la memoria bien frágil. A Belaunde lo sacaron a patadas los milicos en 1968. Doce años después volvió a Palacio en olor a multitud e hizo un pésimo gobierno, para el Arquitecto los terroristas habían sido abigeos y dejó que crecieran como un tumor pero la gente lo recordaba como a un gran estadista, algo que él, el Chino, nunca sería. Luego entró García y sus cinco años fueron un desastre, el Apocalipsis, las colas interminables por un poco de azúcar y un par de panes y ahora anunciaba su retorno con bombos y platillos y quizá ganara las elecciones y allí sí él, el Chino, estaba jodido. Igual estaría si ganaba Toledo: Pachacútec había prometido mandarlo a la cárcel. Comer un ceviche, beber chicha morada, sentir el calor de la gente, ¡Chino, Chino, Chino!, sacar los tanques, volver a Palacio, fusilar a Montesinos, el cielo acerado de Tokio, los aviones aliados rumbo a Hiroshima y Nagasaki, saltar al vacío, ¡Chino, Chino, Chino!, desintegrarse.